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		<title>Apuntes sobre el fascismo peruano</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2020 20:38:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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<p>En esta época tan sumida en la irracionalidad y en la que lo único real es lo que dicta nuestro maravilloso mundo interior, se ha hecho frecuente tildar de fascista o acusar de fascismo a todo lo que tenga unos mínimos visos de orden o reivindique una identidad estable o vaya en contra de la sacratísima voluntad del sujeto. Si crees que debe existir una autoridad, eres fascista; si crees que el cristianismo no es una vaguedad buena onda ambientalista y de género, eres fascista; si no crees que los españoles fueron unos genocidas, eres fascista; si tienes ordenada tu vida y huyes de los vicios y las bajas pasiones, eres fascista; si crees que el aborto es una aberración, eres fascista; si crees que los animales no tienen derechos, eres fascista; si rezas tus oraciones antes de dormir todos los días en vez de hacer meditación zen, eres fascista; si crees que existe una bondad, una belleza y una verdad que no dependen de la perspectiva de las personas, eres fascista. Si piensas escribir un artículo que pretenda indagar qué es verdaderamente el fascismo y cómo se manifestó en el Perú, lo siento, eres fascista.</p>



<p><strong>¿De qué hablamos cuando hablamos de fascismo?</strong></p>



<p>Emilio Gentile (2005) caracteriza al fascismo como:</p>



<p>Un experimento de dominación política, puesto en práctica por un movimiento revolucionario, organizado en un partido rígidamente disciplinado, con una concepción integralista de la política, que aspira al monopolio del poder y que, después de conquistarlo, por vías legales o extralegales, destruye y transforma el régimen preexistente y construye un estado nuevo, fundado sobre el régimen de partido único, con el objetivo principal de efectuar la conquista de la sociedad, esto es, subordinar, integrar y homogeneizar a sus gobernados, conforme al principio de politicidad integral de la existencia, tanto individual como colectiva, interpretada según las categorías, los mitos y los valores de una ideología sacralizada en la forma de una religión política, con el propósito de modelar al individuo y a las masas meced de una revolución antropológica para regenerar al ser humano y crear un hombre nuevo, consagrado en cuerpo y alma a realizar los proyectos revolucionarios e imperialistas del partido revolucionario, en procura de crear una nueva civilización de carácter supranacional. (p.21-22)</p>



<p>Más allá del ultranacionalismo, el carácter antiparlamentario, antiliberal, anticomunista, populista, antiburgués, anticapitalista, vitalista, no clerical, corporativo y la retórica violenta, la característica esencial, que no podemos obviar y sin la cual no podemos denominar a algo o a alguien propiamente fascista, es la concepción totalitaria de la política y del Estado (que en buena medida sustenta las características arriba citadas) y que Mussolini grafica en el slogan: «Todo en el Estado, todo para el estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».</p>



<p>Esto nos lleva a distinguir el totalitarismo del autoritarismo. Todo totalitarismo es autoritario, pero no todo autoritarismo es totalitario. El autoritarismo se basa en el sometimiento a la autoridad, pero no implica en sí la subordinación de todos los ámbitos de la vida a dicha autoridad, no implica la politización de todas las actividades humanas ni la omnipresencia estatal a través de un partido único, que son características fundamentales del totalitarismo.</p>



<p>El totalitarismo es pues un sistema de dominación sin precedentes en la que todos los recursos y todas las energías se movilizan bajo un mando único que exige obediencia incondicional y fe. Es un sistema que pretende absorber todas las funciones de la sociedad. El totalitarismo es el resultado de un triple proceso, de identificación entre poder y sociedad, de homogeneización del espacio social, de encierro de la sociedad. Eso se logra con el partido único de masa, una ideología oficial, (…) que explica cómo la humanidad va de manera ineluctable a un estado perfecto, a partir del rechazo radical del presente; un terror dirigido no solo contra los adversarios, sino potencialmente contra todos, de manera que atemoriza la sociedad, aísla al individuo, forma el “hombre nuevo”. (Meyer 1997:318).</p>



<p>Sin embargo, con estas precisiones solo podríamos definir como totalitarios el régimen nazi y el soviético, ni si quiera la Italia de Mussolini sería fascista. Sin embargo, Renzo de Felice (1975) nos da la solución al distinguir entre «fascismo-movimiento» y «fascismo-régimen», con lo que, aun así no podamos afirmar categóricamente que el régimen de Mussolini fuera totalitario en la práctica, sí lo fue en su doctrina, por lo que sí fue fascista.</p>



<p>Y siendo que, evidentemente, ninguno de los movimientos o personajes estudiados a continuación tuvo la oportunidad de implantar un régimen fascista (lo que es necesario para poder hablar del «fascismo régimen») lo que buscaremos es si la doctrina de estos fue tendiente al totalitarismo.</p>



<p><strong>El partido Unión Revolucionaria</strong></p>



<p>Luego de su forzosa renuncia a la presidencia de la República en 1931 y la convocatoria a elecciones, Sánchez Cerro se ve obligado por la coyuntura a fundar un partido que le sirviera como vehículo para retornar al poder. Así, el 20 de julio de 1931 funda en Lima el Partido Unión Revolucionaria (UR). Sánchez Cerro despertó simpatías tanto en la oligarquía temerosa del APRA, como en la pequeña burguesía ciudadana afectada por la competencia extranjera y en algunos sectores populares que encontraron en él a un líder carismático. Fue así que derrotó a Haya de la Torre en las elecciones de 1931 y se hizo con la presidencia en un ambiente sumamente polarizado.</p>



<p>Pero, ¿era fascista el sanchecerrismo? Gonzalez Calleja (1994) responde: «Pero de hecho la adscripción fascista del movimiento sanchezcerrista no pasó de la exhibición callejera de los “camisas negras”, del elogio retórico a los logros mussolinianos y de la difusión de un vago ideario autoritario y corporativo. El fondo de su doctrina seguía siendo conservador» (p.235). Esto cambiaría a la muerte de Sánchez Cerro y el ascenso de Luis A. Flores (quien no veía a la UR como un partido puramente coyuntural) que originaron la radicalización de las premisas políticas de la UR y la manifestación de aquella “latente vocación totalitaria” que observó Molinari (2006). Así, la UR apareció en un inicio como un movimiento puramente nacionalista, pero, luego de asesinado Sánchez Cerro, proclamó explícitamente su adhesión a la doctrina y praxis fascista que ganó la adhesión de algunos sectores populares deseosos de cambios profundos e ilusionados con la idea de un sistema político corporativista y totalitario.</p>



<p>Respecto al carácter totalitario del partido podemos verificar que la UR cumple con los aspectos cardinales del totalitarismo. En primer lugar «construye un tipo de organización que, por sus características verticales, por su amplitud organizacional-piramidal y por la presencia de sus milicias de camisas negras, define todo un aparato para constituirse estratégicamente en omnipresente y hegemónico no sólo políticamente sino también en la vida cotidiana» (Molinari 2006:327). En segundo lugar, es indudable la preeminencia ideológica intolerante y excluyente que predica la UR que «busca en su estrategia no sólo el enfrentamiento y la derrota “histórica” del denominado “Aprocomunismo” sino su erradicación ideológica y física» (Molinari 2006:324) junto al liberalismo y a cualquier enemigo político. En el número del primero de enero de 1934 de Acción, periódico de la UR, se lee: «solo la Unión Revolucionaria es la fuerza de derecha contra el Apra y no hay más jabón que el que hace espuma. Solo las Camisas Negras salvarán al Perú» (Tomado de Molinari 2006:339). En tercer lugar, está la importancia de la movilización de masas para la UR, que hizo uso de sus milicias, las Camisas Negras, para demostraciones de fuerza en estridentes desfiles, ritos y peregrinajes a la tumba de Sánchez Cerro, eventos en los que abundaban los himnos, emblemas y gestos del fascismo.</p>



<p>Adicionalmente, la UR, manifestando su orientación racista y xenófoba, impulsó campañas propagandísticas contra la inmigración japonesa y promovió la creación de una «sociedad anti-asiática» y una «liga anti-japonesa». En el número de Acción del once de marzo de 1934 manifestaron: «…la impudicia de los amarillos sigue en aumento. Nos proponemos luchar resueltamente contra la invasión amarilla…» (Tomado de Molinari 2006:339) y en el del 30 de abril de 1934: «ya sabemos hasta la exageración que el elemento amarillo no puede parangonarse biológicamente al elemento europeo, es decir a la raza blanca. Es un hecho comprobado no necesita comentarios» (Tomado de Molinari 2006:340).</p>



<p>Tenemos entonces un partido que no solo manifestaba simpatía por el fascismo italiano (y también afinidad con la figura de Hitler), sino que profesaba el totalitarismo propio de un movimiento fascista.</p>



<p>Este partido desde sus periódicos Acción (1933-1936), Crisol (1934), El legionario (1935), UR (1936) y Batalla (1936) difundieron su ideología fascista e hicieron campañas de agitación, propaganda y doctrina atacando a sus enemigos (principalmente al aprismo y al comunismo) con la intención de llegar a las masas populares. Sin embargo, luego de asegurado el orden con el gobierno de Benavides y resuelta la crisis en la que se encontraba el Perú, la UR ya no era de utilidad de la oligarquía ni del gobierno y, más bien, podía constituirse en una amenaza populista, por lo que fue marginada de la política nacional. Con la anulación de las elecciones de 1936, en las que participaba Flores como representante de la UR, el partido fue decayendo, muchos de sus líderes (incluyendo a Flores) fueron deportados y el apoyo popular disminuyó, hecho que se consumó totalmente con la segunda guerra mundial y la derrota de Alemania e Italia.</p>



<p><strong>¿Existió un fascismo intelectual en el Perú en los años 30?</strong></p>



<p>Fernando Silva Santisteban (1982) afirma que entre 1935 y 1939 hubo un ascenso de una corriente pro-fascista con efectos significativos en tres aspectos: gubernativo, político institucional e intelectual. Dice además que el fascismo «desplazó a las ideas liberales y neopositivistas en el contexto del conservadurismo tradicional» (p.132-133). Entre los principales cultores de este fascismo intelectual encontraríamos a José de la Riva-Agüero y a Raúl Ferrero Rebagliati.</p>



<p>Por otro lado, en su libro&nbsp;<em>El pensamiento fascista (1930-1945)</em>, publicado en 1981, José Ignacio López Soria señala tres tipos de fascismos: el aristocrático, el mesocrático y el popular. El fascismo popular era, para López Soria, el de la Unión Revolucionaria que ya expusimos arriba. El fascismo aristocrático sería el fascismo propio de la oligarquía, cuyo representante sería José de la Riva-Agüero y Osma, y el fascismo mesocrático sería el promovido por la Acción Católica y una larga lista de intelectuales entre los que nombra a Alfredo Herrera, Carlos Sayán, Octavio Alva, Guillermo Hoyos Osores, Felipe Sassone, Carlos Miró Quesada Laos, José E. Ruete, Luis Humberto Delgado, Raúl Ferrero Rebagliati, Guillermo Lohman Villena, Pedro M. Benvenutto Murrieta, Víctor Andrés Belaunde, Roberto Mac Lean Estenós, Alfonso Tealdo, Simi, Aurelio Miró Quesada Sosa, el Padre Francisco Jambrina, Raúl Mugaburu, Fernando A. Franco, Miguel Pascuale, José Jaime Ascua, Luis Doreste, César Miró, Cristóbal Losada y Puga, Carlos Pareja Paz Soldán, Gonzalo Herrera, Mario Alzamora, César Arróspide, J. Ismael Bielich, Jorge del Busto, J. Dammert, Eulogio Romero Romaña, entre otros.</p>



<p>¿En verdad teníamos tantos teóricos del fascismo en el Perú? ¿La acción católica era fascista?</p>



<p>Creo que el carácter verdaderamente fascista, y por tanto totalitario, de estos «fascistas» puede ser discutido. Parece que, López Soria cae en la tentación simplista de denominar a todo lo que es antiliberal y anticomunista, o que tiene simpatía por el régimen franquista o mussoliniano (que de ninguna forma podemos llamar totalitaristas), como fascista.</p>



<p>Creo que es prudente señalar con González Calleja (1994) que «el fascismo fue más que nada un juego teórico elaborado por alguno intelectuales a mitad de camino entre la reflexión erudita sobre la identidad peruana y la tentación del intervencionismo político» (p.254). Es indudable que existía una cierta admiración por el fascismo entre los intelectuales, pero recordemos la época polarizada y convulsa en la que vivían, que veían ante ellos el desmoronamiento de los valores tradicionales de la civilización cristiana que hasta antes de la Gran Guerra tenían cierta vigencia. Para un intelectual católico que ve que Mussolini «…ha restablecido en las escuelas la instrucción religiosa y el crucifijo; ha abolido el divorcio; ha estimulado la moralidad y la fecundidad de las familias…» (Riva-Agüero 1937: 484) el fascismo se ve como una opción tentadora. El fascismo, en la década de 1930 (lo que cambiaría radicalmente en la década de 1940) es visto como la alternativa contra la «barbarie comunista» y la anarquía. Así, hay quienes caen ante la tentación del intervencionismo estatal de un «régimen de concentración, autoridad y rigor» (Riva-Agüero 1937: 60).</p>



<p>Esto no quita que probablemente alguno de los intelectuales nombrados por López Soria sí sea verdaderamente totalitarista. Lo que sí se puede afirmar es que hubo una tendencia filofascista, un «fascismo intelectual» no totalitarista. Para ilustrarlo es conveniente revisar lo que Raúl Ferrero, considerado por Silva Santisteban (1983) como el verdadero ideólogo del fascismo peruano, afirma:</p>



<p>Que el Estado se incorpore las fuerzas nacionales, que jerarquice y discipline los elementos que dentro de la democracia son anárquicos y hasta opuestos; todo ello está bien. Pero que el Estado, invocando un totalitarismo pagano, triture la personalidad, supedite a la religión, atropelle hasta sus bases la libertad de enseñanza y exalte el sentido de la raza hasta un punto de agresividad, es ya muy otra cosa. (Raúl Ferrero en López Soria 1981:102-103)</p>



<p>Por otro lado, es incoherente denominar a la Acción Católica como fascista. El totalitarismo implica la politización de todos los aspectos de la vida del hombre, la identificación entre Estado y sociedad, y, por tanto, la absorción por el Estado de todas las instituciones que medien entre este y el hombre. Por tanto, la propia naturaleza de la Acción Católica, como cuerpo medio, es incompatible con un Estado totalitario. Así lo entendió el Papa Pio XI y en su&nbsp;<em>encíclica Non abbiamo bisgno</em>&nbsp;de junio de 1931 denuncia el régimen de Mussolini y la estatolatría que profesa y hace una defensa de la Acción Católica italiana, perseguida por Mussolini.</p>



<p><strong>¿Dónde encontramos el fascismo en el Perú de hoy?</strong></p>



<p>Ahora cabe preguntarse ¿el colectivo con mis hijos no te metas es fascista? ¿Fuerza Popular es facista? ¿César Acuña es fascista? ¿Algún candidato de “derecha” es verdaderamente fascistas? ¿es fascista quien está orgulloso de su legado hispánico? ¿las personas que profesan una fe no relativista son fascistas? ¿mi hermano que tiene todo ordenadito su cuarto es fascista?</p>



<p>El progresismo actual que usa el adjetivo fascista para denigrar todo lo que no es entendible desde la óptica heredada de la Revolución francesa. Pero sería bueno que en verdad analicemos las propuestas de sus principales voceros y políticos y nos preguntemos ¿acaso no tendrán un carácter totalitario sus postulados, las políticas de género, por ejemplo?</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p>Gentile, Emilio</p>



<p>2005&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>La vía italiana al totalitarismo: partido y estado en el régimen fascista.&nbsp;</em>Buenos Aires: Siglo XXI Editores</p>



<p>Gonzales Calleja, Eduardo</p>



<p>1994 &nbsp;&nbsp; «La derecha latinoamericana en busca de un modelo fascista: La limitada influencia del falangismo en el Perú (1936-1945)». En<em>&nbsp;Revista Complutense de Historia de América.</em>&nbsp;n.20, pp. 229-255.</p>



<p>López Soria, José Ignacio</p>



<p>1981 &nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>El Pensamientos fascista (1930-1945).</em>&nbsp;Lima: Francisco Compadonico /Mosca Azul Editores.</p>



<p>Mendieta Pérez, Michael</p>



<p>2013&nbsp;&nbsp;&nbsp; «La Influencia del Fascismo en el Perú: un acercamiento historiográfico». En&nbsp;<em>Nueva Crónica,</em>&nbsp;n.1, pp. 1-13</p>



<p>Molinari, Tirso</p>



<p>2006 &nbsp;&nbsp; «El partido Unión Revolucionaria y su proyecto totalitario – fascista. Perú 1933-1936». En&nbsp;<em>Investigaciones Sociales,</em>&nbsp;Año X, n.16, pp.321-346.</p>



<p>Riva-Agüero, José de la</p>



<p>1937&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Por la verdad la tradición y la patria. T1.&nbsp;</em>Lima: Imprenta Torres Aguirre.</p>



<p>1975&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Obras completas. T. X.&nbsp;</em>Lima: Instituto Riva-Agüero.</p>



<p>Silva Santiesteban, Fernando</p>



<p>1982&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Historia del Perú Republicano</em>. Lima: Ediciones Búho.</p>



<p class="has-text-align-right"></p>



<p></p>



<p></p>
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			</item>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tarde-escritor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[acción]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
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		<title>El amor y el sentimiento</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/amor-sentimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2020 17:42:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[La experiencia de trabajar con familias por más de quince años nos muestra que es usual ver esposos que van por la vida tratando de hacer que su matrimonio perdure en el tiempo, basados no en el amor sino únicamente en el sentimiento. No lo dicen así y si uno les preguntara probablemente responderían que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La experiencia de trabajar con familias por más de quince años nos muestra que es usual ver esposos que van por la vida tratando de hacer que su matrimonio perdure en el tiempo, basados no en el amor sino únicamente en el sentimiento.</p>



<p>No lo dicen así y si uno les preguntara probablemente responderían que no, que conocen las razones de fondo y que saben que el matrimonio es un compromiso, etc., pero en la práctica, quitando ruidos y disfraces, el juicio sobre el éxito de sus matrimonios lo juzgan desde la experiencia de sentirse bien o mal con su cónyuge.</p>



<p>Este estilo de vida está siempre amenazado por el gran temor de que todo acabe en cualquier momento. No es raro que se pregunten ¿Cuánto durará?</p>



<p>Esta problemática surge de un grave error intelectual sobre la naturaleza del amor. Desde pequeños hemos sido invadidos con la idea de que el amor es un sentimiento, hermoso, grande, noble, lleno de maravillas, emociones desbordantes y finales felices, pero un sentimiento, y como tal algo tan voluble e inestable como son todos los sentimientos.</p>



<p>Por eso la sensación de estar a merced de ellos y sentir también que nuestro compromiso durara lo que el sentimiento dure.</p>



<p>Esta idea va apoyada por películas, novelas, series de televisión, noticias y un sinnúmero de manifestaciones artísticas, en los que vemos que las parejas se dicen&nbsp;<em>lo nuestro terminó, pues ya no siento nada por ti&nbsp;</em>con la misma frecuencia e intensidad con que se juran amor eterno.</p>



<p>Es evidente que si basamos nuestro amor y nuestro matrimonio solamente en el sentimiento, no vamos a tener un final feliz y que sería una locura comprometerse por toda la vida en algo tan inestable.</p>



<p>El sentimiento en sí mismo no tiene más contenido que su propia existencia ni más finalidad que satisfacerse. Nadie debería comprometerse de por vida asumiendo un responsabilidad tan grande como casarse basado solo en ello.</p>



<p>El error conceptual de identificar el amor con el sentimiento tiene la contrapartida de olvidar que en realidad éste es un ejercicio de la voluntad.</p>



<p>El Concilio Vaticano II nos dice que el amor conyugal radica sobre todo en la ella y no en el sentimiento, mucho menos en la sensualidad. Radica en la inteligencia y se realiza por la voluntad, y justamente por ello, sostiene e ilumina los sentimientos y la sensualidad propia del amor conyugal.</p>



<p>Cuando en el altar damos nuestro consentimiento que dice&nbsp;<em>Yo, te recibo a ti, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida</em>, lo que se hace es un compromiso y ese compromiso está basado en nuestra voluntad.</p>



<p>Una voluntad de atendernos y donarnos cada día. Esa promesa de brindarnos a nuestro cónyuge debe ser renovada día a día para poder cumplir lo prometido.</p>



<p>El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda:&nbsp;<em>El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona —reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad</em>.</p>



<p>El matrimonio es una entrega de cuerpo y alma, y esta entrega está dirigida por la voluntad, solo así podemos a sentir y ofrecer seguridad en nuestra relación, saber que el matrimonio durará lo prometido y afirmar con verdad en el altar que asumiremos nuestro compromiso&nbsp;<em>por todos los días de vida que Dios nos conceda.</em></p>



<p class="has-text-align-right">Juan Ignacio Angulo Cuba</p>



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		<title>Más fuerte que la muerte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2019 22:40:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
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<p>Hace más de un cuarto de siglo, un hombre joven conoció a una mujer unos años menor que él. La atracción fue inmediata, cayeron &nbsp;uno en brazos del otro, con mucha urgencia y sin mayor reflexión. Con el tiempo, la relación fue madurando hasta convertirse en un proyecto de vida juntos. Formaron así un equipo sólido basado en la confianza para lanzarse a la fascinante y desafiante aventura de formar una&nbsp; familia que se mantuvo unida &nbsp;a lo largo del tiempo. La muerte los separó tras 25 años juntos.</p>



<p>Releo el párrafo anterior y me sorprendo de su brevedad. Reducido el espacio, sintetizado el argumento y podado todo lo sobrante, esta es mi historia. Y supongo además que puede ser la de cualquiera. Justamente por eso pienso que no es tan importante contar la propia historia como interpretarla, entenderla en su significado más profundo, buscar, más allá de detalles y coyunturas, el dibujo completo, el sentido último de los hechos.</p>



<p>Acabo de leer&nbsp;<em>Amor y Responsabilidad</em>&nbsp;de Karol Wojtyla. Es un tratado filosófico ya clásico sobre moral sexual desde la perspectiva católica &nbsp;que aborda una diversidad de temas. Uno en especial ha capturado mi atención precisamente porque está relacionado con la búsqueda de este indispensable sentido de la existencia y la mirada a la propia historia: el verdadero amor como fundamento de la relación entre un hombre y una mujer, el amor como compromiso de por vida y garantía de realización personal y promesa de felicidad; ese mismo amor del que habla Benedicto XVI en su Carta Encíclica&nbsp;<em>Deus Caritas est&nbsp;</em>y que todo ser humano parece anhelar desde su misma naturaleza:&nbsp;<em>entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana</em>”.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></p>



<p>Mucho se ha dicho y escrito acerca de&nbsp;<em>esto&nbsp;</em>que llamamos amor y que sucede exclusivamente entre las personas y no entre otros seres. Libre albedrío, voluntad e inteligencia forman parte de este importante acontecimiento, un misterio tal que no siempre puede ser definido con claridad. Por eso, al hablar de amor nos encontramos con una realidad paradójica: es lo más superficial y visible en el hombre y a su vez esconde una profundidad y fuerza que inundan completamente su interioridad. Esta realidad contradice la creencia, bastante común en nuestro tiempo impregnado de subjetivismo, de que el amor es un sentimiento, sujeto por tanto a la fragilidad cambiante típica del mundo emocional pero, al contradecirla, el amor no se reduce a una &nbsp;decisión de la voluntad de permanecer junto a la persona elegida por el compromiso asumido sin más motivación que el deber por el deber.</p>



<p>En realidad, la oposición de ambas perspectivas surge de una incomprensión del amor en sí mismo. Los sentimientos y las decisiones de la voluntad son realidades análogas y relacionadas entre sí, que comprometen la promesa de felicidad en la persona. El amor es la síntesis de todas las potencias del ser humano que une la existencia de dos seres en la construcción de una comunidad, cuya unidad depende absolutamente de la distinción y originalidad de las personas que la conforman.</p>



<p>El amor es una tarea que se ha confiado a la libertad humana, implica un profundo compromiso con el bien común que requiere esfuerzo, trabajo, renuncia y acogida, como expresión natural del don de sí mismo. Ha de ir transformándose desde una sensación básica nacida de esa fuerza vital de la naturaleza humana que impacta en las personas, conocida como el impulso sexual,&nbsp; hasta convertirse en un amor maduro, confiable, verdadero y bueno, con el concurso expreso de la voluntad y la luz de la inteligencia que integran&nbsp;<em>hacia arriba</em>, el indispensable impulso sexual.</p>



<p>Para quienes miramos el mundo desde Cristo, el amor es participación&nbsp;<em>co-creadora</em>&nbsp;del hombre con Dios en la&nbsp;<em>creatio continua</em>. Dios crea sirviéndose también de causas segundas y precisamente es a través del hombre,&nbsp;<em>la única creatura que Dios ha amado por sí misma</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, que crea a otros hombres, permitiéndoles ser parte de la génesis de sus hijos, a quienes además &nbsp;les confía su educación.</p>



<p>Luego del impulso sexual inicial, aparece la atracción que va generando una actitud, como dice Wojtyla, de&nbsp;<em>dejar ser</em>&nbsp;a otro en uno mismo. Así, pensamientos e imaginación se constituyen en un amor naciente hacia ese otro, cuya persona es lo más atractivo. Es decir, se pasa de interesarse por&nbsp;<em>lo que</em>&nbsp;se puede obtener del otro, a concentrarse en&nbsp;<em>quién es</em>&nbsp;el otro para uno. Éste aparece como el bien que es en sí mismo y debiera ser el fundamento de los sentimientos que van desarrollándose. Los sentimientos no poseen una lógica independiente de la razón, por lo que requieren del intelecto para no quedar encerrados y errar respecto de la realidad acerca del otro. Deseo y quiero al otro como un bien que reconozco para mí, que me completa y al mismo tiempo me desafía e impulsa a ser mejor en un dinamismo de complementariedad y reciprocidad.</p>



<p>Por eso se superan actitudes utilitaristas que lleven a ignorar que el otro es una persona, valiosa en sí misma, que ha establecido sus propios fines y que no puede ser tratada como un medio para buscar los propios. Ni el placer ni la voluptuosidad unen o ligan a las personas a la larga porque, cuando ya no los proporcione, la relación se enfriará hasta desaparecer. Debe adecuarse ese impulso, ese atractivo que se siente por ella,&nbsp; al nivel personal, es decir, elevarlo a la dignidad de las personas.</p>



<p>Es difícil determinar en qué momento el atractivo da paso a la simpatía, a la camaradería, a la amistad y finalmente al amor verdadero y bueno, pero una cosa está muy clara: establecer buenos fines comunes es esencial para que ello ocurra. Cuando se mira en la misma dirección sin perder de vista el horizonte amplio, se es capaz de dirigir todos los esfuerzos hacia allí y jugarse la vida. Cuando amamos a alguien salimos de nuestro propio encierro interior, le comunicamos nuestra propia existencia y le damos lo más profundo de nuestro ser para comprometernos hasta en lo mínimo y, por ello, dar vida a otras personas. Así, subordinamos nuestros fines a lo único que es promesa de auténtica felicidad: la realización en el amor hacia esa persona.</p>



<p>Sin el horizonte de fe que da la relación con Dios, que es Amor, no es posible esta entrega:&nbsp;<em>no hay mayor amor que el dar la vida por los amigos</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, dirá el Evangelio de Juan, y creo firmemente que no hay otra medida para el amor humano.</p>



<p>Volviendo a mi historia, más allá de defectos o virtudes de los dos, más allá de encuentros o desencuentros pasajeros, trascendiendo risas, llantos y tensiones, siempre vi en el amor de mi esposo una clara evidencia del Amor de Dios. Dios ama sin condiciones y a pesar de todo y siempre permanece fiel. Por eso creo, en el fondo de todo, que efectivamente el Amor es más fuerte que la muerte, y nos volveremos todos a encontrar en Él.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>Benedicto XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est. Art 5.&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html" target="_blank" rel="noopener">http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html</a></p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a>&nbsp;Gaudium et Spes 22</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>San Juan. Evangelio Según san Juan.&nbsp; Cap. 15, 13.</p>



<p class="has-text-align-right">Claudia Quiroz Pacheco</p>



<p></p>



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