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	<title>soledad &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tarde-escritor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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		<title>Nido vacío</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/nido-vacio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2020 22:36:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
		<category><![CDATA[bebes]]></category>
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		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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<p>Todo ha quedado en unos cuantos cuadros colgados en la pared. Estás en el nido de tu familia. Allí están las primeras fotos en ese tamaño de revelado que ya no existe. Fotos en la sierra, junto al letrero de la altura; en la playa, en la casa de los abuelos. Apareces con esa camisa a cuadros que se usaba en esa época. Tus lentes dan risa. Tus patillas también. No tenías panza y tu pelo era negro. El primero de tus pequeños sonríe. Igualito a ti. Tú tienes pinta de cantante pasado de moda. Usas corbata en pleno sol. Tu mujer se parece, o intenta parecerse, a una actriz famosa en esa época. Algo de telenovela. Ese peinado hoy, daría miedo.</p>



<p>Te ríes, pero nadie te oye. El eco de tu voz rebota por la sala vacía de esta casa que tanto te esforzarte en construir. Ya no se usa ese enchapado. Ya esas ventanas no se estilan. Las lajas de tu piso, que tanto te costaron, ya ni las venden. Esos cuadros de flores al óleo, que horror. El paisaje de selvático con chunchos en canoa. Estabas cerca de poner un buda de adorno, te diría tu hija pero te quiere demasiado. Es vieja y pasada de moda, le faltan cosas, a las paredes una mano de pintura, y hay que reemplazar algunos interruptores, pero es tu casa. Y ya nadie sabe que en ese piso y en ese enchapado se han grabado las risas de tus hijos. Y sus peleas. Y sus llantos. Y tus angustias. Ese&nbsp;<em>parquet</em>&nbsp;que ya no se usa, soportó barro, chicle, tachuelas, plastilina, crayolas, tiene manchas de todo tipo.</p>



<p>Aquí te escucharon renegar por ponerse tus medias y luego pedirles disculpas porque no era para tanto. Aquí pusiste crema a innumerables moretones y quemaduras de sol, aquí jugaste monopolio o casinos. Y aquí, en esta alfombra, gastada y de colores desusados, boxeaste contra esos niños que sólo así, contigo arrodillado, eran de tu tamaño. Aquí se abrieron regalos y se llenó todo de papeles. Contra ese portón se tiraron innumerables pelotazos, esos vidrios se rompieron tanto que al final se quedaron así. Y dijiste qué importa, ventilación.</p>



<p>Ese jardín se llenó de caca de perro. Hoy es la tumba de algunos de los más queridos. Ese parque vio los primeros pasos, las carreras, los miedos, las bicicletas, los primeros puchos de esos hijos tuyos que hoy son unos señores.&nbsp;Entre sus árboles se escondieron los primeros enamorados de tus hijas, y vaya que te tenían miedo.</p>



<p>Hoy no quieres este silencio, hoy darías un brazo por volver a angustiarte por una mala nota en la libreta, por el acné, por el quinceañero, por la caída de la que sólo tú podías consolar. Y el asunto es paradójico como la vida misma: te duele de alma esta casa vacía, pero te alegra infinitamente que&nbsp;<em>los chicos</em>&nbsp;no te necesiten, que por fin hayan aprendido a vivir.</p>



<p>Y te secas una tonta lágrima de viejo para ver lo que te toca ahora: lo de los nietos, lo de los almuerzos, lo de esa soledad dulce en la que atardece tu vida. Tiempo de agradecer, tiempo de prepararse, tiempo de querer a tu mujer como nunca lo hiciste. Porque en ti, poco a poco, la bondad ha ido supliendo al capricho. Y no lo dudes: de estas últimas fidelidades está hecha la felicidad eterna.</p>



<p>Suena el viejo timbre. Abres, entra corriendo un perro, dos niños gritan&nbsp;<em>¡Hola abuelo!&nbsp;</em>y se van persiguiéndolo, detrás las sonrisas y un&nbsp;<em>¡Feliz día papi!</em>&nbsp;que te deja en los ojos ese color de madrugada que los llena de lágrimas.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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