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	<title>Sócrates &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Una pizca de filosofía: como lo pensado nos hace pensar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2020 01:26:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Adriana Nicole Zegarra Monge]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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<p>Debo reconocer que Sócrates hace dos mil seiscientos veinte años estaba en lo cierto. En mi trayectoria por la universidad y estando a puertas de terminar mi carrera, analicé cómo ha ido cambiando mi pensamiento a lo largo de estos años. Me he topado con diferentes docentes que me han obligado a aprender de memoria cómo funciona un neurotransmisor en el cerebro, o qué es lo que debe hacer un bebé a los seis meses de nacido. Pero también he tenido el reto de encontrarme con profesores que, además de abrirme las puertas a nuevos conocimientos, me exigieron pensar, es decir, filosofar.</p>



<p>La filosofía hace referencia a la disciplina constituida para el tratamiento de ideas y de las conexiones sistemáticas entre ellas. Ideas que, en tanto que brotan de las conceptualizaciones de los procesos del mundo (sean mecánicos, biológicos, químicos, etc.), no son subjetivas ni eternas, son objetivas.</p>



<p>En este seminario fuimos estudiando a Gilson que plantea una aproximación clásica que él llama&nbsp;<em>realismo metódico</em>. Es decir, existe una realidad más allá del sujeto, pero su conocimiento no se reduce a una experiencia sensorial ni se queda en materializar toda la realidad como lo plantea el&nbsp;<em>realismo ingenuo</em>, sino que busca una aproximación real y filosófica. Vemos cómo Gilson contradice la filosofía idealista de Kant, fundada en la crítica como la única capacidad cognoscitiva del hombre, negando así la posibilidad de conocer las cosas por medio de la razón.</p>



<p>Es cierto que hoy, hablar sobre teóricos o intelectuales da la impresión de perder el tiempo con abstracciones inútiles. Esto evidencia una idea recurrente en el hombre práctico, que consiste en pensar que las ideas no tienen mayor influencia en la vida, cuando toda nuestra vida, incluso en sus aspectos más prácticos, se orienta en base a ideas.</p>



<p>De facto, hay una diferencia entre quienes hacen conscientes las ideas y escogen cuales van a regir su vida, y otros, que simplemente viven como si éstas aparecieran por sí solas dentro de ellos. Ellos no sabrán cual fue el origen de sus ideas y se pueden auto-engañar creyendo que son dueños de su propio pensamiento, pero la mayoría tiende a absorber como una esponja cualquier insulsez que se encuentre dando vueltas por ahí y se piensan libres, cuando en realidad se están empapando de los disparates de otros sin tener idea de lo que están diciendo.</p>



<p>Por esa razón, considero liberador e importante estudiar las ideas. Las ideas no solo se refieren a principios generales, sino que, al poseer un carácter práctico, logran darle sentido a sucesos que se dan actualmente. Detrás de las organizaciones sociales, la forma de vida, los valores morales, etc., existen ideas.</p>



<p>Hoy encontramos un pensamiento de corte idealista generalizado. Un ejemplo bastante común es la continua aparición de grandes activistas que utilizan los medios de comunicación para expandir sus ideas. Un caso notorio en estos días, es el movimiento antirracista&nbsp;<em>Black Lives Matter</em>&nbsp;que se hizo viral a nivel mundial a partir de la muerte de George Floyd, un hombre de color, en manos de un policía blanco. Los&nbsp;<em>hashtags</em>&nbsp;y las publicaciones solidarizándose con la causa se multiplicaron exponencialmente desde la enorme difusión de posts titulados&nbsp;<em>jueves negro</em>, simbolizados por la&nbsp;<em>Black Scream</em>&nbsp;y personas, famosas o no, que subían a los<em>&nbsp;Social Media</em>&nbsp;sus fotos vestidas de negro, las siglas&nbsp;<em>BLM</em>, y diversos símbolos de rebelión como el puño en alto, un ícono de resistencia y solidaridad. Grandes multitudes en diversos lugares del mundo, salieron a protestar primero de forma pacífica, para después ejercer actos violentos como peleas con policías, destrucción de propiedad pública y privada, vandalismo y saqueos. La ironía es que los más afectados en los disturbios fueron, en gran parte, personas de color y coreanos.</p>



<p>Los manifestantes también destrozaron, decapitaron o pintaron diversos monumentos al rededor del mundo. Una de las principales estatuas afectadas fue la de Cristóbal Colón, allí los protestantes escribieron mensajes antirracistas como&nbsp;<em>Black life, fucky, brutality, fuck Trump, our streats, etc</em>.; en diferentes ciudades como Minnesota, Florida, Saint Paul, Virginia y otros lugares de Europa y América. Pero los que también fueron involucrados en este lío, fueron los diferentes ejércitos confederados que, en sus vanos intentos por controlar a las multitudes “indignadas”, no lograron contener la ira de estas y se convirtieron en el principal blanco de los protestantes.</p>



<p>Obviamente, si veo a un policía blanco que hace abuso de la fuerza contra una persona de color y lo asesina, el hecho genera un justo repudio y la primera interpretación que surge es el racismo. No hay ningún dato de por medio que confirme esta interpretación, no obstante, como estamos tan bombardeados por la prensa, noticias y la publicidad en redes sociales, automáticamente se nos lleva a pensar que es racismo por más que no se compruebe. En realidad, lo que parece haber es una situación de violencia que engloba temas de drogas, rupturas familiares, marginación económica, penurias de todo tipo, por lo que, siendo un fenómeno complejo, no puede ser reducido a la única variable del racismo.</p>



<p>Nos topamos con posturas idealistas. Las personas dicen ser dueñas de&nbsp;<em>su</em>&nbsp;verdad, depende de&nbsp;<em>como lo veas</em>, cualquiera puede hacer lo que quiera, no importa si va contra la vida, la dignidad humana o los valores; al final, todo es válido. En lugar de acercarse a una certeza, lo que hay es una pluralidad de voces que discuten cacofónicamente sus pretensiones de saber y sus definiciones del no-saber. Claro ejemplo tenemos con las redes sociales, los medios de comunicación crean distintas redes para poder llegar a su público, ya sea por medio de personas famosas o los nuevos&nbsp;<em>influencers&nbsp;</em>que cautivan más a los jóvenes de ahora, haciendo que ellos copien o sigan su mismo pensamiento y nuevas modas que estén en un&nbsp;<em>top trending</em>. Pero no solo encontramos mediatizado el tema de modas, sino también las noticias. A nivel mundial la red social más usada, tanto por publico juvenil como adulto, es&nbsp;<em>Twitter</em>; que comunica toda clase de noticias y adherida a estas, las propias opiniones y comentarios acerca de lo que es “verdad” o no. Ahí es donde inicia la discusión sobre quien tiene la razón o no, pero resulta en una pelea vana porque los idealistas argumentan desde lo que sienten o piensan y no desde argumentos lógicos. A menudo, intentan convencer al resto de la existencia de una “certeza”, pero no la no existencia de un suceso real<strong>.</strong>&nbsp;&nbsp;Esto a la larga contribuye a fragmentar el conocimiento en verdades propias que son&nbsp;<em>certeras para sí mismo</em>. En el fondo diría Dunning-Kruger&nbsp;<em>cuanto menos saben, más inteligentes se creen.</em></p>



<p>Ante este panorama ¿Cómo sé si mi pensamiento está acorde a la realidad? En definitiva, como diría Gilson, el primer paso es reconocer que la realidad es independiente de nuestro pensamiento. Si yo conozco algo que es externo a mí, por medio de mi razón puedo reflexionar sobre el objeto y después llegar a una conclusión. Por otra parte, no podemos creernos dueños de una verdad absoluta, pues de lo contrario pretenderíamos tener una especie de conocimiento angélico o divino que no tenemos. A pesar de la posibilidad del error y de conocer solo una parte, nuestro conocimiento es real y posible, y eso nos invita a abrirnos al diálogo. Eso es ser verdaderos filósofos, conscientes de que la realidad es cambiante, compleja y múltiple, pero la verdad existe y es una.</p>



<p>Esta pandemia ha traído tantas desgracias como situaciones que nos hacen reflexionar. Querido lector, después de muchos años, la humanidad se ha reencontrado fuertemente y cara a cara con una gran verdad: el hombre es mortal, finito. Se enfrenta a la muerte como algo que existe y le puede llegar a pasar, que alcanza a todos tarde o temprano. Se encuentra así ante el problema de confrontar la realidad de la muerte. La necesidad de sobrevivir, puede hacer que las personas vayan en busca de un salvador o un&nbsp;<em>dios terrenal</em>; pero también puede que, respondiendo a un dato profundamente inscrito en su naturaleza, busquen a Dios en quien, según la revelación cristiana, la vida continúa por la fuerza de la Resurrección.</p>



<p>Ahora yo te invito, a pensar sobre lo pensado.</p>



<p class="has-text-align-right">Adriana Nicole Zegarra Monge</p>
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		<title>La luz en los ojos de un ciego: luz en las tinieblas de Manuel Rodríguez Canales</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/ojos-ciego-luz-tinieblas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Oct 2019 19:20:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
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		<category><![CDATA[Roberto Belarmino]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<category><![CDATA[teatro]]></category>
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<p>Decía San Roberto Belarmino que más sabe un niño recitando el catecismo, que todos sabios de Grecia juntos. Esta curiosa frase nos muestra de qué manera el genuino conocimiento –algo que ya sabía Sócrates– nace de la humildad y siempre está de cara a lo trascendente. Se hace imperativo recordar esto –una máxima socrática, repito– en un tiempo en que los sofistas y charlatanes abundan. Pseudo-eruditos que hacen de la filosofía mala poesía, y de la poesía bastarda filosofía. Hablamos de la predilección contemporánea por esperpénticos sistemas y teorías formuladas en base de galimatías y palabras vacías que más parecen eslóganes publicitarios con tintes snobs.</p>



<p>Lamentablemente, esta manía también ha penetrado en disciplinas antes impolutas como la teología. Así pues, en éste medio se muestran, con cada vez mayor frecuencia, armatostes argumentativos que divorciados de la realidad aluden únicamente a un narcisista y enfermizo culto a la personalidad –usualmente enferma– del autor. «Perspectivas» teológicas actuales elucubradas desde inaccesibles torres de marfil por académicos que, cual pitonisos embriagados de su propia subjetividad, emiten palabras inconexas y absurdas que solo sus iniciados –fieles aspirantes a charlatanes– pueden interpretar. A Dios gracias, todavía hay quienes que, sin mirarse al espejo y viendo al Todopoderoso en el rostro del otro y en las leyes de su creación, hacen teología de rodillas. Esto es, maravillados y jubilosos por el Misterio, como en otro tiempo lo hizo el curioso Moisés al subir al monte.</p>



<p>Éste es el caso de una pequeña pero sustanciosa obra de teatro compuesta por el teólogo y educador Manuel Rodríguez Canales. «Luz en las tinieblas» es un monólogo escrito para el teatro, y es el fruto de la reflexión –dolorosa, muchas veces– en las aulas y en solitario, sobre la condición humana y su relación con la divinidad. Adaptando libremente el pasaje del ciego de Siloé, aquel que según el Evangelio de san Juan fue curado por Cristo a la entrada del templo, Manuel aborda sutil pero eficazmente el dilema de toda conversión. El ciego de nacimiento es en la obra un esclavo del resentimiento por su propia condición, de la angustia por la incertidumbre y del desprecio de la sociedad de la época. Sin embargo, desde la conciencia de su propia nimiedad y dolor sale el grito que lo redime. Aquel invoca a un Jesús quien lo salva, que siempre salva.</p>



<p><em>Luz en las tinieblas</em>, con reducidos recursos y escuetos parlamentos nos sumerge pues a un complejo problema. Suscita preguntas, genera angustia y nos llama a la introspección. La carga emotiva que maneja es la adecuada y si bien ineludiblemente nos lleva al sentimiento, no nos hunde en él, dando margen a una honda y fructífera reflexión. Ésta obra, es pues, teología que hunde sus raíces tanto en la experiencia humana como en la más convencional y diáfana interpretación de las verdades de fe. Aproximación que ofrece verdadera respuesta sin pretender «innovaciones» u «originalidades» que cual manchas afean el rostro de Cristo mismo. La obra actualiza las respuestas de siempre mediante los canales que solo el arte puede ofrecer. Respuestas que por su complejidad deben ser enunciadas desde una perspectiva estética, es decir de manera abierta y acogedora. Una experiencia artística que es –y eso nunca lo olvidemos– invariablemente un notable producto del trabajo académico que se ha llevado a la par. Labor esforzada y silenciosa que, por pretender dar luz a su propia perplejidad, ha cosechado algo más –y eso es ganar el cielo– que el eco vacío de sí mismo.</p>



<p class="has-text-align-right">Gonzalo Flores-Castro Lingán</p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>
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