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	<title>Perú &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Apuntes sobre el fascismo peruano</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2020 20:38:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Nalvarte Lozada]]></category>
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					<description><![CDATA[En esta época tan sumida en la irracionalidad y en la que lo único real es lo que dicta nuestro maravilloso mundo interior, se ha hecho frecuente tildar de fascista o acusar de fascismo a todo lo que tenga unos mínimos visos de orden o reivindique una identidad estable o vaya en contra de la [&#8230;]]]></description>
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<p>En esta época tan sumida en la irracionalidad y en la que lo único real es lo que dicta nuestro maravilloso mundo interior, se ha hecho frecuente tildar de fascista o acusar de fascismo a todo lo que tenga unos mínimos visos de orden o reivindique una identidad estable o vaya en contra de la sacratísima voluntad del sujeto. Si crees que debe existir una autoridad, eres fascista; si crees que el cristianismo no es una vaguedad buena onda ambientalista y de género, eres fascista; si no crees que los españoles fueron unos genocidas, eres fascista; si tienes ordenada tu vida y huyes de los vicios y las bajas pasiones, eres fascista; si crees que el aborto es una aberración, eres fascista; si crees que los animales no tienen derechos, eres fascista; si rezas tus oraciones antes de dormir todos los días en vez de hacer meditación zen, eres fascista; si crees que existe una bondad, una belleza y una verdad que no dependen de la perspectiva de las personas, eres fascista. Si piensas escribir un artículo que pretenda indagar qué es verdaderamente el fascismo y cómo se manifestó en el Perú, lo siento, eres fascista.</p>



<p><strong>¿De qué hablamos cuando hablamos de fascismo?</strong></p>



<p>Emilio Gentile (2005) caracteriza al fascismo como:</p>



<p>Un experimento de dominación política, puesto en práctica por un movimiento revolucionario, organizado en un partido rígidamente disciplinado, con una concepción integralista de la política, que aspira al monopolio del poder y que, después de conquistarlo, por vías legales o extralegales, destruye y transforma el régimen preexistente y construye un estado nuevo, fundado sobre el régimen de partido único, con el objetivo principal de efectuar la conquista de la sociedad, esto es, subordinar, integrar y homogeneizar a sus gobernados, conforme al principio de politicidad integral de la existencia, tanto individual como colectiva, interpretada según las categorías, los mitos y los valores de una ideología sacralizada en la forma de una religión política, con el propósito de modelar al individuo y a las masas meced de una revolución antropológica para regenerar al ser humano y crear un hombre nuevo, consagrado en cuerpo y alma a realizar los proyectos revolucionarios e imperialistas del partido revolucionario, en procura de crear una nueva civilización de carácter supranacional. (p.21-22)</p>



<p>Más allá del ultranacionalismo, el carácter antiparlamentario, antiliberal, anticomunista, populista, antiburgués, anticapitalista, vitalista, no clerical, corporativo y la retórica violenta, la característica esencial, que no podemos obviar y sin la cual no podemos denominar a algo o a alguien propiamente fascista, es la concepción totalitaria de la política y del Estado (que en buena medida sustenta las características arriba citadas) y que Mussolini grafica en el slogan: «Todo en el Estado, todo para el estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».</p>



<p>Esto nos lleva a distinguir el totalitarismo del autoritarismo. Todo totalitarismo es autoritario, pero no todo autoritarismo es totalitario. El autoritarismo se basa en el sometimiento a la autoridad, pero no implica en sí la subordinación de todos los ámbitos de la vida a dicha autoridad, no implica la politización de todas las actividades humanas ni la omnipresencia estatal a través de un partido único, que son características fundamentales del totalitarismo.</p>



<p>El totalitarismo es pues un sistema de dominación sin precedentes en la que todos los recursos y todas las energías se movilizan bajo un mando único que exige obediencia incondicional y fe. Es un sistema que pretende absorber todas las funciones de la sociedad. El totalitarismo es el resultado de un triple proceso, de identificación entre poder y sociedad, de homogeneización del espacio social, de encierro de la sociedad. Eso se logra con el partido único de masa, una ideología oficial, (…) que explica cómo la humanidad va de manera ineluctable a un estado perfecto, a partir del rechazo radical del presente; un terror dirigido no solo contra los adversarios, sino potencialmente contra todos, de manera que atemoriza la sociedad, aísla al individuo, forma el “hombre nuevo”. (Meyer 1997:318).</p>



<p>Sin embargo, con estas precisiones solo podríamos definir como totalitarios el régimen nazi y el soviético, ni si quiera la Italia de Mussolini sería fascista. Sin embargo, Renzo de Felice (1975) nos da la solución al distinguir entre «fascismo-movimiento» y «fascismo-régimen», con lo que, aun así no podamos afirmar categóricamente que el régimen de Mussolini fuera totalitario en la práctica, sí lo fue en su doctrina, por lo que sí fue fascista.</p>



<p>Y siendo que, evidentemente, ninguno de los movimientos o personajes estudiados a continuación tuvo la oportunidad de implantar un régimen fascista (lo que es necesario para poder hablar del «fascismo régimen») lo que buscaremos es si la doctrina de estos fue tendiente al totalitarismo.</p>



<p><strong>El partido Unión Revolucionaria</strong></p>



<p>Luego de su forzosa renuncia a la presidencia de la República en 1931 y la convocatoria a elecciones, Sánchez Cerro se ve obligado por la coyuntura a fundar un partido que le sirviera como vehículo para retornar al poder. Así, el 20 de julio de 1931 funda en Lima el Partido Unión Revolucionaria (UR). Sánchez Cerro despertó simpatías tanto en la oligarquía temerosa del APRA, como en la pequeña burguesía ciudadana afectada por la competencia extranjera y en algunos sectores populares que encontraron en él a un líder carismático. Fue así que derrotó a Haya de la Torre en las elecciones de 1931 y se hizo con la presidencia en un ambiente sumamente polarizado.</p>



<p>Pero, ¿era fascista el sanchecerrismo? Gonzalez Calleja (1994) responde: «Pero de hecho la adscripción fascista del movimiento sanchezcerrista no pasó de la exhibición callejera de los “camisas negras”, del elogio retórico a los logros mussolinianos y de la difusión de un vago ideario autoritario y corporativo. El fondo de su doctrina seguía siendo conservador» (p.235). Esto cambiaría a la muerte de Sánchez Cerro y el ascenso de Luis A. Flores (quien no veía a la UR como un partido puramente coyuntural) que originaron la radicalización de las premisas políticas de la UR y la manifestación de aquella “latente vocación totalitaria” que observó Molinari (2006). Así, la UR apareció en un inicio como un movimiento puramente nacionalista, pero, luego de asesinado Sánchez Cerro, proclamó explícitamente su adhesión a la doctrina y praxis fascista que ganó la adhesión de algunos sectores populares deseosos de cambios profundos e ilusionados con la idea de un sistema político corporativista y totalitario.</p>



<p>Respecto al carácter totalitario del partido podemos verificar que la UR cumple con los aspectos cardinales del totalitarismo. En primer lugar «construye un tipo de organización que, por sus características verticales, por su amplitud organizacional-piramidal y por la presencia de sus milicias de camisas negras, define todo un aparato para constituirse estratégicamente en omnipresente y hegemónico no sólo políticamente sino también en la vida cotidiana» (Molinari 2006:327). En segundo lugar, es indudable la preeminencia ideológica intolerante y excluyente que predica la UR que «busca en su estrategia no sólo el enfrentamiento y la derrota “histórica” del denominado “Aprocomunismo” sino su erradicación ideológica y física» (Molinari 2006:324) junto al liberalismo y a cualquier enemigo político. En el número del primero de enero de 1934 de Acción, periódico de la UR, se lee: «solo la Unión Revolucionaria es la fuerza de derecha contra el Apra y no hay más jabón que el que hace espuma. Solo las Camisas Negras salvarán al Perú» (Tomado de Molinari 2006:339). En tercer lugar, está la importancia de la movilización de masas para la UR, que hizo uso de sus milicias, las Camisas Negras, para demostraciones de fuerza en estridentes desfiles, ritos y peregrinajes a la tumba de Sánchez Cerro, eventos en los que abundaban los himnos, emblemas y gestos del fascismo.</p>



<p>Adicionalmente, la UR, manifestando su orientación racista y xenófoba, impulsó campañas propagandísticas contra la inmigración japonesa y promovió la creación de una «sociedad anti-asiática» y una «liga anti-japonesa». En el número de Acción del once de marzo de 1934 manifestaron: «…la impudicia de los amarillos sigue en aumento. Nos proponemos luchar resueltamente contra la invasión amarilla…» (Tomado de Molinari 2006:339) y en el del 30 de abril de 1934: «ya sabemos hasta la exageración que el elemento amarillo no puede parangonarse biológicamente al elemento europeo, es decir a la raza blanca. Es un hecho comprobado no necesita comentarios» (Tomado de Molinari 2006:340).</p>



<p>Tenemos entonces un partido que no solo manifestaba simpatía por el fascismo italiano (y también afinidad con la figura de Hitler), sino que profesaba el totalitarismo propio de un movimiento fascista.</p>



<p>Este partido desde sus periódicos Acción (1933-1936), Crisol (1934), El legionario (1935), UR (1936) y Batalla (1936) difundieron su ideología fascista e hicieron campañas de agitación, propaganda y doctrina atacando a sus enemigos (principalmente al aprismo y al comunismo) con la intención de llegar a las masas populares. Sin embargo, luego de asegurado el orden con el gobierno de Benavides y resuelta la crisis en la que se encontraba el Perú, la UR ya no era de utilidad de la oligarquía ni del gobierno y, más bien, podía constituirse en una amenaza populista, por lo que fue marginada de la política nacional. Con la anulación de las elecciones de 1936, en las que participaba Flores como representante de la UR, el partido fue decayendo, muchos de sus líderes (incluyendo a Flores) fueron deportados y el apoyo popular disminuyó, hecho que se consumó totalmente con la segunda guerra mundial y la derrota de Alemania e Italia.</p>



<p><strong>¿Existió un fascismo intelectual en el Perú en los años 30?</strong></p>



<p>Fernando Silva Santisteban (1982) afirma que entre 1935 y 1939 hubo un ascenso de una corriente pro-fascista con efectos significativos en tres aspectos: gubernativo, político institucional e intelectual. Dice además que el fascismo «desplazó a las ideas liberales y neopositivistas en el contexto del conservadurismo tradicional» (p.132-133). Entre los principales cultores de este fascismo intelectual encontraríamos a José de la Riva-Agüero y a Raúl Ferrero Rebagliati.</p>



<p>Por otro lado, en su libro&nbsp;<em>El pensamiento fascista (1930-1945)</em>, publicado en 1981, José Ignacio López Soria señala tres tipos de fascismos: el aristocrático, el mesocrático y el popular. El fascismo popular era, para López Soria, el de la Unión Revolucionaria que ya expusimos arriba. El fascismo aristocrático sería el fascismo propio de la oligarquía, cuyo representante sería José de la Riva-Agüero y Osma, y el fascismo mesocrático sería el promovido por la Acción Católica y una larga lista de intelectuales entre los que nombra a Alfredo Herrera, Carlos Sayán, Octavio Alva, Guillermo Hoyos Osores, Felipe Sassone, Carlos Miró Quesada Laos, José E. Ruete, Luis Humberto Delgado, Raúl Ferrero Rebagliati, Guillermo Lohman Villena, Pedro M. Benvenutto Murrieta, Víctor Andrés Belaunde, Roberto Mac Lean Estenós, Alfonso Tealdo, Simi, Aurelio Miró Quesada Sosa, el Padre Francisco Jambrina, Raúl Mugaburu, Fernando A. Franco, Miguel Pascuale, José Jaime Ascua, Luis Doreste, César Miró, Cristóbal Losada y Puga, Carlos Pareja Paz Soldán, Gonzalo Herrera, Mario Alzamora, César Arróspide, J. Ismael Bielich, Jorge del Busto, J. Dammert, Eulogio Romero Romaña, entre otros.</p>



<p>¿En verdad teníamos tantos teóricos del fascismo en el Perú? ¿La acción católica era fascista?</p>



<p>Creo que el carácter verdaderamente fascista, y por tanto totalitario, de estos «fascistas» puede ser discutido. Parece que, López Soria cae en la tentación simplista de denominar a todo lo que es antiliberal y anticomunista, o que tiene simpatía por el régimen franquista o mussoliniano (que de ninguna forma podemos llamar totalitaristas), como fascista.</p>



<p>Creo que es prudente señalar con González Calleja (1994) que «el fascismo fue más que nada un juego teórico elaborado por alguno intelectuales a mitad de camino entre la reflexión erudita sobre la identidad peruana y la tentación del intervencionismo político» (p.254). Es indudable que existía una cierta admiración por el fascismo entre los intelectuales, pero recordemos la época polarizada y convulsa en la que vivían, que veían ante ellos el desmoronamiento de los valores tradicionales de la civilización cristiana que hasta antes de la Gran Guerra tenían cierta vigencia. Para un intelectual católico que ve que Mussolini «…ha restablecido en las escuelas la instrucción religiosa y el crucifijo; ha abolido el divorcio; ha estimulado la moralidad y la fecundidad de las familias…» (Riva-Agüero 1937: 484) el fascismo se ve como una opción tentadora. El fascismo, en la década de 1930 (lo que cambiaría radicalmente en la década de 1940) es visto como la alternativa contra la «barbarie comunista» y la anarquía. Así, hay quienes caen ante la tentación del intervencionismo estatal de un «régimen de concentración, autoridad y rigor» (Riva-Agüero 1937: 60).</p>



<p>Esto no quita que probablemente alguno de los intelectuales nombrados por López Soria sí sea verdaderamente totalitarista. Lo que sí se puede afirmar es que hubo una tendencia filofascista, un «fascismo intelectual» no totalitarista. Para ilustrarlo es conveniente revisar lo que Raúl Ferrero, considerado por Silva Santisteban (1983) como el verdadero ideólogo del fascismo peruano, afirma:</p>



<p>Que el Estado se incorpore las fuerzas nacionales, que jerarquice y discipline los elementos que dentro de la democracia son anárquicos y hasta opuestos; todo ello está bien. Pero que el Estado, invocando un totalitarismo pagano, triture la personalidad, supedite a la religión, atropelle hasta sus bases la libertad de enseñanza y exalte el sentido de la raza hasta un punto de agresividad, es ya muy otra cosa. (Raúl Ferrero en López Soria 1981:102-103)</p>



<p>Por otro lado, es incoherente denominar a la Acción Católica como fascista. El totalitarismo implica la politización de todos los aspectos de la vida del hombre, la identificación entre Estado y sociedad, y, por tanto, la absorción por el Estado de todas las instituciones que medien entre este y el hombre. Por tanto, la propia naturaleza de la Acción Católica, como cuerpo medio, es incompatible con un Estado totalitario. Así lo entendió el Papa Pio XI y en su&nbsp;<em>encíclica Non abbiamo bisgno</em>&nbsp;de junio de 1931 denuncia el régimen de Mussolini y la estatolatría que profesa y hace una defensa de la Acción Católica italiana, perseguida por Mussolini.</p>



<p><strong>¿Dónde encontramos el fascismo en el Perú de hoy?</strong></p>



<p>Ahora cabe preguntarse ¿el colectivo con mis hijos no te metas es fascista? ¿Fuerza Popular es facista? ¿César Acuña es fascista? ¿Algún candidato de “derecha” es verdaderamente fascistas? ¿es fascista quien está orgulloso de su legado hispánico? ¿las personas que profesan una fe no relativista son fascistas? ¿mi hermano que tiene todo ordenadito su cuarto es fascista?</p>



<p>El progresismo actual que usa el adjetivo fascista para denigrar todo lo que no es entendible desde la óptica heredada de la Revolución francesa. Pero sería bueno que en verdad analicemos las propuestas de sus principales voceros y políticos y nos preguntemos ¿acaso no tendrán un carácter totalitario sus postulados, las políticas de género, por ejemplo?</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p>Gentile, Emilio</p>



<p>2005&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>La vía italiana al totalitarismo: partido y estado en el régimen fascista.&nbsp;</em>Buenos Aires: Siglo XXI Editores</p>



<p>Gonzales Calleja, Eduardo</p>



<p>1994 &nbsp;&nbsp; «La derecha latinoamericana en busca de un modelo fascista: La limitada influencia del falangismo en el Perú (1936-1945)». En<em>&nbsp;Revista Complutense de Historia de América.</em>&nbsp;n.20, pp. 229-255.</p>



<p>López Soria, José Ignacio</p>



<p>1981 &nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>El Pensamientos fascista (1930-1945).</em>&nbsp;Lima: Francisco Compadonico /Mosca Azul Editores.</p>



<p>Mendieta Pérez, Michael</p>



<p>2013&nbsp;&nbsp;&nbsp; «La Influencia del Fascismo en el Perú: un acercamiento historiográfico». En&nbsp;<em>Nueva Crónica,</em>&nbsp;n.1, pp. 1-13</p>



<p>Molinari, Tirso</p>



<p>2006 &nbsp;&nbsp; «El partido Unión Revolucionaria y su proyecto totalitario – fascista. Perú 1933-1936». En&nbsp;<em>Investigaciones Sociales,</em>&nbsp;Año X, n.16, pp.321-346.</p>



<p>Riva-Agüero, José de la</p>



<p>1937&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Por la verdad la tradición y la patria. T1.&nbsp;</em>Lima: Imprenta Torres Aguirre.</p>



<p>1975&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Obras completas. T. X.&nbsp;</em>Lima: Instituto Riva-Agüero.</p>



<p>Silva Santiesteban, Fernando</p>



<p>1982&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Historia del Perú Republicano</em>. Lima: Ediciones Búho.</p>



<p class="has-text-align-right"></p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>Mariano Holguín, el obispo patriota</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/mariano-holguin-obispo-patriota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2020 20:41:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre los ilustres obispos que han servido de guía espiritual la diócesis de Arequipa, brilla singularmente Mariano Holguín, cuya profunda piedad, bondad de alma y acendrado celo pastoral le valieron ser comparado con San Ambrosio de Milán. Mariano Holguín nació en 1860 en los suburbios de Arequipa. Desde niño mostró inclinación al estado sacerdotal cuando, [&#8230;]]]></description>
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<p>Entre los ilustres obispos que han servido de guía espiritual la diócesis de Arequipa, brilla singularmente Mariano Holguín, cuya profunda piedad, bondad de alma y acendrado celo pastoral le valieron ser comparado con San Ambrosio de Milán.</p>



<p>Mariano Holguín nació en 1860 en los suburbios de Arequipa. Desde niño mostró inclinación al estado sacerdotal cuando, al jugar con otros niños, remedaba respetuosamente las funciones sacerdotales y profería elocuentes sermones. Cuando tenía siete años vivió el levantamiento de la ciudad contra el gobierno liberal de Mariano Ignacio Prado por la promulgación de una constitución de tintes anticlericales. La revolución de 1867 acabó con la deposición del presidente y la abolición de la impía constitución. Estudió la educación primaria, secundaria y superior eclesiástica en el Seminario de San Jerónimo de Arequipa. Con veinte años recibió el hábito ceniciento de la Recoleta de San Francisco y cumplidos los veintiséis fue ordenado sacerdote por uno de los obispos peruanos más importantes del siglo XIX, un verdadero titán de la fe: monseñor Juan Ambrosio Huerta, obispo de Arequipa entre 1880 y 1897. Tuvo fama de ser un excelente orador sagrado y un esforzado misionero. Debido a su gran talento y piedad tuvo importantes puestos dentro de la orden franciscana hasta que fue nombrado obispo de Huaraz en 1904. En 1906 regresó a Arequipa luego de ser nombrado obispo de la diócesis, la que gobernó hasta su muerte en la nochebuena de 1945. Como en 1943 el obispado de Arequipa fue elevado a arquidiócesis, monseñor Holguín fue el primer arzobispo de la ciudad.</p>



<p>Como la diócesis de Tacna fue creada recién en 1944, monseñor Holguín tuvo bajo su jurisdicción esta provincia (así como la de Moquegua y Arica), incluso durante la ocupación chilena. De esto se sucedieron ciertos acontecimientos que demostraron el carácter patriota de nuestro obispo.</p>



<p>En 1911, bajo la acusación de promover la causa peruana (como no podía ser de otra manera), los curas peruanos fueron expulsados de Tacna y Arica. Monseñor Holguín, bajo cuya jurisdicción estaban las provincias cautivas, declaró el entredicho canónico, esto significa que mientras este durase no habría culto en todos los templos de estas provincias.</p>



<p>Monseñor Holguín tenía una gran angustia por este asunto. Por un lado, tenía que cumplir con las normas canónicas, pero por otro, le preocupaba la salud espiritual de la grey católica de Tacna y Arica. No fue hasta el 12 de agosto de 1915 cuando Monseñor Holguín recibió el espaldarazo de la Santa Sede y supo que actuaba con prudencia y justicia. El papa Benedicto XV lo nombró “Prelado Doméstico de Su Santidad” y “Asistente al Sacro Solio Pontificio”. En el Breve donde se anuncia estas condecoraciones (con las que estaba siendo incorporado a la nobleza romana) se lee: “…a Nos consta claramente y por experiencia que Vos estáis unido con la Cátedra de Roma por muy apretados lazos de obsequio y lealtad bien probados con hechos en el cumplimiento del cargo pastoral y en el empeño de promover los intereses de la religión católica…”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>



<p>La Santa Sede autorizó que los capellanes castrenses en servicio atendieran espiritualmente a los militares chilenos y sus familias, pero los peruanos no querían ser atendidos por ellos. Sobre todo no querían que sus hijos fueran bautizados por los chilenos, por lo que ocurría que a veces las madres viajaban al Perú para poder dar a luz en la patria o esperaban la oportunidad de que un cura peruano bautizara a sus criaturas.</p>



<p>Mientas la misión norteamericana que mediaba ente los gobiernos chileno y peruano realizaba las gestiones necesarias que facilitarían la realización del tan ansiado plebiscito que decidiría la suerte de las provincias cautivas, monseñor Rafael Edwards, vicario castrense de Chile, dirigió una Instrucción Pastoral a los ciudadanos de Tacna y Arica en la que afirmaba que todos los que nacieron en la provincias después de 1880 eran chilenos y quien entre ellos no se considerase así debía ser tomado por perjuro y traidor. Además argüía que si permanecían con Chile tendría una mayor prosperidad material.</p>



<p>Monseñor Holguín se vio obligado a responder a esta instrucción con una Carta Pastoral fechada en 1925 en la que discute la jurisdicción del obispo chileno, afirma que él solo la tiene sobre los que hacen servicio en el ejército de Chile, personas impedidas para votar en el plebiscitos por lo que la Instrucción era totalmente impertinente y protesta contra la injustificable usurpación.</p>



<p>Asimismo, alega que la administración de un territorio que se detenta por un derecho tan precario como es la invasión militar no genera deberes de ciudadanía. Agrega luego que sobre los intereses materiales están los de la justicia, la conciencia y los deberes morales.</p>



<p>Termina diciendo:</p>



<p>Amados hijos: deseando vivamente que se restablezca el reinado de la Justicia, y con él, la verdadera paz, os recomendamos de nuevo: 1° Que elevéis ardientes plegarias al Dios de las naciones, para que en las presentes circunstancias haga brillar la Justicia que engrandece a los pueblos (Prov. XIV, 34); 2° Que alentéis una ilimitada confianza en la Divina Providencia, que bendecirá nuestros esfuerzos, haciendo triunfar la causa que defendemos, que es la de la Justicia y del Derecho a cuyo triunfo está vinculada la tranquilidad de la América; y 3° En fin; os exhortamos a que , puestos los ojos en Dios, que vela sobre los destinos de los pueblos, cumpláis decidida y valerosamente, los deberes sagrados que la conciencia os impone, sin dejaros intimidar por la violencia, que tal vez, pudieran ejercitar contra vosotros, los poderes de la tierra, o la injusticia de los hombres.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>



<p>Luego de la Pastoral, recibió Monseñor Holguín otro espaldarazo de la Santa Sede cuando el Papa le concedió la facultad de impartir la Bendición Papal con motivo de sus Bodas de Plata Episcopales.</p>



<p>El mismo año de la pastoral en setiembre, monseñor Holguín promovió una peregrinación a Chapi para solicitarle a la Santísima Virgen su intercesión en auxilio del Perú en el plebiscito que se llevaría. Pero, como se sabe el plebiscito no se llevó a cabo, ya que Chile, comprendiendo que perdería, llegó a una solución mediante la cual Tacna volvía al Perú y Arica se quedaba bajo la jurisdicción chilena.</p>



<p>Monseñor Holguín estuvo en la comisión encargada de recibir de forma oficial la provincia de Tacna para el Perú. El 28 de agosto, luego de instaladas la Comuna Provincial y la Corte Superior y enarbolado el pabellón nacional en la torre de la catedral, monseñor Holguín habló a la multitud que abarrotaba la plaza de armas:</p>



<p>Hijos míos, pleno de emoción dirijo mi palabra al pueblo que hoy se halla en torno a mi persona, así como mi corazón estuvo en todo momento junto a sus sacrificios y a sus legítimos anhelos. Sabe Dios cuánto le he rogado en el santo sacrificio de la misa para que apresurara esta hora que ha venido sin impedimento alguno gracias a su misericordia como un beneficio a la Patria en las horas más angustiosas de su existencia.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>



<p>El 30 de agosto celebró una Misa de campaña en la plaza de armas. Finalizada la misa se entonó el Te Deum.</p>



<p>Revestido de los ornamentos pontificales, llevando el báculo y la mitra el Iltmo Obispo dijo la oración panegírica ante la inmensa concurrencia poseía de emoción inenarrable. Sus palabras inspiradas en el más puro patriotismo arrancó lágrimas a la multitud. Las mujeres postradas de hinojos oraban silenciosamente. La ceremonia culminó en imponente fervor cuando el Diocesano impartió la bendición episcopal sobre el pueblo.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>



<p>El espíritu cívico de monseñor Holguín sería puesto a prueba nuevamente el primero de marzo de 1931 cuando tuvo que asumir por unas horas la jefatura del Estado peruano luego de que el presidente Sánchez Cerro se viera obligado a renunciar ante una junta de notables presidida por Su Excelencia, que a la sazón era jefe de la Iglesia peruana al desempeñar el cargo de Administrador Apostólico de la diócesis de Lima, luego de la renuncia del arzobispo Emilio Lissón, demasiado comprometido con el régimen de Leguía. Monseñor Holguín, ayudado de su amigo, el gran hombre de letras José de la Riva Agüero y Osma, organizó, ateniéndose a la constitución de 1860 que era tan querida por el pueblo peruano en contraposición de la constitución de 1920 proclamada por Leguía, el traspaso de mando a una nueva junta provisional presidida por el Presidente de la Corte Suprema, el doctor Ricardo Leoncio Elías, para que organizase las elecciones generales que designaran a un nuevo presidente.</p>



<p>Cuando Sánchez Cerro pasó por Panamá hacia el exilio europeo que se autoimpuso luego de su primer gobierno provisional, un periodista le preguntó cómo se le había ocurrido dejar el país en las manos de un obispo. El militar respondió: «Son las manos más honradas que hay en el Perú y en su báculo florecen las virtudes de Santo Toribio»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p>En la amenísima biografía que sobre monseñor Holguín escribe el padre Francisco Cabré, de la que he sacado la casi totalidad de información este artículo, se narra una anécdota que pinta perfectamente el carácter del obispo patriota y demuestra como toda su labor espiritual fue concebida como una labor para servir a su patria. Dice la anécdota que cuando un amigo le reclama al aún joven Mariano Holguín el que quiera ingresar al clero estando el Perú en plena guerra con Chile, el futuro arzobispo responde: “Precisamente, quiero hacerme religioso para hacer del bien de mi Patria”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Monseñor Holguín tenía las cosas claras, sabía que el patriotismo nada tiene que ver con aquel ente de razón surgido de la politización de las comunidades provocada por la Revolución y sustentada en las anticristianas ideas de la Ilustración, llamado nación. Que la patria es un concepto prepolítico que conlleva el amor a los ancestros, el amor a lo que estos nos trasmiten: la tradición. Que el patriotismo es un deber para el cristiano que surge del cuarto mandamiento: amarás a tu padre y a tu madre. Monseñor Holguín entendía que por encima de la patria está Dios y que sirviendo a Dios se sirve a la patria.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Citado en Fr. Francisco Cabré, O.F.M., <em>Biografía del&nbsp; Excmo. y Rvmo. Mons. Fr. Mariano Holguín, O.F.M. Primer Arzobispo de Arequipa Perú 1860-1945</em> (Lima: Editorial «San Antonio», 1959), 166.</p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cabré, O.F.M., 198.</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>«Detalles completos de la entrega de Tacna»,&nbsp;<em>El Deber</em>, 31 de agosto de 1931, sec. Portada, 1.</p>



<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a>«Detalles completos de la entrega de Tacna», 1.</p>



<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a>&nbsp;Cabré, O.F.M.,&nbsp;<em>Biografía del&nbsp; Excmo. y Rvmo. Mons. Fr. Mariano Holguín, O.F.M. Primer Arzobispo de Arequipa Perú 1860-1945</em>, 210.</p>



<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>Cabré, O.F.M., 191.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



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