<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>María &#8211; Blog Humanitas</title>
	<atom:link href="https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tag/maria/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe</link>
	<description>Blog Humanitas UCSP</description>
	<lastBuildDate>Wed, 22 Feb 2023 23:19:10 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.1</generator>

<image>
	<url>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/wp-content/uploads/2023/02/favicon-ucsp.ico</url>
	<title>María &#8211; Blog Humanitas</title>
	<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Mariano Holguín, el obispo patriota</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/mariano-holguin-obispo-patriota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2020 20:41:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Nalvarte Lozada]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Arequipa]]></category>
		<category><![CDATA[Arica]]></category>
		<category><![CDATA[Arzobispado]]></category>
		<category><![CDATA[consagración]]></category>
		<category><![CDATA[curas]]></category>
		<category><![CDATA[defensa]]></category>
		<category><![CDATA[devoción]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[juramento]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[Mariano Holguín]]></category>
		<category><![CDATA[Misa]]></category>
		<category><![CDATA[Obispado]]></category>
		<category><![CDATA[pastor]]></category>
		<category><![CDATA[Perú]]></category>
		<category><![CDATA[religión]]></category>
		<category><![CDATA[sacramentos]]></category>
		<category><![CDATA[San Ambrosio]]></category>
		<category><![CDATA[servicio]]></category>
		<category><![CDATA[Sur]]></category>
		<category><![CDATA[Tacna]]></category>
		<category><![CDATA[valentía]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/?p=664</guid>

					<description><![CDATA[Entre los ilustres obispos que han servido de guía espiritual la diócesis de Arequipa, brilla singularmente Mariano Holguín, cuya profunda piedad, bondad de alma y acendrado celo pastoral le valieron ser comparado con San Ambrosio de Milán. Mariano Holguín nació en 1860 en los suburbios de Arequipa. Desde niño mostró inclinación al estado sacerdotal cuando, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Entre los ilustres obispos que han servido de guía espiritual la diócesis de Arequipa, brilla singularmente Mariano Holguín, cuya profunda piedad, bondad de alma y acendrado celo pastoral le valieron ser comparado con San Ambrosio de Milán.</p>



<p>Mariano Holguín nació en 1860 en los suburbios de Arequipa. Desde niño mostró inclinación al estado sacerdotal cuando, al jugar con otros niños, remedaba respetuosamente las funciones sacerdotales y profería elocuentes sermones. Cuando tenía siete años vivió el levantamiento de la ciudad contra el gobierno liberal de Mariano Ignacio Prado por la promulgación de una constitución de tintes anticlericales. La revolución de 1867 acabó con la deposición del presidente y la abolición de la impía constitución. Estudió la educación primaria, secundaria y superior eclesiástica en el Seminario de San Jerónimo de Arequipa. Con veinte años recibió el hábito ceniciento de la Recoleta de San Francisco y cumplidos los veintiséis fue ordenado sacerdote por uno de los obispos peruanos más importantes del siglo XIX, un verdadero titán de la fe: monseñor Juan Ambrosio Huerta, obispo de Arequipa entre 1880 y 1897. Tuvo fama de ser un excelente orador sagrado y un esforzado misionero. Debido a su gran talento y piedad tuvo importantes puestos dentro de la orden franciscana hasta que fue nombrado obispo de Huaraz en 1904. En 1906 regresó a Arequipa luego de ser nombrado obispo de la diócesis, la que gobernó hasta su muerte en la nochebuena de 1945. Como en 1943 el obispado de Arequipa fue elevado a arquidiócesis, monseñor Holguín fue el primer arzobispo de la ciudad.</p>



<p>Como la diócesis de Tacna fue creada recién en 1944, monseñor Holguín tuvo bajo su jurisdicción esta provincia (así como la de Moquegua y Arica), incluso durante la ocupación chilena. De esto se sucedieron ciertos acontecimientos que demostraron el carácter patriota de nuestro obispo.</p>



<p>En 1911, bajo la acusación de promover la causa peruana (como no podía ser de otra manera), los curas peruanos fueron expulsados de Tacna y Arica. Monseñor Holguín, bajo cuya jurisdicción estaban las provincias cautivas, declaró el entredicho canónico, esto significa que mientras este durase no habría culto en todos los templos de estas provincias.</p>



<p>Monseñor Holguín tenía una gran angustia por este asunto. Por un lado, tenía que cumplir con las normas canónicas, pero por otro, le preocupaba la salud espiritual de la grey católica de Tacna y Arica. No fue hasta el 12 de agosto de 1915 cuando Monseñor Holguín recibió el espaldarazo de la Santa Sede y supo que actuaba con prudencia y justicia. El papa Benedicto XV lo nombró “Prelado Doméstico de Su Santidad” y “Asistente al Sacro Solio Pontificio”. En el Breve donde se anuncia estas condecoraciones (con las que estaba siendo incorporado a la nobleza romana) se lee: “…a Nos consta claramente y por experiencia que Vos estáis unido con la Cátedra de Roma por muy apretados lazos de obsequio y lealtad bien probados con hechos en el cumplimiento del cargo pastoral y en el empeño de promover los intereses de la religión católica…”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>



<p>La Santa Sede autorizó que los capellanes castrenses en servicio atendieran espiritualmente a los militares chilenos y sus familias, pero los peruanos no querían ser atendidos por ellos. Sobre todo no querían que sus hijos fueran bautizados por los chilenos, por lo que ocurría que a veces las madres viajaban al Perú para poder dar a luz en la patria o esperaban la oportunidad de que un cura peruano bautizara a sus criaturas.</p>



<p>Mientas la misión norteamericana que mediaba ente los gobiernos chileno y peruano realizaba las gestiones necesarias que facilitarían la realización del tan ansiado plebiscito que decidiría la suerte de las provincias cautivas, monseñor Rafael Edwards, vicario castrense de Chile, dirigió una Instrucción Pastoral a los ciudadanos de Tacna y Arica en la que afirmaba que todos los que nacieron en la provincias después de 1880 eran chilenos y quien entre ellos no se considerase así debía ser tomado por perjuro y traidor. Además argüía que si permanecían con Chile tendría una mayor prosperidad material.</p>



<p>Monseñor Holguín se vio obligado a responder a esta instrucción con una Carta Pastoral fechada en 1925 en la que discute la jurisdicción del obispo chileno, afirma que él solo la tiene sobre los que hacen servicio en el ejército de Chile, personas impedidas para votar en el plebiscitos por lo que la Instrucción era totalmente impertinente y protesta contra la injustificable usurpación.</p>



<p>Asimismo, alega que la administración de un territorio que se detenta por un derecho tan precario como es la invasión militar no genera deberes de ciudadanía. Agrega luego que sobre los intereses materiales están los de la justicia, la conciencia y los deberes morales.</p>



<p>Termina diciendo:</p>



<p>Amados hijos: deseando vivamente que se restablezca el reinado de la Justicia, y con él, la verdadera paz, os recomendamos de nuevo: 1° Que elevéis ardientes plegarias al Dios de las naciones, para que en las presentes circunstancias haga brillar la Justicia que engrandece a los pueblos (Prov. XIV, 34); 2° Que alentéis una ilimitada confianza en la Divina Providencia, que bendecirá nuestros esfuerzos, haciendo triunfar la causa que defendemos, que es la de la Justicia y del Derecho a cuyo triunfo está vinculada la tranquilidad de la América; y 3° En fin; os exhortamos a que , puestos los ojos en Dios, que vela sobre los destinos de los pueblos, cumpláis decidida y valerosamente, los deberes sagrados que la conciencia os impone, sin dejaros intimidar por la violencia, que tal vez, pudieran ejercitar contra vosotros, los poderes de la tierra, o la injusticia de los hombres.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></p>



<p>Luego de la Pastoral, recibió Monseñor Holguín otro espaldarazo de la Santa Sede cuando el Papa le concedió la facultad de impartir la Bendición Papal con motivo de sus Bodas de Plata Episcopales.</p>



<p>El mismo año de la pastoral en setiembre, monseñor Holguín promovió una peregrinación a Chapi para solicitarle a la Santísima Virgen su intercesión en auxilio del Perú en el plebiscito que se llevaría. Pero, como se sabe el plebiscito no se llevó a cabo, ya que Chile, comprendiendo que perdería, llegó a una solución mediante la cual Tacna volvía al Perú y Arica se quedaba bajo la jurisdicción chilena.</p>



<p>Monseñor Holguín estuvo en la comisión encargada de recibir de forma oficial la provincia de Tacna para el Perú. El 28 de agosto, luego de instaladas la Comuna Provincial y la Corte Superior y enarbolado el pabellón nacional en la torre de la catedral, monseñor Holguín habló a la multitud que abarrotaba la plaza de armas:</p>



<p>Hijos míos, pleno de emoción dirijo mi palabra al pueblo que hoy se halla en torno a mi persona, así como mi corazón estuvo en todo momento junto a sus sacrificios y a sus legítimos anhelos. Sabe Dios cuánto le he rogado en el santo sacrificio de la misa para que apresurara esta hora que ha venido sin impedimento alguno gracias a su misericordia como un beneficio a la Patria en las horas más angustiosas de su existencia.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>



<p>El 30 de agosto celebró una Misa de campaña en la plaza de armas. Finalizada la misa se entonó el Te Deum.</p>



<p>Revestido de los ornamentos pontificales, llevando el báculo y la mitra el Iltmo Obispo dijo la oración panegírica ante la inmensa concurrencia poseía de emoción inenarrable. Sus palabras inspiradas en el más puro patriotismo arrancó lágrimas a la multitud. Las mujeres postradas de hinojos oraban silenciosamente. La ceremonia culminó en imponente fervor cuando el Diocesano impartió la bendición episcopal sobre el pueblo.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>



<p>El espíritu cívico de monseñor Holguín sería puesto a prueba nuevamente el primero de marzo de 1931 cuando tuvo que asumir por unas horas la jefatura del Estado peruano luego de que el presidente Sánchez Cerro se viera obligado a renunciar ante una junta de notables presidida por Su Excelencia, que a la sazón era jefe de la Iglesia peruana al desempeñar el cargo de Administrador Apostólico de la diócesis de Lima, luego de la renuncia del arzobispo Emilio Lissón, demasiado comprometido con el régimen de Leguía. Monseñor Holguín, ayudado de su amigo, el gran hombre de letras José de la Riva Agüero y Osma, organizó, ateniéndose a la constitución de 1860 que era tan querida por el pueblo peruano en contraposición de la constitución de 1920 proclamada por Leguía, el traspaso de mando a una nueva junta provisional presidida por el Presidente de la Corte Suprema, el doctor Ricardo Leoncio Elías, para que organizase las elecciones generales que designaran a un nuevo presidente.</p>



<p>Cuando Sánchez Cerro pasó por Panamá hacia el exilio europeo que se autoimpuso luego de su primer gobierno provisional, un periodista le preguntó cómo se le había ocurrido dejar el país en las manos de un obispo. El militar respondió: «Son las manos más honradas que hay en el Perú y en su báculo florecen las virtudes de Santo Toribio»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p>En la amenísima biografía que sobre monseñor Holguín escribe el padre Francisco Cabré, de la que he sacado la casi totalidad de información este artículo, se narra una anécdota que pinta perfectamente el carácter del obispo patriota y demuestra como toda su labor espiritual fue concebida como una labor para servir a su patria. Dice la anécdota que cuando un amigo le reclama al aún joven Mariano Holguín el que quiera ingresar al clero estando el Perú en plena guerra con Chile, el futuro arzobispo responde: “Precisamente, quiero hacerme religioso para hacer del bien de mi Patria”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Monseñor Holguín tenía las cosas claras, sabía que el patriotismo nada tiene que ver con aquel ente de razón surgido de la politización de las comunidades provocada por la Revolución y sustentada en las anticristianas ideas de la Ilustración, llamado nación. Que la patria es un concepto prepolítico que conlleva el amor a los ancestros, el amor a lo que estos nos trasmiten: la tradición. Que el patriotismo es un deber para el cristiano que surge del cuarto mandamiento: amarás a tu padre y a tu madre. Monseñor Holguín entendía que por encima de la patria está Dios y que sirviendo a Dios se sirve a la patria.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Citado en Fr. Francisco Cabré, O.F.M., <em>Biografía del&nbsp; Excmo. y Rvmo. Mons. Fr. Mariano Holguín, O.F.M. Primer Arzobispo de Arequipa Perú 1860-1945</em> (Lima: Editorial «San Antonio», 1959), 166.</p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cabré, O.F.M., 198.</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>«Detalles completos de la entrega de Tacna»,&nbsp;<em>El Deber</em>, 31 de agosto de 1931, sec. Portada, 1.</p>



<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a>«Detalles completos de la entrega de Tacna», 1.</p>



<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a>&nbsp;Cabré, O.F.M.,&nbsp;<em>Biografía del&nbsp; Excmo. y Rvmo. Mons. Fr. Mariano Holguín, O.F.M. Primer Arzobispo de Arequipa Perú 1860-1945</em>, 210.</p>



<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>Cabré, O.F.M., 191.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mujeres de esperanza</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/mujeres-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2020 22:55:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudia Quiroz Pacheco]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[cuidado]]></category>
		<category><![CDATA[diferencias sexuales]]></category>
		<category><![CDATA[dificultades]]></category>
		<category><![CDATA[dolores]]></category>
		<category><![CDATA[Esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[femenino]]></category>
		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[injusticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
		<category><![CDATA[saber]]></category>
		<category><![CDATA[sacrificio]]></category>
		<category><![CDATA[sentir]]></category>
		<category><![CDATA[servicio]]></category>
		<category><![CDATA[sexto sentido]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/?p=845</guid>

					<description><![CDATA[Dios me ha bendecido con el don de la amistad. A donde quiera que he ido, he vuelto con el tesoro precioso que significa tener amigos. Y digo que son un tesoro precioso, porque no es sencillo hallar a los verdaderos, a los que te sostienen y te acompañan, a los que se quedan siempre [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Dios me ha bendecido con el don de la amistad. A donde quiera que he ido, he vuelto con el tesoro precioso que significa tener amigos. Y digo que son un tesoro precioso, porque no es sencillo hallar a los verdaderos, a los que te sostienen y te acompañan, a los que se quedan siempre a tu lado, aunque no físicamente y se toman una copa de vino contigo para hablar de tonterías y también de cosas serias. Yo tengo la dicha de tener muchos amigos, hombres y mujeres, pero, naturalmente, con las personas que más comparto son mujeres de diversas edades, culturas, credos, colores, estados. Tengo la alegría de tener muchísimas amigas: solteras, consagradas, monjas, casadas, descasadas, viudas jóvenes, muy jóvenes, mayores, etc.</p>



<p>Me puse a pensar en cada una de ellas: en las que frecuento mucho, en las que veo poco, en las que son mis confidentes, en las que comparten mi fe, en las que no; en las que viven al otro lado del mundo, en las que estudiaron conmigo, en el colegio, en la universidad, en las que jugaron conmigo en la niñez, en las amigas que Dios me dio como hermanas mientras crecíamos en la misma casa; en mi hija que hoy es mi compañera de cuarentena, en las que no puedo ver por el riesgo de contagio, en particular a mi madre.</p>



<p>Y sentí la necesidad de hacer un homenaje a cada una, y en ellas, a todas las mujeres del mundo. Quise dedicarlo en especial a las que son madres, pero no pude excluir a las que no lo son. Tengo la certeza que en cada mujer hay una madre interior, aun cuando esta maternidad no se materialice biológicamente, pues es como una poderosa potencia que atraviesa, la mente, el espíritu, la psicología y el cuerpo de cada mujer. Se nos manifiesta&nbsp; como impulso que&nbsp; nos pone en movimiento de entrega, de lucha, de sacrificio, de cuidado, de detalle, de reverencia especial.</p>



<p>En todo ser humano, varón o mujer, se entrelazan características y formas de ser particulares de su ser sexuado que parecieran estar presentes en todas las dimensiones de su existencia. Para mí es un ejercicio vano definir las características femeninas en contraste u oposición con las masculinas, dado que, la entrega, la generosidad, la dulzura la compasión, el sacrificio, la esperanza, así como otras virtudes y vicios, existen &nbsp;tanto en hombres como en mujeres. No obstante se experimentan y manifiestan de forma ciertamente distinta, complementarias y por ello recíprocas. Y esto a mí me alegra y me permite sentirme plena y agradecida por haber recibido el don de ser mujer y de no ser igual a un varón. Los hombres tienen características y aptitudes diferentes y eso los hace igualmente valiosos, pero no somos iguales.</p>



<p>Nosotras percibimos cuestiones que los hombres no. Leemos entre líneas. Al&nbsp; mirar a alguien a &nbsp;los ojos, percibimos estados de ánimo y muchas otras cosas más. Tenemos ese sexto “sentido”, invaluable para mí, que nos acerca misteriosamente a lo más íntimo de los demás. &nbsp;La capacidad de cuidar y atender a otros, aún a pesar de nosotras mismas, está siempre presente en todo. ¿Quién de nosotras no recuerda las veces en que nos levantamos a media noche a atender a alguien de nuestra familia que está enfermo, o a nuestros bebés, a llevar un enésimo vaso de agua o a calmar pesadillas? Yo misma recuerdo despertar a mi mamá todas las noches para que fuera a dormir conmigo y ella venía, ¡todas las noches! Hay un comentario que circula siempre por allí acerca de la diferencia entre un resfriado común y el “resfriado de un varón” y que, con los límites de la caricatura, hace alusión a la actitud de una mamá ante su propia enfermedad tan distinta a la de un papá. Me cuestiono acerca de lo que motiva esas actitudes, o aptitudes.</p>



<p>Me preguntaba de dónde nos viene esa manera de encarnar esas virtudes que parecieran estar allí desde siempre y porqué aparecen como asociadas a ser madres o mujeres ¿Por qué no nos rendimos ante la adversidad, porqué lloramos cuando todo nos parece terrible y al día siguiente nos ponemos de pie y seguimos adelante? Creo que fuimos dotadas de una fuerza especial que está inscrita en nuestro ser mujeres y se va nutriendo con la experiencia, con la sabiduría de los años, con los logros y fracasos, con el dolor, con el sufrimiento, con la ternura.</p>



<p>Pienso que somos las mamás las que sostenemos la esperanza de nuestras familias. &nbsp;Aún en las circunstancias más adversas, somos capaces de ayudar a otros a volver a tenerla a pesar de las decepciones, las tristezas y el desaliento. Siempre somos capaces de consolar, acoger y dar calor, incluso a pesar de nosotras mismas. Cuando un hijo tiene que enfrentar un fracaso, cuando al esposo le va mal, cuando todo parece derrumbarse, algo en nosotras nos permite confiar en que no todo se va a quedar allí, que si miramos un poquito más allá, las cosas serán diferentes. Además, creo que si tenemos una mirada de fe en Jesús de Nazaret, esa esperanza tiene un fundamento sólido.</p>



<p>La relación con Él me remite a una mujer en particular, a quien le tocó pasarla muy difícil desde el comienzo: a María, la madre de nuestro buen Jesús, a quien toda su vida se le pidió tener esperanza, aún sin comprender a cabalidad qué estaba pasando. No es casualidad que le tocara vivir una situación tan dura como la de presenciar la muerte de su hijo. No puedo imaginar ese terrible dolor. Yo también tengo una historia con la muerte, y no es para nada sencilla, sin embargo, ver morir a un hijo debe ser lo más desgarrador de este mundo.</p>



<p>Para los cristianos es natural acudir y contemplar ese inmenso dolor para comprender nuestra propia vida. Por eso hoy podemos identificar otras situaciones difíciles de afrontar como las que la Madre hubo de vivir: la separación, las complejas razones por las que los matrimonios se rompen, las dificultades en el mismo, los hijos con sus malas decisiones: alcohol, drogas, malas compañías, pérdida de su propia identidad, la soledad del abandono, o cuántas otras que cada madre conoce y guarda en su corazón.</p>



<p>Cuando una tiene un hijo, nunca vuelve a dormir tranquila. Doy fe. Sólo nosotras sabemos cómo sufrimos en la enfermedad, en el dolor, en la soledad, en la tristeza, en el abandono, en el miedo. Nunca más volvemos ser las mismas, nunca más vuelve una a dormir sin “un pendiente” en nuestro corazón.. Y aun así, pareciera que esa fuerza invisible nos mantiene en la certeza que Dios los ama más que nosotras mismas, incluso y que, de un modo u otro va a hacerles sentir su Amor y su Misericordia. Sólo las mamás sabemos cuánto se ama a los hijos, cuánto se anhela que sean felices, cuánto lloramos cuando ellos lloran o estamos felices cuando logran sus metas y sus sueños. Pero también sabemos del sufrimiento cuando se equivocan, rechazan el buen consejo o simplemente cierran su corazón a lo Bueno.</p>



<p>Cada hijo es un mundo distinto y con cada uno, en su lugar en el corazón, se vive todo eso. Por eso Dios nos dio el modelo más hermoso en María, la <strong><em>mujer, mamá, esperanza</em></strong>, íntegra y completa. Ella no se amilanó ante lo que se le presentaba incomprensible y difícil, sino que confió, con todo su ser&nbsp; en las promesas de Dios. Como ella ha habido y siguen habiendo mamás que viven amando, postergando un poco todo porque los hijos nos necesitan. La buena noticia es que, conforme maduran, y si hemos hecho bien nuestro trabajo, nos van a necesitar cada vez menos. Eso es precisamente lo que queremos: que se valgan por sí mismos, que vuelen, que cumplan sus metas, que sean hombres y mujeres de bien, que nos quieran todo lo que puedan y nos recuerden, pero, sobre todo, que ya no nos necesiten.</p>



<p>El amor que como madres sentimos es absolutamente incondicional, es decir, no depende de que el hijo sea bueno, sea malo, lo retribuya o no. Siempre vamos a amarlos, ¡y Dios sabe que a veces son realmente difíciles de amar! Amarlos no significa estar de acuerdo siempre con sus decisiones ni abandonar nuestras convicciones más profundas o nuestro modo de pensar. Quiere decir que los vamos a querer siempre, aunque eso signifique corregirlos, hacerlos caer en cuenta de sus errores, advertirles de los peligros y también mostrar firmeza ante sus comportamientos inadecuados. <strong><em>El auténtico amor busca siempre el verdadero bien del otro</em></strong>, no su aprobación.</p>



<p>Yo creo que nunca hay que dejar de rezar por ellos. En realidad eso es lo único que se puede hacer y al mismo tiempo el fundamento de todo lo que se debe hacer. Una vez que crecen, queda orar más, esperar que no se equivoquen demasiado y estar allí para cuando necesiten un abrazo, un poco de consuelo o un consejo. Al final es así: ni nosotras ni nuestros hijos somos perfectos. De hecho, con la delicadeza y precisión que siempre lo ha caracterizado, el Papa Benedicto XVI decía que todo ser humano es una decepción, pero también una esperanza.</p>



<p>María es la mujer de la esperanza. A pesar de ser tan joven y tener que pasar por circunstancias tan complejas, confió en que Dios sabía lo que le estaba pidiendo y que Él se haría cargo de todo. Respondió con valor, aun sin saber lo que vendría. En su respuesta generosa se puede ver su forma de ser: no se derrumba ante las incertidumbres, ni cuando todo parece tornarse oscuro y amenazador. La solidez de su carácter sencillo, opaca cualquier protesta violenta, vence injurias y gritos hostiles, supera la ira y la tristeza, atraviesa todo mal, deja sin sentido todo espíritu de venganza, todo afán de revancha y lucha por el poder.</p>



<p>Lamentablemente hoy vemos muchas mujeres que dicen representarnos o defender nuestros derechos, entregadas a una guerra sin control, sin más horizonte que alcanzar el poder para lograr una venganza secular e ideológica que llaman justicia cuando no es otra cosa que envidia, ira y soberbia. Soy muy consciente de que hay injusticias muy graves, que hay abusos que hombres cometen contra las mujeres y que tenemos costumbres que erradicar de la sociedad y por eso lo digo: solo el amor puede sanar esas heridas, no la venganza&nbsp; ni los destrozos, ni el odio contenido en la ideología de género que ve en las diferencias sexuales la razón de todas las injusticias, cuando es en el corazón de cada hombre y cada mujer que se incuba el mal y también la posibilidad de sanarlo.</p>



<p>El papa Francisco ha dicho bellamente de María: <em>se nos aparece en ese instante como una de tantas madres de nuestro mundo: valiente hasta el extremo cuando se trata de acoger en el vientre la historia de un nuevo hombre que nace</em>.</p>



<p>Como dice San Lucas, María conserva en su corazón toda la realidad y la medita. Nos hace falta esa calma y esa confianza para renunciar a querer controlar todo lo que pasa, para abandonar nuestras pretensiones de omnipotencia, para dejar que Dios sea Dios. La vida real no siempre es como queremos: viene con alegrías, dolor, tragedias, días felices, eventos incomprensibles. María también vivió todo eso. Y el lugar más patente es el Calvario, allí donde estuvo con el corazón destrozado por el dolor pero de pie, esperando contra toda esperanza y sosteniendo a la Iglesia naciente con su fe, expresión llena del Amor de Dios.</p>



<p>¿Cómo vivir la esperanza en medio de la crisis, de la dificultad, de la adversidad, del dolor? Contemplando a Jesucristo, a nuestra madre María y con esa luz mirar nuestra propia vida. Por eso quería terminar con estas líneas. No me gusta ponerme de ejemplo, sólo creo que tengo que compartir mi experiencia concreta de esperanza por si a alguien le sirve. Cuando Dios llamó a mi esposo Frank a su lado, una gran amiga me dijo<em>: todo este dolor tuyo tiene que derivar en algo bueno, tienes que hacer algo con él</em>. Yo he ido descubriendo que Dios me ha llamado a tratar de ayudar a otros a ver el sufrimiento con esperanza, con confianza en sus promesas, en el Único que realmente no defrauda. Básicamente porque no sé vivir la esperanza de otro modo, todo es efímero, pasa, se rompe, se termina, sólo Dios permanece.</p>



<p>Regreso a una de mis ideas iniciales: no es casualidad que seamos las mujeres a las que se nos ha encargado ser capaces de llevar a los hijos desde su concepción hasta su nacimiento en nuestro propio cuerpo. Hay Sabiduría en esa decisión. Tampoco es casualidad que tengamos una infinita capacidad de soportar dolor, físico y emocional. Se nos ha confiado algo, algo que se parece un poquito a como Dios ama a sus hijos. De hecho en la Escritura se compara el amor de Dios al de una madre por sus hijos. Tenemos la hermosa misión de transparentar ese amor.</p>



<p>Miremos siempre al corazón de María para aprender a ser madres y mujeres de esperanza y de fe. ¿Cómo mirar su corazón? Como con cualquier amiga, hay que conocerla, dialogar con ella, ver cómo reacciona, cómo actúa. Necesitamos una <em>cultura mariana</em>, conocer lo que la Iglesia enseña sobre ella, el papel que juega en la vida cristiana de la humanidad, lo que significa en la obra de la Redención, lo que le dice a cada hijo suyo. Es la Madre de Dios y no hay pecado en ella, y precisamente por eso, nos invita a vivir su vida como ella, mirando a Su Hijo Jesús, cerca al Señor. Porque ella lo educó, pero sobre todo, porque se dejó educar por Él. Y así se hizo madre nuestra y nuestra más grande amiga.</p>



<p class="has-text-align-right">Claudia Quiroz Pacheco</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
