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	<title>Departamento de Humanidades &#8211; Blog Humanitas</title>
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	<title>Departamento de Humanidades &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>¿Por qué estudiar Humanidades en el siglo XXI?</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/estudiar-humanidades/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Apr 2022 20:13:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Martinez]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Departamento de Humanidades]]></category>
		<category><![CDATA[Maestría de Humanidades]]></category>
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					<description><![CDATA[Con el estudio de las Humanidades sucede algo que nos mueve a hacernos algunas preguntas. Ciertamente nadie negaría la importancia de algo que nos convoca desde lo más íntimo en tanto seres humanos. En principio nadie puede ser indiferente a este llamado; sin embargo, encontramos a muchas personas cuya vocación no pasa por responder a [&#8230;]]]></description>
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<p>Con el estudio de las Humanidades sucede algo que nos mueve a hacernos algunas preguntas. Ciertamente nadie negaría la importancia de algo que nos convoca desde lo más íntimo en tanto seres humanos. En principio nadie puede ser indiferente a este llamado; sin embargo, encontramos a muchas personas cuya vocación no pasa por responder a las preguntas radicales que legítimamente podemos (y tal vez debemos) hacernos respecto de lo que somos, de lo que debemos y podemos esperar, o del sentido de nuestras vidas. Hay mujeres y hombres cuyas vocaciones no pasan por ahí, sino que se sienten llamados por otro tipo de intereses. Y en buena hora que así sea. De otro modo, no tendríamos médicos, ingenieros, empresarios, músicos, administradores o biólogos, por citar algunos ejemplos.</p>



<p>Por eso podríamos hablar de la “vocación” en un doble sentido. El primero de estos sentidos, tal vez el más espontáneo, se relaciona con nuestros gustos e intereses más inmediatos. Éstos dependen de un conjunto de factores sobre los que tenemos poca o ninguna influencia: educación, entorno familiar o social, o incluso afinidades innatas con este o aquel sector de la realidad.</p>



<p>Un segundo sentido de la “vocación” ya depende más de nosotros y podríamos considerarlo como un llamado que apela a nuestra responsabilidad, y respecto del cual gozamos de plena libertad para acogerlo o no. Lo sorprendente es que, si no lo acogemos, no por ello seremos moralmente imputables. Nadie podría reprocharnos que no nos inscribamos en Maestrías en Humanidades o en Doctorados en Filosofía, Historia o Letras. Con todo, esa plena libertad con que podemos enfrentar esta segunda vocación hace que seguirla nos enaltezca como personas, engrandezca nuestra alma y nos ponga en el camino de cierta perfección humana. El compromiso con esta segunda vocación (o llamado, que eso significa “vocación”), que ya no es espontánea ni está necesariamente ligada a nuestros gustos, exige de nosotros cierto esfuerzo, cierta capacidad de romper la inercia propia de la vida. Estudiar Humanidades, y más especialmente cuando ya hemos atendido el llamado de la primera vocación, no es un salto al vacío, sino un compromiso con una forma más plena de encarar la propia existencia. Cuando hablamos de un “Postgrado en Humanidades” no hablamos solamente de un grado académico, sino de un vínculo ético con la respuesta a preguntas esenciales, guiados por la pericia y sabiduría de quienes nos han precedido en ese mismo camino. La necesidad de las Humanidades puede atenderse de varias maneras y no exclusivamente en los Postgrados dedicados a ellas. También es esencial su presencia transversal en las carreras de grado, aun cuando lamentablemente en muchos casos ellas no sean vistas más que como un ornamento. Pero ya hablaremos de la importancia de los adornos.</p>



<p>Esta tarea de ocuparnos de las Humanidades es tanto más urgente cuanto más nos sabemos inmersos en un mundo de alta densidad tecnológica, donde parece haberse esfumado la relevancia de la verdad en favor de la eficacia, y en donde la tendencia a los automatismos parece erosionar nuestra espiritualidad, es decir, lo que más nos define como seres humanos. Desplegar nuestra existencia sin hacernos cargo de la verdad, o sustituyéndola por la eficacia de las tecnociencias, es una forma nociva de autoengaño, tal vez la más perniciosa. El compromiso y la veneración de la verdad no nos proporcionan, ciertamente, el hábitat confortable que nos ofrece la eficacia de nuestros artefactos, pero nos brinda una irreemplazable ocasión de verdadera plenitud humana.</p>



<p>El compromiso con esta segunda vocación no es tampoco una promesa de cómoda instalación en la verdad, pues ésta nunca promete placidez. La promesa que sí hace la verdad, en cambio, apunta a uno de los más insondables misterios de nuestra naturaleza: la libertad.</p>



<p>La importancia de las Humanidades va manifestándose así, al espíritu atento, a medida que los aparentes progresos materiales del mundo las muestran como algo puramente ornamental. Una vez más podemos distinguir en lo “ornamental” un doble sentido, tal como hicimos con la vocación. Uno, el promovido por alguna forma de inmediatez utilitaria, es el que hace del ornamento algo superfluo, puramente exterior y descartable. En otro sentido podemos decir que la dignidad de este ornamento que son las Humanidades está inexorablemente ligada a nuestra propia naturaleza. Y aquí el ornamento no es superfluo, sino esencial; no tiene el carácter de un cuerpo extraño en el currículo académico, sino que es entrañable porque habita dentro de cada uno de nosotros; y finalmente no es descartable, sino un fin en sí mismo. Y si esto es así, diríamos que el estudio de las Humanidades es como el respeto a una liturgia en la cual celebramos nada menos que nuestra propia dignidad humana.</p>



<p class="has-text-align-right">Jorge Martinez</p>



<p></p>
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		<title>Humildad y medias nuevas para vivir la Navidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/humildad-medias-nuevas-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Dec 2021 22:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Departamento de Humanidades]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia católica]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[UCSP]]></category>
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					<description><![CDATA[Sabemos que la Navidad ha detenido el mundo, que en medio de la guerra, los pueblos enemigos han parado las hostilidades para celebrar el misterio de Dios hecho carne. Muchos dirán que en el tiempo actual la Navidad no pasa de ser un simple fenómeno comercial y que antes de invitarnos a parar, nos consume [&#8230;]]]></description>
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<p>Sabemos que la Navidad ha detenido el mundo, que en medio de la guerra, los pueblos enemigos han parado las hostilidades para celebrar el misterio de Dios hecho carne. Muchos dirán que en el tiempo actual la Navidad no pasa de ser un simple fenómeno comercial y que antes de invitarnos a parar, nos consume en una vorágine de ocupaciones, urgencias y reuniones que nada tienen que ver con el sentido de recogimiento que en teoría debería de tener y que algunas personas ya han perdido o nunca han encontrado.</p>



<p>De hecho, la pandemia ha acentuado esta sensación de estrés y movimiento. Especialmente, cuando la virtualidad, con la que supuestamente hemos paliado los males de la humanidad en estos tiempos, se ha instalado ya como un ámbito de nuestra vida. Ese mismo ámbito que, aunque nos obliga a estar estáticos, exprime nuestro tiempo de escuela, trabajo o esparcimiento a su máxima eficiencia y nos mantiene en la máxima tensión.</p>



<p>Sin embargo, esto no pasa de ser una descripción que representa apenas una parte de la realidad que vivimos, pues, también hay muchos enfermos, muchos que sufren violencia o que se enfrentan a la ideología que los oprime y ven las cosas desde otra perspectiva. Todas estas personas nos hacen entender que se espera la Navidad de otra forma, no como un tiempo que viene, sino como alguien que llega. Se espera en el corazón por la potencia de Dios que salva, libera y que tiende una mano, aunque sea la de un niño, para salir del dolor, de la persecución, de las contradicciones o de la angustia y estrés que nos consume. Incluso, cuando no sea de la forma en que quisiéramos o tenemos planeado.</p>



<p>A veces hay que padecer para experimentar activamente el misterio. Aunque no debería ser de esta manera, nuestra debilidad es fuente de encuentro con la debilidad del niño en la cuna. Cuando no conocemos la debilidad la Navidad nos parece ajena, y no porque invoque el dolor o la tristeza, sino porque no terminamos de aprender lo que significa esperar un don que renueve nuestra vida, que la haga nueva, que la transforme y le de un nuevo&nbsp;<em>status quo</em>.</p>



<p>Como propuesta, está Navidad que tu oro, incienso y mirra sea tu humildad y la disposición de tu corazón para ser colmado por él. Especialmente, si sufres, si te duele más de la cuenta el cuerpo, la mente o el espíritu, si no tuviste un buen año, si perdiste el trabajo o te peleaste con tu familia. Ahora, si te fue muy bien, si hiciste más dinero del que esperabas, si cumpliste tus sueños, viajaste donde querías, alcanzaste los objetivos de tu trabajo, tuviste tiempo para rezar la novena, ir a muchas misas o reflexionar profundamente en el misterio de la Navidad, entonces, no dejes de arrodillarte ante Dios y de compartir lo bueno que recibes con los demás. Da gracias y pide que tu corazón no deje de esperar, que no sea insensible al infinito don que viene de lo alto.</p>



<p>Si puedes, además de poner tu corazón en su lugar, al menos usa unas medias nuevas. Usa algo nuevo que te haga recordar que Dios hace todo nuevo, que volvemos a empezar en Él y que la vida que inicia Él la hace siempre mejor.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
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		<title>Teología, Antropología y Navidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/teologia-antropologia-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Dec 2021 22:26:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[P. Rafael Ismodes]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Departamento de Humanidades]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Católica San Pablo]]></category>
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					<description><![CDATA[La teología es la ciencia acerca de Dios y une en su reflexión Revelación, fe y razón. Como dirá San Juan Pablo II «La teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el&#160;auditus fidei&#160;y el&#160;intellectus fidei» (Fides et ratio, 65). En cuanto audición de la fe, asumirá [&#8230;]]]></description>
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<p>La teología es la ciencia acerca de Dios y une en su reflexión Revelación, fe y razón. Como dirá San Juan Pablo II «La teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el&nbsp;<em>auditus fidei</em>&nbsp;y el&nbsp;<em>intellectus fidei</em>» (<em>Fide</em><em>s et ratio</em>, 65). En cuanto audición de la fe, asumirá los contenidos de la Revelación explicitados en la Tradición, la Escritura y el Magisterio eclesial. Mientras en referencia a la racionalidad de la fe, investigará usando la «reflexión especulativa» en vistas a iluminar las preguntas humanas fundamentales. El ser humano debe conocer cuál es su origen, su sentido, su meta final y el camino que debería seguir.</p>



<p>En esa medida, la teología tiene una dinámica&nbsp;<em>dialogal</em>. Es decir, nace del diálogo que establece el Creador con el ser humano y se desarrolla por el diálogo que el hombre hace consigo mismo, con los demás y, sobre todo, con Dios. Consigo mismo, el ser humano busca reflexionar sobre las coordenadas que lo ubican en el mundo: su origen, su meta, su sentido. Con los demás, la persona procura conocer a otro que sea “carne de su carne” y con quien no sólo comparte el mundo, sino a quien recibe y se dona; alguien que lo acompañe en su cotidianeidad, en la vida y en los últimos momentos terrenos. Especialmente, el hombre busca conocer la verdad total, que es Dios mismo. Por eso, Dios y el ser humano dialogan en el estudio teológico.</p>



<p>Este diálogo es el principio a través del cual propongo comprender la relación entre teocentrismo y antropocentrismo. La misma relación que se hace patente en la noche de Navidad. Como comenta San Juan Pablo II: «mientras las diversas corrientes del pasado y presente del pensamiento humano han sido y siguen siendo propensas a dividir e incluso contraponer el teocentrismo y el antropocentrismo, la Iglesia, en cambio, siguiendo a Cristo, trata de unirlas en la historia del hombre de manera orgánica y profunda» (<em>Dives in misericordia</em>, 1). En el niño del pesebre, se une Dios con el hombre en un modo tal, que ir en la dirección de uno es ir en la dirección del otro.</p>



<p>Este modo de ver las cosas contradice lo que parte de la modernidad nos ha hecho creer. Por un lado, que el teocentrismo es una especie aniquilación humana (del goce, del placer o de la diversión) a partir de la afirmación de lo divino. Por su parte, el antropocentrismo nos ha dado a entender una especie de hombre todopoderoso, orgulloso y desenfrenado que no necesita de Dios y que se ha convertido en un tirano que destruye el mundo, los animales y a sus propios hermanos. Sin embargo, como digo, la teología cristiana intenta, desde muchos siglos atrás, aportar una luz diferente.</p>



<p>A semejanza de como la&nbsp;<em>Fides et ratio</em>&nbsp;plantea la relación entre fe y razón (73), la relación de la teología con la antropología es un círculo fecundo, no tautológico. La antropología estudia al ser humano, hace preguntas, esboza respuestas, pero no es capaz por sí misma de responder y llegar al fondo de las cosas sin la fe. Los mitos nos expresan el deseo humano de conocer el origen y el fin del tiempo y el cosmos; los filósofos nos ayudan a elaborar las preguntas adecuadas frente a la realidad que vivimos; la historia nos cuenta nuestro pasado y la literatura nos permite establecer un relato de lo humano y ver nuevas posibilidades. Sin embargo, solo la teología nos ayuda a ver la unidad del misterio humano a partir de la perspectiva de Dios, que además de ser Creador, es Redentor del hombre.</p>



<p>Se trata precisamente de lo que nos preparamos para vivir estos días. Dios se revela y muestra al ser humano su particular vocación y destino. Nos libera con su sangre del pecado que nos aqueja y nos pide crecer a su altura. Por eso, descubrir a Jesús como quien redime es salir del&nbsp;<em>nirvana</em>, salir del gobierno de los astros y salir del orgullo que nos propone mecanicismo de la física moderna.</p>



<p>Cuanto más se estudie al ser humano, más se buscará conocer a Dios, porque Dios mismo se ha hecho hombre. Profundizar en este misterio es el camino de la Iglesia, es el camino de todo ser humano. Navidad es humanidad, Navidad es divinidad. Cuanto más entremos en ese misterio, nuestra razón comprenderá mejor el sentido de la vida. Cuanto más se estudie a Dios, más y mejor se podrá conocer al ser humano.</p>



<p class="has-text-align-right">P. Rafael Ismodes</p>



<p><br><br></p>
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