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	<title>Democracia &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Apuntes sobre el fascismo peruano</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2020 20:38:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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<p>En esta época tan sumida en la irracionalidad y en la que lo único real es lo que dicta nuestro maravilloso mundo interior, se ha hecho frecuente tildar de fascista o acusar de fascismo a todo lo que tenga unos mínimos visos de orden o reivindique una identidad estable o vaya en contra de la sacratísima voluntad del sujeto. Si crees que debe existir una autoridad, eres fascista; si crees que el cristianismo no es una vaguedad buena onda ambientalista y de género, eres fascista; si no crees que los españoles fueron unos genocidas, eres fascista; si tienes ordenada tu vida y huyes de los vicios y las bajas pasiones, eres fascista; si crees que el aborto es una aberración, eres fascista; si crees que los animales no tienen derechos, eres fascista; si rezas tus oraciones antes de dormir todos los días en vez de hacer meditación zen, eres fascista; si crees que existe una bondad, una belleza y una verdad que no dependen de la perspectiva de las personas, eres fascista. Si piensas escribir un artículo que pretenda indagar qué es verdaderamente el fascismo y cómo se manifestó en el Perú, lo siento, eres fascista.</p>



<p><strong>¿De qué hablamos cuando hablamos de fascismo?</strong></p>



<p>Emilio Gentile (2005) caracteriza al fascismo como:</p>



<p>Un experimento de dominación política, puesto en práctica por un movimiento revolucionario, organizado en un partido rígidamente disciplinado, con una concepción integralista de la política, que aspira al monopolio del poder y que, después de conquistarlo, por vías legales o extralegales, destruye y transforma el régimen preexistente y construye un estado nuevo, fundado sobre el régimen de partido único, con el objetivo principal de efectuar la conquista de la sociedad, esto es, subordinar, integrar y homogeneizar a sus gobernados, conforme al principio de politicidad integral de la existencia, tanto individual como colectiva, interpretada según las categorías, los mitos y los valores de una ideología sacralizada en la forma de una religión política, con el propósito de modelar al individuo y a las masas meced de una revolución antropológica para regenerar al ser humano y crear un hombre nuevo, consagrado en cuerpo y alma a realizar los proyectos revolucionarios e imperialistas del partido revolucionario, en procura de crear una nueva civilización de carácter supranacional. (p.21-22)</p>



<p>Más allá del ultranacionalismo, el carácter antiparlamentario, antiliberal, anticomunista, populista, antiburgués, anticapitalista, vitalista, no clerical, corporativo y la retórica violenta, la característica esencial, que no podemos obviar y sin la cual no podemos denominar a algo o a alguien propiamente fascista, es la concepción totalitaria de la política y del Estado (que en buena medida sustenta las características arriba citadas) y que Mussolini grafica en el slogan: «Todo en el Estado, todo para el estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».</p>



<p>Esto nos lleva a distinguir el totalitarismo del autoritarismo. Todo totalitarismo es autoritario, pero no todo autoritarismo es totalitario. El autoritarismo se basa en el sometimiento a la autoridad, pero no implica en sí la subordinación de todos los ámbitos de la vida a dicha autoridad, no implica la politización de todas las actividades humanas ni la omnipresencia estatal a través de un partido único, que son características fundamentales del totalitarismo.</p>



<p>El totalitarismo es pues un sistema de dominación sin precedentes en la que todos los recursos y todas las energías se movilizan bajo un mando único que exige obediencia incondicional y fe. Es un sistema que pretende absorber todas las funciones de la sociedad. El totalitarismo es el resultado de un triple proceso, de identificación entre poder y sociedad, de homogeneización del espacio social, de encierro de la sociedad. Eso se logra con el partido único de masa, una ideología oficial, (…) que explica cómo la humanidad va de manera ineluctable a un estado perfecto, a partir del rechazo radical del presente; un terror dirigido no solo contra los adversarios, sino potencialmente contra todos, de manera que atemoriza la sociedad, aísla al individuo, forma el “hombre nuevo”. (Meyer 1997:318).</p>



<p>Sin embargo, con estas precisiones solo podríamos definir como totalitarios el régimen nazi y el soviético, ni si quiera la Italia de Mussolini sería fascista. Sin embargo, Renzo de Felice (1975) nos da la solución al distinguir entre «fascismo-movimiento» y «fascismo-régimen», con lo que, aun así no podamos afirmar categóricamente que el régimen de Mussolini fuera totalitario en la práctica, sí lo fue en su doctrina, por lo que sí fue fascista.</p>



<p>Y siendo que, evidentemente, ninguno de los movimientos o personajes estudiados a continuación tuvo la oportunidad de implantar un régimen fascista (lo que es necesario para poder hablar del «fascismo régimen») lo que buscaremos es si la doctrina de estos fue tendiente al totalitarismo.</p>



<p><strong>El partido Unión Revolucionaria</strong></p>



<p>Luego de su forzosa renuncia a la presidencia de la República en 1931 y la convocatoria a elecciones, Sánchez Cerro se ve obligado por la coyuntura a fundar un partido que le sirviera como vehículo para retornar al poder. Así, el 20 de julio de 1931 funda en Lima el Partido Unión Revolucionaria (UR). Sánchez Cerro despertó simpatías tanto en la oligarquía temerosa del APRA, como en la pequeña burguesía ciudadana afectada por la competencia extranjera y en algunos sectores populares que encontraron en él a un líder carismático. Fue así que derrotó a Haya de la Torre en las elecciones de 1931 y se hizo con la presidencia en un ambiente sumamente polarizado.</p>



<p>Pero, ¿era fascista el sanchecerrismo? Gonzalez Calleja (1994) responde: «Pero de hecho la adscripción fascista del movimiento sanchezcerrista no pasó de la exhibición callejera de los “camisas negras”, del elogio retórico a los logros mussolinianos y de la difusión de un vago ideario autoritario y corporativo. El fondo de su doctrina seguía siendo conservador» (p.235). Esto cambiaría a la muerte de Sánchez Cerro y el ascenso de Luis A. Flores (quien no veía a la UR como un partido puramente coyuntural) que originaron la radicalización de las premisas políticas de la UR y la manifestación de aquella “latente vocación totalitaria” que observó Molinari (2006). Así, la UR apareció en un inicio como un movimiento puramente nacionalista, pero, luego de asesinado Sánchez Cerro, proclamó explícitamente su adhesión a la doctrina y praxis fascista que ganó la adhesión de algunos sectores populares deseosos de cambios profundos e ilusionados con la idea de un sistema político corporativista y totalitario.</p>



<p>Respecto al carácter totalitario del partido podemos verificar que la UR cumple con los aspectos cardinales del totalitarismo. En primer lugar «construye un tipo de organización que, por sus características verticales, por su amplitud organizacional-piramidal y por la presencia de sus milicias de camisas negras, define todo un aparato para constituirse estratégicamente en omnipresente y hegemónico no sólo políticamente sino también en la vida cotidiana» (Molinari 2006:327). En segundo lugar, es indudable la preeminencia ideológica intolerante y excluyente que predica la UR que «busca en su estrategia no sólo el enfrentamiento y la derrota “histórica” del denominado “Aprocomunismo” sino su erradicación ideológica y física» (Molinari 2006:324) junto al liberalismo y a cualquier enemigo político. En el número del primero de enero de 1934 de Acción, periódico de la UR, se lee: «solo la Unión Revolucionaria es la fuerza de derecha contra el Apra y no hay más jabón que el que hace espuma. Solo las Camisas Negras salvarán al Perú» (Tomado de Molinari 2006:339). En tercer lugar, está la importancia de la movilización de masas para la UR, que hizo uso de sus milicias, las Camisas Negras, para demostraciones de fuerza en estridentes desfiles, ritos y peregrinajes a la tumba de Sánchez Cerro, eventos en los que abundaban los himnos, emblemas y gestos del fascismo.</p>



<p>Adicionalmente, la UR, manifestando su orientación racista y xenófoba, impulsó campañas propagandísticas contra la inmigración japonesa y promovió la creación de una «sociedad anti-asiática» y una «liga anti-japonesa». En el número de Acción del once de marzo de 1934 manifestaron: «…la impudicia de los amarillos sigue en aumento. Nos proponemos luchar resueltamente contra la invasión amarilla…» (Tomado de Molinari 2006:339) y en el del 30 de abril de 1934: «ya sabemos hasta la exageración que el elemento amarillo no puede parangonarse biológicamente al elemento europeo, es decir a la raza blanca. Es un hecho comprobado no necesita comentarios» (Tomado de Molinari 2006:340).</p>



<p>Tenemos entonces un partido que no solo manifestaba simpatía por el fascismo italiano (y también afinidad con la figura de Hitler), sino que profesaba el totalitarismo propio de un movimiento fascista.</p>



<p>Este partido desde sus periódicos Acción (1933-1936), Crisol (1934), El legionario (1935), UR (1936) y Batalla (1936) difundieron su ideología fascista e hicieron campañas de agitación, propaganda y doctrina atacando a sus enemigos (principalmente al aprismo y al comunismo) con la intención de llegar a las masas populares. Sin embargo, luego de asegurado el orden con el gobierno de Benavides y resuelta la crisis en la que se encontraba el Perú, la UR ya no era de utilidad de la oligarquía ni del gobierno y, más bien, podía constituirse en una amenaza populista, por lo que fue marginada de la política nacional. Con la anulación de las elecciones de 1936, en las que participaba Flores como representante de la UR, el partido fue decayendo, muchos de sus líderes (incluyendo a Flores) fueron deportados y el apoyo popular disminuyó, hecho que se consumó totalmente con la segunda guerra mundial y la derrota de Alemania e Italia.</p>



<p><strong>¿Existió un fascismo intelectual en el Perú en los años 30?</strong></p>



<p>Fernando Silva Santisteban (1982) afirma que entre 1935 y 1939 hubo un ascenso de una corriente pro-fascista con efectos significativos en tres aspectos: gubernativo, político institucional e intelectual. Dice además que el fascismo «desplazó a las ideas liberales y neopositivistas en el contexto del conservadurismo tradicional» (p.132-133). Entre los principales cultores de este fascismo intelectual encontraríamos a José de la Riva-Agüero y a Raúl Ferrero Rebagliati.</p>



<p>Por otro lado, en su libro&nbsp;<em>El pensamiento fascista (1930-1945)</em>, publicado en 1981, José Ignacio López Soria señala tres tipos de fascismos: el aristocrático, el mesocrático y el popular. El fascismo popular era, para López Soria, el de la Unión Revolucionaria que ya expusimos arriba. El fascismo aristocrático sería el fascismo propio de la oligarquía, cuyo representante sería José de la Riva-Agüero y Osma, y el fascismo mesocrático sería el promovido por la Acción Católica y una larga lista de intelectuales entre los que nombra a Alfredo Herrera, Carlos Sayán, Octavio Alva, Guillermo Hoyos Osores, Felipe Sassone, Carlos Miró Quesada Laos, José E. Ruete, Luis Humberto Delgado, Raúl Ferrero Rebagliati, Guillermo Lohman Villena, Pedro M. Benvenutto Murrieta, Víctor Andrés Belaunde, Roberto Mac Lean Estenós, Alfonso Tealdo, Simi, Aurelio Miró Quesada Sosa, el Padre Francisco Jambrina, Raúl Mugaburu, Fernando A. Franco, Miguel Pascuale, José Jaime Ascua, Luis Doreste, César Miró, Cristóbal Losada y Puga, Carlos Pareja Paz Soldán, Gonzalo Herrera, Mario Alzamora, César Arróspide, J. Ismael Bielich, Jorge del Busto, J. Dammert, Eulogio Romero Romaña, entre otros.</p>



<p>¿En verdad teníamos tantos teóricos del fascismo en el Perú? ¿La acción católica era fascista?</p>



<p>Creo que el carácter verdaderamente fascista, y por tanto totalitario, de estos «fascistas» puede ser discutido. Parece que, López Soria cae en la tentación simplista de denominar a todo lo que es antiliberal y anticomunista, o que tiene simpatía por el régimen franquista o mussoliniano (que de ninguna forma podemos llamar totalitaristas), como fascista.</p>



<p>Creo que es prudente señalar con González Calleja (1994) que «el fascismo fue más que nada un juego teórico elaborado por alguno intelectuales a mitad de camino entre la reflexión erudita sobre la identidad peruana y la tentación del intervencionismo político» (p.254). Es indudable que existía una cierta admiración por el fascismo entre los intelectuales, pero recordemos la época polarizada y convulsa en la que vivían, que veían ante ellos el desmoronamiento de los valores tradicionales de la civilización cristiana que hasta antes de la Gran Guerra tenían cierta vigencia. Para un intelectual católico que ve que Mussolini «…ha restablecido en las escuelas la instrucción religiosa y el crucifijo; ha abolido el divorcio; ha estimulado la moralidad y la fecundidad de las familias…» (Riva-Agüero 1937: 484) el fascismo se ve como una opción tentadora. El fascismo, en la década de 1930 (lo que cambiaría radicalmente en la década de 1940) es visto como la alternativa contra la «barbarie comunista» y la anarquía. Así, hay quienes caen ante la tentación del intervencionismo estatal de un «régimen de concentración, autoridad y rigor» (Riva-Agüero 1937: 60).</p>



<p>Esto no quita que probablemente alguno de los intelectuales nombrados por López Soria sí sea verdaderamente totalitarista. Lo que sí se puede afirmar es que hubo una tendencia filofascista, un «fascismo intelectual» no totalitarista. Para ilustrarlo es conveniente revisar lo que Raúl Ferrero, considerado por Silva Santisteban (1983) como el verdadero ideólogo del fascismo peruano, afirma:</p>



<p>Que el Estado se incorpore las fuerzas nacionales, que jerarquice y discipline los elementos que dentro de la democracia son anárquicos y hasta opuestos; todo ello está bien. Pero que el Estado, invocando un totalitarismo pagano, triture la personalidad, supedite a la religión, atropelle hasta sus bases la libertad de enseñanza y exalte el sentido de la raza hasta un punto de agresividad, es ya muy otra cosa. (Raúl Ferrero en López Soria 1981:102-103)</p>



<p>Por otro lado, es incoherente denominar a la Acción Católica como fascista. El totalitarismo implica la politización de todos los aspectos de la vida del hombre, la identificación entre Estado y sociedad, y, por tanto, la absorción por el Estado de todas las instituciones que medien entre este y el hombre. Por tanto, la propia naturaleza de la Acción Católica, como cuerpo medio, es incompatible con un Estado totalitario. Así lo entendió el Papa Pio XI y en su&nbsp;<em>encíclica Non abbiamo bisgno</em>&nbsp;de junio de 1931 denuncia el régimen de Mussolini y la estatolatría que profesa y hace una defensa de la Acción Católica italiana, perseguida por Mussolini.</p>



<p><strong>¿Dónde encontramos el fascismo en el Perú de hoy?</strong></p>



<p>Ahora cabe preguntarse ¿el colectivo con mis hijos no te metas es fascista? ¿Fuerza Popular es facista? ¿César Acuña es fascista? ¿Algún candidato de “derecha” es verdaderamente fascistas? ¿es fascista quien está orgulloso de su legado hispánico? ¿las personas que profesan una fe no relativista son fascistas? ¿mi hermano que tiene todo ordenadito su cuarto es fascista?</p>



<p>El progresismo actual que usa el adjetivo fascista para denigrar todo lo que no es entendible desde la óptica heredada de la Revolución francesa. Pero sería bueno que en verdad analicemos las propuestas de sus principales voceros y políticos y nos preguntemos ¿acaso no tendrán un carácter totalitario sus postulados, las políticas de género, por ejemplo?</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p>Gentile, Emilio</p>



<p>2005&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>La vía italiana al totalitarismo: partido y estado en el régimen fascista.&nbsp;</em>Buenos Aires: Siglo XXI Editores</p>



<p>Gonzales Calleja, Eduardo</p>



<p>1994 &nbsp;&nbsp; «La derecha latinoamericana en busca de un modelo fascista: La limitada influencia del falangismo en el Perú (1936-1945)». En<em>&nbsp;Revista Complutense de Historia de América.</em>&nbsp;n.20, pp. 229-255.</p>



<p>López Soria, José Ignacio</p>



<p>1981 &nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>El Pensamientos fascista (1930-1945).</em>&nbsp;Lima: Francisco Compadonico /Mosca Azul Editores.</p>



<p>Mendieta Pérez, Michael</p>



<p>2013&nbsp;&nbsp;&nbsp; «La Influencia del Fascismo en el Perú: un acercamiento historiográfico». En&nbsp;<em>Nueva Crónica,</em>&nbsp;n.1, pp. 1-13</p>



<p>Molinari, Tirso</p>



<p>2006 &nbsp;&nbsp; «El partido Unión Revolucionaria y su proyecto totalitario – fascista. Perú 1933-1936». En&nbsp;<em>Investigaciones Sociales,</em>&nbsp;Año X, n.16, pp.321-346.</p>



<p>Riva-Agüero, José de la</p>



<p>1937&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Por la verdad la tradición y la patria. T1.&nbsp;</em>Lima: Imprenta Torres Aguirre.</p>



<p>1975&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Obras completas. T. X.&nbsp;</em>Lima: Instituto Riva-Agüero.</p>



<p>Silva Santiesteban, Fernando</p>



<p>1982&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Historia del Perú Republicano</em>. Lima: Ediciones Búho.</p>



<p class="has-text-align-right"></p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>La educación es presencial</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/educacion-presencial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2020 20:22:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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<p>En una de las reuniones televisadas (<em>on line</em>&nbsp;dirían en otro idioma&nbsp;<em>exitoso</em>) que se nos han vuelto rutina, un amigo dijo, no sin razón, que la educación es esencialmente&nbsp;<em>presencial</em>.</p>



<p>En ese momento me di cuenta de una de esas cosas obvias cuya profundidad pasa muchas veces desapercibida: la&nbsp;<em>presencia</em>&nbsp;no se agota con la inmediatez física. De hecho, mi amigo estaba presente cuando habló, no era un avatar ni una grabación: habló en tiempo&nbsp;<em>real,</em>&nbsp;desde un lugar&nbsp;<em>real</em>&nbsp;y en una circunstancia&nbsp;<em>real</em>. Y los demás lo escuchamos y vimos de forma&nbsp;<em>real.&nbsp;</em>La única diferencia es que su presencia estaba&nbsp;<em>mediatizada</em>&nbsp;(hablaba a través de un medio) y por ello,&nbsp;<em>deslocalizada</em>&nbsp;(era irrelevante el lugar en el que estaba).</p>



<p>Evidentemente, no es lo mismo hablar con alguien cara a cara o escuchar a un profesor en el aula de clase, que verlo en una pantalla y oírlo por un parlante. Se pierden muchos de los mensajes que las personas transmitimos al ponernos física e inmediatamente ante los demás: cómo nos vestimos, movemos, miramos, enfatizamos o matizamos lo que decimos, la entonación de las palabras, el contacto visual directo (esto sería una&nbsp; nota a pie de página pero como nadie las lee, la pongo acá: considérese también, digo, para no andar por ahí&nbsp;<em>idealizando</em>&nbsp;lo presencial, que también ocurre ese fenómeno llamado&nbsp;<em>presenteísmo</em>&nbsp;por el cual uno está sin estar, sentado en una carpeta con cara de nada).</p>



<p>Sin embargo, a pesar de estas valiosísimas pérdidas que no pueden ser suplidas, también se ganan cosas cuyo valor está por descubrirse con la&nbsp;<em>presencia mediata</em>. Y no son un&nbsp;<em>peor es nada</em>, sino ventajas reales que antes no teníamos en cuenta con suficiente interés. Veamos algunas.</p>



<p><strong>El alcance&nbsp;</strong><em><strong>cuantitativo</strong>&nbsp;</em>se multiplica. Podemos llegar a miles de personas a la vez.</p>



<p><strong>La posibilidad de transmitir ideas se&nbsp;<em>intensifica</em></strong>. Podemos preparar mejor lo que decimos, hacerlo más preciso sin la presión de tener gente presente, mirando nuestra inseguridad. Prescindimos también de los&nbsp;<em>mensajes ruidosos&nbsp;</em>que necesariamente se cruzan en un público físicamente presente: gente que se duerme, caras de no entender, gestos de indiferencia, etc.</p>



<p><strong>La presencia de lo que enseñamos se puede hacer más constante</strong>&nbsp;en la vida de las personas a las que llegamos. Podemos llegar por varios canales y optimizar los mensajes con diversos recursos.</p>



<p><strong>La ilustración y ejemplificación de los contenidos se multiplica</strong>&nbsp;en sus variantes y posibilidades. Podemos usar viñetas, pizarras, música, textos, juegos, vídeos, etc.</p>



<p><strong>El contenido se puede revisar</strong>&nbsp;adecuándose a la circunstancia del alumno. Podemos grabar la clase para que sea revisada cuantas veces sea necesario, podemos recibir sus inquietudes y pensarlas mejor.</p>



<p><strong>Las posibilidades de interacción crecen muchísimo</strong>. Tanto por mensajes de textos, como por audios o a través de la pantalla, tenemos la capacidad de absolver dudas y escuchar personas que probablemente en la clase presencial no habríamos atendido.</p>



<p><strong>Nuestra presencia como profes se&nbsp;<em>democratiza.&nbsp;</em></strong>Estamos al alcance de todos los que se conectan. Y estamos al alcance de la misma manera para todos: la distancia que hay entre su nariz y la pantalla.</p>



<p><strong>Los prejuicios disminuyen</strong>. Al brotar del aislamiento cultural y una suerte de pretensión de superioridad, muchos prejuicios tienden a desaparecer con la presencia de personas de diversos lugares y culturas del mundo.</p>



<p><strong>La situación de enseñar a distancia nos pone en la necesidad de pensar en la&nbsp;<em>experiencia del usuario</em></strong>, un término ya acuñado como UX (dígalo con siglas en inglés y ganará dinero y prestigio, síganme para más consejos) que en realidad es la tradicional empatía o solidaridad que todo profesor, de lo que sea, necesita para enseñar.</p>



<p><strong>Esta misma situación también exige de nosotros pensar en el diseño</strong>&nbsp;(otra expresión&nbsp;<em>anovedosada</em>&nbsp;en inglés:&nbsp;<em>design thinking</em>, síganme para más consejos y bla, bla, bla) de nuestras clases ya no tan concentrados en los contenidos sino en la forma en que los transmitimos. Y, créanme, es muy entretenido hacerlo.</p>



<p><strong>La capacidad del aprendiz se pone a prueba.&nbsp;</strong>En lo presencial inmediato, el aprendiz podía darse el lujo de ser un irresponsable porque él no rema en el bote en el que viaja, lo hace el profesor que todo lo dice, todo lo sabe y de todo se encarga. En la presencia mediata y lo que implica el aprendiz tiene que fijar su propio propósito si quiere aprender.</p>



<p><strong>El tema del contexto social se hace vital en la educación on-line</strong>. ¿Con quién interactúo? ¿De dónde viene? ¿Qué espera? ¿Qué necesita? ¿Qué quiere el joven que está al otro lado de la pantalla? Tenemos muchos recursos para preguntarlo y ellos para decirlo.&nbsp;</p>



<p><strong>La evaluación exige en esta situación el crecimiento y la promoción de la&nbsp;<em>responsabilidad del alumno</em>&nbsp;</strong>y el ingenio del profesor para diseñar formas de ayudarlo a&nbsp;<em>saber cuánto sabe</em>. Evaluar mucho más las capacidades superiores y virtudes intelectuales que los contenidos memorizados.</p>



<p>Eso por ahora. Los dejo, tengo clases presenciales.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>
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		<title>De la posverdad a la verdad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/posverdad-verdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Oct 2019 01:28:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Edgard Javier Acosta Agudo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis]]></category>
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<p>El mes pasado, el Observatorio de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey publicó un artículo de Paulette Delgado denominado&nbsp;<em>Enseñanza en la era de la posverdad</em>. Aunque el texto se presta para ser reflexionado desde varios campos de las humanidades o de las ciencias sociales, mi intención es tomarlo solo como referencia para esbozar algunos apuntes particulares sobre la&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;y la verdad.</p>



<p>El texto señala que el vocablo&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;fue elegido por el diccionario de Oxford como la palabra del año 2016, esto significa que fue uno de los términos más sonados; asimismo, la autora presenta la definición que brinda la RAE<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>&nbsp;y la&nbsp;<em>Fundéu&nbsp;</em>BBVA<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>&nbsp;para este término. Ambas definiciones sostienen, como puntos en común, la alteración de la realidad y la opinión alejada de la verdad.</p>



<p>En el sentido griego, el término&nbsp;<em>verdad</em>&nbsp;??????? (alétheia) significa&nbsp;<em>el descubrimiento del ser</em>&nbsp;(Ferrater, 1964). Santo Tomás afirma que&nbsp;<em>toda cosa es verdadera en cuanto que tiene la forma propia de su naturaleza</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Así, la verdad posee un carácter ontológico, es decir, que la realidad goza de una propiedad intrínseca propia de todos los seres y que es otorgada por el acto de ser. Esta verdad puede ser alcanzada por la persona si es que se da una adecuación o correspondencia entre el entendimiento y la realidad, en otras palabras, si la declaración expresada en el juicio afirma lo que son las cosas o declara el ser de las cosas, se alcanza la verdad conocida como&nbsp;<em>verdad lógica</em>.</p>



<p>Las definiciones que plantean la RAE y la&nbsp;<em>Fundéu</em>&nbsp;aciertan al poner de manifiesto que la&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;elimina la verdad ontológica de la realidad; por ende, altera la verdad lógica, es decir, conduce a la persona a expresar un juicio que no es conforme o adecuado con la realidad. Esta inadecuación entre el entendimiento y la realidad, termina creando una verdad aparente o ficticia: una&nbsp;<em>posverdad</em>.</p>



<p>Este panorama nos bosqueja una visión relativista, pues el negar la verdad propia de la realidad da paso a afirmar una verdad subjetiva que corre el riesgo de caer en error. Recordemos a los sofistas del siglo IV a.C., quienes presentaban una&nbsp;<em>pseudo verdad</em>&nbsp;a través de argumentos que aparentaban ser verdaderos pero que en el fondo eran falaces; o los escépticos, que llegaron a dudar de la posibilidad de conocer la verdad y terminaron por negarla. De la misma manera el sofista de la época actual declara con firmeza que&nbsp;<em>todo es relativo y que no hay verdad absoluta</em>, cayendo en la paradoja de afirmar como absoluto lo relativo.</p>



<p>En la modernidad, Kant descarta la posibilidad de llegar a conocer la realidad en sí misma y Hegel termina por afirmar que no existe. El siglo XX hereda este idealismo que evoluciona hasta convertirse en subjetivismo, constructivismo y mera interpretación. Muchos concluyen que si no existe la realidad solo queda construirla con interpretaciones subjetivas. Este es el caso de Nietzsche que afirma que no existen los hechos sino solo las interpretaciones, o Wittgeinstein, quien sostiene que la realidad es construida mediante los juegos del lenguaje, o Foucault que expone la realidad como una construcción social. Hoy es cada vez más común encontrar esta visión de la realidad. Por ello, Bauman llega a denominar nuestra época como&nbsp;<em>modernidad líquida</em>.</p>



<p>Propio de esta&nbsp;<em>realidad</em>&nbsp;de la&nbsp;<em>modernidad líquida</em>, es el uso difundido del término&nbsp;<em>deconstrucción</em>, postulado por Derrida y que Quevedo (2001) describe como&nbsp;<em>la acción de desordenar y reordenar, desmontar y remontar, poner toda la verdad en cuestión y sospechar de la esencia de las cosas</em>&nbsp;(p.p. 228-229). Quizá Derrida quiere seguir los pasos de Heidegger y otros, al querer destruir la tradición original para dar protagonismo a la&nbsp;<em>posverdad</em>. En ese sentido, habría que analizar el consejo brindado en el segundo párrafo del texto de Paulette Delgado:&nbsp;<em>las escuelas deben ayudar a los estudiantes a deconstruir lo que ven en los medios y las redes sociales</em>.</p>



<p>Al parecer, la autora está invitando a los estudiantes a poner en tela de juicio la verdad fundada en el ser mismo para promulgar su verdad particular. En realidad, habría que hacer todo lo contrario: los maestros debemos orientar a los estudiantes para que reconozcan adecuadamente lo que son las cosas y educarlos para que aprendan a formular juicios que estén en concordancia o conformes a la realidad. En suma, lo que se necesita en el ámbito educativo, es una constante invitación para que los estudiantes dejen las <em>posverdades</em> y vuelvan a la verdad real.</p>



<p class="has-text-align-right">Edgard Javier Acosta Agudo</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p>Delgado, P. (2019).&nbsp;<em>Enseñanza en la era de la posverdad</em>. Recuperado de&nbsp;<a href="https://observatorio.tec.mx/edu-news/enseanndo-en-la-era-de-la-posverdad?rq=posverdad" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Observatorio.tec.mx</a></p>



<p>Ferrater, J. (1964).&nbsp;<em>Diccionario de filosofía.</em>&nbsp;Buenos Aires: Editorial Sudamericana.</p>



<p>Quevedo, A. (2001).&nbsp;<em>De Foucault a Derrida</em>. Pamplona: Ediciones Eunsa.</p>



<p>Tomás de Aquino, S. (2001).&nbsp;<em>Suma Teológica</em>, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>&nbsp;«Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».</p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a>&nbsp;«Relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>S. Th. I, q. 16, a.2</p>
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