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	<title>Arte &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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		<title>Los mártires de Argelia</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/martires-argelia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2020 21:31:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Melani Betty Mosquera Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[Argelia]]></category>
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<p>Algunos podrán pensar que hablar de mártires en el mundo contemporáneo es inverosímil. Sin embargo, los siglos XX y XXI siguen siendo testigos de su existencia. La cantidad de personas que dan su vida por fidelidad a sus convicciones, ya sean religiosas o políticas, continúa en aumento en un periodo en el que se esperaba la paz y una armoniosa convivencia en la pluralidad. Lo que ocurre es que, esta idealista y&nbsp;<em>postmoderna</em>&nbsp;perspectiva de la sociedad no será nunca posible mientras la verdad no sea el fundamento de nuestras vidas.</p>



<p>Y es un volver a la verdad a lo que nos invita el mártir. Este no es solo un símbolo de amor a la verdad, sino también un signo de su ausencia. Allí donde aparece un mártir es para cuestionar el surgimiento de un nuevo orden que se encuentra falto de fundamento. De este tipo actualmente hay muchos, por lo que no debería sorprendernos la aparición de un mártir que ponga en cuestión su legitimidad. Porque si hay algo que caracteriza fundamentalmente al mártir es su voluntad para hacer lo que considera moralmente correcto.</p>



<p>El martirio de estos individuos de férrea voluntad llega a nosotros a través de sus propios escritos, fotografías o reliquias y también a través del cine. En esta ocasión comentamos el drama de ocho monjes cistercienses en Argelia en el año 1996. Este es llevado a la gran pantalla por Xavier Beauvois, cuya película nos muestra un contexto violento en el que un corrupto gobierno y un grupo de extremistas islámicos luchan por el poder. En medio del conflicto están los monjes y la pequeña comunidad musulmana con la que conviven.</p>



<p>Se trata de un filme que expresa de modo sencillo la grandeza y profundidad de lo cotidiano. La vida de los monjes se rige por el&nbsp;<em>ora et labora&nbsp;</em>de San Benito. Los vemos cumpliendo con lo propio de una comunidad religiosa, pero a la vez trabajando la tierra, vendiendo sus productos y ayudando a los más necesitados. Asimismo, se observan bellas fotografías del paisaje natural y acercamientos apropiados a las expresiones de los actores, de quienes también vale destacar que se trata de lo mejor del gremio actoral francés.</p>



<p>El conflicto interno argelino que se observa en la película es el acontecimiento que hace surgir el drama interno de cada uno de los monjes, al igual que en los miembros de la comunidad musulmana. Los primeros sienten temor por su vida y preocupación por el destino de aquellos a quienes ayudan. Por otro lado, los segundos, a pesar de vivenciar el mismo temor, se encuentran llenos de esperanza por la presencia de los monjes. Ello se evidencia en el diálogo entre las autoridades religiosas musulmanas y los monjes. En un comentario sobre su estancia en la comunidad, uno de los monjes dice: “somos como pájaros sobre una rama: no sabemos si nos iremos”. Ante ello, una mujer musulmana le responde: “los pájaros somos nosotros y ustedes la rama”.</p>



<p>¿Qué simboliza esta rama? Deducimos que se trata de un sostén, algo firme y perenne: un fundamento. Podría surgir aquí una hipótesis interesante. Marisol López Menéndez, socióloga mexicana, señala que el martirio es un fenómeno complejo que consta de tres elementos: el mártir, sus seguidores y el Estado o status quo. Desde el momento en que los monjes (mártires) captaron el trasfondo de la frase de la mujer (seguidor), pudieron ver el fruto de su labor. Ellos no podían ser pájaros, puesto que el fundamento sobre el que reposaban sus convicciones era una rama firme en el Señor que había hecho de ellos lo mismo. Y sus oponentes (Estado/status quo) lo sabían, y por ello les temían o respetaban.</p>



<p><em>De dioses y hombres&nbsp;</em>es una película en la que el espectador acompaña el drama interno de cada uno de los mártires y puede verificar cómo estos se hacen verdaderamente en su martirio. No obstante, este no es un hacer como el que describe López en su artículo. Ella nos dice que no existen mártires&nbsp;<em>per se</em>, puesto que son una construcción producto de un tercero con la intención de dar sentido a causas sociales específicas y promover la lealtad y la obediencia a status sociales e históricos eventuales. Tal comentario no puede estar más lejos de la realidad del mártir católico.</p>



<p>André Riccardi, historiador italiano, nos introduce su obra&nbsp;<em>El siglo de los mártires&nbsp;</em>aclarando algunos. Entre ellos, la función de los mártires en la memoria de la Iglesia. Riccardi nos señala que el mártir católico no se presenta como víctima de un acto perverso, ni mucho menos para denunciar la violencia o reivindicar una causa. Por el contrario, están ahí para despertar a un mundo cristiano aletargado en la comodidad. El mártir, con su acto le manifiesta a todo cristiano la radicalidad de su fe.</p>



<p>La película de Beauvois no nos muestra construcciones, sino personas reales. Prueba de ello es su temor, su enojo por tan injusto destino, sus titubeos y sus lágrimas. Todo ello pudo ser obviado por el director y presentarlos como nada menos que santos, pero no fue ese el caso porque no existe nada más falso que un mártir que no sufra. Y que, sin embargo, a pesar del sufrimiento y la grandiosidad de su entrega no es ni una víctima ni un héroe. Algunos comentan que lo que muestra la película es a unos monjes víctimas de un fuego cruzado. No obstante, no es eso lo que el director y los hechos nos presentan.</p>



<p>En&nbsp;<em>De dioses y hombres&nbsp;</em>estamos ante verdaderos mártires, porque tuvieron la opción de evitar el peligro. Privilegio del cual una víctima carece. Asimismo, no fueron héroes porque entregaron la vida sin vislumbrar algún beneficio por tal acto. Desde la mirada de un tercero, sus actos se parecen más al suicidio que a otra cosa. Sin embargo, el concebirlo en este último sentido sería perder de vista el trascendental significado del martirio: el ser testimonio del peso de llevar, por propia decisión, la Cruz y dejarse morir por ella y por la comunidad a la que sirven. Peso que no desaparece así la Iglesia goce de aparente libertad y poder, pero que podría hacerse ligero ante una actitud indiferente y desprovista de amor por la verdad. Esta obra del cine francés nos invita a la reflexión como cristianos, a ver cómo la libertad y la gracia nos permiten hacer con nuestra vida cosas maravillosas por amor.</p>



<p class="has-text-align-right">Melani Betty Mosquera Ramos</p>



<p></p>



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		<title>Recomendaciones del Hay</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/recomendaciones-hay/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Nov 2019 00:49:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Nalvarte Lozada]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace una semana terminó el Hay Festival Arequipa y hay quienes ya lo extrañan. Para hacer más corta la espera de la siguiente edición consulté a algunos de los escritores que participaron para que recomienden algunos libros a los lectores del blog del Departamento de Humanidades de la UCSP y sobre todo a los alumnos [&#8230;]]]></description>
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<p>Hace una semana terminó el Hay Festival Arequipa y hay quienes ya lo extrañan. Para hacer más corta la espera de la siguiente edición consulté a algunos de los escritores que participaron para que recomienden algunos libros a los lectores del blog del Departamento de Humanidades de la UCSP y sobre todo a los alumnos que cursan algún curso del Departamento.</p>



<p>A Luis Hernán Castañeda y a Karina Sainz Borgo les pedí las recomendaciones en el evento que se realizó en el Centro de las Artes de la UCSP en el que fui su interlocutor, por lo que transcribo sus intervenciones. A Ricardo, Stuart y Yero les escribí solicitándole las recomendaciones.</p>



<p><strong>Luis Hernán Castañeda</strong></p>



<p><em>(Nació en Lima en 1982 y vive en Estados Unidos desde el 2006. Es autor de novelas, libros de cuentos y novelas juveniles. Además, se desempeña como profesor de lengua y literatura en el Middlebury College. Su última novela se titula&nbsp;</em>El imperio de las mareas<em>&nbsp;y fue publicada este año por la editorial Alfaguara).</em></p>



<p>Nunca me siento cómodo con la pregunta de recomendar libros porque crea una relación vertical entre quien recomienda y quien recibe la recomendación. Yo creo más bien que los lectores jóvenes deben seguir su instinto, su curiosidad. Lo que debe haber es una disponibilidad de libros por los medios que sea posible para que cada quien pueda saciar su deseo de la forma más anárquica posible. Yo crecí en un hogar en el cual no se me decía «lee esto», «lee lo otro», sino que había simplemente libros y no había libros prohibidos, de forma que las puertas estaban abiertas y yo me fui yendo por donde me llevaba mi propia intuición. Dicho esto, quiero recomendar a un autor que he mencionado ya. Para mi es una figura muy importante y es Mario Levrero, es un autor que se lee poco en el Perú, porque como viejo centro virreinal estamos marcados por la historia, por la política, por el realismo, pero creo que no nos haría mal leer un poco otras cosas y ver que hay autores como Levrero que muestra que la realidad es caleidoscópica. Yo creo que Levrero es un autor que yo si fuera joven leería con mucha pasión, lamentablemente lo descubrí viejo, pero igualmente me gusta mucho.</p>



<p><strong>Karina Sainz Borgo</strong></p>



<p><em>(Nació en Caracas en 1982. Es periodista especializada en temas culturales. Ha publicado los libros de periodismo&nbsp;</em>Caracas hip-hop<em>&nbsp;(Caracas, 2007) y&nbsp;</em>Tráfico y Guaire. El país y sus intelectuales<em>&nbsp;(Caracas, 2007).&nbsp;</em>La hija de la española&nbsp;<em>(2019),</em>&nbsp;<em>su primera novela, ha sido vendida en traducción a veintidós países).</em></p>



<p>Hay libros que si hubiesen llegado a mis manos antes, a mí me hubiesen ahorrado muchos dolores de cabeza al momento de escribir. Yo creo que Nabokov, sobre todo&nbsp;<em>Risa en la oscuridad</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Lolita</em>, pero todavía más&nbsp;<em>Risa en la oscuridad&nbsp;</em>que es un disparo chiquito. En el siglo XX tienes tan inmensos escritores. Faulkner, sin duda alguna. Además, yo llegué a Faulkner gracias a Gabo, gracias a García Márquez. Ahí hay un siglo XX que si tuvieran nada más, no sé, tres meses de vacaciones, intenten con eso. Pero para mí el XIX es muy importante como siglo y creo que no está tan leído como pensamos. Creo que Flaubert, sobre todo&nbsp;<em>Madame Bovary</em>. Creo que el siglo XIX francés y ruso es fundamental. Y que uno no puede llegar a la literatura sin haber leído eso. Creo que en el fondo es cierto, esa idea de que uno se empeña en leer, inicia una y otra vez, inicia el&nbsp;<em>Ulises&nbsp;</em>y no entra, se te cae el libro. Bueno pasa unos años y cuando lees a Vila-Matas, por ejemplo, pasa que consigues llegar al&nbsp;<em>Ulises</em>. Alguien te ha empujado un poquito para llegar. Pero si creo que los lectores no debemos jamás claudicar en los clásicos. Melville, el Melville de&nbsp;<em>Moby Dick</em>. Yo creo que no está tan leído como pensamos, ni&nbsp;<em>Billy Budd&nbsp;</em>también de Melville. Yo soy una entusiasta de los clásicos del siglo XX y XIX porque creo que ahí hay muchas cosas, no solo para ser un escritor… Leer siempre te previene de cierta zafiedad.</p>



<p><strong>Ricardo Sumalavia</strong></p>



<p><em>(Nació en Lima en 1968. Es doctor en la Universidad Michel Montaigne, en Burdeos. Es autor de&nbsp;</em>Enciclopedia mínima&nbsp;<em>(2004),</em>&nbsp;Que la tierra te sea leve&nbsp;<em>(2008),</em>&nbsp;Mientras huya el cuerpo<em>&nbsp;(2012),</em>&nbsp;No somos nosotros&nbsp;<em>(2017),</em>&nbsp;<em>entre otros. Su última novela,</em>&nbsp;Historia de un brazo (2019<em>), ha recibido un amplio elogio de la crítica).</em></p>



<p>-Nona Fernández,&nbsp;<em>La dimensión desconocida</em></p>



<p>-María Fernanda Ampuero,&nbsp;<em>Pelea de gallos</em></p>



<p>-Mario Levrero<em>, La novela luminosa</em></p>



<p>-Pierre Michon,&nbsp;<em>Vidas minúsculas</em></p>



<p>-Leonardo Padura,&nbsp;<em>Adiós Hemingway</em></p>



<p>-Pilar Donoso,&nbsp;<em>Correr el tupido velo</em></p>



<p>-Mariana Enríquez,&nbsp;<em>Los peligros de fumar en la cama</em></p>



<p>-Eloy Tizón,&nbsp;<em>Herida leve.</em></p>



<p><strong>Stuart Flores</strong></p>



<p><em>(Nació en Huancayo en 1986. Estudió periodismo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autor de&nbsp;</em>La muerte es una sombra&nbsp;<em>(cuentos</em>), La velocidad del pánico&nbsp;<em>(novela) y&nbsp;</em>Ele<em>&nbsp;(poemario). Ganador del Premio Copé de Oro 2018).</em></p>



<p>–<em>Los peces no cierran los ojos</em>, de Erri de Luca. Pocas novelas parecen transmitir una ternura extrema. Esta es una de ellas.</p>



<p>–<em>El desierto de los tártaros</em>, de Dino Buzatti. Quizá una de las mejores novelas de la literatura universal. Borges la consideró imprescindible.</p>



<p>–<em>El diablo capataz</em>, de Val Biro. Si bien está etiquetada como literatura infantil, la verdad es que estas narraciones están llenas de un ingenio apto para todo público. Un libro que podría volarte los sesos.</p>



<p>–<em>Sol de Tokio</em>, de Francisco Joaquín Marro. Una joya escondida de la literatura peruana reciente. Sería justo que, al menos en unas décadas, una calle de Lima lleve el nombre de este autor.</p>



<p>–<em>La dimensión desconocida</em>, de Nona Fernández. Quizá una de las mejores ficciones últimas que aborda con mucha originalidad el tema de la dictadura chilena.</p>



<p>–<em>El vano ayer</em>, de Isaac Rosa. Narración atípica dentro de la literatura hispana. Se la define como «novela en marcha»; es decir, la novela que va deconstruyéndose a medida que avanza la trama.</p>



<p>–<em>Cambio de palabras</em>, de César Hildebrandt. Un texto para aprender el arte de la argumentación y las técnicas de la entrevista. El libro que todo aspirante a periodista debería leer.</p>



<p>–<em>Rimbaud el hijo</em>, de Pierre Michon. Una novela breve que sirve como puerta de acceso al escritor más actual, difícil y lírico de Francia.</p>



<p>–<em>Diccionario de literatura. España 1941-1995</em>: de la posguerra a la posmodernidad, de Francisco Umbral. Una enumeración personalísima de conceptos literarios y de escritores. Si bien no es el libro con el que uno debería introducirse a la obra de Umbral, es un texto recomendable para conocer la literatura española a través de la mirada de uno de sus mejores prosistas.</p>



<p>–<em>Técnicas de masturbación entre Batman y Robin</em>, de Efraim Medina Reyes. Un híbrido literario que oscila entre el aforismo, el diario y el ensayo para configurar una «novela» disparatada.</p>



<p><strong>Yero Chuquicaña Saldaña</strong></p>



<p><em>(Nació en Ilo en 1990. Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín. Es autor de&nbsp;</em>Falsos cuentos: Taca Taca<em>&nbsp;y de&nbsp;</em>Peruanos de segunda mano<em>. En 2017 ganó el Premio Nacional de Literatura).</em></p>



<p>-Julio Ramón Ribeyro –&nbsp;<em>La palabra del mudo</em>: La mejor forma de empezar a leer narrativa nacional y no sentirse defraudado. Cada relato mantiene un espacio ganado dentro del imaginario popular y seguirá entreteniendo e inspirando lectores/escritores durante generaciones.</p>



<p>-Mario Vargas Llosa –&nbsp;<em>Conversación en la catedral</em>: Infaltable para comprender el Perú que heredamos y empatizar con el sentir del ciudadano de a pie, desde la precariedad de un espacio común para cualquier parroquiano: un bar.</p>



<p>-Oswaldo Reynoso –&nbsp;<em>Los inocentes</em>: Relatos de collera que te calan hondo como lo harían si te los contaran a viva voz en una esquina. Reynoso también es el Perú y esta colección escueta es suficiente para admirar el poder de su pluma.</p>



<p>-Juan Rulfo –&nbsp;<em>El llano en llamas</em>:&nbsp; Sus páginas relatan asuntos turbios y están impregnadas de fatalidad y redención, pero desde un enfoque poético que pintan la realidad no solo del hombre mexicano, sino del hombre en general. Rulfo es un capo que no necesita contar de más.</p>



<p>-Jorge Luis Borges&nbsp;<em>– Ficciones</em>: Esta colección de relatos motiva una lectura reflexiva desde el arranque. Después de terminar cada cuento uno querrá volver a leerlo, cuantas veces sea necesario, para no perderse ni un solo detalle de la riqueza ni la belleza de la estética del maestro.</p>



<p>-Albert Camus –&nbsp;<em>The Stranger</em>: Punto tras punto, a través de una narrativa honesta y directa, Camus nos conduce hacia el interior del alma y la mente humana. Jamás había sentido tanta suspicacia de mí.</p>



<p>-Ernest Hemingway –&nbsp;<em>The Old Man and the Sea</em>: Un libro que amo, al que regreso cada vez que necesito encontrarme con un viejo conocido para ver qué tanto he cambiado y para recordar que la vida solo cobra pleno sentido si luchamos por ella, desde cualquier ámbito.</p>



<p>-William Faulkner –&nbsp;<em>The Sound and the Fury</em>: La novela más completa y apabullante a la que me he enfrentado. Los puntos de vista, las voces y las técnicas narrativas sobrepasan la historia que, a pesar de ser esencial, afianza el universo literario de Faulkner y su visión de Norteamérica.</p>



<p>-J.D. Salinger –&nbsp;<em>Nine Stories</em>:&nbsp; Me voló la cabeza.</p>



<p>-Raymond Carver –&nbsp;<em>Call Me If You Need Me</em>: Carver escribe cada una de estas historias con mazo y cincel, mientras da forma a una pequeña relación íntima entre autor/lector para luego, sin previo aviso, romperte el corazón o recomponértelo.</p>



<p>11. Chuck Palahniuk – <em>Fight Club</em>: Una de las novelas breves que más veces he leído. Sus imágenes te llegan de golpe y sin parar, formando un enorme collage de momentos extraños y sensaciones que van más de la superficialidad de nuestro aspecto físico o las cosas que poseemos. La primera regla del club de la pelea es hablar con todo el mundo sobre el club de la pelea.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>
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