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	<title>aprendizaje &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Sabiduría, conocimiento, criterio. Educación en aislamiento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2020 20:27:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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					<description><![CDATA[Queridos alumnos: Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, [&#8230;]]]></description>
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<p>Queridos alumnos:</p>



<p>Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, sacar una conclusión válida, cuestionar una afirmación con argumentos, asimilar y hacer suya una enseñanza, encontrar en ella una luz que señala mucho más allá de nosotros mismos.</p>



<p>No somos, queridos amigos, dueños de verdad alguna, somos simples servidores de las verdades que hemos recibido. Nuestro esfuerzo se concentra en amar lo que hemos aprendido, precisarlo de modo que se haga comprensible para ustedes y acercárselo lo más posible usando todos los recursos que podamos. Y hasta allí llegamos. Podemos decir que nuestra vocación es la de hacernos poco a poco más innecesarios para ustedes, pasar nosotros con el tiempo para dejarles una señal que puedan seguir ustedes para crecer como personas que ejercen una profesión al servicio del bien común.</p>



<p>Somos sus maestros por el mérito que nos da la experiencia en la materia que enseñamos. Nuestra autoridad brota de lo que sabemos y se expresa en la capacidad que tenemos de enseñarlo. Y, como autoridad, está toda ella al servicio de ustedes. Tiene sentido en su aprendizaje, no en nuestra enseñanza. Me atrevo a decir que son tres los dones que se nos han dado para, a nuestra vez, dárselos a ustedes: sabiduría, conocimiento y criterio.</p>



<p>La sabiduría es como la tierra fértil que se recibe por la experiencia. Es un don que debemos pedir siempre. No se trata de una acumulación de datos, algún tipo de erudición o astucia. La sabiduría es un tejido de inteligencia que se va acumulando con los años y los esfuerzos por hacer el bien. Hay además una sabiduría propia de la disciplina que estudiamos, una forma de ver el mundo que se obtiene sobre todo con la carrera: no piensa igual, ni sabe lo mismo, un ingeniero que un abogado, un médico que un economista, un científico de la computación que un psicólogo, un sociólogo que un filósofo, un lingüista que un teólogo, un educador que un administrador. Sus objetos de estudio son distintos y por eso complementarios. Ninguna ciencia agota la realidad y solo tiene sentido si hace sabio a quien la cultiva, sabio no solo en la ciencia sino en la vida.</p>



<p>El conocimiento es como el árbol plantado en esa tierra que es la sabiduría. Todo lo leído y acumulado se va fortaleciendo en el maestro. Ha pasado años leyendo, aprendiendo y comparando desarrollos de diversos autores, ha ido engrosando el tronco de lo que sabe de modo que, aunque no lo recuerde todo, sabe dónde está, por lo menos buena parte, de ese todo. Es fácil constatar, sobre todo hoy, que la información está al alcance de todos. Lo difícil y valioso es el arte de discernir qué información es verdadera, relevante y útil para madurar. Y eso es lo que hace maestro a un maestro. Su forma de pensar es este conocimiento que crece con su afición por mejorarlo, engrandecerlo, actualizarlo y compartirlo.</p>



<p>El criterio son los frutos que se cosechan en cada circunstancia. El maestro es también un instructor en el arte de tener criterio, es decir, tener a la mano en el momento preciso tanto el dato como el proceso necesario para resolver un problema concreto, dar una solución, brindar una ayuda, ofrecer un servicio eficaz en su especialidad. El criterio es la semilla que se lleva el alumno y que deberá sembrar en la sabiduría que a su vez va recibiendo en la vida misma. Terminando los cinco años de universidad, el egresado habrá sobre todo aprendido criterio y asimilado conocimiento. La sabiduría solo la habrá contemplado en sus maestros. Él mismo tendrá que cultivar la suya propia.</p>



<p>Queridos alumnos, esta situación que todos vivimos es una ocasión muy especial para que, sobre todo ustedes, experimenten una verdad que se hace más urgente: los responsables finales de su aprendizaje son ustedes mismos. Nosotros respondemos por la enseñanza y el esfuerzo por facilitarles el aprendizaje, pero la responsabilidad de madurar, asimilar, construir su propio conocimiento y desarrollar su propio criterio es de ustedes. Y de nadie más. En ese sentido tienen una deuda con nosotros, sus profesores.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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		<title>De la posverdad a la verdad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/posverdad-verdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Oct 2019 01:28:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Edgard Javier Acosta Agudo]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[aprendizaje]]></category>
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		<category><![CDATA[Verdad. posverdad]]></category>
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<p></p>



<p>El mes pasado, el Observatorio de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey publicó un artículo de Paulette Delgado denominado&nbsp;<em>Enseñanza en la era de la posverdad</em>. Aunque el texto se presta para ser reflexionado desde varios campos de las humanidades o de las ciencias sociales, mi intención es tomarlo solo como referencia para esbozar algunos apuntes particulares sobre la&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;y la verdad.</p>



<p>El texto señala que el vocablo&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;fue elegido por el diccionario de Oxford como la palabra del año 2016, esto significa que fue uno de los términos más sonados; asimismo, la autora presenta la definición que brinda la RAE<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>&nbsp;y la&nbsp;<em>Fundéu&nbsp;</em>BBVA<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>&nbsp;para este término. Ambas definiciones sostienen, como puntos en común, la alteración de la realidad y la opinión alejada de la verdad.</p>



<p>En el sentido griego, el término&nbsp;<em>verdad</em>&nbsp;??????? (alétheia) significa&nbsp;<em>el descubrimiento del ser</em>&nbsp;(Ferrater, 1964). Santo Tomás afirma que&nbsp;<em>toda cosa es verdadera en cuanto que tiene la forma propia de su naturaleza</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Así, la verdad posee un carácter ontológico, es decir, que la realidad goza de una propiedad intrínseca propia de todos los seres y que es otorgada por el acto de ser. Esta verdad puede ser alcanzada por la persona si es que se da una adecuación o correspondencia entre el entendimiento y la realidad, en otras palabras, si la declaración expresada en el juicio afirma lo que son las cosas o declara el ser de las cosas, se alcanza la verdad conocida como&nbsp;<em>verdad lógica</em>.</p>



<p>Las definiciones que plantean la RAE y la&nbsp;<em>Fundéu</em>&nbsp;aciertan al poner de manifiesto que la&nbsp;<em>posverdad</em>&nbsp;elimina la verdad ontológica de la realidad; por ende, altera la verdad lógica, es decir, conduce a la persona a expresar un juicio que no es conforme o adecuado con la realidad. Esta inadecuación entre el entendimiento y la realidad, termina creando una verdad aparente o ficticia: una&nbsp;<em>posverdad</em>.</p>



<p>Este panorama nos bosqueja una visión relativista, pues el negar la verdad propia de la realidad da paso a afirmar una verdad subjetiva que corre el riesgo de caer en error. Recordemos a los sofistas del siglo IV a.C., quienes presentaban una&nbsp;<em>pseudo verdad</em>&nbsp;a través de argumentos que aparentaban ser verdaderos pero que en el fondo eran falaces; o los escépticos, que llegaron a dudar de la posibilidad de conocer la verdad y terminaron por negarla. De la misma manera el sofista de la época actual declara con firmeza que&nbsp;<em>todo es relativo y que no hay verdad absoluta</em>, cayendo en la paradoja de afirmar como absoluto lo relativo.</p>



<p>En la modernidad, Kant descarta la posibilidad de llegar a conocer la realidad en sí misma y Hegel termina por afirmar que no existe. El siglo XX hereda este idealismo que evoluciona hasta convertirse en subjetivismo, constructivismo y mera interpretación. Muchos concluyen que si no existe la realidad solo queda construirla con interpretaciones subjetivas. Este es el caso de Nietzsche que afirma que no existen los hechos sino solo las interpretaciones, o Wittgeinstein, quien sostiene que la realidad es construida mediante los juegos del lenguaje, o Foucault que expone la realidad como una construcción social. Hoy es cada vez más común encontrar esta visión de la realidad. Por ello, Bauman llega a denominar nuestra época como&nbsp;<em>modernidad líquida</em>.</p>



<p>Propio de esta&nbsp;<em>realidad</em>&nbsp;de la&nbsp;<em>modernidad líquida</em>, es el uso difundido del término&nbsp;<em>deconstrucción</em>, postulado por Derrida y que Quevedo (2001) describe como&nbsp;<em>la acción de desordenar y reordenar, desmontar y remontar, poner toda la verdad en cuestión y sospechar de la esencia de las cosas</em>&nbsp;(p.p. 228-229). Quizá Derrida quiere seguir los pasos de Heidegger y otros, al querer destruir la tradición original para dar protagonismo a la&nbsp;<em>posverdad</em>. En ese sentido, habría que analizar el consejo brindado en el segundo párrafo del texto de Paulette Delgado:&nbsp;<em>las escuelas deben ayudar a los estudiantes a deconstruir lo que ven en los medios y las redes sociales</em>.</p>



<p>Al parecer, la autora está invitando a los estudiantes a poner en tela de juicio la verdad fundada en el ser mismo para promulgar su verdad particular. En realidad, habría que hacer todo lo contrario: los maestros debemos orientar a los estudiantes para que reconozcan adecuadamente lo que son las cosas y educarlos para que aprendan a formular juicios que estén en concordancia o conformes a la realidad. En suma, lo que se necesita en el ámbito educativo, es una constante invitación para que los estudiantes dejen las <em>posverdades</em> y vuelvan a la verdad real.</p>



<p class="has-text-align-right">Edgard Javier Acosta Agudo</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p>Delgado, P. (2019).&nbsp;<em>Enseñanza en la era de la posverdad</em>. Recuperado de&nbsp;<a href="https://observatorio.tec.mx/edu-news/enseanndo-en-la-era-de-la-posverdad?rq=posverdad" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Observatorio.tec.mx</a></p>



<p>Ferrater, J. (1964).&nbsp;<em>Diccionario de filosofía.</em>&nbsp;Buenos Aires: Editorial Sudamericana.</p>



<p>Quevedo, A. (2001).&nbsp;<em>De Foucault a Derrida</em>. Pamplona: Ediciones Eunsa.</p>



<p>Tomás de Aquino, S. (2001).&nbsp;<em>Suma Teológica</em>, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>&nbsp;«Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales».</p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a>&nbsp;«Relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal».</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>S. Th. I, q. 16, a.2</p>
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