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	<title>aislamiento &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>La educación es presencial</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/educacion-presencial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2020 20:22:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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<p>En una de las reuniones televisadas (<em>on line</em>&nbsp;dirían en otro idioma&nbsp;<em>exitoso</em>) que se nos han vuelto rutina, un amigo dijo, no sin razón, que la educación es esencialmente&nbsp;<em>presencial</em>.</p>



<p>En ese momento me di cuenta de una de esas cosas obvias cuya profundidad pasa muchas veces desapercibida: la&nbsp;<em>presencia</em>&nbsp;no se agota con la inmediatez física. De hecho, mi amigo estaba presente cuando habló, no era un avatar ni una grabación: habló en tiempo&nbsp;<em>real,</em>&nbsp;desde un lugar&nbsp;<em>real</em>&nbsp;y en una circunstancia&nbsp;<em>real</em>. Y los demás lo escuchamos y vimos de forma&nbsp;<em>real.&nbsp;</em>La única diferencia es que su presencia estaba&nbsp;<em>mediatizada</em>&nbsp;(hablaba a través de un medio) y por ello,&nbsp;<em>deslocalizada</em>&nbsp;(era irrelevante el lugar en el que estaba).</p>



<p>Evidentemente, no es lo mismo hablar con alguien cara a cara o escuchar a un profesor en el aula de clase, que verlo en una pantalla y oírlo por un parlante. Se pierden muchos de los mensajes que las personas transmitimos al ponernos física e inmediatamente ante los demás: cómo nos vestimos, movemos, miramos, enfatizamos o matizamos lo que decimos, la entonación de las palabras, el contacto visual directo (esto sería una&nbsp; nota a pie de página pero como nadie las lee, la pongo acá: considérese también, digo, para no andar por ahí&nbsp;<em>idealizando</em>&nbsp;lo presencial, que también ocurre ese fenómeno llamado&nbsp;<em>presenteísmo</em>&nbsp;por el cual uno está sin estar, sentado en una carpeta con cara de nada).</p>



<p>Sin embargo, a pesar de estas valiosísimas pérdidas que no pueden ser suplidas, también se ganan cosas cuyo valor está por descubrirse con la&nbsp;<em>presencia mediata</em>. Y no son un&nbsp;<em>peor es nada</em>, sino ventajas reales que antes no teníamos en cuenta con suficiente interés. Veamos algunas.</p>



<p><strong>El alcance&nbsp;</strong><em><strong>cuantitativo</strong>&nbsp;</em>se multiplica. Podemos llegar a miles de personas a la vez.</p>



<p><strong>La posibilidad de transmitir ideas se&nbsp;<em>intensifica</em></strong>. Podemos preparar mejor lo que decimos, hacerlo más preciso sin la presión de tener gente presente, mirando nuestra inseguridad. Prescindimos también de los&nbsp;<em>mensajes ruidosos&nbsp;</em>que necesariamente se cruzan en un público físicamente presente: gente que se duerme, caras de no entender, gestos de indiferencia, etc.</p>



<p><strong>La presencia de lo que enseñamos se puede hacer más constante</strong>&nbsp;en la vida de las personas a las que llegamos. Podemos llegar por varios canales y optimizar los mensajes con diversos recursos.</p>



<p><strong>La ilustración y ejemplificación de los contenidos se multiplica</strong>&nbsp;en sus variantes y posibilidades. Podemos usar viñetas, pizarras, música, textos, juegos, vídeos, etc.</p>



<p><strong>El contenido se puede revisar</strong>&nbsp;adecuándose a la circunstancia del alumno. Podemos grabar la clase para que sea revisada cuantas veces sea necesario, podemos recibir sus inquietudes y pensarlas mejor.</p>



<p><strong>Las posibilidades de interacción crecen muchísimo</strong>. Tanto por mensajes de textos, como por audios o a través de la pantalla, tenemos la capacidad de absolver dudas y escuchar personas que probablemente en la clase presencial no habríamos atendido.</p>



<p><strong>Nuestra presencia como profes se&nbsp;<em>democratiza.&nbsp;</em></strong>Estamos al alcance de todos los que se conectan. Y estamos al alcance de la misma manera para todos: la distancia que hay entre su nariz y la pantalla.</p>



<p><strong>Los prejuicios disminuyen</strong>. Al brotar del aislamiento cultural y una suerte de pretensión de superioridad, muchos prejuicios tienden a desaparecer con la presencia de personas de diversos lugares y culturas del mundo.</p>



<p><strong>La situación de enseñar a distancia nos pone en la necesidad de pensar en la&nbsp;<em>experiencia del usuario</em></strong>, un término ya acuñado como UX (dígalo con siglas en inglés y ganará dinero y prestigio, síganme para más consejos) que en realidad es la tradicional empatía o solidaridad que todo profesor, de lo que sea, necesita para enseñar.</p>



<p><strong>Esta misma situación también exige de nosotros pensar en el diseño</strong>&nbsp;(otra expresión&nbsp;<em>anovedosada</em>&nbsp;en inglés:&nbsp;<em>design thinking</em>, síganme para más consejos y bla, bla, bla) de nuestras clases ya no tan concentrados en los contenidos sino en la forma en que los transmitimos. Y, créanme, es muy entretenido hacerlo.</p>



<p><strong>La capacidad del aprendiz se pone a prueba.&nbsp;</strong>En lo presencial inmediato, el aprendiz podía darse el lujo de ser un irresponsable porque él no rema en el bote en el que viaja, lo hace el profesor que todo lo dice, todo lo sabe y de todo se encarga. En la presencia mediata y lo que implica el aprendiz tiene que fijar su propio propósito si quiere aprender.</p>



<p><strong>El tema del contexto social se hace vital en la educación on-line</strong>. ¿Con quién interactúo? ¿De dónde viene? ¿Qué espera? ¿Qué necesita? ¿Qué quiere el joven que está al otro lado de la pantalla? Tenemos muchos recursos para preguntarlo y ellos para decirlo.&nbsp;</p>



<p><strong>La evaluación exige en esta situación el crecimiento y la promoción de la&nbsp;<em>responsabilidad del alumno</em>&nbsp;</strong>y el ingenio del profesor para diseñar formas de ayudarlo a&nbsp;<em>saber cuánto sabe</em>. Evaluar mucho más las capacidades superiores y virtudes intelectuales que los contenidos memorizados.</p>



<p>Eso por ahora. Los dejo, tengo clases presenciales.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>
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		<title>El covid-19 en el ojo de la historia</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/covid19-ojo-historia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2020 18:25:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[A propósito del COVID-19. Dice el viejo adagio: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Y a pesar de esa mala costumbre de considerarnos “especiales” y pensar que nuestras ideas, fracasos y peligros son únicos e irrepetibles, la Historia suele despejar ese ese espejismo que es producto actual de una cultura que asume que todo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A propósito del COVID-19. Dice el viejo adagio: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Y a pesar de esa mala costumbre de considerarnos “especiales” y pensar que nuestras ideas, fracasos y peligros son únicos e irrepetibles, la Historia suele despejar ese ese espejismo que es producto actual de una cultura que asume que todo tiempo futuro es y será mejor.</p>



<p>Los antiguos eran, en ese sentido, más sabios que nuestros contemporáneos. Sabían que existe una naturaleza humana invariable a pesar del tiempo y que, por ello, convenía revisar de vez en cuando el pasado.</p>



<p>Así pues, es innegable que los daños sociales, económicos, culturales y políticos que ha acarreado la propagación del COVID-19 imponen una reflexión continua en todos los ámbitos, a fin de avizorar así una solución a la actual emergencia sanitaria y a sus secuelas.</p>



<p>En ese sentido, la perspectiva histórica permite un rico análisis del presente, acercándose a él con la experiencia que los siglos han aportado a la humanidad en la lucha contra epidemias y plagas. Pretendemos, pues, hacer un recuento de las pandemias que más estragos causaron a la humanidad en unas breves líneas, esperando que cada lector reflexione sobre sus particulares características y efectos, y cómo ellos se asemejan a nuestra actual crisis de salud.</p>



<p>La más antigua plaga que la Historia recuerda con cierta profusión –es decir, ha documentado con cuidado– es la llamada Peste de Atenas. Fue descrita por Tucídides, quien –como Sócrates– sufrió sus embates y sobrevivió para contarla.</p>



<p>La plaga asoló a la célebre ciudad entre los años 430 al 426 a.C., en plena Guerra del Peloponeso. Justamente, el déficit alimentario y el hacinamiento de la población en la ciudad, como consecuencia de la guerra, fue causa de su mayor letalidad. Entre sus víctimas podemos contar ni más ni menos que a Pericles, uno de los más grandes líderes de Atenas e impulsor de la guerra contra Esparta que al final agudizó la enfermedad.</p>



<p>Según Diodoro de Sicilia, la plaga cobró la vida de un tercio de la población. Los relatos de Tucídides nos presentan un cuadro patético: gente lanzándose a los pozos de agua para apagar la sed provocada por la enfermedad, muertos abandonados en las calles y sepulturas rebosantes de cadáveres. Justamente, en el 2002, un grupo de arqueólogos griegos excavaron una fosa común repleta, desordenada y pobremente adornada, datada en tiempos de la epidemia.</p>



<p>En el análisis de ADN de las piezas dentales encontradas en la sepultura se encontraron rastros de&nbsp;<em>Salmonella Typhi</em>, el agente desencadenante de la fiebre tifoidea. Otros investigadores sugieren que, por los síntomas descritos por Tucídides, el tifus o la viruela pudieron haber causado la plaga.</p>



<p>El Imperio Romano, que acercó a los pueblos como nunca se había visto antes, y generó una “globalización” del comercio y las costumbres en la antigüedad, también fue blanco de diversas plagas. Tito Livio, Tácito, Suetonio y Flavio Josefo han sido cronistas de episodios de epidemias en este periodo. Pablo Fuentes, al respecto señala que: “la primera gran plaga, de la que tenemos noticia, data de la época Marco Aurelio”.</p>



<p>Esta se difundió desde la Partia de los Arsácidas por las tropas romanas que asediaban Seleucia en el verano de 165. &nbsp;Otra gran peste se desarrollaría en tiempos del emperador Treboniano Galo (251-253).</p>



<p>No obstante, la mayor plaga en tiempos del Imperio Romano se desarrollaría en el ocaso de éste. Hablamos de la plaga de Justiniano del 500. Las fuentes refieren que un 20% de la población mediterránea falleció a causa de la peste bubónica, alrededor de 30 millones de personas. La plaga habría llegado de oriente (como en la mayoría de las pandemias), quizás desde las estepas de Mongolia. La crisis que generó esta epidemia debilitó el imperio de Justiniano, acelerando su declive y propiciando la invasión de los pueblos eslavos.</p>



<p>La peste negra de mediados de 1300 es considerada la más catastrófica de las pandemias que ha sufrido la humanidad. Ha sido muy estudiada, y sin embargo, sigue fascinando a historiadores como lo hizo con Le Goff y Delumeau, quienes resaltaron el cambio cultural que se desarrolló en torno a ella.</p>



<p>El arte fue impactado por la epidemia y se generaron nuevos géneros y tópicos como la&nbsp;<em>danza macabra</em>&nbsp;o el&nbsp;<em>ars morendi,</em>&nbsp;que se enfocaban obsesivamente en la muerte (como actualmente todo el arte popular viene marcado de alguna u otra manera por el sexo, como ejemplifica muy bien el reggeaton). Delumeau incluso afirma que el cisma protestante de Lutero se origina por la superstición en que cayó la población (deformando el culto tradicional) por miedo a la muerte.</p>



<p>De lo que sí estamos seguros es que también provino de oriente y que mató a un tercio de la población europea. Son desgarradores los cuadros que, en el Decameron, describe Bocaccio sobre la peste en Florencia: cerdos comiendo cadáveres en las calles y ciudades abandonadas al robo y el libertinaje.</p>



<p>Otra gran crisis sanitaria, del nivel de las anteriores, fue la catástrofe demográfica que se produjo luego la conquista europea de América. Hasta ahora hay un debate profuso entre especialistas sobre las cifras.</p>



<p>Noble Cook y Borah señalan que el despoblamiento llegó al 90%. Rosenblat, por su parte, señala que no llegó al 25%. Más allá de ello, es incuestionable la crisis producida por las sucesivas oleadas de enfermedades que llegaron desde Europa desde el descubrimiento de América.</p>



<p>Hablamos de viruela (1519), sarampión (1530), gripe, tos ferina, y un gran etc. Todo el siglo XVI fue testigo de este despoblamiento acelerado producto del contacto con virus y bacterias desconocidos por parte de una población sin inmunidad. Esta catástrofe, según los estudiosos, sería una de las más importantes variables del triunfo de los europeos conquistadores; quienes de manera no consciente o deliberada (como sí lo harían después ingleses, estadounidenses y argentinos) se beneficiaron de una “conquista biológica”.</p>



<p>Son insuficientes estas líneas para agotar un recuento simple de las pandemias que atacaron a la humanidad. Se nos quedan muchas, como la mal llamada “gripe española”; brote de influenza surgido en Rusia y difundido en embarques militares al final de la Primera Guerra Mundial en Francia. Sin embargo, las constantes entre las epidemias son patentes y, esperamos, las lecciones también.</p>



<p class="has-text-align-right">César Belan Alvarado</p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>Sabiduría, conocimiento, criterio. Educación en aislamiento</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/sabiduria-conocimiento-criterio-educacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2020 20:27:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Queridos alumnos: Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, [&#8230;]]]></description>
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<p>Queridos alumnos:</p>



<p>Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, sacar una conclusión válida, cuestionar una afirmación con argumentos, asimilar y hacer suya una enseñanza, encontrar en ella una luz que señala mucho más allá de nosotros mismos.</p>



<p>No somos, queridos amigos, dueños de verdad alguna, somos simples servidores de las verdades que hemos recibido. Nuestro esfuerzo se concentra en amar lo que hemos aprendido, precisarlo de modo que se haga comprensible para ustedes y acercárselo lo más posible usando todos los recursos que podamos. Y hasta allí llegamos. Podemos decir que nuestra vocación es la de hacernos poco a poco más innecesarios para ustedes, pasar nosotros con el tiempo para dejarles una señal que puedan seguir ustedes para crecer como personas que ejercen una profesión al servicio del bien común.</p>



<p>Somos sus maestros por el mérito que nos da la experiencia en la materia que enseñamos. Nuestra autoridad brota de lo que sabemos y se expresa en la capacidad que tenemos de enseñarlo. Y, como autoridad, está toda ella al servicio de ustedes. Tiene sentido en su aprendizaje, no en nuestra enseñanza. Me atrevo a decir que son tres los dones que se nos han dado para, a nuestra vez, dárselos a ustedes: sabiduría, conocimiento y criterio.</p>



<p>La sabiduría es como la tierra fértil que se recibe por la experiencia. Es un don que debemos pedir siempre. No se trata de una acumulación de datos, algún tipo de erudición o astucia. La sabiduría es un tejido de inteligencia que se va acumulando con los años y los esfuerzos por hacer el bien. Hay además una sabiduría propia de la disciplina que estudiamos, una forma de ver el mundo que se obtiene sobre todo con la carrera: no piensa igual, ni sabe lo mismo, un ingeniero que un abogado, un médico que un economista, un científico de la computación que un psicólogo, un sociólogo que un filósofo, un lingüista que un teólogo, un educador que un administrador. Sus objetos de estudio son distintos y por eso complementarios. Ninguna ciencia agota la realidad y solo tiene sentido si hace sabio a quien la cultiva, sabio no solo en la ciencia sino en la vida.</p>



<p>El conocimiento es como el árbol plantado en esa tierra que es la sabiduría. Todo lo leído y acumulado se va fortaleciendo en el maestro. Ha pasado años leyendo, aprendiendo y comparando desarrollos de diversos autores, ha ido engrosando el tronco de lo que sabe de modo que, aunque no lo recuerde todo, sabe dónde está, por lo menos buena parte, de ese todo. Es fácil constatar, sobre todo hoy, que la información está al alcance de todos. Lo difícil y valioso es el arte de discernir qué información es verdadera, relevante y útil para madurar. Y eso es lo que hace maestro a un maestro. Su forma de pensar es este conocimiento que crece con su afición por mejorarlo, engrandecerlo, actualizarlo y compartirlo.</p>



<p>El criterio son los frutos que se cosechan en cada circunstancia. El maestro es también un instructor en el arte de tener criterio, es decir, tener a la mano en el momento preciso tanto el dato como el proceso necesario para resolver un problema concreto, dar una solución, brindar una ayuda, ofrecer un servicio eficaz en su especialidad. El criterio es la semilla que se lleva el alumno y que deberá sembrar en la sabiduría que a su vez va recibiendo en la vida misma. Terminando los cinco años de universidad, el egresado habrá sobre todo aprendido criterio y asimilado conocimiento. La sabiduría solo la habrá contemplado en sus maestros. Él mismo tendrá que cultivar la suya propia.</p>



<p>Queridos alumnos, esta situación que todos vivimos es una ocasión muy especial para que, sobre todo ustedes, experimenten una verdad que se hace más urgente: los responsables finales de su aprendizaje son ustedes mismos. Nosotros respondemos por la enseñanza y el esfuerzo por facilitarles el aprendizaje, pero la responsabilidad de madurar, asimilar, construir su propio conocimiento y desarrollar su propio criterio es de ustedes. Y de nadie más. En ese sentido tienen una deuda con nosotros, sus profesores.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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