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	<title>Arte &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>El Astérix peruano</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/asterix-peruano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Feb 2023 22:50:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Nalvarte Lozada]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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					<description><![CDATA[Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor… Esta es la inolvidable introducción con que empiezan todos los álbumes de Astérix el Galo, una serie de historietas creada por René Goscinny y Albert [&#8230;]]]></description>
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<p>Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor…</p>



<p>Esta es la inolvidable introducción con que empiezan todos los álbumes de Astérix el Galo, una serie de historietas creada por René Goscinny y Albert Uderzo y que con Tintin, Spirou y Fantasio, Lucky Luke y los Pitufos constituyen la cumbre de la tradición del cómic franco-belga. En los álbumes de esta fascinante historieta se narran las aventuras de los habitantes de una aldea gala cercada por campamentos romanos, pero que se resiste a la invasión con la ayuda de una poción mágica que hace que los simpáticos galos tengan una fuerza sobrehumana y sean prácticamente invencibles. El protagonista es Astérix, un galo astuto, habilidoso, valeroso, leal y audaz, que siempre resuelve los problemas apoyado de su incondicional amigo Obélix, un galo grande y algo torpe pero irremediablemente tierno. En el célebre comic, los galos resisten sobre todo porque se niegan a dejar de lado sus tradiciones y asumir las del invasor.</p>



<p>En la historia del Perú existe un episodio y un personaje que bien podrían parangonarse con la historieta del fantástico héroe galo: la resistencia de Antonio Navala Huachaca. Él fue un caudillo indígena proveniente de San José de Iquicha, en Ayacucho, que llegó a ser general del ejército realista durante las guerras de independencia. Cuando el Perú fue invadido por el ejército independentista de San Martín y luego por el de Bolívar, Huachaca, que había jurado defender a su Rey y a la Fe Católica, se opuso fieramente a ellos. Tan fieramente, que cuando cayó el reino y los españoles fueron expulsados del Perú, Huachaca, al mando de un ejército de campesinos huantinos que, apoyado por mujeres y jóvenes, constituyó una auténtica cruzada popular, continuó la lucha con el fin de restaurar la monarquía hispánica. A pesar de la caída de Huanta y de varios fracasos para tomar Huamanga, el irreductible Huachaca mantuvo acciones guerrilleras ¡hasta 1839! cuando luchó por la Confederación Peruano-boliviana, intentando recuperar la majestad perdida para continuar el imperio por otros medios<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>, al servicio del general Andrés de Santa Cruz, encarnación de la romanidad andina.</p>



<p>Cabe destacar el fuerte carácter religioso, contrarrevolucionario y antiliberal de la empresa iquichana. Ellos luchaban contra quienes veían como apóstatas y usurpadores de la religión y de la verdadera autoridad. Se enfrentan a un proyecto de nación que excluía la heterogeneidad del imperio en favor de una identidad criolla homogeneizadora postulada por la burguesía costeña<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<p>A diferencia del pequeño gigante galo de la ficción, nuestro héroe no terminó sus aventuras felizmente en un hermoso y cálido banquete, sino que, antes que ceder ante los anticristos republicanos, prefirió internarse en las selvas de Apurímac, donde vivió hasta su muerte en 1848.</p>



<p>El ejemplo del irreductible caudillo huantino nos obliga a pensar la Independencia desde una perspectiva poco usual: esta no fue un proceso simple, con malos y buenos, explotadores y explotados, y conquistados que expulsaban a los conquistadores. Fue una historia mucho más compleja en la que se mezclan infinidad de intereses políticos, religiosos, sociales e ideológicos. En buena parte, las guerras de independencia fueron auténticas guerras civiles donde peruanos lucharon contra peruanos. Y, como se ve en el caso de Huachaca, también hubo peruanos que resistieron a la independencia.</p>



<p>Estamos en el año 1827 después de Jesucristo. Todo el Perú está ocupada por los independentistas… ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles iquichanos resiste todavía y siempr<a href="https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/humildad-medias-nuevas-navidad/" data-type="link" data-id="https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/humildad-medias-nuevas-navidad/">e al invasor…</a></p>



<p>Bibliografía</p>



<p>Altuve-Febres, F. (2006) La democracia fuerte. Lima: Quinto Reino</p>



<p>Altuve-Febres, F. (1999) «Los últimos estandartes del rey» en Razón Española. N°9. Nov/Dic 1999. Reproducido en: <a href="http://clioperu.blogspot.com/2013/07/historia-de-la-resistencia-indigena.html" target="_blank" rel="noopener">http://clioperu.blogspot.com/2013/07/historia-de-la-resistencia-indigena.html</a></p>



<p>Álvarez, J. (2017) «Antonio Huachaca, el indio que llegó a general del Ejército Real del Perú» en La Brújula Verde: <a href="https://www.labrujulaverde.com/2017/01/antonio-huachaca-el-indio-que-llego-a-general-del-ejercito-real-del-peru" target="_blank" rel="noopener">https://www.labrujulaverde.com/2017/01/antonio-huachaca-el-indio-que-llego-a-general-del-ejercito-real-del-peru</a> Consultado el 12/07/19</p>



<p>Cervera, C. (2019) «El caudillo indígena que se enfrentó a los ‘anticristos’ independentistas de América al grito de ‘¡Viva España!’» en ABC Historia:<a href="https://www.abc.es/historia/abci-caudillo-indigena-enfrento-anticristos-independentistas-america-grito-viva-espana-201904040145_noticia.html" target="_blank" rel="noopener"> https://www.abc.es/historia/abci-caudillo-indigena-enfrento-anticristos-independentistas-america-grito-viva-espana-201904040145_noticia.html</a> Consultado el 11/07/19</p>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a>&nbsp;Altuve-Febres, F. (2006) «La fatalidad republicana» en&nbsp;<em>La democracia fuerte</em>. Lima: Quinto Reino.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a>&nbsp;Altuve-Febres, F. (1999) «Los últimos estandartes del rey» en Razón Española. N°9. Nov/Dic 1999. Reproducido en:&nbsp;<a href="http://clioperu.blogspot.com/2013/07/historia-de-la-resistencia-indigena.html" target="_blank" rel="noopener">http://clioperu.blogspot.com/2013/07/historia-de-la-resistencia-indigena.html</a></p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p></p>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tarde-escritor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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		<title>Los mártires de Argelia</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/martires-argelia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2020 21:31:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Melani Betty Mosquera Ramos]]></category>
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<p>Algunos podrán pensar que hablar de mártires en el mundo contemporáneo es inverosímil. Sin embargo, los siglos XX y XXI siguen siendo testigos de su existencia. La cantidad de personas que dan su vida por fidelidad a sus convicciones, ya sean religiosas o políticas, continúa en aumento en un periodo en el que se esperaba la paz y una armoniosa convivencia en la pluralidad. Lo que ocurre es que, esta idealista y&nbsp;<em>postmoderna</em>&nbsp;perspectiva de la sociedad no será nunca posible mientras la verdad no sea el fundamento de nuestras vidas.</p>



<p>Y es un volver a la verdad a lo que nos invita el mártir. Este no es solo un símbolo de amor a la verdad, sino también un signo de su ausencia. Allí donde aparece un mártir es para cuestionar el surgimiento de un nuevo orden que se encuentra falto de fundamento. De este tipo actualmente hay muchos, por lo que no debería sorprendernos la aparición de un mártir que ponga en cuestión su legitimidad. Porque si hay algo que caracteriza fundamentalmente al mártir es su voluntad para hacer lo que considera moralmente correcto.</p>



<p>El martirio de estos individuos de férrea voluntad llega a nosotros a través de sus propios escritos, fotografías o reliquias y también a través del cine. En esta ocasión comentamos el drama de ocho monjes cistercienses en Argelia en el año 1996. Este es llevado a la gran pantalla por Xavier Beauvois, cuya película nos muestra un contexto violento en el que un corrupto gobierno y un grupo de extremistas islámicos luchan por el poder. En medio del conflicto están los monjes y la pequeña comunidad musulmana con la que conviven.</p>



<p>Se trata de un filme que expresa de modo sencillo la grandeza y profundidad de lo cotidiano. La vida de los monjes se rige por el&nbsp;<em>ora et labora&nbsp;</em>de San Benito. Los vemos cumpliendo con lo propio de una comunidad religiosa, pero a la vez trabajando la tierra, vendiendo sus productos y ayudando a los más necesitados. Asimismo, se observan bellas fotografías del paisaje natural y acercamientos apropiados a las expresiones de los actores, de quienes también vale destacar que se trata de lo mejor del gremio actoral francés.</p>



<p>El conflicto interno argelino que se observa en la película es el acontecimiento que hace surgir el drama interno de cada uno de los monjes, al igual que en los miembros de la comunidad musulmana. Los primeros sienten temor por su vida y preocupación por el destino de aquellos a quienes ayudan. Por otro lado, los segundos, a pesar de vivenciar el mismo temor, se encuentran llenos de esperanza por la presencia de los monjes. Ello se evidencia en el diálogo entre las autoridades religiosas musulmanas y los monjes. En un comentario sobre su estancia en la comunidad, uno de los monjes dice: “somos como pájaros sobre una rama: no sabemos si nos iremos”. Ante ello, una mujer musulmana le responde: “los pájaros somos nosotros y ustedes la rama”.</p>



<p>¿Qué simboliza esta rama? Deducimos que se trata de un sostén, algo firme y perenne: un fundamento. Podría surgir aquí una hipótesis interesante. Marisol López Menéndez, socióloga mexicana, señala que el martirio es un fenómeno complejo que consta de tres elementos: el mártir, sus seguidores y el Estado o status quo. Desde el momento en que los monjes (mártires) captaron el trasfondo de la frase de la mujer (seguidor), pudieron ver el fruto de su labor. Ellos no podían ser pájaros, puesto que el fundamento sobre el que reposaban sus convicciones era una rama firme en el Señor que había hecho de ellos lo mismo. Y sus oponentes (Estado/status quo) lo sabían, y por ello les temían o respetaban.</p>



<p><em>De dioses y hombres&nbsp;</em>es una película en la que el espectador acompaña el drama interno de cada uno de los mártires y puede verificar cómo estos se hacen verdaderamente en su martirio. No obstante, este no es un hacer como el que describe López en su artículo. Ella nos dice que no existen mártires&nbsp;<em>per se</em>, puesto que son una construcción producto de un tercero con la intención de dar sentido a causas sociales específicas y promover la lealtad y la obediencia a status sociales e históricos eventuales. Tal comentario no puede estar más lejos de la realidad del mártir católico.</p>



<p>André Riccardi, historiador italiano, nos introduce su obra&nbsp;<em>El siglo de los mártires&nbsp;</em>aclarando algunos. Entre ellos, la función de los mártires en la memoria de la Iglesia. Riccardi nos señala que el mártir católico no se presenta como víctima de un acto perverso, ni mucho menos para denunciar la violencia o reivindicar una causa. Por el contrario, están ahí para despertar a un mundo cristiano aletargado en la comodidad. El mártir, con su acto le manifiesta a todo cristiano la radicalidad de su fe.</p>



<p>La película de Beauvois no nos muestra construcciones, sino personas reales. Prueba de ello es su temor, su enojo por tan injusto destino, sus titubeos y sus lágrimas. Todo ello pudo ser obviado por el director y presentarlos como nada menos que santos, pero no fue ese el caso porque no existe nada más falso que un mártir que no sufra. Y que, sin embargo, a pesar del sufrimiento y la grandiosidad de su entrega no es ni una víctima ni un héroe. Algunos comentan que lo que muestra la película es a unos monjes víctimas de un fuego cruzado. No obstante, no es eso lo que el director y los hechos nos presentan.</p>



<p>En&nbsp;<em>De dioses y hombres&nbsp;</em>estamos ante verdaderos mártires, porque tuvieron la opción de evitar el peligro. Privilegio del cual una víctima carece. Asimismo, no fueron héroes porque entregaron la vida sin vislumbrar algún beneficio por tal acto. Desde la mirada de un tercero, sus actos se parecen más al suicidio que a otra cosa. Sin embargo, el concebirlo en este último sentido sería perder de vista el trascendental significado del martirio: el ser testimonio del peso de llevar, por propia decisión, la Cruz y dejarse morir por ella y por la comunidad a la que sirven. Peso que no desaparece así la Iglesia goce de aparente libertad y poder, pero que podría hacerse ligero ante una actitud indiferente y desprovista de amor por la verdad. Esta obra del cine francés nos invita a la reflexión como cristianos, a ver cómo la libertad y la gracia nos permiten hacer con nuestra vida cosas maravillosas por amor.</p>



<p class="has-text-align-right">Melani Betty Mosquera Ramos</p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Todo tiempo pasado fue anterior. Literatura de humor para aliviar la cuarentena</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tiempo-pasado-literatura-humor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2020 00:02:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
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<p>Como si no fuera suficiente el aislamiento y las cifras alarmantes, la semana pasada el humor ha recibido otro golpe devastador: la voz profunda y el ingenio iridiscente de Marcos Mundstock, miembro de&nbsp;<em>Les Luthiers</em>&nbsp;y uno de los más geniales cómicos en español, se apagaron a los 77 años. Pareciera que en estos días no hay espacio para la risa y que la gravedad pesará sobre nuestro ánimo por mucho tiempo.</p>



<p>Pero no, no hay que dejarnos vencer por la nostalgia, no podemos pasarnos todo el día añorando los felices tiempos en que el ceviche y el pollo a la brasa no eran manjares inalcanzables y en los que visitar a nuestros familiares no estaba penado por ley. Pensemos, con el inolvidable Mundstock, que&nbsp;<em>todo tiempo pasado fue anterior</em>&nbsp;y encaremos al futuro con una sonrisa. Mejor, con una carcajada.</p>



<p>Por eso quiero recomendar algunos autores y libros que puedan abstraernos un rato de esta realidad deprimente y nos sacudan de la angustia y el hastío. Libros que nos hagan reír y que hagan preguntarse a quien nos mire ¿Qué le pasa este loco? ¿Por qué se contorsiona desenfrenadamente en el suelo con una sonrisa de oreja a oreja? ¿Acaso ha sido atacado por el gas de la risa del Guasón?</p>



<p>Antes de empezar, me pondré dos reglas. La primera, evidentemente, será recomendar solo obras que haya leído y que me hayan causado desde una gustosa sonrisa hasta un ataque de carcajadas. Por lo tanto, son recomendaciones muy personales, tal vez haya a quienes muchas de las obras no les muevan un solo músculo de la cara, pero de seguro habrá alguna que sí, gozo con muchos tipos de humor. La segunda, será no usar la palabra “desopilante”. Pareciera que todos los editores se hayan puesto de acuerdo para que “desopilante” sea el principal adjetivo de los textos de contraportada de la literatura de humor. ¡Menudo desperdicio! Habiendo tantos otros tan bonitos como desternillante, jocoso, hilarante o, mi preferido, descacharrante.</p>



<p>Empecemos dando una rápida repasada por los clásicos de toda la vida para luego detenernos en los más cercanos a nuestros tiempos. Si tuviera que escoger solo un autor de la antigüedad sería definitivamente&nbsp;<strong>Plauto</strong>, Terencio es más profundo pero no tan gracioso y el humor de Aristófanes se aleja mucho de la sensibilidad moderna. Plauto es muy, muy divertido y su humor no ha envejecido casi nada. El lector primerizo encontrara en los enredos de sus comedias ciertos elementos que le harán recordar a lo mejor de Chespirito. Recomiendo&nbsp;<strong>especialmente&nbsp;<em>El soldado fanfarrón</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>Anfitrión</em></strong><em>.&nbsp;</em>Otro autor de latino digno de mención es Lucio&nbsp;<strong>Apuleyo&nbsp;</strong>y su entretenidísima y picante obra&nbsp;<strong><em>El asno de oro</em></strong><em>.</em></p>



<p>Ya finalizando la edad media encontramos al&nbsp;<strong>Arcipreste de Hita</strong>&nbsp;y su&nbsp;<strong><em>Libro del buen amor</em></strong>&nbsp;que tiene partes absolutamente deso… desternillantes, como cuando los sabios griegos se encuentran con los latinos. Eso sí, para leer al Arcipreste es fundamental tener una buena edición que nos permita entender y gozar del español medieval. Yo les recomiendo la de Julio Cejador y Frauca, que no solo es muy correcta sino que también constituye en sí un documento muy divertido ya que el estudioso no puede con su genio y no desaprovecha ocasión para criticar a sus contemporáneos y a los del Arcipreste con calificativos tan jugosos como “boquirrubios ahembrados” y otros del mismo talante<em>.</em></p>



<p>Siguiendo en la literatura española, es imprescindible sumergirse en su tradición picaresca sobre todo en sus dos grandes cumbres:&nbsp;<strong><em>El Lazarillo</em>&nbsp;</strong>y&nbsp;<strong><em>El Buscón</em>&nbsp;</strong>de&nbsp;<strong>Quevedo</strong>, sin desdeñar el&nbsp;<strong><em>Guzmán</em>&nbsp;<em>Alfarache</em>&nbsp;</strong>de&nbsp;<strong>Mateo Alemán</strong>. Tampoco olvidemos las deliciosas comedias de&nbsp;<strong>Lope</strong>,&nbsp;<strong>Calderón</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Tirso</strong>. De este último les invoco a que lean&nbsp;<strong><em>El vergonzoso en palacio</em></strong>. Desde luego, en español tenemos una de las obras más divertidas de la historia:&nbsp;<strong>El Quijote</strong>. Pero ¿qué podríamos decir de ella que no se haya dicho ya? ¿O que sí se haya dicho?</p>



<p>Para terminar con los clásicos de todos los tiempos revisemos dos franceses y dos irlandeses. El primero de los franceses es el sin par&nbsp;<strong>Rabelais</strong>. Rabelais es a la literatura lo que el Bosco a la pintura, un autor rarísimo y totalmente desmesurado en el que lo medieval y lo moderno están chocando y explotando constantemente. Las largas listas de juegos infantiles y de libros nunca escritos y las singularísimas y descacharrantes aventuras que encontramos en los libros de&nbsp;<strong><em>Gargantúa y Pantagruel</em></strong>&nbsp;de Rabelais depararán al lector muchas horas de risas y desconcierto. El otro autor francés es Jean Baptiste de Poquelin&nbsp;<strong>Molière</strong>. Molière es el autor que me abrió las puertas de la literatura cuando estaba en el colegio (junto a Oswaldo Reynoso, como a cualquier peruano de mi generación o de las seis generaciones precedentes). Acostumbrado a leer mecánica y obligadamente libros que no me decían nada, fui sorprendido y quedé boquiabierto con&nbsp;<em>El Avaro</em>&nbsp;de Molière. A mis catorce años no podía creer que estuviera carcajeándome de cosas que habían sido escritas 350 años antes. Luego, me pasaba las ferias del libro buscando más obras del francés hasta que descubrí que a la mayoría de ellas puede accederse fácilmente en internet. Disfrute singularmente&nbsp;<strong><em>El médico a palos</em></strong><em>,&nbsp;<strong>El enfermo imaginario</strong>&nbsp;</em>y&nbsp;<strong><em>El burgués gentilhombre</em></strong><em>.&nbsp;</em>&nbsp;Los dos irlandeses son&nbsp;<strong>Jonathan Swift</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Lawrence Sterne</strong>. El primero (que alcanzo la inmortalidad por&nbsp;<em>Los viajes de Gulliver</em>, una de las más grandes obras de la literatura universal) tiene un humor negrísimo, una muestra de este es&nbsp;<strong><em>Una modesta proposición</em></strong>&nbsp;donde plantea que para mitigar la pobreza de Irlanda se debería vender a los niños pobres a los ricos para que estos se los coman. El segundo es creador de una obra mayúscula:&nbsp;<strong><em>Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy</em></strong><em>,&nbsp;</em>una especie de&nbsp;<em>How I met your mother&nbsp;</em>pero de una época en la que el ingenio y la creatividad no habían sido llevadas a niveles tan bajos. En esta obra, Sterne pretende contarnos la vida de Tristam Shandy en primera persona, pero se pierde en tantas disgresiones divertidas y disparatadas que su nacimiento no ocurre hasta el libro III y desaparece como personaje en el libro VI.</p>



<p>Ahora sí, llegamos al siglo XX. Y lo primero que notamos es la calidad del humor producido en Inglaterra. La editorial española Anagrama editó en 2009 una antología titulada&nbsp;<em>El mejor humor inglés</em>, que es una excelente puerta para acercarnos a unos autores y a una tradición humorística verdaderamente extraordinaria. Entre los autores que aparecen en la antología y que merecen ser tenidos en cuenta para pasar tardes, noches y madrugadas de risas encontramos a&nbsp;<strong>Saki</strong>, seudónimo de Hector Hugh Munro, un cuentista deslumbrante y prodigioso, cuyos cuentos pueden generar adicción. Entre los que más me hicieron reír están&nbsp;<strong><em>La ventana abierta, Hermann el Irascible- La historia de la gran llorera, La tortilla bizantina</em></strong>&nbsp;o&nbsp;<strong><em>El método&nbsp; Schartz-Metterklume</em></strong>. Saki tuvo la mala suerte de morir en una trinchera, abatido por un francotirador, la mañana del 14 de noviembre de 1916 mientras le gritaba a un compañero “¡Apaga ese maldito cigarrillo!”. Es por eso que es posible encontrar la mayor parte de su obra libre en internet. Un gran admirador de Saki fue&nbsp;<strong>Tom Sharpe</strong>&nbsp;el autor de la desternillante saga de&nbsp;<strong><em>Wilt</em></strong>, cinco libros en las que un triste y abúlico profesor de humanidades se mete en muchísimos problemas y desgracias y equívocos que nos deparan carcajadas a montones. Otros libros a tener en cuenta de Sharpe son&nbsp;<strong><em>Reunión tumultuosa</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>Exhibición impúdica</em></strong>, ambos ambientados en la Sudáfrica del apartheid y protagonizados por policías acomplejados y torpes. Con un humor más sútil, encontramos a&nbsp;<strong>Evelyn Waugh</strong>, autor de una novela satírica sobre el periodismo verdaderamente genial:&nbsp;<strong><em>¡Noticia bomba!</em></strong>, otros títulos de Waugh a los que darles una oportunidad son&nbsp;<strong><em>Merienda de negros</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Decadencia y caída</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>Cuerpos Viles.</em></strong>&nbsp;Todavía en Inglaterra encontramos a&nbsp;<strong>Douglas Adams</strong>&nbsp;y su famosísima&nbsp;<strong><em>Guía del autoestopista galáctico</em>,&nbsp;</strong>que mereció adaptaciones radiales y cinematográficas. En ella la Tierra es demolida por encontrarse en medio de una nueva vía de circunvalación estelar, pero el protagonista, Arthur Dent, es salvado por su amigo Ford Prefect, un extraterrestre infiltrado, que lo conduce a un montón de jocosas aventuras intergalácticas. Una genial combinación de humor y ciencia ficción.</p>



<p>Para mí el mejor de los escritores humorísticos ingleses es, sin lugar a dudas,&nbsp;<strong>P. G. Wodehouse</strong>. Habiendo crecido en un ambiente en el que el humor está tan asociado a la chabacanería y habiendo gustado tanto desde muy joven del humor negro y del humor absurdo, nunca creí que me gustaría tanto un humor tan blanco. Wodehouse crea un mundo idílico lleno de aristócratas ingleses de segunda clase, tías insoportables, mayordomos sumamente ingeniosos, lechuguinos despreocupados, estrellas de Hollywood decadentes, dueños de fábricas de galletas de perros y tantos otros personajes entrañables que nos hacen abstraernos de la realidad y permanecer durante todo lo que dura la lectura de sus libros con una dulce y agradecida sonrisa. Todo lo que escribió Wodehouse es precioso, pero sobre todo me gustan sus novelas&nbsp;<strong><em>Tío Fred en Primavera</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Guapo, rico y distiguido</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Luna llena</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Mal tiempo</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Fiebre Primaveral</em></strong>, las novelas del ciclo de Jeeves y Bertie Wooster (<strong><em>De acuerdo, Jeeves</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Jubilo Matinal</em></strong>,&nbsp;<strong><em>¡Gracias, Jeeves!</em></strong>,&nbsp;<strong><em>El código de los Wooster</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Jeeves y el espíritu feudal</em></strong>). Aunque también sus cuentos son extraordinarios, sobre todo los que aparecen en&nbsp;<strong><em>Jovencitos con botines</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Ola de crímenes en el castillo de Blandings</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>El inimitable Jeeves</em></strong>.</p>



<p>Cruzando el atlántico encontramos los jocosísimos relatos de&nbsp;<strong>S. J. Perelman</strong>&nbsp;y de&nbsp;<strong>Woody Allen</strong>. Pero si un autor estadounidense me ha encandilado en la vida ha sido&nbsp;<strong>John Kennedy Toole</strong>.&nbsp;<strong><em>La conjura de los necios&nbsp;</em></strong>es digna de presentarse como una de las grandes obras maestras de la literatura del siglo XX y qué divertida que es. La novela cuenta las desventuras de Ignatius J. Really, un rechoncho treintón que vive con su madre en la carnal ciudad de Nueva Orlens. Ignatius, un particular tomista, es abrumado por la fealdad del mundo moderno y se embarca en una serie de disparatadas cruzadas en las que se mezcla con una caterva particularísima de personajes dispuestos a arrancarnos miles de carcajadas.</p>



<p>Si lo que el lector prefiere es el humor en nuestra lengua, mi recomendación es la de los autores de La otra Generación del 27. Los contemporáneos a García Lorca, Damaso Alonso y compañía, pero que no se dedicaron a renovar la poesía española, sino el humor. Los discípulos de Ramón Gómez de la Serna. Sobre todo&nbsp;<strong>Enrique Jardiel Poncela</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Miguel Mihura</strong>. El primero es creador de un teatro que rebosa ingenio y chispa y que es tan adictivo como las papas&nbsp;<em>Pringles</em>&nbsp;o las pastillas de chocolate de&nbsp;<em>La Ibérica</em>, uno simplemente no puede leer solo una. Mis favoritas son&nbsp;<strong><em>Usted tiene ojos de mujer fatal</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Los ladrones somos gente honrada</em></strong>,&nbsp;<strong><em>Angelina o el honor de un brigadier</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>Eloísa está debajo de un almendro</em></strong><em>.&nbsp;</em><strong>Mihura</strong>&nbsp;es un verdadero genio, un adelantado a su tiempo y su comedia&nbsp;<strong><em>Tres sombreros de copa</em>&nbsp;</strong>lo demuestra con creces. Teatro del absurdo, veinte años de que se inventara el teatro del absurdo. Todo su teatro es fascinante, pero, además de&nbsp;<em>Tres sombreros de copa</em>, es indispensable leer&nbsp;<strong><em>El caso de la mujer asesinadita&nbsp;</em></strong>que escribe en colaboración con Álvaro de la Iglesia. Mihura también es un prodigio del relato corto y cualquier cosa que hay escrito es necesario leerla. Ahora me acuerdo de su desconcertante y divertidísimo relato&nbsp;<strong><em>Hijos noruegos</em></strong>&nbsp;que se puede encontrar en línea. Otro digno representante de esta generación de humoristas españoles es&nbsp;<strong>Edgar Neville</strong>, que además de relatos muy hilarantes, tiene una comedia singularmente bella titulada&nbsp;<strong><em>El baile</em></strong>, de la que se puede encontrar en YouTube una puesta en escena hecha para la televisión española. De unas generaciones anteriores a estos genios del humor es&nbsp;<strong>Pedro Muñoz Seca</strong>, autor de&nbsp;<strong><em>La venganza de don Mendo</em>&nbsp;</strong>una chispeante farsa medieval con una versificación espléndida y un sentido del humor desternillante. Don Pedro murió fusilado en Paracuellos del Jarama en una de las tantas matanzas perpetradas por la genocida segunda república española. Poco antes soltó unas palabras a sus asesinos que demuestran que este monárquico y católico ferviente no perdió el sentido del humor ni en la hora final: «Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso— como estáis al hacer— mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡El miedo que tengo ahora mismo!»</p>



<p>En español, también encontramos al singularísimo cubano&nbsp;<strong>Guillermo Cabrera Infante</strong>, miembro del llamado&nbsp;<em>Boom latinoamericano</em>. Cuyos&nbsp;<strong><em>Tres tristes tigres</em></strong>&nbsp;es una explosión del lenguaje exquisita y sumamente disfrutable. Sus juegos de palabras difícilmente dejarán sin sonreír a cualquiera.</p>



<p>Todavía en el ámbito de las lenguas romances encontramos al italiano&nbsp;<strong>Giovannino Guareschi&nbsp;</strong>y su saga de&nbsp;<strong><em>Don Camilo</em></strong><em>,&nbsp;</em>un cura rural italiano que se enzarza en unas muy singulares y divertidas disputas con el alcalde comunista de la localidad<em>.&nbsp;<strong>Don Camilo y los jóvenes de hoy</strong></em>&nbsp;es un documento importantísimo, además de cómico, para entender los profundos cambios culturales y eclesiales que siguieron al mayo del 68 y al Vaticano II.</p>



<p>Si apostamos por tierras un poco más remotas podemos referirnos a tres autores eslavos: el ruso&nbsp;<strong>Arkadi Averchenko</strong>, el checo&nbsp;<strong>Jaroslav Hašek</strong>&nbsp;y el polaco<strong>&nbsp;Slawomir Mrozek</strong>, fallecido hace pocos años. Averchenko fue llamado por sus contemporáneos “El Rey de la Risa” y bien merecido lo tenía, es autor de un gran puñado de cuentos que no pueden escapar del curioso lector de literatura humorística. Aparte de los que se encuentran en internet, hay una muy buena antología chilena de sus cuentos titulada&nbsp;<strong><em>El crimen de la actriz Maryskina y otros cuentos.</em></strong>&nbsp;<strong>Hašek&nbsp;</strong>ha sido editado por importantes editoriales españolas y no es difícil encontrar&nbsp;<strong><em>Las aventuras del buen soldado Švejk</em></strong><em>,&nbsp;</em>un libro de unas 700 páginas, continuamente comparado con el Quijote y que relata las aventuras de un soldado bastante limitado intelectualmente en la primera guerra mundial y las consecuencias de su imposibilidad por entender el lenguaje figurado. Pero si hay un autor eslavo al que le tengo que agradecer algo es a&nbsp;<strong>Slawomir Mrozek</strong>, autor de más de&nbsp; una centena de cuentos absolutamente geniales y contundentes que en menos de dos caras son capaces de dejarnos boquiabiertos y sonriendo a la vez. Su humor absurdo retrata la aún más absurda realidad de la Polonia comunista. Ha sido editado en español por la editorial Acantilado y para empezar con él recomiendo<strong><em>&nbsp;La vida para principiantes&nbsp;</em></strong>y&nbsp;<strong><em>Magacín radiofónico.</em></strong></p>



<p>Otros dos autores que no podía escapar a esta ya bastante largo artículo son los judíos&nbsp;<strong>Moyshe Kulbak</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Albert Cohen</strong>. En&nbsp;<strong><em>Los Zelmenianos</em></strong>, Kulbak, natural de Bielorrusia, presenta de manera hilarante el conflicto entre dos generaciones de miembros de una familia divididos por la revolución rusa. El suizo&nbsp;<strong>Albert Cohen</strong>&nbsp;crea una muy entrañable pandilla de judíos provenientes de la isla de Cefalonia que con sus negocios y con sus locas ideas se envuelven en las más descacharrantes situaciones. Podemos seguirles la pista en las novelas&nbsp;<strong><em>Los esforzados</em></strong>&nbsp;y&nbsp;<strong><em>Comeclavos,</em></strong>&nbsp;donde aparecen como personajes principales, y en&nbsp;<strong><em>Bella del Señor</em></strong>, donde aparecen como secundarios.</p>



<p>Pero si lo que el lector prefiere es el producto nacional, el teatro de humor en el Perú republicano tiene dos grandes columnas:&nbsp;<strong>Felipe Pardo&nbsp;</strong>y&nbsp;<strong>Manuel Ascensio Segura</strong>, que aún hoy nos sacan buenas carcajadas. Pero yo quisiera exhortar al lector para que lea a otro autor, que sin estar olvidado (sus obras se ponen en escena recurrentemente) merece más atención:&nbsp;<strong>Leonidas Yerovi</strong>, un versificador genial con un sentido del humor absolutamente brillante, demostrado tanto en sus comedias (<strong><em>Domingo siete</em></strong>,&nbsp;<strong><em>La salsa roja</em></strong>,&nbsp;<strong><em>La de cuatro mil</em></strong>&nbsp;o su irrepresentable e impúdico&nbsp;<strong><em>Don Juan</em></strong>) como en su poesía festiva.</p>



<p>En el Perú tenemos una muy buena tradición de literatura cómica que, más allá del inevitable Sofocleto, desemboca en una gran variedad de autores como&nbsp;<strong>Alfredo Bryce</strong>&nbsp;(sobre todo&nbsp;<strong><em>La vida exagerada de Martín Romaña</em></strong>), el&nbsp;<strong>Vargas Llosa</strong>&nbsp;de&nbsp;<strong><em>Pantaleón y las visitadoras</em></strong>&nbsp;y de&nbsp;<strong><em>La tía Julia y el escribidor</em></strong>&nbsp;(el más interesante a mi modo de ver),&nbsp;<strong>Luis Freire</strong>&nbsp;(<strong><em>El führer de la niebla</em></strong>),&nbsp;<strong>Gianni Biffi</strong>&nbsp;(<strong><em>Su póliza no cubre esta eventualidad, Sr. Samsa</em></strong>) o&nbsp;<strong>Pierre Castro</strong>&nbsp;(sobre todo en su segundo libro,&nbsp;<strong><em>Orientación vocacional</em></strong>).</p>



<p>En fin, creo que he dejado un buen puñado de recomendaciones como para que esta cuarentena nos dure un par de años más y aún sigamos con la sonrisa en los labios.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>



<p></p>



<p><br><br></p>
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			</item>
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		<title>Crónica: Poesía en el pasillo</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cronica-poesia-pasillo/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 26 Nov 2019 17:43:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
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<p>El pasado viernes el campus de la universidad se llenó de luz con <em>Poesía en el pasillo</em>, el ya conocido evento del Departamento de Humanidades. Es una actividad pensada, organizada y promovida por nuestro profesor César Belan que, dada la acogida que tuvo en años anteriores, se está convirtiendo en una curiosa, y valiosa, tradición.</p>



<p>El evento está concebido como una irrupción sorpresiva de la poesía, la literatura y las artes en la vida de los transeúntes. Cantantes, poetas y escritores, todos profesores y alumnos de la UCSP convocados por los organizadores, se animaron a correr el riesgo. El efecto suele ser paulatino. Alguno se detiene primero, luego otro, y otros más, se ponen a escuchar, hasta que de pronto se hace silencio, las palabras van cargándose de energía, la música convoca, anuncia y denuncia, los cuentos conmueven y la poesía evoca, como siempre, lo más alto y lo más hondo del que lee y del que escucha.</p>



<p>Además de los participantes previamente convocados, se hace un <em>micrófono abierto</em> a través del cual, alumnos y profesores de las diferentes carreras, administrativos o cualquier otra persona que simplemente pasa por ahí, comparten sus creaciones e interpretaciones. En esta edición, varios se animaron a leernos, tanto poesías terminadas de gran calidad, como borradores escondidos, o textos de autores conocidos que los han impresionado. Se puede así ver el proceso creativo y el anhelo que todos, de una u otra manera, tenemos de comunicar lo que pensamos, sentimos y hacemos.</p>



<p>El profesor José Chávez, de la Facultad de Derecho, leyó algunos de sus poemas publicados; el profesor Juan Carlos Nalvarte, del Departamento de Humanidades, leyó cuentos y poesías suyas y textos célebres de literatos reconocidos como Antonio Cisneros; el profesor Enrique Gordillo, de la carrera de Educación, nos dio una lectura muy aguda y sentida del trabajo de Cesar Vallejo, expresando su admiración por el gran poeta peruano; el profesor Manuel Rodríguez, generó varias sonrisas cómplices con la lectura de algunos de sus cuentos inéditos.</p>



<p>Por primera vez tuvimos “Haikus”, poemas muy breves y profundos, que fueron recitados por nuestra profesora Ana Cecilia Quispe y también presentados en forma escrita a lo largo del pasillo para que nuestra comunidad los pueda leer y dar una opinión sobre ellos. Hubo muy buenos comentarios.</p>



<p>El elenco de música dirigido por el profesor Gonzalo Maldonado presentó zambas argentinas y música criolla. Las interpretaciones vocales de Deborah Rodríguez, Nicole Marchani, Milagros Zapana y Ángela Indacochea, fueron impecables y conmovedoras, una pequeña muestra del gran talento que hay en la Universidad. Estuvieron acompañadas por Renato Vargas, Miguel Tarqui, Gabriel Hancco y Luis Palomino en los instrumentos. Mil gracias, muchachos.</p>



<p>Finalmente, el evento sirvió también para convocar a concurso <em>Piedra blanca sobre piedra blanca</em> que todos los años organiza el Departamento de Humanidades. Se puede ver las bases aquí: https://ucsp.edu.pe/humanidades/concurso-literario-piedra-blanca-sobre-piedra-blanca/</p>



<p>Esperamos que, como toda tradición que se arraiga en la profundidad del alma, tanto <em>Poesía en el pasillo</em>, como el concurso <em>Piedra blanca sobre piedra blanca</em> sigan creciendo y convocando a todos los que, de una forma u otra, quieran compartir poesías, cantos o cuentos, y, con ellos, la riqueza más grande e importante de todas: el amor que se plasma en el arte y le da sentido a la vida.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Ignacio Angulo Cuba</p>



<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Recomendaciones del Hay</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/recomendaciones-hay/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Nov 2019 00:49:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Nalvarte Lozada]]></category>
		<category><![CDATA[Arequipa]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace una semana terminó el Hay Festival Arequipa y hay quienes ya lo extrañan. Para hacer más corta la espera de la siguiente edición consulté a algunos de los escritores que participaron para que recomienden algunos libros a los lectores del blog del Departamento de Humanidades de la UCSP y sobre todo a los alumnos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hace una semana terminó el Hay Festival Arequipa y hay quienes ya lo extrañan. Para hacer más corta la espera de la siguiente edición consulté a algunos de los escritores que participaron para que recomienden algunos libros a los lectores del blog del Departamento de Humanidades de la UCSP y sobre todo a los alumnos que cursan algún curso del Departamento.</p>



<p>A Luis Hernán Castañeda y a Karina Sainz Borgo les pedí las recomendaciones en el evento que se realizó en el Centro de las Artes de la UCSP en el que fui su interlocutor, por lo que transcribo sus intervenciones. A Ricardo, Stuart y Yero les escribí solicitándole las recomendaciones.</p>



<p><strong>Luis Hernán Castañeda</strong></p>



<p><em>(Nació en Lima en 1982 y vive en Estados Unidos desde el 2006. Es autor de novelas, libros de cuentos y novelas juveniles. Además, se desempeña como profesor de lengua y literatura en el Middlebury College. Su última novela se titula&nbsp;</em>El imperio de las mareas<em>&nbsp;y fue publicada este año por la editorial Alfaguara).</em></p>



<p>Nunca me siento cómodo con la pregunta de recomendar libros porque crea una relación vertical entre quien recomienda y quien recibe la recomendación. Yo creo más bien que los lectores jóvenes deben seguir su instinto, su curiosidad. Lo que debe haber es una disponibilidad de libros por los medios que sea posible para que cada quien pueda saciar su deseo de la forma más anárquica posible. Yo crecí en un hogar en el cual no se me decía «lee esto», «lee lo otro», sino que había simplemente libros y no había libros prohibidos, de forma que las puertas estaban abiertas y yo me fui yendo por donde me llevaba mi propia intuición. Dicho esto, quiero recomendar a un autor que he mencionado ya. Para mi es una figura muy importante y es Mario Levrero, es un autor que se lee poco en el Perú, porque como viejo centro virreinal estamos marcados por la historia, por la política, por el realismo, pero creo que no nos haría mal leer un poco otras cosas y ver que hay autores como Levrero que muestra que la realidad es caleidoscópica. Yo creo que Levrero es un autor que yo si fuera joven leería con mucha pasión, lamentablemente lo descubrí viejo, pero igualmente me gusta mucho.</p>



<p><strong>Karina Sainz Borgo</strong></p>



<p><em>(Nació en Caracas en 1982. Es periodista especializada en temas culturales. Ha publicado los libros de periodismo&nbsp;</em>Caracas hip-hop<em>&nbsp;(Caracas, 2007) y&nbsp;</em>Tráfico y Guaire. El país y sus intelectuales<em>&nbsp;(Caracas, 2007).&nbsp;</em>La hija de la española&nbsp;<em>(2019),</em>&nbsp;<em>su primera novela, ha sido vendida en traducción a veintidós países).</em></p>



<p>Hay libros que si hubiesen llegado a mis manos antes, a mí me hubiesen ahorrado muchos dolores de cabeza al momento de escribir. Yo creo que Nabokov, sobre todo&nbsp;<em>Risa en la oscuridad</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Lolita</em>, pero todavía más&nbsp;<em>Risa en la oscuridad&nbsp;</em>que es un disparo chiquito. En el siglo XX tienes tan inmensos escritores. Faulkner, sin duda alguna. Además, yo llegué a Faulkner gracias a Gabo, gracias a García Márquez. Ahí hay un siglo XX que si tuvieran nada más, no sé, tres meses de vacaciones, intenten con eso. Pero para mí el XIX es muy importante como siglo y creo que no está tan leído como pensamos. Creo que Flaubert, sobre todo&nbsp;<em>Madame Bovary</em>. Creo que el siglo XIX francés y ruso es fundamental. Y que uno no puede llegar a la literatura sin haber leído eso. Creo que en el fondo es cierto, esa idea de que uno se empeña en leer, inicia una y otra vez, inicia el&nbsp;<em>Ulises&nbsp;</em>y no entra, se te cae el libro. Bueno pasa unos años y cuando lees a Vila-Matas, por ejemplo, pasa que consigues llegar al&nbsp;<em>Ulises</em>. Alguien te ha empujado un poquito para llegar. Pero si creo que los lectores no debemos jamás claudicar en los clásicos. Melville, el Melville de&nbsp;<em>Moby Dick</em>. Yo creo que no está tan leído como pensamos, ni&nbsp;<em>Billy Budd&nbsp;</em>también de Melville. Yo soy una entusiasta de los clásicos del siglo XX y XIX porque creo que ahí hay muchas cosas, no solo para ser un escritor… Leer siempre te previene de cierta zafiedad.</p>



<p><strong>Ricardo Sumalavia</strong></p>



<p><em>(Nació en Lima en 1968. Es doctor en la Universidad Michel Montaigne, en Burdeos. Es autor de&nbsp;</em>Enciclopedia mínima&nbsp;<em>(2004),</em>&nbsp;Que la tierra te sea leve&nbsp;<em>(2008),</em>&nbsp;Mientras huya el cuerpo<em>&nbsp;(2012),</em>&nbsp;No somos nosotros&nbsp;<em>(2017),</em>&nbsp;<em>entre otros. Su última novela,</em>&nbsp;Historia de un brazo (2019<em>), ha recibido un amplio elogio de la crítica).</em></p>



<p>-Nona Fernández,&nbsp;<em>La dimensión desconocida</em></p>



<p>-María Fernanda Ampuero,&nbsp;<em>Pelea de gallos</em></p>



<p>-Mario Levrero<em>, La novela luminosa</em></p>



<p>-Pierre Michon,&nbsp;<em>Vidas minúsculas</em></p>



<p>-Leonardo Padura,&nbsp;<em>Adiós Hemingway</em></p>



<p>-Pilar Donoso,&nbsp;<em>Correr el tupido velo</em></p>



<p>-Mariana Enríquez,&nbsp;<em>Los peligros de fumar en la cama</em></p>



<p>-Eloy Tizón,&nbsp;<em>Herida leve.</em></p>



<p><strong>Stuart Flores</strong></p>



<p><em>(Nació en Huancayo en 1986. Estudió periodismo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autor de&nbsp;</em>La muerte es una sombra&nbsp;<em>(cuentos</em>), La velocidad del pánico&nbsp;<em>(novela) y&nbsp;</em>Ele<em>&nbsp;(poemario). Ganador del Premio Copé de Oro 2018).</em></p>



<p>–<em>Los peces no cierran los ojos</em>, de Erri de Luca. Pocas novelas parecen transmitir una ternura extrema. Esta es una de ellas.</p>



<p>–<em>El desierto de los tártaros</em>, de Dino Buzatti. Quizá una de las mejores novelas de la literatura universal. Borges la consideró imprescindible.</p>



<p>–<em>El diablo capataz</em>, de Val Biro. Si bien está etiquetada como literatura infantil, la verdad es que estas narraciones están llenas de un ingenio apto para todo público. Un libro que podría volarte los sesos.</p>



<p>–<em>Sol de Tokio</em>, de Francisco Joaquín Marro. Una joya escondida de la literatura peruana reciente. Sería justo que, al menos en unas décadas, una calle de Lima lleve el nombre de este autor.</p>



<p>–<em>La dimensión desconocida</em>, de Nona Fernández. Quizá una de las mejores ficciones últimas que aborda con mucha originalidad el tema de la dictadura chilena.</p>



<p>–<em>El vano ayer</em>, de Isaac Rosa. Narración atípica dentro de la literatura hispana. Se la define como «novela en marcha»; es decir, la novela que va deconstruyéndose a medida que avanza la trama.</p>



<p>–<em>Cambio de palabras</em>, de César Hildebrandt. Un texto para aprender el arte de la argumentación y las técnicas de la entrevista. El libro que todo aspirante a periodista debería leer.</p>



<p>–<em>Rimbaud el hijo</em>, de Pierre Michon. Una novela breve que sirve como puerta de acceso al escritor más actual, difícil y lírico de Francia.</p>



<p>–<em>Diccionario de literatura. España 1941-1995</em>: de la posguerra a la posmodernidad, de Francisco Umbral. Una enumeración personalísima de conceptos literarios y de escritores. Si bien no es el libro con el que uno debería introducirse a la obra de Umbral, es un texto recomendable para conocer la literatura española a través de la mirada de uno de sus mejores prosistas.</p>



<p>–<em>Técnicas de masturbación entre Batman y Robin</em>, de Efraim Medina Reyes. Un híbrido literario que oscila entre el aforismo, el diario y el ensayo para configurar una «novela» disparatada.</p>



<p><strong>Yero Chuquicaña Saldaña</strong></p>



<p><em>(Nació en Ilo en 1990. Estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín. Es autor de&nbsp;</em>Falsos cuentos: Taca Taca<em>&nbsp;y de&nbsp;</em>Peruanos de segunda mano<em>. En 2017 ganó el Premio Nacional de Literatura).</em></p>



<p>-Julio Ramón Ribeyro –&nbsp;<em>La palabra del mudo</em>: La mejor forma de empezar a leer narrativa nacional y no sentirse defraudado. Cada relato mantiene un espacio ganado dentro del imaginario popular y seguirá entreteniendo e inspirando lectores/escritores durante generaciones.</p>



<p>-Mario Vargas Llosa –&nbsp;<em>Conversación en la catedral</em>: Infaltable para comprender el Perú que heredamos y empatizar con el sentir del ciudadano de a pie, desde la precariedad de un espacio común para cualquier parroquiano: un bar.</p>



<p>-Oswaldo Reynoso –&nbsp;<em>Los inocentes</em>: Relatos de collera que te calan hondo como lo harían si te los contaran a viva voz en una esquina. Reynoso también es el Perú y esta colección escueta es suficiente para admirar el poder de su pluma.</p>



<p>-Juan Rulfo –&nbsp;<em>El llano en llamas</em>:&nbsp; Sus páginas relatan asuntos turbios y están impregnadas de fatalidad y redención, pero desde un enfoque poético que pintan la realidad no solo del hombre mexicano, sino del hombre en general. Rulfo es un capo que no necesita contar de más.</p>



<p>-Jorge Luis Borges&nbsp;<em>– Ficciones</em>: Esta colección de relatos motiva una lectura reflexiva desde el arranque. Después de terminar cada cuento uno querrá volver a leerlo, cuantas veces sea necesario, para no perderse ni un solo detalle de la riqueza ni la belleza de la estética del maestro.</p>



<p>-Albert Camus –&nbsp;<em>The Stranger</em>: Punto tras punto, a través de una narrativa honesta y directa, Camus nos conduce hacia el interior del alma y la mente humana. Jamás había sentido tanta suspicacia de mí.</p>



<p>-Ernest Hemingway –&nbsp;<em>The Old Man and the Sea</em>: Un libro que amo, al que regreso cada vez que necesito encontrarme con un viejo conocido para ver qué tanto he cambiado y para recordar que la vida solo cobra pleno sentido si luchamos por ella, desde cualquier ámbito.</p>



<p>-William Faulkner –&nbsp;<em>The Sound and the Fury</em>: La novela más completa y apabullante a la que me he enfrentado. Los puntos de vista, las voces y las técnicas narrativas sobrepasan la historia que, a pesar de ser esencial, afianza el universo literario de Faulkner y su visión de Norteamérica.</p>



<p>-J.D. Salinger –&nbsp;<em>Nine Stories</em>:&nbsp; Me voló la cabeza.</p>



<p>-Raymond Carver –&nbsp;<em>Call Me If You Need Me</em>: Carver escribe cada una de estas historias con mazo y cincel, mientras da forma a una pequeña relación íntima entre autor/lector para luego, sin previo aviso, romperte el corazón o recomponértelo.</p>



<p>11. Chuck Palahniuk – <em>Fight Club</em>: Una de las novelas breves que más veces he leído. Sus imágenes te llegan de golpe y sin parar, formando un enorme collage de momentos extraños y sensaciones que van más de la superficialidad de nuestro aspecto físico o las cosas que poseemos. La primera regla del club de la pelea es hablar con todo el mundo sobre el club de la pelea.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Carlos Nalvarte Lozada</p>
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		<title>¿Se puede recrear la música del pasado?</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/puede-recrear-musica-pasado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Sep 2019 17:36:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Maldonado Chauca]]></category>
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					<description><![CDATA[A pesar del entusiasmo de algunos académicos e intérpretes por explorar la música de siglos pasados, existen varios obstáculos que impiden una comprensión de estos repertorios. Dado que la música existe principalmente en la interpretación, y antes de que sea posible grabar sonidos a fines del siglo XIX, todas las presentaciones se perdieron en el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A pesar del entusiasmo de algunos académicos e intérpretes por explorar la música de siglos pasados, existen varios obstáculos que impiden una comprensión de estos repertorios. Dado que la música existe principalmente en la interpretación, y antes de que sea posible grabar sonidos a fines del siglo XIX, todas las presentaciones se perdieron en el momento en que terminaron. No podemos viajar en una máquina del tiempo para descubrir cómo sonaba la música en el siglo XVIII o antes. En cambio, los estudiosos y los artistas intérpretes o ejecutantes deben confiar en fuentes escritas, que inevitablemente dan un panorama incompleto.</p>



<p>Se registró poco sobre la música de antes del siglo XIX, si es que se hizo. Esto incluye muchas de las técnicas de interpretación para instrumentos y voces; los extensos repertorios improvisados, ya sea música de baile, música instrumental, música popular de la calle, la taberna y el campo. Los rastros de esta rica cultura auditiva a veces se pueden reconstruir a partir de fuentes como ilustraciones o diarios. Las pinturas y grabados pueden mostrar a las personas de los conjuntos instrumentales, mientras que los diarios como el que Samuel Pepys llevó en Londres en la década de 1660 describen la música que se escucha en las calles.</p>



<p>En cuanto a las técnicas de interpretación y canto, sobrevive una cantidad variable de información, aunque los tratados que describen las habilidades de interpretación se publicaron a partir del siglo XVI en adelante, estos solían ser para aficionados y, por lo tanto, solo cubren técnicas básicas. Los músicos profesionales solían mantener sus habilidades en secreto, compartiéndolas solo con aprendices para proteger el estado de su profesión; de hecho, muchos libros de la época decían que la única forma de aprender a cantar o tocar adecuadamente era imitar a un maestro. Estos consejos refuerzan la importancia de aprender de oído en los siglos pasados, una opción que no está disponible hoy, ya que nunca podremos escuchar cómo sonaban los músicos antes del siglo XIX.</p>



<p>Las composiciones del siglo XVIII y anteriores se conservan en manuscritos y ediciones impresas de la época. Sin embargo, la notación musical de la época está lejos de ser un registro exhaustivo de cómo sonaba la música. Para los ojos modernos, la notación de repertorios anteriores a menudo parece incompleta. Además, antes del siglo XIX, la música rara vez se veía como valiosa una vez que había cumplido su propósito inmediato; Una actitud común era que “nada es más inútil que la música antigua” entonces sólo una fracción de la música que fue escrita sobrevive. Muchos manuscritos fueron comida de ratones y polillas, otros fueron quemados por accidente o a propósito, o desmembrados y utilizados para encuadernar libros nuevos.</p>



<p>Debido a lo descrito anteriormente no es sorprendente que se pierdan grandes cantidades de música. Algunos estudiosos estiman que entre el 80 y el 90 por ciento de los manuscritos medievales ya no existen. Se sabe que se pierden numerosas piezas individuales: nada sobrevive de la segunda ópera Arianna (1608) de Claudio Monteverdi, aparte del famoso lamento; y alrededor de cien de las cantatas de Johann Sebastian Bach probablemente están perdidas. Innumerables otras piezas sobreviven incompletas, con una o más partes de voz o líneas instrumentales que faltan.</p>



<p>Debido a estos vacíos en el registro anotado, los musicólogos son demasiado conscientes de lo poco que se sabe sobre la música del pasado. Estudiar repertorios anteriores es como intentar hacer un rompecabezas sin la mitad de las piezas. Por lo tanto, los académicos y los artistas por igual deben adoptar un enfoque informado pero creativo: debemos imaginar cómo fue el pasado, porque nunca podemos saberlo exactamente. Muchos artistas, de hecho, se sienten atraídos por repertorios anteriores por el desafío de reconstruirlos de manera convincente.</p>



<p>Incluso si fuera posible recrear el pasado exactamente, hay razones estéticas y filosóficas por las cuales tal recreación sería indeseable. Las actuaciones actuales deben apelar a los gustos actuales. Aunque los oyentes de hoy pueden educarse para cambiar sus gustos, pertenecen al siglo XXI y escuchan los primeros repertorios en el contexto de los siglos posteriores de música.</p>



<p>La relación entre el gusto actual y el rendimiento históricamente informado también está expuesta por la investigación sobre los estilos de ejecución de principios del siglo XX, tal como se conserva en las primeras grabaciones. Estas grabaciones han sido estudiadas por Robert Philip (1992), quien identifica gestos tales como el uso intensivo de portamento, el uso ahorrativo de vibrato y la precipitación de notas cortas. Tales características no son del gusto actual y, en general, no han sido emuladas por los intérpretes actuales de la música de principios del siglo XX. Las primeras grabaciones son evidencia no solo de la rapidez con que los estilos de rendimiento pueden cambiar, lo que refuerza el valor de la investigación en estilos de época, sino también de cómo algunos elementos del pasado permanecen ajenos a los oídos modernos.</p>



<p>Si pudiéramos viajar en el tiempo para escuchar las actuaciones del siglo XVIII, también es probable que encontremos algunos aspectos desagradables para nosotros. Los artistas de hoy deben respetar el gusto predominante (aunque también pueden tratar de influir en él) y tener convicción en lo que hacen; No sería auténtico ni honesto para sí mismos como artistas imitar aspectos del pasado que no les gustaban. Aquí se puede ver que los objetivos de los académicos y los artistas no son los mismos. Los académicos admiten las incertidumbres y vacíos en nuestro conocimiento del pasado. Por el contrario, los artistas intérpretes o ejecutantes, como dice la cantante Susan Hellauer, “se ven obligados a tomar decisiones musicalmente viables. Como a menudo digo, no se puede cantar una nota al pie”</p>



<p class="has-text-align-right">Gonzalo Omar Maldonado Chauca</p>
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		<title>Sobre el Cantar de los pueblos vencidos</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cantar-pueblos-vencidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Sep 2019 01:03:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Agradezco la invitación de César Belan. Es para mí un honor que me haya considerado capaz de hacer un comentario de presentación de su&nbsp;<em>Cantar de los pueblos vencidos</em>.</p>



<p>La poesía es una especie de rumia interna hecha de sonidos, silencios, olores, música, recuerdos. Un conjunto de experiencias contemplativas que se condensa en el alma como la nieve en las cumbres, para ir uniéndose poco a poco, como esos pequeños arroyos que, viniendo de diversos nevados, terminan juntos haciendo un caudaloso río que se hace incontenible y se vuelca en escritura. Pero el poema no es la escritura, la letra escrita es sólo un instrumento, como un esqueleto, una indicación que, como una partitura, despierta en el alma del lector una figura, una evocación, el dictado de&nbsp;<em>no sé qué buen color</em>&nbsp;que diría Vallejo. Así, intenta hacer que el lector vuelva, corriente arriba, a contemplar las nieves eternas que dieron origen al poema.</p>



<p>El&nbsp;<em>Cantar de los pueblos vencidos&nbsp;</em>nos coloca desde el título en la tradición de los viejos cantares de gesta con los que encontraron su voz primigenia las lenguas romances:&nbsp;<em>El mío Cid</em>,&nbsp;<em>Orlando Furioso</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La chanson de Roland</em>. Estos referentes escoltan el título del poemario en una especie de broma del autor. Y tal vez por eso es que hay algo de ironía con fuerte sabor a&nbsp;<em>Quijote</em>, en esta&nbsp;<em>gesta del derrotado</em>&nbsp;que canta César Belan. Y uno se pregunta: ¿Por qué cantaría alguien una derrota? Tal vez porque su apariencia de pérdida es solo la imagen de una gran victoria. Y esa es una indudable evocación de la cruz que inspira la vida del autor y su poemario. Esa es la nieve eterna de la que desciende este río. La cita de Unamuno lo evoca como confirmando la intención:</p>



<p><em>¿Que vence, eso que se llama</em></p>



<p><em>vencer, mientras nosotros somos los vencidos?</em></p>



<p><em>Enhorabuena. Y basta. Porque para mí, el hacerme otro,</em></p>



<p><em>rompiendo la unidad y la continuidad de la vida,</em></p>



<p><em>es dejar de ser el que soy, es decir, sencillamente,</em></p>



<p><em>dejar de ser.</em></p>



<p><em>&nbsp;</em>A mí, un iletrado en poesía, me recuerda fuertemente el final de ese viejo himno que tronaba en la inigualable voz de Luis Álvarez:</p>



<p><em>Y cuando los diarios digan:</em><em><br>el Perú perdió en fútbol,<br>el Perú país pobre,<br>vino otro terremoto,<br>se secaron los ríos,<br>se enlodan los políticos,<br>bajó el sol, se perdió la cosecha,<br>repicaremos desde el fondo de los huesos,<br>el grito poderoso de los hombres de esta tierra,<br>cargada de coraje y de optimismo para decir;<br>como si arrojáramos balas:<br>¡Viva el Perú Carajo!¡Viva el Perú Carajo!<br>¡Viva el Perú Carajo! ¡Viva el Perú Carajo!<br>¡Viva el Perú Carajo!</em></p>



<p>Se trata de un canto de fidelidad a pesar de todo. Ese es el argumento general que, me parece, sostiene todo el poemario, desde el primero que lo abre hasta el último que lo cierra: el amor por la patria que va más allá de victorias, derrotas y demás accidentes de la historia, porque el amor tiene una raíz mucho más honda, ajena a toda coyuntura, exactamente como ocurre en una familia que no puede deshacerse de nadie, en ella cabe el tío borracho, el hijo desagradecido, la abuela amargada, el padre ausente y la madre sobreprotectora, la quiebra financiera, los destierros, los éxitos y todos los fracasos.</p>



<p>Como color, tesitura o tono, el poemario es enteramente barroco. Y eso es tan lógico como la vida misma, cargada como viene de una diversidad casi infinita de realidades que hacen una sola realidad y se acogen como una sola verdad, que, como tal, está abierta a comprenderlo todo en una combinación perfecta de elasticidad y firmeza, ambas absolutas, como en esa vieja figura de la espada toledana. Como en las portadas o los altares de las iglesias que el autor ha visitado, no lo dudo, innumerables veces, el texto tiene partes aparentemente inconexas, trozos de historia personalísima cosidos a viejas historias virreinales y misioneras, trágicas noticias de actualidad, paisajes de puna y cuentos extranjeros. En una palabra: todo lo que contiene la tradición.</p>



<p>Con el atrevimiento que me ha dado esta invitación, haré una especie de recorrido muy personal por el poemario. El primer poema sobre el barroco convertido en trinchera que huele a madera, cola y cera de vela, de pronto se convierte en una crónica de tristeza viril por la ciudad hispana destruida y mal carnavaleada para clamar por una&nbsp;<em>lex</em>&nbsp;que provenga de la&nbsp;<em>lux</em>, en medio del desierto de inteligencia y selva de brutalidad de nuestras calles de los que da cuenta ese increíble fascímil de parte policial que contiene el libro; salta a la puna lacustre y sus pueblos costeros helados y azulados por el Titicaca; bordea la costa peruana hasta el fatídico&nbsp;<em>Pasamayo</em>&nbsp;en un par de páginas como de humor negro, llenas de indignación y tristeza por la inhumanidad de lo chicha, lo mediocre y grasiento de la indiferencia humana porque&nbsp;<em>las mezquindades nacionales abordaron el vehículo</em>; cruza el Atlántico a llorar el sufrimiento de antepasados croatas, de albahacas nostálgicas hundidas en el mar; se hace autorretrato parlanchín y de barrio&nbsp;<em>arequipense</em>&nbsp;para, después de otras peripecias que se me escapan, terminar con&nbsp;<em>la escritura de Dios en (el) silencio</em>&nbsp;que es la lengua y la patria de los vencidos-vencedores, la más honda identidad, probablemente el único rasgo del cielo que nos queda en este pobre y confuso mundo.</p>



<p>Libro difícil el de Belan ¿Lo recomiendo? Por supuesto, sobre todo porque reta, desafía, sorprende y requiere trabajo, paciencia y crecimiento. Con él tuve una suerte de experiencia arqueológica. Parecida a entrar en las cuevas de&nbsp;<em>Sumbay</em>, mirar los petroglifos de&nbsp;<em>Toro muerto</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Miculla</em>, o, más cercano, tratar de interpretar lo que uno encuentra en un altar barroco: sorpresa ante el descubrimiento, seguimiento de pistas, algunas sin salida que quedaron para mí incomprensibles, guiños en otros idiomas que me hicieron reír y dudar, interpretaciones de todo tipo, algunas más creíbles que otras, hipótesis del tipo&nbsp;<em>Qué rayos es esto y qué hace acá</em>, expresiones cuyo contexto escapa y se eleva, encuentro con cosas muy conocidas y añejas. Y todo haciendo una unidad comprensible y conmovedora, la unidad del ser y la vida que está detrás de todas las experiencias únicas, irrepetibles y parciales.</p>



<p>Leyéndolo volví a la misma conclusión de siempre, como en esa lección que hace ya varios años leí en mi ejemplar de&nbsp;<em>Ortodoxia</em>&nbsp;de Chesterton (al final soy solo un hombre de pocos libros leídos muchas veces): emprender un viaje en busca de lo desconocido y terminar en la sala de mi casa, planear la más revolucionaria revolución y terminar en la ortodoxia más ortodoxa. Y mi verdad es esta: la vida es barroca. La de Belan y la mía, y la tuya, y la suya, y la de ellos, y la de todos, y la de cada uno de los seres humanos, porque al final somos básicamente lo que de nosotros dicen las primeras páginas del Génesis:&nbsp;<em>“Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.&nbsp;</em><em>Varón y hembra los creó…”</em>. Y ese es el&nbsp;<em>buen color</em>&nbsp;que me ha susurrado este texto.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>
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		<title>La elocuencia de lo inefable: el alzacuello de George Herbert</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/elocuencia-inefable-alzacuello/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Aug 2019 01:03:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Eduardo Llaza Corrales]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/?p=613</guid>

					<description><![CDATA[La poesía nace de la resistencia de la imaginación contra el asalto de la realidad.[1]&#160;El poeta, al convertirla en objeto, proyecta el lenguaje hacia las exigencias propias del mundo que lo rodea y desde el cual el poema es conjurado.[2]&#160;Es decir, cuando el eje de las imágenes se yuxtapone al de la experiencia cotidiana, el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La poesía nace de la resistencia de la imaginación contra el asalto de la realidad.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn1" target="_blank" rel="noopener">[1]</a>&nbsp;El poeta, al convertirla en objeto, proyecta el lenguaje hacia las exigencias propias del mundo que lo rodea y desde el cual el poema es conjurado.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn2" target="_blank" rel="noopener">[2]</a>&nbsp;Es decir, cuando el eje de las imágenes se yuxtapone al de la experiencia cotidiana, el poema constituye una recompensa satisfactoria.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn3" target="_blank" rel="noopener">[3]</a>&nbsp;Se convierte, como señala Seamus Heaney, ‘en otra verdad a la cual podemos recurrir, ante la cual podemos reconocernos de manera más plena y fortalecida’.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn4" target="_blank" rel="noopener">[4]</a></p>



<p>Esta difícil e imprescindible adecuación es atribuida, por T. S. Eliot, no sólo a Dante sino también a los llamados poetas metafísicos del siglo diecisiete, herederos de Shakespeare, Marlowe y demás dramaturgos del dieciséis.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn5" target="_blank" rel="noopener">[5]</a>&nbsp;Si bien el término poesía metafísica resulta impreciso (y, por lo tanto, engañoso) y el trabajo de estos poetas es distinto entre sí, existe un elemento común entre ellos: todos, sin excepción, a través de un lenguaje cristalino y elegante, evidencian un anhelo por la emoción espiritual más intensa. John Donne o Andrew Marvell son excelentes ejemplos de esta adecuación entre imagen, realidad experimentada y emoción. No obstante, es George Herbert (1593–1633) quien, al empujar la transparencia del lenguaje hasta el extremo, mejor la ilustra.</p>



<p>Vigor y sensatez, así como&nbsp;<em>via media</em>&nbsp;entre exquisitez y vulgaridad<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn6" target="_blank" rel="noopener">[6]</a>&nbsp;hacen de la poesía de este sacerdote anglicano nacido en Gales un logro artístico pleno. Sus poemas son transmutaciones inteligentes<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn7" target="_blank" rel="noopener">[7]</a>&nbsp;de la experiencia de los apetitos físicos y las necesidades espirituales en emoción artística. A través de un minucioso tejido de dualidades, las líneas del poeta se convierten en caminos; la provisión, en cosecha; la fruta, en vino y sangre; la espina, en corona; la corona, en guirnalda; la soga, en cadena; el yugo, en amor y libertad. Así, la voz que George Herbert imprime en sus poemas posee la habilidad de tratar lo inefable con una elocuencia sin par.</p>



<p>‘The Collar’<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn8" target="_blank" rel="noopener">[8]</a>, tal vez su pieza más famosa, es un excelente ejemplo de esta correlación entre imagen y experiencia. El título se refiere al alzacuello que llevan los sacerdotes, aunque no está exento de connotaciones cercanas a yugo, propiedad y libertad reprimida. Simplificando el poema al máximo, el hablante despotrica contra su modo de vida para luego redescubrirse llamado y, por supuesto, amado. Como en todo buen poema, la fortaleza de ‘Alzacuello’ (como se ha titulado la traducción que acompaña este comentario) reside no sólo en lo dicho, sino sobre todo en lo sugerido.</p>



<p>Si bien las deficiencias del traductor se interponen entre el poema y el lector, hay ciertos elementos poéticos que sobreviven la acción de todo advenedizo. Esto es posible, sobre todo, gracias a que el hablante maneja un lenguaje simple cuyo lirismo surge con absoluta naturalidad. Por ende, cualquier mérito que esta versión en castellano de&nbsp;<em>The Collar</em>&nbsp;pueda tener se debe sólo a la inconmensurable calidad del poema en su idioma original:</p>



<p>alzacuello</p>



<p>Golpeé la mesa y grité, Basta.</p>



<p>Me marcho.</p>



<p>¿He de por siempre sufrir y suspirar?</p>



<p>Mi verso y vida, libres como el camino</p>



<p>y el viento y grandes como el abasto.</p>



<p>¿Seguir así y en este traje?</p>



<p>¿Por mies no tengo sino espinas</p>



<p>y me desangro sin curar las heridas</p>



<p>que por la fruta cordial contraje?</p>



<p>Sí, había vino</p>



<p>que mis suspiros secaron: había grano</p>



<p>que mis lágrimas ahogaron.</p>



<p>¿El tiempo, sólo para mí perdido?</p>



<p>¿Tengo laureles para adornarlo?</p>



<p>¿Flores, guirnaldas? ¿Todo consumido,</p>



<p>devastado?</p>



<p>No es así, corazón mío: existe fruto,</p>



<p>tienes dos manos.</p>



<p>Recupera tus años de suspiros,</p>



<p>doble delicia: deja la fría disputa</p>



<p>de lo que es recto y lo que no.</p>



<p>Deja la jaula, soga de arena</p>



<p>y mezquindad, que te encadena,</p>



<p>que, si no ciñe, tira,</p>



<p>sé tú la ley que antes</p>



<p>al pestañear no viste.</p>



<p>Presta atención:</p>



<p>Me marcho.</p>



<p>Guarda ese cráneo: tus miedos ata.</p>



<p>El que dimite</p>



<p>para servir a su apetito</p>



<p>gana su carga.</p>



<p>Y así, al despotricar con tanta ira,</p>



<p>a toda voz,</p>



<p>me pareció que me llamaban:&nbsp;<em>Hijo</em>.</p>



<p>Yo respondí:&nbsp;<em>Mi Dios</em>.</p>



<p>La dramática experiencia retratada en ‘Alzacuello’ parte de la injuria y se dirige al consuelo. El hablante, poseedor de una técnica exquisita, emplea la mayor parte de su vigor poético en una especie de lucha contra la lucha diaria y pospone la calma hasta los cuatro versos finales. Si bien retrata una crisis personal (común no sólo a la vida de los clérigos, sino a la de todas las personas conscientes de sí mismas), el alcance del poema supera el pretexto sobre el cual es creado; es decir, puede ser leído como una manera de lidiar con la contingencia de los planes personales contra (acaso bajo) la presión de la realidad misma.</p>



<p>El efecto del poema surge de la fluidez del lenguaje; sus idas y venidas, que, en adecuación perfecta con la estructura, insuflan vida en el texto. Si bien el hablante se mueve en distintas direcciones, no pierde de vista su centro. Estos cruces y vaivenes, inherentes al trabajo del Herbert, son, como señala Heaney, ‘ejecutados con tal simetría que son experimentados cual culminaciones’.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn9" target="_blank" rel="noopener">[9]</a>&nbsp;Por lo tanto, si la elevada tensión del poema hace de cada palabra y verso un acontecimiento inevitable, cada pausa del hablante contiene en sí misma un impulso por continuar el movimiento; lo cual otorga al poema facultades de organismo autónomo.</p>



<p>De ahí que sea tan riesgoso hablar de la simplicidad del poeta. La combinación de su franqueza y el sonido prístino de su expresión permiten al lector observar el mundo desde arriba sin dejar de estar dentro de él. No obstante, ni la lucidez de su exposición ni el tenor de su voz deberían disminuir el respeto del lector por la inteligencia de Herbert.<a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftn10" target="_blank" rel="noopener">[10]</a>&nbsp;Basta detenerse en el cierre del poema, en los cuatros versos de alivio, para descubrir la fineza de emoción lograda en ‘The Collar’. El poeta no adorna los versos, sino que se vale de sintaxis, tempo y rima para dar vida al fuego que en el corazón se enciende cuando el amor revela el brillo de la fe y de la esperanza:</p>



<p>Y así, al despotricar con tanta ira,</p>



<p>a toda voz,</p>



<p>me pareció que me llamaban:&nbsp;<em>Hijo</em>.</p>



<p>Yo respondí:&nbsp;<em>Mi Dios</em>.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref1" target="_blank" rel="noopener">[1]</a>&nbsp;Wallace Stevens,&nbsp;<em>The Necessary Angel</em>, Faber and Faber, Londres, 1984, p. 36.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref2" target="_blank" rel="noopener">[2]</a>&nbsp;T. S. Eliot sostiene que ‘[n]uestra civilización comprende gran variedad y complejidad, y esta variedad y complejidad, al afectar una sensibilidad refinada, producirá resultados tan varios como complejos’, en ‘The Metaphysical Poets’,&nbsp;<em>Selected Essays</em>, Faber and Faber, Londres, 1999, pp. 281-91 (p. 289).</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref3" target="_blank" rel="noopener">[3]</a>&nbsp;Para profundizar más respecto de esta adecuación ver ‘coordinates of the imagined thing’ en Seamus Heaney, ‘The Reddress of Poetry’, en&nbsp;<em>The Reddress of Poetry: Oxford Lectures</em>, Faber and Faber, Londres, 1995, pp. 1-16 (p. 8); y ‘objective correlative’ en T. S. Eliot, ‘Hamlet’, Op. cit., pp. 141-46 (p. 145).</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref4" target="_blank" rel="noopener">[4]</a>&nbsp;Ibid.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref5" target="_blank" rel="noopener">[5]</a>&nbsp;T. S. Eliot, ‘The Metaphysical Poets’, Op. cit., pp. 287-88.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref6" target="_blank" rel="noopener">[6]</a>&nbsp;Seamus Heaney, Op. cit. p. 9.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref7" target="_blank" rel="noopener">[7]</a>&nbsp;Inteligentes y no intelectuales. En palabras del señor Pound: ‘He escrito expresamente “inteligencia” y no “intelecto”. No existe inteligencia sin emoción.’ Ezra Pound, ‘T. S. Eliot’,&nbsp;<em>Literary Essays</em>, New Directions, Nueva York, 2009, pp. 418-22 (p. 420).</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref8" target="_blank" rel="noopener">[8]</a>&nbsp;George Herbert,&nbsp;<em>The Temple</em>, Penguin Classics, Londres, 2017, p. 238-39.&nbsp;<a href="https://www.poetryfoundation.org/poems/44360/the-collar" target="_blank" rel="noreferrer noopener">También disponible en línea.</a></p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref9" target="_blank" rel="noopener">[9]</a>&nbsp;Op. cit. p. 10.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/la-elocuencia-de-lo-inefable-el-alzacuello-de-george-herbert/#_ftnref10" target="_blank" rel="noopener">[10]</a>&nbsp;Heaney, Op. cit. p. 14.</p>



<p class="has-text-align-right">Carlos Eduardo Llaza Corrales</p>
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		<title>Juego de tronos : mitología y redención</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/juego-tronos-mitologia-redencion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Jun 2019 21:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Flores-Castro Lingán]]></category>
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					<description><![CDATA[El fenómeno que representó&#160;Juego de Tronos&#160;ha llegado a su fin y nos deja lecciones para reflexionar. Dejando de lado críticas como el abuso de escenas pornográficas, la violencia explícita o el apresurado final de la última temporada, creo que la serie tiene una complejidad suficiente, ofreciéndonos algunas enseñanzas. En primer lugar, la necesidad mitológica de [&#8230;]]]></description>
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<p>El fenómeno que representó&nbsp;<em>Juego de Tronos</em>&nbsp;ha llegado a su fin y nos deja lecciones para reflexionar. Dejando de lado críticas como el abuso de escenas pornográficas, la violencia explícita o el apresurado final de la última temporada, creo que la serie tiene una complejidad suficiente, ofreciéndonos algunas enseñanzas.</p>



<p>En primer lugar, la necesidad mitológica de nuestra época. El mito es un discurso basado en la tradición y la leyenda, que busca explicar el universo; es decir, proporcionar una cosmovisión, dar un sentido a la vida. De acuerdo con el psicólogo clínico Jordan B. Peterson, una verdadera historia mitológica se caracteriza porque es posible hablar de ella una y otra vez sin acabar de comprender su&nbsp;<em>para qué</em>, siendo una fuente inagotable de significado. Creo que&nbsp;<em>Juego de Tronos</em>&nbsp;tiene esa característica, primordialmente porque su autor, George R. R. Martin, escribió la novela sin estar seguro de hacia dónde iba a parar la trama ni el destino de sus personajes.</p>



<p>Por otro lado, nuestra época se caracteriza por la pérdida del sentido, asignando mayor valor a la técnica que a la sabiduría, a las ciencias empíricas que a la filosofía y la teología, a la economía y sus resultados que al&nbsp;<em>logos</em>&nbsp;y su significado. Una vida así no merece ser vivida, es una vida vacía que no tiene un norte, algo que conseguir, una batalla que ganar, una epopeya en la que participar. Por ello, la popularidad de la serie revela esa necesidad no atendida por el mundo posmoderno. Es el grito silencioso de una época que busca darle sentido a su vida a través de un programa de una hora los domingos. Se reúnen amigos y familiares, en casas y bares, para compartir una experiencia religiosa, en una nueva misa pagana que dota de significado a su semana.</p>



<p>En segundo lugar, podemos interpretar&nbsp;<em>Juego de Tronos</em>&nbsp;como una historia de redención humana. Según las palabras del propio Martin: «[…] lo que hace que cualquier ficción valga la pena leer, es el hecho de que estás hablando de personas. […] se trata de personas que intentan tomar decisiones sobre lo que es correcto y lo incorrecto, sobre cómo sobrevivir, preguntas sobre el bien y el mal»<a href="/juego-de-tronos-mitologia-y-redencion/#_ftn1">[1]</a>. Si bien la serie distingue entre lo bueno y lo malo, esta diferencia no es del todo manifiesta en la actitud de muchos de sus personajes -por ejemplo Varys, Tyrion, Daenerys o incluso Jon Snow-. Ellos se encuentran en un constante conflicto interior que en ocasiones les impide discernir entre ambas dimensiones del espectro moral. Además, son personajes complejos que no siempre toman la decisión correcta aun siendo conscientes de ello; que buscan consejo, pues no siempre saben qué deben hacer en determinadas circunstancias (incluidos los&nbsp;<em>héroes</em>&nbsp;de la serie). Pero que, a pesar de todo, lo intentan una y otra vez, incluso a costa de sus vidas, buscando el bien de los otros, el bien común<a href="/juego-de-tronos-mitologia-y-redencion/#_ftn2">[2]</a>.</p>



<p>Haciendo comparaciones, el hombre moderno no es el de inicios del siglo XX, a quien J. R. R. Tolkien hablaba e inspiraba con&nbsp;<em>El Señor de los Anillos</em>. La mitología del escritor británico ofrece mayores distinciones entre el bien y el mal, y sus personajes son&nbsp;<em>buenos</em>&nbsp;o&nbsp;<em>malos</em>&nbsp;con mayor solvencia. Martin, al contrario, habla al hombre de fines del siglo XX e inicios del XXI, un hombre más confundido, licencioso y hedonista, pero inclinado a conseguir la virtud por su naturaleza.</p>



<p>En ese sentido, el hombre de este siglo se encuentra a sí mismo en esos personajes de cierta ambivalencia moral. Anhela desde el fondo de su alma salir de la miseria moral en la que se ve envuelto; pero, al igual que los personales de&nbsp;<em>Juego de Tronos</em>, sólo intuye el bien, no lo conoce explícitamente. Así, cada hombre se reconoce frágil y necesitado, pero a su vez esperanzado en que puede ser el héroe de su historia, sacrificándose por el bien de los demás, buscando una sociedad más justa en la que valga la pena vivir.</p>



<p>Finalmente, entre las múltiples interpretaciones de la novela de Martin, me quedo con estas dos: la necesidad de una cosmovisión que dé sentido pleno a la realidad y otorgue significado a nuestra existencia; y nuestro profundo deseo para alcanzar la virtud moral, de redimirnos de nuestra propia indigencia existencial. Así pues, huyamos del&nbsp;<em>nihilismo</em>&nbsp;que nos impone este mundo moderno, en pos de ese sentido trascendente que nos impulse a liberarnos del sufrimiento en el que nos encontramos.</p>



<p><a href="/juego-de-tronos-mitologia-y-redencion/#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Tomado de una entrevista hecha por&nbsp;<em>The Guardian</em>&nbsp;el 10 de Noviembre de 2018.</p>



<p><a href="https://ucsp.edu.pe/juego-de-tronos-mitologia-y-redencion/#_ftnref2" target="_blank" rel="noopener">[2]</a>&nbsp;“Ve y falla de nuevo” le dice Davos a Jon Snow, luego de que éste intentó salvar la vida de todos a costa de la suya. Y resucitó… una referencia más al mito y la religión.</p>



<p class="has-text-align-right">Gonzalo Flores-Castro Lingán</p>



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