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	<title>Juan David Quiceno Osorio &#8211; Blog Humanitas</title>
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	<title>Juan David Quiceno Osorio &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Humildad y medias nuevas para vivir la Navidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/humildad-medias-nuevas-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Dec 2021 22:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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<p>Sabemos que la Navidad ha detenido el mundo, que en medio de la guerra, los pueblos enemigos han parado las hostilidades para celebrar el misterio de Dios hecho carne. Muchos dirán que en el tiempo actual la Navidad no pasa de ser un simple fenómeno comercial y que antes de invitarnos a parar, nos consume en una vorágine de ocupaciones, urgencias y reuniones que nada tienen que ver con el sentido de recogimiento que en teoría debería de tener y que algunas personas ya han perdido o nunca han encontrado.</p>



<p>De hecho, la pandemia ha acentuado esta sensación de estrés y movimiento. Especialmente, cuando la virtualidad, con la que supuestamente hemos paliado los males de la humanidad en estos tiempos, se ha instalado ya como un ámbito de nuestra vida. Ese mismo ámbito que, aunque nos obliga a estar estáticos, exprime nuestro tiempo de escuela, trabajo o esparcimiento a su máxima eficiencia y nos mantiene en la máxima tensión.</p>



<p>Sin embargo, esto no pasa de ser una descripción que representa apenas una parte de la realidad que vivimos, pues, también hay muchos enfermos, muchos que sufren violencia o que se enfrentan a la ideología que los oprime y ven las cosas desde otra perspectiva. Todas estas personas nos hacen entender que se espera la Navidad de otra forma, no como un tiempo que viene, sino como alguien que llega. Se espera en el corazón por la potencia de Dios que salva, libera y que tiende una mano, aunque sea la de un niño, para salir del dolor, de la persecución, de las contradicciones o de la angustia y estrés que nos consume. Incluso, cuando no sea de la forma en que quisiéramos o tenemos planeado.</p>



<p>A veces hay que padecer para experimentar activamente el misterio. Aunque no debería ser de esta manera, nuestra debilidad es fuente de encuentro con la debilidad del niño en la cuna. Cuando no conocemos la debilidad la Navidad nos parece ajena, y no porque invoque el dolor o la tristeza, sino porque no terminamos de aprender lo que significa esperar un don que renueve nuestra vida, que la haga nueva, que la transforme y le de un nuevo&nbsp;<em>status quo</em>.</p>



<p>Como propuesta, está Navidad que tu oro, incienso y mirra sea tu humildad y la disposición de tu corazón para ser colmado por él. Especialmente, si sufres, si te duele más de la cuenta el cuerpo, la mente o el espíritu, si no tuviste un buen año, si perdiste el trabajo o te peleaste con tu familia. Ahora, si te fue muy bien, si hiciste más dinero del que esperabas, si cumpliste tus sueños, viajaste donde querías, alcanzaste los objetivos de tu trabajo, tuviste tiempo para rezar la novena, ir a muchas misas o reflexionar profundamente en el misterio de la Navidad, entonces, no dejes de arrodillarte ante Dios y de compartir lo bueno que recibes con los demás. Da gracias y pide que tu corazón no deje de esperar, que no sea insensible al infinito don que viene de lo alto.</p>



<p>Si puedes, además de poner tu corazón en su lugar, al menos usa unas medias nuevas. Usa algo nuevo que te haga recordar que Dios hace todo nuevo, que volvemos a empezar en Él y que la vida que inicia Él la hace siempre mejor.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tarde-escritor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[acción]]></category>
		<category><![CDATA[alemán]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Queridos abuelos de la humanidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/queridos-abuelos-humanidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Apr 2020 23:03:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Es un asunto de humanidad. Ayer leía una noticia en el diario de Navarra que relataba las vicisitudes de salud de tres hermanos que vivían juntos y que contaban años entre los tres para llegar a los 300. Desafortunadamente dos de ellos murieron a causa del coronavirus. El periodista que consignó la noticia recordaba que [&#8230;]]]></description>
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<p>Es un asunto de humanidad. Ayer leía una noticia en el diario de Navarra que relataba las vicisitudes de salud de tres hermanos que vivían juntos y que contaban años entre los tres para llegar a los 300. Desafortunadamente dos de ellos murieron a causa del coronavirus.</p>



<p>El periodista que consignó la noticia recordaba que estas personas nacieron en contextos de guerra en los años cuarenta a los que sobrevivieron y hoy se van dejando espacio para que otros más jóvenes puedan vivir.</p>



<p>Escribo para ellos, queriendo agradecer sus esfuerzos, y para nosotros, queriendo recordar nuestras deudas con el pasado y responsabilidades con el futuro.</p>



<p>Para bien o para mal, la generación de nuestros abuelos creció en medio de contextos muy difíciles que se prolongaron por muchos años.</p>



<p>Sabían perfectamente lo que era un estado de emergencia, así que probablemente este solo fue el cierre de un film que comenzó en medio de un gran nudo. Nacieron en tiempos de una guerra mundial y murieron en medio de una enfermedad con la misma dimensión.</p>



<p>Queridos abuelos de la humanidad. Quisiera agradecerles por el mundo que nos han heredados. No es el peor, tampoco es el mejor. Tenemos una deuda con sus esfuerzos y entendemos que tenemos una responsabilidad con el futuro de las nuevas generaciones.</p>



<p>Sabemos que serán ellos quienes juzgarán lo que hoy nosotros hicimos bien o mal. Personalmente me he forjado con el conocimiento y los grandes pensamientos de muchos de ustedes. He heredado sus pasiones y también cargo con algunas de sus pésimas elecciones a las que colaboro con mi inconciencia, mi burguesía y mi poca capacidad de sacrificio.</p>



<p>Sin embargo, no me quejo de ello porque es mi tarea ser mejor y más bien quisiera decirles que gracias al honor que hicieron a su humanidad, hoy seguimos teniendo mucho por hacer, pues, ya ven, no se trata de construir un mundo sin dolores ni sufrimientos sino más bien uno que aprenda a vivirlos con humildad frente a Dios, con solidaridad frente a la humanidad y con amor frente a los propios amigos y familiares.</p>



<p>Muchos de ustedes soñaron la paz. Otros reivindicaron la libertad por caminos rectos y otros por caminos no tan rectos. Sufrieron la guerra de la economía y probablemente alcanzaron a reírse intentando usar tabletas y Smartphones para mantenerse conectados con sus familiares. Muchos de ustedes han sido gente ejemplar, grandes esposos, grandes padres de muchos hijos. Personas que con virtud y sacrificio han permitido que el mundo en el que hoy vivimos sea posible. Las bases culturales de nuestra generación han sido puestas por ustedes, la experiencia fundamental de ser personas es un legado impagable que entregaremos a las próximas generaciones recordando el ejemplo de ustedes.</p>



<p>Un corto hashtag, que es lo que ahora utilizamos para promover ideas, nos ha recordado que los respetamos, que los queremos y que aún hay cosas con las que podemos alegrarlos. Gracias queridos abuelos de la humanidad.</p>



<p>Quisiéramos aprender de sus aciertos y sus yerros, ojalá podamos. Hoy ya no es posible ir al cementerio y mirar un montón de cruces anónimas, pues, todos los que allí se encuentran son nuestro propio pasado. Es la última enseñanza que muchos de ustedes nos han querido dejar antes de irse. Seguro, Dios se encargará de darles la medalla que muchos de ustedes no recibieron en vida al ser simplemente soldados, médicos, madres y padres anónimos para el mundo.</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Diálogos con un científico de la computación</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/dialogos-cientifico-computacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jun 2019 17:05:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace algunas semanas tuvimos en la Universidad la excepcional visita del Dr. Jean Siqueira. El profesor Siqueira es experto en el reconocimiento de imagen y en el procesamiento de gráficos. Trabajó muchísimos años para la IBM y ahora se desempeña como profesor&#160;full time&#160;en la Aix-Marseille University. Allí, ha ganado fama como investigador por la calidad [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Hace algunas semanas tuvimos en la Universidad la excepcional visita del Dr. Jean Siqueira. El profesor Siqueira es experto en el reconocimiento de imagen y en el procesamiento de gráficos. Trabajó muchísimos años para la IBM y ahora se desempeña como profesor&nbsp;<em>full time</em>&nbsp;en la Aix-Marseille University. Allí, ha ganado fama como investigador por la calidad de su trabajo y por el enorme grupo de investigación que ha formado en torno al tema que lo apasiona.</p>



<p>Fue extraordinario conversar con una persona abierta a hacerse preguntas y a reflexionar sobre su propia ciencia. El Dr. Jean es además un buen lector de literatura y filosofía, en las letras encuentra el descanso que la computadora a veces no le brinda. De allí, que fuera más sencillo incluso entendernos y surcar el caudaloso río que parece separar la Ciencia de la Computación y las Ciencias Humanas.</p>



<p>Quisiera compartir algunas reflexiones a partir de las respuestas que Jean me dio a las preguntas que le planteé por escrito después de terminar el diálogo.</p>



<p>JD:&nbsp;<em>¿es posible un diálogo entre la ciencia de la computación y las ciencias humanas?</em></p>



<p>J:&nbsp;<em>Este dialogo es posible y es necesario. Además, creo que debe incluir todos los actores de la sociedad. Pienso particularmente en los políticos, los sociólogos y algunos otros ámbitos de las ciencias humanas que podrían ayudarnos a anticipar y manejar las consecuencias de los progresos de la tecnología.</em></p>



<p>JD:&nbsp;<em>¿Qué ámbitos de la ciencia de la computación cree usted que necesita una mayor reflexión o discernimiento antropológico y ético en vistas a no construir un mundo utópicamente negativo?</em></p>



<p>J:&nbsp;<em>Hay que pensar en términos de sistemas o de “arquitectura”. Es una buena cosa si cada componente de una estructura informática puede resolver un problema complejo, sin embargo, el discernimiento se hace importante cuando planteamos y pensamos que los humanos deben conservar el control sobre la estructura por motivos de libertad, de privacidad, y otros.</em></p>



<p>JD:&nbsp;<em>¿Cómo considera usted que un científico se debería plantear los interrogantes de carácter religioso, antropológico y ético dentro del ejercicio de la ciencia?</em></p>



<p>J:&nbsp;<em>Creo que algunos de estos interrogantes no son de la competencia del científico en el ejercicio práctico de su quehacer. Sin embargo, el científico debe pensar estos interrogantes y debe presentar de una manera muy clara y honesta a la sociedad, todas las consecuencias de su invención y alertar de cómo se deben y pueden manejar estas consecuencias. El uso de la tecnología debe de ser controlado por la sociedad.</em></p>



<p>Hasta aquí las respuestas que el profesor me dio. Su esfuerzo por poner todo esto por escrito en castellano ha sido loable. Sin embargo, quisiera completarlas con dos puntos que creo que se ajustan al diálogo y extienden el sentido de lo dicho.</p>



<p>En primer lugar, ¿Qué significa que las humanidades nos ayuden a anticipar y manejar las consecuencias? Jean fue insistente en que la sociedad se debe comprometer más con el uso de la tecnología. No basta con que seamos receptores pasivos de la tecnología, es importante que pensemos en las consecuencias de los inventos de la ciencia. Además, que veamos, a partir de la reflexión filosófica, histórica, artística, etc., hacia dónde vamos con estos inventos.</p>



<p>En segundo lugar, ¿qué es pensar en términos de sistemas o arquitectura? Es pensar que la programación tiene un diseño y que esa arquitectura no se ordena sola. El hombre que está detrás de la máquina se debe preocupar por la finalidad de su trabajo, además de proponerse no romper las leyes con lo que hace.</p>



<p>Para no dejar el círculo sin cerrar quisiera dejar dos pequeñas reflexiones importantes que me suscitaba todo este asunto. Reconozco renunciar a muchas otros pensamientos que se me vienen a la mente, pero el corto espacio me impide aburrirlos demasiado.</p>



<p>Uno. Jean nos pone frente a muchos problemas éticos y políticos detrás del progreso de la tecnología. Creo que lo ético y lo político son caminos de diálogo válido y necesario en el proceso por mirar con crítica lo que hacemos en ámbito técnico. Pero, creo que habría que dar un pasito más atrás. Creo que nos debemos preguntar cuál es el mundo que imaginamos habitar al usar tanto tiempo, tanto dinero y tantas mentes brillantes en el desarrollo de la tecnología.</p>



<p>Con esto, en realidad, propongo una pregunta de carácter antropológico &nbsp;¿Qué hombre y que sociedad proyectamos en nuestro quehacer técnico? Además, ¿qué impulsa tanta pasión por la tecnología? No se me malinterprete, no soy tecnófobo. Uso celular, computadora, aviones para viajar a visitar mi familia y muchos aparatos electrónicos que hacen mi vida más fácil y eficiente. No obstante, me pregunto si algunas de los problemas sociales que tenemos hoy como fruto de la técnica, no se habrían podido evitar si nos planteamos la pregunta por ¿Quiénes queremos ser? Es una pregunta que tenemos derecho a hacernos sin ser tildados de retrógrados o de resistirnos al cambio o al progreso de la ciencia. Aquí, además, me parece que una reflexión sobre la responsabilidad humana podría ser un camino fecundo de diálogo con la ciencia.</p>



<p>Dos. Creo que las preguntas se hacen dentro y fuera de la ciencia. Es verdad que haciendo un juego de video puede uno no necesariamente estar buscando el sentido del mundo, de Dios y de sí mismo; al menos no explícitamente. Sin embargo, el hombre es siempre el mismo y por eso este sentado, parado, jugando o leyendo sigue llevando en sí las preguntas. Entiendo que Jean hace una distinción epistemológica. La ciencia de la computación estudia lo que se puede hacer con las computadoras, no a Dios, ni al hombre ni a la política. Sin embargo, creo que aun no estudiándolas las presupone todas. Incluso, me atrevo a decir, sin ellas, no tendría sentido.</p>



<p>Por ello, me parece muy relevante que plantee el ámbito de la arquitectura de las máquinas como un lugar en donde debemos debatir más. En el fondo, un punto nodal en donde las ciencias humanas y la <em>Computer Science</em> hallan un lugar fecundo de encuentro para un diálogo responsable, honesto y respetuoso. Creo que hay buscar más de estos nodos y la Universidad me parece el lugar indicado para hacerlo.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Libertad para sufrir</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/libertad-para-sufrir/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2019 17:09:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde hace algún tiempo, vengo utilizando libros de literatura en mis clases de antropología. El último año, con los estudiantes de&#160;Computer Science, hemos leído textos de&#160;ficción tecnológica. Buena parte de esta literatura está inspirada en&#160;el miedo a lo que se viene&#160;pero me parece que también inspira el&#160;futuro tecnológico&#160;que, por momentos persigue nuestra sociedad y del [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Desde hace algún tiempo, vengo utilizando libros de literatura en mis clases de antropología. El último año, con los estudiantes de&nbsp;<em>Computer Science</em>, hemos leído textos de&nbsp;<em>ficción tecnológica</em>. Buena parte de esta literatura está inspirada en&nbsp;<em>el miedo a lo que se viene</em>&nbsp;pero me parece que también inspira el&nbsp;<em>futuro tecnológico</em>&nbsp;que, por momentos persigue nuestra sociedad y del que no somos tan conscientes.</p>



<p>Mi intención, además de enseñar antropología, es que los estudiantes enriquezcan su lenguaje, puedan comparar conocimientos y, con ello, crecer en su capacidad crítica. Paul Ricoeur, un autor al que le he dedicado muchas horas en mis últimas investigaciones, dice que en la literatura es&nbsp;<em>donde la unión entre la acción y su agente se deja aprehender mejor, de modo que la literatura aparece como un vasto laboratorio para experiencias de pensamiento donde esta unión se somete a innumerables variaciones imaginativas</em>&nbsp;(Ricoeur,&nbsp;<em>Sí mismo como otro</em>, 2006, p. 160).</p>



<p>Justamente por eso, la literatura es también un laboratorio ético en donde contemplamos las profundidades de la existencia humana y aprendemos a enfrentar algunos desafíos prácticos de la vida con mayor prudencia. Leer exige ser crítico, o tener sentido común, que vendría a ser algo parecido. No todo lo que leemos es bueno ni lo podemos aplicar a la vida. No quisiera que mis estudiantes perdieran la noción de las cosas y terminasen tratando de perseguir sueños irrealizables, es decir, utopías. Pero, dado el beneficio de crecer en capacidad crítica, bien vale la pena correr el riesgo.</p>



<p>Por eso, durante el presente curso, les pedí a leer&nbsp;<em>Mundo Feliz&nbsp;</em>de Aldous Huxley. En el examen parcial, tenían que relacionar un texto de la novela con la dignidad y la noción de persona que habían aprendido en clase. Aunque alargue demasiado el post, vale la pena leerlo:</p>



<p><em>Un hombre civilizado no tiene ninguna necesidad de soportar nada que sea seriamente desagradable. En cuanto a realizar cosas, Ford no quiere que tal idea penetre en la mente del hombre civilizado. Si los hombres empezaran a obrar por su cuenta, todo el orden social sería trastornado […]&nbsp;</em><em>—Es que a mí me gustan los inconvenientes— dijo el salvaje.&nbsp; —A nosotros, no —dijo el Interventor—. Preferimos hacer las cosas con comodidad. —Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.</em></p>



<p><em>—En suma —dijo Mustafá Mond—, usted reclama el derecho a ser desgraciado.</em></p>



<p><em>—Muy bien, de acuerdo —dijo el Salvaje, en tono de reto—. Reclamo el derecho a ser desgraciado.</em></p>



<p><em>—Esto, sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho a pillar un tifus; el derecho a ser atormentado.</em></p>



<p><em>Siguió un largo silencio.</em></p>



<p><em>—Reclamo todos estos derechos —concluyó el Salvaje.</em></p>



<p><em>Mustafá Mond se encogió de hombros.</em></p>



<p><em>—Están a su disposición —dijo.</em></p>



<p>Debo decir que quedé gratamente sorprendido por las reflexiones de mis alumnos sobre este fragmento. Son varias y muy lúcidas, pero, por la brevedad de este espacio, comparto solamente las dos mejores respuestas, con pequeños arreglos en la redacción -no en las palabras y, mucho menos, en el sentido con el que las emplearon.</p>



<p>Como el examen es anónimo, he puesto el código del mismo en lugar del nombre del autor. Se me ha ocurrido que, dado el tema, es una buena broma cambiar por esta vez el nombre por un código. He dejado la sorpresa y la felicitación para la entrega personal de los resultados.</p>



<p>A1853340: En el mundo feliz en realidad<em>&nbsp;viven como máquinas, siendo importantes solo por su funcionalidad. El salvaje prefiere una vida libre, aunque de mayor riesgo de desgracias, porque es la forma en que se puede ejercer sus capacidades como persona, ejercer su libertad, su racionalidad […] En esa sociedad eligieron la felicidad por encima de la libertad. Y es, de hecho, una falsa felicidad porque no hacen uso de sus verdaderas capacidades como personas [… ] Si todos comprendiéramos nuestro valor como personas y el de nuestra dignidad, todo podría mejorar y la impredictibilidad de nuestra libertad podría tornarse orden y respeto, y no caos y discriminación”.</em></p>



<p>A1853354:&nbsp;<em>Huxley presenta en su obra una dura crítica (mofándose hasta cierto punto) de la visión del futuro tecnológico del hombre. Un futuro que aparece, desde su perspectiva, sombrío y automatizado; donde todo se controla, nadie piensa, y el soma es el escape de la realidad que soluciona cualquier problema. Sin embargo, es curioso lo que dice Mond: ‘para alejarse del dolor, hay que alejarse de lo que nos hace humanos; el amor y la conciencia de nuestra dignidad’… haciendo un contraste con la actualidad, y nuestra sociedad sometida por la noción de funcionalidad, no tenemos ya casi tiempo para pensar en aquellas cosas ‘no funcionales’ de vital importancia en nuestra vida. Pues, pensar nos hace libres, madurar nos hace libres, y la libertad nos hace felices. Si bien el salvaje -desde mi punto de vista- es demasiado romántico, acepta las consecuencias de ser libre y, por tanto, acepta la tarea que conlleva ser persona”.</em></p>



<p>Los guiños a las humanidades me hacen sentir más que bien servido, pero, sobre todo, me alegra que lograran captar esta sutil y paradójica realidad que no es siempre fácil de aceptar: no todo avance tecnológico es un avance humano. La vida digna de ser vivida exige el riesgo de ser libres. No hay historia que narrar donde no hay algo vivido que valga la pena ser narrado. Y esa aventura de vivir está expuesta al sufrimiento, al dolor y a la pérdida. ¿Quién en nuestros días reclama ser vulnerable y vivir la vida tal como ella se presenta? ¿Quién quiere vivir lo insospechado y lo incalculable del futuro sin pensar que sería más fácil tener todo calculado? Solo alguien que sabe que el frágil potencial de nuestra libertad se realiza solamente en medio de las vicisitudes humanas y las fragilidades del corazón.</p>



<p>Curiosamente, sin esos elementos, aunque nos resulte difícil de aceptar, no habría héroes, ni epopeyas, ni finales felices, ni nada. Por eso, para ser feliz, que en realidad solo se consigue al final de una larga carrera -digan lo que digan los expertos contemporáneos de la felicidad-, hay que arriesgarse a ser libres, a hacer las cosas por convicción de que la verdad nos puede encontrar y podemos servirla sin manipularla. En otras palabras, para ser libre hay que correr el riesgo de incomodarse, de sufrir, de pensar, de leer, de conocer, de prometer, de olvidar, de traicionar y ser traicionado, en resumidas cuentas, de amar.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Poesía y lectura para un mundo libre</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/poesia-lectura-mundo-libre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Apr 2019 17:27:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[El cadáver que planté el año pasado en mi jardín ya comenzó a brotar Carlos Llaza Un fragmento de una de las poesías recitadas por un gran amigo en la presentación de su libro&#160;Naturaleza muerta con langosta. Valga la aclaración, Carlos no ha enterrado a nadie en su jardín, no hay que llamar a la [&#8230;]]]></description>
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<p><em>El cadáver que planté</em></p>



<p><em>el año pasado en mi jardín</em></p>



<p><em>ya comenzó a brotar</em></p>



<p>Carlos Llaza</p>



<p>Un fragmento de una de las poesías recitadas por un gran amigo en la presentación de su libro&nbsp;<em>Naturaleza muerta con langosta</em>.</p>



<p>Valga la aclaración, Carlos no ha enterrado a nadie en su jardín, no hay que llamar a la policía. Fue una de las primeras interpretaciones graciosas que escuché sobre su texto. Lo más probable es que el cadáver sea una semilla. Una semilla que evoca la tensión entre la vida y la muerte. La naturaleza&nbsp;<em>muerta</em>&nbsp;que con algo de paciencia ha de producir una vida esplendorosa. Ya lo sabemos, de un grano mínimo de mostaza, puede crecer un gran árbol que cobija la vida en sus diversas manifestaciones. Aunque quizá si enterró a alguien y no me contó. Quizá se enterró a él mismo y espera renacer de nuevo con otros sueños y otras promesas por cumplir.</p>



<p>El lenguaje poético es uno de esos adalides de armadura oxidada que vienen a salvarnos de las garras del mundo científico de lo verificable, de lo funcional, de lo positivo, en el que estamos inmersos en la vida contemporánea. La riqueza de realidad se manifiesta en las contradicciones mismas en las que la poesía se expresa. En esas paradojas, la imaginación se hace capaz de producir mundos nuevos, posibilidades que hacen nuestro mundo más bello, más personal y menos homogéneo. El lenguaje literal, apenas en ruinas, se convierte en obstáculo para ver más allá, para percibir lo distinto, lo que trasciende el texto y lo que nos trasciende a nosotros mismos.</p>



<p>Estamos atrapados en un mundo que otros han imaginado por nosotros. Por ello, nos resulta difícil ir más allá del muerto enterrado en el jardín de Carlos. Es como ver una película y leer el libro después. Resulta casi imposible representar a los personajes en un modo distinto a como nos lo han presentado. La experiencia poética de leer es inversa: va de la lectura a la imagen. Es entonces que nuestra imaginación parece ser más poderosa que la cámara de video.</p>



<p>Como comentaba Carlos en su ponencia&nbsp;<em>La importancia de la poesía en la Universidad</em>, no es la poesía la que nos necesita a nosotros, somos nosotros la que la necesitamos a ella. Sin el lenguaje poético, estamos condenados a repetir los mismos patrones de siempre y renunciamos al aspecto más preciado de nuestra libertad: su capacidad de innovación. Allí donde la persona encuentra la posibilidad de reconfigurar su mundo en modos nuevos y de crear de acuerdo a una interioridad capaz de trascenderse constantemente a sí misma.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p></p>
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		<title>Altered Carbon &#8211; Ficción literaria y personalismo</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/altered-carbon-ficcion-literaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 17:28:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace algunas semanas terminé de ver una serie que me llamó muchísimo la atención. Una ficción literaria, bastante sugestiva por cierto, que proponía la posibilidad de “re-enfundar” la mente en un nuevo cuerpo. Altered Carbon. Una serie construida en torno a la idea del almacenamiento de la conciencia en un dispositivo electrónico de datos que [&#8230;]]]></description>
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<p>Hace algunas semanas terminé de ver una serie que me llamó muchísimo la atención. Una ficción literaria, bastante sugestiva por cierto, que proponía la posibilidad de “re-enfundar” la mente en un nuevo cuerpo.</p>



<p>Altered Carbon. Una serie construida en torno a la idea del almacenamiento de la conciencia en un dispositivo electrónico de datos que permite que ésta pueda ser cargada en uno u otro cuerpo según la voluntad del usuario y, claro, según sus posibilidades económicas. Una serie que se hace eco de un argumento cada vez más usado en las ficciones literarias llevadas por la imaginación a la pantalla de televisión y que comienza a convertirse en la esperanza de algunos hombres que desearían poder prolongar su existencia a través del uso de la inteligencia artificial.</p>



<p>Mucha tela para cortar en una ficción bastante interesante que invita a reflexionar sobre algunos aspectos de la tecnología moderna y de la concepción que tenemos de la subjetividad humana. Pensamos en los interrogantes que supone sobre la relación con nuestro cuerpo, la aporía moderna que equipara memoria y persona y, además, la idea de concebir un mundo construido sobre la base de la “superación” de lo propiamente humano.</p>



<p>Evidentemente no se pueden asumir todas esas temáticas en un espacio tan corto como este. Algo desafortunado ante la indiscutible actualidad de los temas que se nos proponen para reflexionar . Basta mencionar simplemente las recientes intervenciones de algunos filósofos y amantes de la tecnología – como Bostrom o Musk – alertando sobre los peligros del crecimiento de la inteligencia artificial en un modo indiscriminado y sin un previo debate tecno-ético. La tecnología avanza y los debates éticos y legales apenas le siguen la pista, el tiempo parece avanzar más rápido para unos que para otros, o quizá algunos son más prudentes que otros en este asunto.</p>



<p>Me centraré solo en un aspecto que creo que puede ayudar en el debate: la dimensión hermenéutica de la ficción contemporánea. Desde mi perspectiva, varios equívocos son fruto de la ilusión – y al mismo tiempo provocación al pensamiento – que genera la verosimilitud de la narración de ficción. Piensa el pensador francés Paul Ricoeur que la cuestión de la «reliability – credibilidad – es al relato de ficción lo que la prueba documental a la historiografía» (Ricoeur, 2009, 872). El relato de ficción es una disposición narrativa que, a través de su cercanía o fidelidad con la experiencia humana, pretende ser creíble, tan creíble, que hasta cierto punto se borran los confines entre lo cuasi-real y lo que tiene existencia por sí mismo fuera de la imaginación. El narrador de la historia cuenta la ficción como si fuera su propia historia de experiencia y, en ese sentido, su experiencia es la experiencia del ser-pasado. Como cuando un abuelo sienta en sus rodillas a su nieto y le cuenta alguna de sus aventuras. La cercanía de la experiencia parece hacer cercano y creíble lo que quizá habría que revisar con ojo crítico sobre la base de la definición de las variables que sostienen la ecuación.</p>



<p>¿Es equiparable la inteligencia humana a la compilación de datos? ¿Qué entendemos por inteligencia artificial? ¿Qué entendemos por inteligencia humana? Y más aún ¿Cuál es el sentido de la vida humana? ¿Cuál es su condición fundamental? Y en base a esa respuesta ¿Qué futuro pretendemos construir para la humanidad?</p>



<p>La literatura de ficción contemporánea ha suplido la función del mito y de la poesía, y, en ese sentido, se ha convertido en la nueva disposición narrativa que inspira la espera del futuro que vendrá y que trata de borrar “la oscuridad del pasado ”. Llegados a este punto, tendríamos que preguntarnos si no estamos construyendo el mundo sobre la base de una ilusión, que, aunque verosímil, no deja de ser eso, una ilusión. ¿El lector – o el espectador en este caso – están preparados para responder con crítica frente a la propuesta narrativa de la ficción?</p>



<p>La ficción contemporánea, así como los sueños tecnológicos de la humanidad, exige una interpretación, en primerísimo lugar, personalista además de ética y social . En ese sentido, el mundo en qué vivimos exige lectores activos; no solos manipulados por la verosimilitud del haber-sido, ni tampoco por el sentimentalismo de la experiencia individual.</p>



<p>Los invito a verla y a reflexionar un poco sobre este asunto. Mientras tanto, me quedo con una frase que pronuncia con ironía el héroe de la historia de Altered Carbon al verse sorprendido por el mundo que encontraba casi dos siglos después de haber estado desconectado: “Vaya, que mundo tan humano”.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>
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