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	<title>Profesores &#8211; Blog Humanitas</title>
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	<title>Profesores &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>Humildad y medias nuevas para vivir la Navidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/humildad-medias-nuevas-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Dec 2021 22:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Departamento de Humanidades]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia católica]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[UCSP]]></category>
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<p>Sabemos que la Navidad ha detenido el mundo, que en medio de la guerra, los pueblos enemigos han parado las hostilidades para celebrar el misterio de Dios hecho carne. Muchos dirán que en el tiempo actual la Navidad no pasa de ser un simple fenómeno comercial y que antes de invitarnos a parar, nos consume en una vorágine de ocupaciones, urgencias y reuniones que nada tienen que ver con el sentido de recogimiento que en teoría debería de tener y que algunas personas ya han perdido o nunca han encontrado.</p>



<p>De hecho, la pandemia ha acentuado esta sensación de estrés y movimiento. Especialmente, cuando la virtualidad, con la que supuestamente hemos paliado los males de la humanidad en estos tiempos, se ha instalado ya como un ámbito de nuestra vida. Ese mismo ámbito que, aunque nos obliga a estar estáticos, exprime nuestro tiempo de escuela, trabajo o esparcimiento a su máxima eficiencia y nos mantiene en la máxima tensión.</p>



<p>Sin embargo, esto no pasa de ser una descripción que representa apenas una parte de la realidad que vivimos, pues, también hay muchos enfermos, muchos que sufren violencia o que se enfrentan a la ideología que los oprime y ven las cosas desde otra perspectiva. Todas estas personas nos hacen entender que se espera la Navidad de otra forma, no como un tiempo que viene, sino como alguien que llega. Se espera en el corazón por la potencia de Dios que salva, libera y que tiende una mano, aunque sea la de un niño, para salir del dolor, de la persecución, de las contradicciones o de la angustia y estrés que nos consume. Incluso, cuando no sea de la forma en que quisiéramos o tenemos planeado.</p>



<p>A veces hay que padecer para experimentar activamente el misterio. Aunque no debería ser de esta manera, nuestra debilidad es fuente de encuentro con la debilidad del niño en la cuna. Cuando no conocemos la debilidad la Navidad nos parece ajena, y no porque invoque el dolor o la tristeza, sino porque no terminamos de aprender lo que significa esperar un don que renueve nuestra vida, que la haga nueva, que la transforme y le de un nuevo&nbsp;<em>status quo</em>.</p>



<p>Como propuesta, está Navidad que tu oro, incienso y mirra sea tu humildad y la disposición de tu corazón para ser colmado por él. Especialmente, si sufres, si te duele más de la cuenta el cuerpo, la mente o el espíritu, si no tuviste un buen año, si perdiste el trabajo o te peleaste con tu familia. Ahora, si te fue muy bien, si hiciste más dinero del que esperabas, si cumpliste tus sueños, viajaste donde querías, alcanzaste los objetivos de tu trabajo, tuviste tiempo para rezar la novena, ir a muchas misas o reflexionar profundamente en el misterio de la Navidad, entonces, no dejes de arrodillarte ante Dios y de compartir lo bueno que recibes con los demás. Da gracias y pide que tu corazón no deje de esperar, que no sea insensible al infinito don que viene de lo alto.</p>



<p>Si puedes, además de poner tu corazón en su lugar, al menos usa unas medias nuevas. Usa algo nuevo que te haga recordar que Dios hace todo nuevo, que volvemos a empezar en Él y que la vida que inicia Él la hace siempre mejor.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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		<title>Teología, Antropología y Navidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/teologia-antropologia-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Dec 2021 22:26:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[P. Rafael Ismodes]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Departamento de Humanidades]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Católica San Pablo]]></category>
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					<description><![CDATA[La teología es la ciencia acerca de Dios y une en su reflexión Revelación, fe y razón. Como dirá San Juan Pablo II «La teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el&#160;auditus fidei&#160;y el&#160;intellectus fidei» (Fides et ratio, 65). En cuanto audición de la fe, asumirá [&#8230;]]]></description>
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<p>La teología es la ciencia acerca de Dios y une en su reflexión Revelación, fe y razón. Como dirá San Juan Pablo II «La teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el&nbsp;<em>auditus fidei</em>&nbsp;y el&nbsp;<em>intellectus fidei</em>» (<em>Fide</em><em>s et ratio</em>, 65). En cuanto audición de la fe, asumirá los contenidos de la Revelación explicitados en la Tradición, la Escritura y el Magisterio eclesial. Mientras en referencia a la racionalidad de la fe, investigará usando la «reflexión especulativa» en vistas a iluminar las preguntas humanas fundamentales. El ser humano debe conocer cuál es su origen, su sentido, su meta final y el camino que debería seguir.</p>



<p>En esa medida, la teología tiene una dinámica&nbsp;<em>dialogal</em>. Es decir, nace del diálogo que establece el Creador con el ser humano y se desarrolla por el diálogo que el hombre hace consigo mismo, con los demás y, sobre todo, con Dios. Consigo mismo, el ser humano busca reflexionar sobre las coordenadas que lo ubican en el mundo: su origen, su meta, su sentido. Con los demás, la persona procura conocer a otro que sea “carne de su carne” y con quien no sólo comparte el mundo, sino a quien recibe y se dona; alguien que lo acompañe en su cotidianeidad, en la vida y en los últimos momentos terrenos. Especialmente, el hombre busca conocer la verdad total, que es Dios mismo. Por eso, Dios y el ser humano dialogan en el estudio teológico.</p>



<p>Este diálogo es el principio a través del cual propongo comprender la relación entre teocentrismo y antropocentrismo. La misma relación que se hace patente en la noche de Navidad. Como comenta San Juan Pablo II: «mientras las diversas corrientes del pasado y presente del pensamiento humano han sido y siguen siendo propensas a dividir e incluso contraponer el teocentrismo y el antropocentrismo, la Iglesia, en cambio, siguiendo a Cristo, trata de unirlas en la historia del hombre de manera orgánica y profunda» (<em>Dives in misericordia</em>, 1). En el niño del pesebre, se une Dios con el hombre en un modo tal, que ir en la dirección de uno es ir en la dirección del otro.</p>



<p>Este modo de ver las cosas contradice lo que parte de la modernidad nos ha hecho creer. Por un lado, que el teocentrismo es una especie aniquilación humana (del goce, del placer o de la diversión) a partir de la afirmación de lo divino. Por su parte, el antropocentrismo nos ha dado a entender una especie de hombre todopoderoso, orgulloso y desenfrenado que no necesita de Dios y que se ha convertido en un tirano que destruye el mundo, los animales y a sus propios hermanos. Sin embargo, como digo, la teología cristiana intenta, desde muchos siglos atrás, aportar una luz diferente.</p>



<p>A semejanza de como la&nbsp;<em>Fides et ratio</em>&nbsp;plantea la relación entre fe y razón (73), la relación de la teología con la antropología es un círculo fecundo, no tautológico. La antropología estudia al ser humano, hace preguntas, esboza respuestas, pero no es capaz por sí misma de responder y llegar al fondo de las cosas sin la fe. Los mitos nos expresan el deseo humano de conocer el origen y el fin del tiempo y el cosmos; los filósofos nos ayudan a elaborar las preguntas adecuadas frente a la realidad que vivimos; la historia nos cuenta nuestro pasado y la literatura nos permite establecer un relato de lo humano y ver nuevas posibilidades. Sin embargo, solo la teología nos ayuda a ver la unidad del misterio humano a partir de la perspectiva de Dios, que además de ser Creador, es Redentor del hombre.</p>



<p>Se trata precisamente de lo que nos preparamos para vivir estos días. Dios se revela y muestra al ser humano su particular vocación y destino. Nos libera con su sangre del pecado que nos aqueja y nos pide crecer a su altura. Por eso, descubrir a Jesús como quien redime es salir del&nbsp;<em>nirvana</em>, salir del gobierno de los astros y salir del orgullo que nos propone mecanicismo de la física moderna.</p>



<p>Cuanto más se estudie al ser humano, más se buscará conocer a Dios, porque Dios mismo se ha hecho hombre. Profundizar en este misterio es el camino de la Iglesia, es el camino de todo ser humano. Navidad es humanidad, Navidad es divinidad. Cuanto más entremos en ese misterio, nuestra razón comprenderá mejor el sentido de la vida. Cuanto más se estudie a Dios, más y mejor se podrá conocer al ser humano.</p>



<p class="has-text-align-right">P. Rafael Ismodes</p>



<p><br><br></p>
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		<title>La tarde de un escritor</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tarde-escritor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Sep 2020 22:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[acción]]></category>
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<p>La tarde de un escritor es una novela de Peter Handke, autor alemán premiado el año pasado con el Nobel de Literatura. Se trata de un texto corto, pero abundante en descripciones audaces y lúcidas que introducen fácilmente al lector en el mundo del texto. Este corto librito tiene como argumento fundamental el relato de un día habitual de un escritor que se encuentra también ante el atardecer de su propia carrera. El escritor decide dar un paseo y en el camino, sin saberlo, describe la realidad con una maravillosa profundidad que después no parece capaz de esculpir en el papel. Mi reflexión sobre esta lectura se concentra en una escueta descripción del trabajo del artista que Handke hace de la siguiente forma:</p>



<p><em>He empezado a escribir bajo el signo del relato.&nbsp;</em></p>



<p><em>Hay que seguir. Dejar que las cosas existan.</em></p>



<p><em>Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas.&nbsp;</em></p>



<p><em>Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento;&nbsp;</em></p>



<p><em>ser su artesano.&nbsp;</em></p>



<p>Es el descubrimiento de un artista, más precisamente de un escritor: componer es poner el mundo en orden, hacerlo comprensible, desplegar toda la condensación del&nbsp;<em>ser-en-el-mundo</em>&nbsp;mientras se esculpe delicadamente en el papel. Cuando terminaba la corta novela de Handke, pensaba en esas palabras que el escritor en su ocaso enunciaba como reencontrando el sentido de su propia profesión.</p>



<p>En parte, el texto nos relata el contraste de interioridad que se oscurece frente a la luminosidad del mundo. El escritor preocupado por ser iluminado, por captar el orden de las cosas, se ve envuelto por su propio ruido, encadenado por la fuerza de su intuición, entumecido por el dolor de la observación e incapacitado para escribir por el frío de sus manos. Exigido por la novedad, fue perdiendo el valor de la cotidianeidad. Por eso, a la luminosidad del día se le oponía el ocaso de su corazón. Un atardecer lento que se parece mucho al mecanicismo que vivimos hoy en día.</p>



<p>Pensaba en mis adentros que esta imposibilidad no es sólo del escritor profesional. En realidad, si pensásemos, como Aristóteles, que todos los hombres somos poetas por naturaleza, entonces, habría que reconocer que todos somos también esos autores en búsqueda de orden y de luz.</p>



<p>Habrá que dejar que las cosas existan. Dejarlas ser, aunque el dolor de no poderlas controlar con un pensamiento, con un sentimiento o con una opinión nos lacere el alma. Es la fuerza de estar envueltos en el misterio. El misterio no se le domina, sino que se le contempla. Esa contemplación es la que nos permite configurarlo en el arte, en la literatura, en la poesía, en la música, en la pintura y, sobre todo, en la vida buena.</p>



<p>A veces pienso que nuestro mundo esta tan preocupado por decir, por escribir, por componer todo nuevo que ha huido del refrescante dolor que produce experimentar el mundo cotidiano con libertad. Ese mismo mundo que nos dice que, cuando el interior humano está desordenado, produce caos, oscurece la realidad y nos convierte en un mero engranaje de su propio sistema. Me parece que los eventos que vivimos como mundo y como país nos invitan a pensar en esta verdad de sentido común. No podemos pedirle al mundo más luz porque los que estamos ciegos somos nosotros. Habrá que oponer al ocaso de la tarde y al miedo a la noche, la esperanza de un mañana lleno de nuevas oportunidades.</p>



<p>Pensaría yo que la clave está en saber ser artesanos de la realidad y de la vida buena. El arte que no es pura repetición, ni puro hábito, sino renovado esfuerzo por alcanzar la libertad de las formas escondidas en la aparente rudeza del mundo. Sin una libertad responsable y que crea firmemente en la verdad y en el bien, será difícil pensar un mañana con luz. Está claro que el primer trabajo por realizar está en el propio corazón. Si no luchamos allí, el mañana será nuevamente solo el camino hacia el ocaso.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan David Quiceno Osorio</p>



<p><br><br></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Mujeres de esperanza</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/mujeres-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2020 22:55:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudia Quiroz Pacheco]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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<p>Dios me ha bendecido con el don de la amistad. A donde quiera que he ido, he vuelto con el tesoro precioso que significa tener amigos. Y digo que son un tesoro precioso, porque no es sencillo hallar a los verdaderos, a los que te sostienen y te acompañan, a los que se quedan siempre a tu lado, aunque no físicamente y se toman una copa de vino contigo para hablar de tonterías y también de cosas serias. Yo tengo la dicha de tener muchos amigos, hombres y mujeres, pero, naturalmente, con las personas que más comparto son mujeres de diversas edades, culturas, credos, colores, estados. Tengo la alegría de tener muchísimas amigas: solteras, consagradas, monjas, casadas, descasadas, viudas jóvenes, muy jóvenes, mayores, etc.</p>



<p>Me puse a pensar en cada una de ellas: en las que frecuento mucho, en las que veo poco, en las que son mis confidentes, en las que comparten mi fe, en las que no; en las que viven al otro lado del mundo, en las que estudiaron conmigo, en el colegio, en la universidad, en las que jugaron conmigo en la niñez, en las amigas que Dios me dio como hermanas mientras crecíamos en la misma casa; en mi hija que hoy es mi compañera de cuarentena, en las que no puedo ver por el riesgo de contagio, en particular a mi madre.</p>



<p>Y sentí la necesidad de hacer un homenaje a cada una, y en ellas, a todas las mujeres del mundo. Quise dedicarlo en especial a las que son madres, pero no pude excluir a las que no lo son. Tengo la certeza que en cada mujer hay una madre interior, aun cuando esta maternidad no se materialice biológicamente, pues es como una poderosa potencia que atraviesa, la mente, el espíritu, la psicología y el cuerpo de cada mujer. Se nos manifiesta&nbsp; como impulso que&nbsp; nos pone en movimiento de entrega, de lucha, de sacrificio, de cuidado, de detalle, de reverencia especial.</p>



<p>En todo ser humano, varón o mujer, se entrelazan características y formas de ser particulares de su ser sexuado que parecieran estar presentes en todas las dimensiones de su existencia. Para mí es un ejercicio vano definir las características femeninas en contraste u oposición con las masculinas, dado que, la entrega, la generosidad, la dulzura la compasión, el sacrificio, la esperanza, así como otras virtudes y vicios, existen &nbsp;tanto en hombres como en mujeres. No obstante se experimentan y manifiestan de forma ciertamente distinta, complementarias y por ello recíprocas. Y esto a mí me alegra y me permite sentirme plena y agradecida por haber recibido el don de ser mujer y de no ser igual a un varón. Los hombres tienen características y aptitudes diferentes y eso los hace igualmente valiosos, pero no somos iguales.</p>



<p>Nosotras percibimos cuestiones que los hombres no. Leemos entre líneas. Al&nbsp; mirar a alguien a &nbsp;los ojos, percibimos estados de ánimo y muchas otras cosas más. Tenemos ese sexto “sentido”, invaluable para mí, que nos acerca misteriosamente a lo más íntimo de los demás. &nbsp;La capacidad de cuidar y atender a otros, aún a pesar de nosotras mismas, está siempre presente en todo. ¿Quién de nosotras no recuerda las veces en que nos levantamos a media noche a atender a alguien de nuestra familia que está enfermo, o a nuestros bebés, a llevar un enésimo vaso de agua o a calmar pesadillas? Yo misma recuerdo despertar a mi mamá todas las noches para que fuera a dormir conmigo y ella venía, ¡todas las noches! Hay un comentario que circula siempre por allí acerca de la diferencia entre un resfriado común y el “resfriado de un varón” y que, con los límites de la caricatura, hace alusión a la actitud de una mamá ante su propia enfermedad tan distinta a la de un papá. Me cuestiono acerca de lo que motiva esas actitudes, o aptitudes.</p>



<p>Me preguntaba de dónde nos viene esa manera de encarnar esas virtudes que parecieran estar allí desde siempre y porqué aparecen como asociadas a ser madres o mujeres ¿Por qué no nos rendimos ante la adversidad, porqué lloramos cuando todo nos parece terrible y al día siguiente nos ponemos de pie y seguimos adelante? Creo que fuimos dotadas de una fuerza especial que está inscrita en nuestro ser mujeres y se va nutriendo con la experiencia, con la sabiduría de los años, con los logros y fracasos, con el dolor, con el sufrimiento, con la ternura.</p>



<p>Pienso que somos las mamás las que sostenemos la esperanza de nuestras familias. &nbsp;Aún en las circunstancias más adversas, somos capaces de ayudar a otros a volver a tenerla a pesar de las decepciones, las tristezas y el desaliento. Siempre somos capaces de consolar, acoger y dar calor, incluso a pesar de nosotras mismas. Cuando un hijo tiene que enfrentar un fracaso, cuando al esposo le va mal, cuando todo parece derrumbarse, algo en nosotras nos permite confiar en que no todo se va a quedar allí, que si miramos un poquito más allá, las cosas serán diferentes. Además, creo que si tenemos una mirada de fe en Jesús de Nazaret, esa esperanza tiene un fundamento sólido.</p>



<p>La relación con Él me remite a una mujer en particular, a quien le tocó pasarla muy difícil desde el comienzo: a María, la madre de nuestro buen Jesús, a quien toda su vida se le pidió tener esperanza, aún sin comprender a cabalidad qué estaba pasando. No es casualidad que le tocara vivir una situación tan dura como la de presenciar la muerte de su hijo. No puedo imaginar ese terrible dolor. Yo también tengo una historia con la muerte, y no es para nada sencilla, sin embargo, ver morir a un hijo debe ser lo más desgarrador de este mundo.</p>



<p>Para los cristianos es natural acudir y contemplar ese inmenso dolor para comprender nuestra propia vida. Por eso hoy podemos identificar otras situaciones difíciles de afrontar como las que la Madre hubo de vivir: la separación, las complejas razones por las que los matrimonios se rompen, las dificultades en el mismo, los hijos con sus malas decisiones: alcohol, drogas, malas compañías, pérdida de su propia identidad, la soledad del abandono, o cuántas otras que cada madre conoce y guarda en su corazón.</p>



<p>Cuando una tiene un hijo, nunca vuelve a dormir tranquila. Doy fe. Sólo nosotras sabemos cómo sufrimos en la enfermedad, en el dolor, en la soledad, en la tristeza, en el abandono, en el miedo. Nunca más volvemos ser las mismas, nunca más vuelve una a dormir sin “un pendiente” en nuestro corazón.. Y aun así, pareciera que esa fuerza invisible nos mantiene en la certeza que Dios los ama más que nosotras mismas, incluso y que, de un modo u otro va a hacerles sentir su Amor y su Misericordia. Sólo las mamás sabemos cuánto se ama a los hijos, cuánto se anhela que sean felices, cuánto lloramos cuando ellos lloran o estamos felices cuando logran sus metas y sus sueños. Pero también sabemos del sufrimiento cuando se equivocan, rechazan el buen consejo o simplemente cierran su corazón a lo Bueno.</p>



<p>Cada hijo es un mundo distinto y con cada uno, en su lugar en el corazón, se vive todo eso. Por eso Dios nos dio el modelo más hermoso en María, la <strong><em>mujer, mamá, esperanza</em></strong>, íntegra y completa. Ella no se amilanó ante lo que se le presentaba incomprensible y difícil, sino que confió, con todo su ser&nbsp; en las promesas de Dios. Como ella ha habido y siguen habiendo mamás que viven amando, postergando un poco todo porque los hijos nos necesitan. La buena noticia es que, conforme maduran, y si hemos hecho bien nuestro trabajo, nos van a necesitar cada vez menos. Eso es precisamente lo que queremos: que se valgan por sí mismos, que vuelen, que cumplan sus metas, que sean hombres y mujeres de bien, que nos quieran todo lo que puedan y nos recuerden, pero, sobre todo, que ya no nos necesiten.</p>



<p>El amor que como madres sentimos es absolutamente incondicional, es decir, no depende de que el hijo sea bueno, sea malo, lo retribuya o no. Siempre vamos a amarlos, ¡y Dios sabe que a veces son realmente difíciles de amar! Amarlos no significa estar de acuerdo siempre con sus decisiones ni abandonar nuestras convicciones más profundas o nuestro modo de pensar. Quiere decir que los vamos a querer siempre, aunque eso signifique corregirlos, hacerlos caer en cuenta de sus errores, advertirles de los peligros y también mostrar firmeza ante sus comportamientos inadecuados. <strong><em>El auténtico amor busca siempre el verdadero bien del otro</em></strong>, no su aprobación.</p>



<p>Yo creo que nunca hay que dejar de rezar por ellos. En realidad eso es lo único que se puede hacer y al mismo tiempo el fundamento de todo lo que se debe hacer. Una vez que crecen, queda orar más, esperar que no se equivoquen demasiado y estar allí para cuando necesiten un abrazo, un poco de consuelo o un consejo. Al final es así: ni nosotras ni nuestros hijos somos perfectos. De hecho, con la delicadeza y precisión que siempre lo ha caracterizado, el Papa Benedicto XVI decía que todo ser humano es una decepción, pero también una esperanza.</p>



<p>María es la mujer de la esperanza. A pesar de ser tan joven y tener que pasar por circunstancias tan complejas, confió en que Dios sabía lo que le estaba pidiendo y que Él se haría cargo de todo. Respondió con valor, aun sin saber lo que vendría. En su respuesta generosa se puede ver su forma de ser: no se derrumba ante las incertidumbres, ni cuando todo parece tornarse oscuro y amenazador. La solidez de su carácter sencillo, opaca cualquier protesta violenta, vence injurias y gritos hostiles, supera la ira y la tristeza, atraviesa todo mal, deja sin sentido todo espíritu de venganza, todo afán de revancha y lucha por el poder.</p>



<p>Lamentablemente hoy vemos muchas mujeres que dicen representarnos o defender nuestros derechos, entregadas a una guerra sin control, sin más horizonte que alcanzar el poder para lograr una venganza secular e ideológica que llaman justicia cuando no es otra cosa que envidia, ira y soberbia. Soy muy consciente de que hay injusticias muy graves, que hay abusos que hombres cometen contra las mujeres y que tenemos costumbres que erradicar de la sociedad y por eso lo digo: solo el amor puede sanar esas heridas, no la venganza&nbsp; ni los destrozos, ni el odio contenido en la ideología de género que ve en las diferencias sexuales la razón de todas las injusticias, cuando es en el corazón de cada hombre y cada mujer que se incuba el mal y también la posibilidad de sanarlo.</p>



<p>El papa Francisco ha dicho bellamente de María: <em>se nos aparece en ese instante como una de tantas madres de nuestro mundo: valiente hasta el extremo cuando se trata de acoger en el vientre la historia de un nuevo hombre que nace</em>.</p>



<p>Como dice San Lucas, María conserva en su corazón toda la realidad y la medita. Nos hace falta esa calma y esa confianza para renunciar a querer controlar todo lo que pasa, para abandonar nuestras pretensiones de omnipotencia, para dejar que Dios sea Dios. La vida real no siempre es como queremos: viene con alegrías, dolor, tragedias, días felices, eventos incomprensibles. María también vivió todo eso. Y el lugar más patente es el Calvario, allí donde estuvo con el corazón destrozado por el dolor pero de pie, esperando contra toda esperanza y sosteniendo a la Iglesia naciente con su fe, expresión llena del Amor de Dios.</p>



<p>¿Cómo vivir la esperanza en medio de la crisis, de la dificultad, de la adversidad, del dolor? Contemplando a Jesucristo, a nuestra madre María y con esa luz mirar nuestra propia vida. Por eso quería terminar con estas líneas. No me gusta ponerme de ejemplo, sólo creo que tengo que compartir mi experiencia concreta de esperanza por si a alguien le sirve. Cuando Dios llamó a mi esposo Frank a su lado, una gran amiga me dijo<em>: todo este dolor tuyo tiene que derivar en algo bueno, tienes que hacer algo con él</em>. Yo he ido descubriendo que Dios me ha llamado a tratar de ayudar a otros a ver el sufrimiento con esperanza, con confianza en sus promesas, en el Único que realmente no defrauda. Básicamente porque no sé vivir la esperanza de otro modo, todo es efímero, pasa, se rompe, se termina, sólo Dios permanece.</p>



<p>Regreso a una de mis ideas iniciales: no es casualidad que seamos las mujeres a las que se nos ha encargado ser capaces de llevar a los hijos desde su concepción hasta su nacimiento en nuestro propio cuerpo. Hay Sabiduría en esa decisión. Tampoco es casualidad que tengamos una infinita capacidad de soportar dolor, físico y emocional. Se nos ha confiado algo, algo que se parece un poquito a como Dios ama a sus hijos. De hecho en la Escritura se compara el amor de Dios al de una madre por sus hijos. Tenemos la hermosa misión de transparentar ese amor.</p>



<p>Miremos siempre al corazón de María para aprender a ser madres y mujeres de esperanza y de fe. ¿Cómo mirar su corazón? Como con cualquier amiga, hay que conocerla, dialogar con ella, ver cómo reacciona, cómo actúa. Necesitamos una <em>cultura mariana</em>, conocer lo que la Iglesia enseña sobre ella, el papel que juega en la vida cristiana de la humanidad, lo que significa en la obra de la Redención, lo que le dice a cada hijo suyo. Es la Madre de Dios y no hay pecado en ella, y precisamente por eso, nos invita a vivir su vida como ella, mirando a Su Hijo Jesús, cerca al Señor. Porque ella lo educó, pero sobre todo, porque se dejó educar por Él. Y así se hizo madre nuestra y nuestra más grande amiga.</p>



<p class="has-text-align-right">Claudia Quiroz Pacheco</p>



<p></p>
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		<title>El amor y el sentimiento</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/amor-sentimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2020 17:42:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Ignacio Angulo Cuba]]></category>
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					<description><![CDATA[La experiencia de trabajar con familias por más de quince años nos muestra que es usual ver esposos que van por la vida tratando de hacer que su matrimonio perdure en el tiempo, basados no en el amor sino únicamente en el sentimiento. No lo dicen así y si uno les preguntara probablemente responderían que [&#8230;]]]></description>
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<p>La experiencia de trabajar con familias por más de quince años nos muestra que es usual ver esposos que van por la vida tratando de hacer que su matrimonio perdure en el tiempo, basados no en el amor sino únicamente en el sentimiento.</p>



<p>No lo dicen así y si uno les preguntara probablemente responderían que no, que conocen las razones de fondo y que saben que el matrimonio es un compromiso, etc., pero en la práctica, quitando ruidos y disfraces, el juicio sobre el éxito de sus matrimonios lo juzgan desde la experiencia de sentirse bien o mal con su cónyuge.</p>



<p>Este estilo de vida está siempre amenazado por el gran temor de que todo acabe en cualquier momento. No es raro que se pregunten ¿Cuánto durará?</p>



<p>Esta problemática surge de un grave error intelectual sobre la naturaleza del amor. Desde pequeños hemos sido invadidos con la idea de que el amor es un sentimiento, hermoso, grande, noble, lleno de maravillas, emociones desbordantes y finales felices, pero un sentimiento, y como tal algo tan voluble e inestable como son todos los sentimientos.</p>



<p>Por eso la sensación de estar a merced de ellos y sentir también que nuestro compromiso durara lo que el sentimiento dure.</p>



<p>Esta idea va apoyada por películas, novelas, series de televisión, noticias y un sinnúmero de manifestaciones artísticas, en los que vemos que las parejas se dicen&nbsp;<em>lo nuestro terminó, pues ya no siento nada por ti&nbsp;</em>con la misma frecuencia e intensidad con que se juran amor eterno.</p>



<p>Es evidente que si basamos nuestro amor y nuestro matrimonio solamente en el sentimiento, no vamos a tener un final feliz y que sería una locura comprometerse por toda la vida en algo tan inestable.</p>



<p>El sentimiento en sí mismo no tiene más contenido que su propia existencia ni más finalidad que satisfacerse. Nadie debería comprometerse de por vida asumiendo un responsabilidad tan grande como casarse basado solo en ello.</p>



<p>El error conceptual de identificar el amor con el sentimiento tiene la contrapartida de olvidar que en realidad éste es un ejercicio de la voluntad.</p>



<p>El Concilio Vaticano II nos dice que el amor conyugal radica sobre todo en la ella y no en el sentimiento, mucho menos en la sensualidad. Radica en la inteligencia y se realiza por la voluntad, y justamente por ello, sostiene e ilumina los sentimientos y la sensualidad propia del amor conyugal.</p>



<p>Cuando en el altar damos nuestro consentimiento que dice&nbsp;<em>Yo, te recibo a ti, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida</em>, lo que se hace es un compromiso y ese compromiso está basado en nuestra voluntad.</p>



<p>Una voluntad de atendernos y donarnos cada día. Esa promesa de brindarnos a nuestro cónyuge debe ser renovada día a día para poder cumplir lo prometido.</p>



<p>El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda:&nbsp;<em>El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona —reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad</em>.</p>



<p>El matrimonio es una entrega de cuerpo y alma, y esta entrega está dirigida por la voluntad, solo así podemos a sentir y ofrecer seguridad en nuestra relación, saber que el matrimonio durará lo prometido y afirmar con verdad en el altar que asumiremos nuestro compromiso&nbsp;<em>por todos los días de vida que Dios nos conceda.</em></p>



<p class="has-text-align-right">Juan Ignacio Angulo Cuba</p>



<p></p>
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		<title>Queridos abuelos de la humanidad</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/queridos-abuelos-humanidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Apr 2020 23:03:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Juan David Quiceno Osorio]]></category>
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					<description><![CDATA[Es un asunto de humanidad. Ayer leía una noticia en el diario de Navarra que relataba las vicisitudes de salud de tres hermanos que vivían juntos y que contaban años entre los tres para llegar a los 300. Desafortunadamente dos de ellos murieron a causa del coronavirus. El periodista que consignó la noticia recordaba que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Es un asunto de humanidad. Ayer leía una noticia en el diario de Navarra que relataba las vicisitudes de salud de tres hermanos que vivían juntos y que contaban años entre los tres para llegar a los 300. Desafortunadamente dos de ellos murieron a causa del coronavirus.</p>



<p>El periodista que consignó la noticia recordaba que estas personas nacieron en contextos de guerra en los años cuarenta a los que sobrevivieron y hoy se van dejando espacio para que otros más jóvenes puedan vivir.</p>



<p>Escribo para ellos, queriendo agradecer sus esfuerzos, y para nosotros, queriendo recordar nuestras deudas con el pasado y responsabilidades con el futuro.</p>



<p>Para bien o para mal, la generación de nuestros abuelos creció en medio de contextos muy difíciles que se prolongaron por muchos años.</p>



<p>Sabían perfectamente lo que era un estado de emergencia, así que probablemente este solo fue el cierre de un film que comenzó en medio de un gran nudo. Nacieron en tiempos de una guerra mundial y murieron en medio de una enfermedad con la misma dimensión.</p>



<p>Queridos abuelos de la humanidad. Quisiera agradecerles por el mundo que nos han heredados. No es el peor, tampoco es el mejor. Tenemos una deuda con sus esfuerzos y entendemos que tenemos una responsabilidad con el futuro de las nuevas generaciones.</p>



<p>Sabemos que serán ellos quienes juzgarán lo que hoy nosotros hicimos bien o mal. Personalmente me he forjado con el conocimiento y los grandes pensamientos de muchos de ustedes. He heredado sus pasiones y también cargo con algunas de sus pésimas elecciones a las que colaboro con mi inconciencia, mi burguesía y mi poca capacidad de sacrificio.</p>



<p>Sin embargo, no me quejo de ello porque es mi tarea ser mejor y más bien quisiera decirles que gracias al honor que hicieron a su humanidad, hoy seguimos teniendo mucho por hacer, pues, ya ven, no se trata de construir un mundo sin dolores ni sufrimientos sino más bien uno que aprenda a vivirlos con humildad frente a Dios, con solidaridad frente a la humanidad y con amor frente a los propios amigos y familiares.</p>



<p>Muchos de ustedes soñaron la paz. Otros reivindicaron la libertad por caminos rectos y otros por caminos no tan rectos. Sufrieron la guerra de la economía y probablemente alcanzaron a reírse intentando usar tabletas y Smartphones para mantenerse conectados con sus familiares. Muchos de ustedes han sido gente ejemplar, grandes esposos, grandes padres de muchos hijos. Personas que con virtud y sacrificio han permitido que el mundo en el que hoy vivimos sea posible. Las bases culturales de nuestra generación han sido puestas por ustedes, la experiencia fundamental de ser personas es un legado impagable que entregaremos a las próximas generaciones recordando el ejemplo de ustedes.</p>



<p>Un corto hashtag, que es lo que ahora utilizamos para promover ideas, nos ha recordado que los respetamos, que los queremos y que aún hay cosas con las que podemos alegrarlos. Gracias queridos abuelos de la humanidad.</p>



<p>Quisiéramos aprender de sus aciertos y sus yerros, ojalá podamos. Hoy ya no es posible ir al cementerio y mirar un montón de cruces anónimas, pues, todos los que allí se encuentran son nuestro propio pasado. Es la última enseñanza que muchos de ustedes nos han querido dejar antes de irse. Seguro, Dios se encargará de darles la medalla que muchos de ustedes no recibieron en vida al ser simplemente soldados, médicos, madres y padres anónimos para el mundo.</p>



<p><br><br></p>
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		<title>Crónica: Poesía en el pasillo</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cronica-poesia-pasillo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Nov 2019 17:43:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Ignacio Angulo Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Alumnos]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Cisneros]]></category>
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		<category><![CDATA[César Vallejo]]></category>
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					<description><![CDATA[El pasado viernes el campus de la universidad se llenó de luz con Poesía en el pasillo, el ya conocido evento del Departamento de Humanidades. Es una actividad pensada, organizada y promovida por nuestro profesor César Belan que, dada la acogida que tuvo en años anteriores, se está convirtiendo en una curiosa, y valiosa, tradición. El [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El pasado viernes el campus de la universidad se llenó de luz con <em>Poesía en el pasillo</em>, el ya conocido evento del Departamento de Humanidades. Es una actividad pensada, organizada y promovida por nuestro profesor César Belan que, dada la acogida que tuvo en años anteriores, se está convirtiendo en una curiosa, y valiosa, tradición.</p>



<p>El evento está concebido como una irrupción sorpresiva de la poesía, la literatura y las artes en la vida de los transeúntes. Cantantes, poetas y escritores, todos profesores y alumnos de la UCSP convocados por los organizadores, se animaron a correr el riesgo. El efecto suele ser paulatino. Alguno se detiene primero, luego otro, y otros más, se ponen a escuchar, hasta que de pronto se hace silencio, las palabras van cargándose de energía, la música convoca, anuncia y denuncia, los cuentos conmueven y la poesía evoca, como siempre, lo más alto y lo más hondo del que lee y del que escucha.</p>



<p>Además de los participantes previamente convocados, se hace un <em>micrófono abierto</em> a través del cual, alumnos y profesores de las diferentes carreras, administrativos o cualquier otra persona que simplemente pasa por ahí, comparten sus creaciones e interpretaciones. En esta edición, varios se animaron a leernos, tanto poesías terminadas de gran calidad, como borradores escondidos, o textos de autores conocidos que los han impresionado. Se puede así ver el proceso creativo y el anhelo que todos, de una u otra manera, tenemos de comunicar lo que pensamos, sentimos y hacemos.</p>



<p>El profesor José Chávez, de la Facultad de Derecho, leyó algunos de sus poemas publicados; el profesor Juan Carlos Nalvarte, del Departamento de Humanidades, leyó cuentos y poesías suyas y textos célebres de literatos reconocidos como Antonio Cisneros; el profesor Enrique Gordillo, de la carrera de Educación, nos dio una lectura muy aguda y sentida del trabajo de Cesar Vallejo, expresando su admiración por el gran poeta peruano; el profesor Manuel Rodríguez, generó varias sonrisas cómplices con la lectura de algunos de sus cuentos inéditos.</p>



<p>Por primera vez tuvimos “Haikus”, poemas muy breves y profundos, que fueron recitados por nuestra profesora Ana Cecilia Quispe y también presentados en forma escrita a lo largo del pasillo para que nuestra comunidad los pueda leer y dar una opinión sobre ellos. Hubo muy buenos comentarios.</p>



<p>El elenco de música dirigido por el profesor Gonzalo Maldonado presentó zambas argentinas y música criolla. Las interpretaciones vocales de Deborah Rodríguez, Nicole Marchani, Milagros Zapana y Ángela Indacochea, fueron impecables y conmovedoras, una pequeña muestra del gran talento que hay en la Universidad. Estuvieron acompañadas por Renato Vargas, Miguel Tarqui, Gabriel Hancco y Luis Palomino en los instrumentos. Mil gracias, muchachos.</p>



<p>Finalmente, el evento sirvió también para convocar a concurso <em>Piedra blanca sobre piedra blanca</em> que todos los años organiza el Departamento de Humanidades. Se puede ver las bases aquí: https://ucsp.edu.pe/humanidades/concurso-literario-piedra-blanca-sobre-piedra-blanca/</p>



<p>Esperamos que, como toda tradición que se arraiga en la profundidad del alma, tanto <em>Poesía en el pasillo</em>, como el concurso <em>Piedra blanca sobre piedra blanca</em> sigan creciendo y convocando a todos los que, de una forma u otra, quieran compartir poesías, cantos o cuentos, y, con ellos, la riqueza más grande e importante de todas: el amor que se plasma en el arte y le da sentido a la vida.</p>



<p class="has-text-align-right">Juan Ignacio Angulo Cuba</p>



<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Debate y honestidad intelectual: un aporte medieval</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/debate-honestidad-intelectual/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Oct 2019 01:29:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Tomas Salazar Steiger]]></category>
		<category><![CDATA[corrección política]]></category>
		<category><![CDATA[debate]]></category>
		<category><![CDATA[discusión]]></category>
		<category><![CDATA[error]]></category>
		<category><![CDATA[información]]></category>
		<category><![CDATA[intelectual]]></category>
		<category><![CDATA[manipulación]]></category>
		<category><![CDATA[verdad]]></category>
		<category><![CDATA[vulgarización]]></category>
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					<description><![CDATA[Uno de los beneficios de pasar los últimos siete años de mi vida leyendo a Tomás de Aquino ha sido la posibilidad de conocer y profundizar en el método que usaban para pensar en esa época, llamado la Cuestión disputada. Las cuestiones disputadas solían ser debates públicos, que luego se ponían ordenadamente por escrito. Esta [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Uno de los beneficios de pasar los últimos siete años de mi vida leyendo a Tomás de Aquino ha sido la posibilidad de conocer y profundizar en el método que usaban para pensar en esa época, llamado la Cuestión disputada. Las cuestiones disputadas solían ser debates públicos, que luego se ponían ordenadamente por escrito. Esta tenía una estructura muy simple.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Se plantea una pregunta, es decir: la cuestión disputada. Por ejemplo: ¿Es libre el hombre?</li>



<li>Se plantean todos los argumentos conocidos en contra. Siguiendo el ejemplo, los argumentos por los que parece que el hombre no es libre.</li>



<li>Se presenta una solución a la pregunta. En este ejemplo: demostrar con argumentos que el hombre sí es libre y en qué sentido.</li>



<li>Se refutan los argumentos en contra presentados en 1.</li>
</ol>



<p>La recopilación de los argumentos en contra tiene rasgos muy importantes:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Era todo lo exhaustivo que podía ser. No pocas veces Santo Tomás consideraba 15 o más argumentos en contra.</li>



<li>Suponía una gran erudición y respeto por las posturas y los autores previos y actuales que habían tratado un tema. Era signo de una apertura mental notable.</li>



<li>Suponía una gran honestidad intelectual: de lo que se trataba era de considerar seriamente todas las posiciones contrarias a la de uno.</li>



<li>Era todo lo preciso que podía ser. Eso supone hacer el esfuerzo por entender la posición contraria, y formularla de la mejor forma posible. En el caso de Santo Tomás, se dice que muchas de las formulaciones de las objeciones eran más claras y mejor sustentadas que las formulaciones mismas de sus autores originales.</li>
</ol>



<p>El núcleo de la cuestión disputada era la solución. Era donde el autor exponía su postura. Tenía que ser razonada, sustentada, y además, suficientemente potente como para luego servir para rebatir todos los argumentos en contra previamente presentados.</p>



<p>Posteriormente se procedía a responder a las objeciones, una a una. Esto no se usaba para ridiculizar la postura contraria, sino más bien servía para rescatar la parte de verdad que la objeción tenía, y luego mostraba en qué sentido tenía una debilidad, por la cual constituía un error, la cual corregía.</p>



<p>La cuestión disputada es una tarea extraordinaria de la razón, esencialmente constructiva.</p>



<p>Estamos perdiendo la capacidad de debatir racionalmente. Caemos muy rápido en denostar la postura contraria, no esforzarnos por entenderla y expresarla lo mejor posible. Antes que perder una discusión, preferimos ocultar los argumentos del otro, o distorsionarlos y volverlos irreconocibles. En épocas de corrección política, burla o vulgarización del otro, y de manipulación de información, no nos haría mal rescatar el hábito de la cuestión disputada.</p>



<p>Una lección del siglo XIII para nuestro tiempo.</p>



<p class="has-text-align-right">Tomas Salazar Steiger</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Se puede recrear la música del pasado?</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/puede-recrear-musica-pasado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Sep 2019 17:36:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Maldonado Chauca]]></category>
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					<description><![CDATA[A pesar del entusiasmo de algunos académicos e intérpretes por explorar la música de siglos pasados, existen varios obstáculos que impiden una comprensión de estos repertorios. Dado que la música existe principalmente en la interpretación, y antes de que sea posible grabar sonidos a fines del siglo XIX, todas las presentaciones se perdieron en el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A pesar del entusiasmo de algunos académicos e intérpretes por explorar la música de siglos pasados, existen varios obstáculos que impiden una comprensión de estos repertorios. Dado que la música existe principalmente en la interpretación, y antes de que sea posible grabar sonidos a fines del siglo XIX, todas las presentaciones se perdieron en el momento en que terminaron. No podemos viajar en una máquina del tiempo para descubrir cómo sonaba la música en el siglo XVIII o antes. En cambio, los estudiosos y los artistas intérpretes o ejecutantes deben confiar en fuentes escritas, que inevitablemente dan un panorama incompleto.</p>



<p>Se registró poco sobre la música de antes del siglo XIX, si es que se hizo. Esto incluye muchas de las técnicas de interpretación para instrumentos y voces; los extensos repertorios improvisados, ya sea música de baile, música instrumental, música popular de la calle, la taberna y el campo. Los rastros de esta rica cultura auditiva a veces se pueden reconstruir a partir de fuentes como ilustraciones o diarios. Las pinturas y grabados pueden mostrar a las personas de los conjuntos instrumentales, mientras que los diarios como el que Samuel Pepys llevó en Londres en la década de 1660 describen la música que se escucha en las calles.</p>



<p>En cuanto a las técnicas de interpretación y canto, sobrevive una cantidad variable de información, aunque los tratados que describen las habilidades de interpretación se publicaron a partir del siglo XVI en adelante, estos solían ser para aficionados y, por lo tanto, solo cubren técnicas básicas. Los músicos profesionales solían mantener sus habilidades en secreto, compartiéndolas solo con aprendices para proteger el estado de su profesión; de hecho, muchos libros de la época decían que la única forma de aprender a cantar o tocar adecuadamente era imitar a un maestro. Estos consejos refuerzan la importancia de aprender de oído en los siglos pasados, una opción que no está disponible hoy, ya que nunca podremos escuchar cómo sonaban los músicos antes del siglo XIX.</p>



<p>Las composiciones del siglo XVIII y anteriores se conservan en manuscritos y ediciones impresas de la época. Sin embargo, la notación musical de la época está lejos de ser un registro exhaustivo de cómo sonaba la música. Para los ojos modernos, la notación de repertorios anteriores a menudo parece incompleta. Además, antes del siglo XIX, la música rara vez se veía como valiosa una vez que había cumplido su propósito inmediato; Una actitud común era que “nada es más inútil que la música antigua” entonces sólo una fracción de la música que fue escrita sobrevive. Muchos manuscritos fueron comida de ratones y polillas, otros fueron quemados por accidente o a propósito, o desmembrados y utilizados para encuadernar libros nuevos.</p>



<p>Debido a lo descrito anteriormente no es sorprendente que se pierdan grandes cantidades de música. Algunos estudiosos estiman que entre el 80 y el 90 por ciento de los manuscritos medievales ya no existen. Se sabe que se pierden numerosas piezas individuales: nada sobrevive de la segunda ópera Arianna (1608) de Claudio Monteverdi, aparte del famoso lamento; y alrededor de cien de las cantatas de Johann Sebastian Bach probablemente están perdidas. Innumerables otras piezas sobreviven incompletas, con una o más partes de voz o líneas instrumentales que faltan.</p>



<p>Debido a estos vacíos en el registro anotado, los musicólogos son demasiado conscientes de lo poco que se sabe sobre la música del pasado. Estudiar repertorios anteriores es como intentar hacer un rompecabezas sin la mitad de las piezas. Por lo tanto, los académicos y los artistas por igual deben adoptar un enfoque informado pero creativo: debemos imaginar cómo fue el pasado, porque nunca podemos saberlo exactamente. Muchos artistas, de hecho, se sienten atraídos por repertorios anteriores por el desafío de reconstruirlos de manera convincente.</p>



<p>Incluso si fuera posible recrear el pasado exactamente, hay razones estéticas y filosóficas por las cuales tal recreación sería indeseable. Las actuaciones actuales deben apelar a los gustos actuales. Aunque los oyentes de hoy pueden educarse para cambiar sus gustos, pertenecen al siglo XXI y escuchan los primeros repertorios en el contexto de los siglos posteriores de música.</p>



<p>La relación entre el gusto actual y el rendimiento históricamente informado también está expuesta por la investigación sobre los estilos de ejecución de principios del siglo XX, tal como se conserva en las primeras grabaciones. Estas grabaciones han sido estudiadas por Robert Philip (1992), quien identifica gestos tales como el uso intensivo de portamento, el uso ahorrativo de vibrato y la precipitación de notas cortas. Tales características no son del gusto actual y, en general, no han sido emuladas por los intérpretes actuales de la música de principios del siglo XX. Las primeras grabaciones son evidencia no solo de la rapidez con que los estilos de rendimiento pueden cambiar, lo que refuerza el valor de la investigación en estilos de época, sino también de cómo algunos elementos del pasado permanecen ajenos a los oídos modernos.</p>



<p>Si pudiéramos viajar en el tiempo para escuchar las actuaciones del siglo XVIII, también es probable que encontremos algunos aspectos desagradables para nosotros. Los artistas de hoy deben respetar el gusto predominante (aunque también pueden tratar de influir en él) y tener convicción en lo que hacen; No sería auténtico ni honesto para sí mismos como artistas imitar aspectos del pasado que no les gustaban. Aquí se puede ver que los objetivos de los académicos y los artistas no son los mismos. Los académicos admiten las incertidumbres y vacíos en nuestro conocimiento del pasado. Por el contrario, los artistas intérpretes o ejecutantes, como dice la cantante Susan Hellauer, “se ven obligados a tomar decisiones musicalmente viables. Como a menudo digo, no se puede cantar una nota al pie”</p>



<p class="has-text-align-right">Gonzalo Omar Maldonado Chauca</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El cónyuge y la conciencia</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/conyuge-conciencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jul 2019 18:00:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Juan Ignacio Angulo Cuba]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/?p=333</guid>

					<description><![CDATA[Cuando uno vive solo, es frecuente que se acostumbre a decidir todo sin consultar con nadie. Confiamos en nuestra conciencia, esa voz interior que nos dice que es lo mejor y nos va orientando sobre las opciones a tomar. Pero es frecuente también que no le hagamos caso y tomemos nuestras decisiones por placer o [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Cuando uno vive solo, es frecuente que se acostumbre a decidir todo sin consultar con nadie. Confiamos en nuestra conciencia, esa voz interior que nos dice que es lo mejor y nos va orientando sobre las opciones a tomar. Pero es frecuente también que no le hagamos caso y tomemos nuestras decisiones por placer o comodidad. Y una vez tomada la decisión, no damos vuelta atrás y colmados de soberbia, quedamos muy tranquilos y satisfechos, pues tenemos el mal gusto de creer que nosotros no nos equivocamos aunque todo el mundo se equivoque, y nos atrevemos a juzgar a los demás, sin que nos haya tocado beber el trago amargo de ser corregidos, pues creemos que nuestras decisiones son las mejores, las más sabias, las más correctas y justas ¡Qué fácil es callar nuestra conciencia!</p>



<p>En el matrimonio no es tan fácil. Más allá de la voz de nuestra conciencia está la voz de nuestro cónyuge que sí que se escucha y no podemos apagarla tan fácilmente.</p>



<p>Nuestro cónyuge nos acompaña a lo largo de la vida de tal manera, que siempre es capaz de percibir los actos producto de nuestras decisiones y, cuando algo no está caminando bien, nos puede llamar la atención. Esa voz no se puede acallar: se escucha físicamente, no hay duda de que te están hablando, y menos duda sobre qué es lo que te están diciendo. Hay que tener presente que, en el matrimonio, siempre se debe discernir entre ambos lo correcto, y para lograrlo, es necesario tener al menos una llamada de atención que nos haga meditar las decisiones e inicie el diálogo. Como dice Goethe:&nbsp;<em>Incómodo suele ser a veces el matrimonio; bien lo creo, y así debe ser</em>. No es nada cómodo que te llamen la atención y mucho menos cuando tienen razón.</p>



<p>Por eso en el matrimonio debemos atender la voz de la conciencia que también es la de nuestro cónyuge ¡Cuántas metidas de pata salvadas gracias a los consejos de la esposa o del esposo! ¡Cuántas injusticias o errores graves salvados por la escucha!</p>



<p>En algunos matrimonios quizás este sea el problema más grave: que muchos cónyuges no desean escuchar esa voz de la conciencia, por soberbia, capricho, etc, y se encierran en sí mismos diciendo:&nbsp;<em>a mí no me van a decir que debo hacer.&nbsp;</em>Pero la verdad es que sí: muchas veces necesitamos que nos digan qué hacer. Es en esta intransigencia donde posiblemente se generen los más complicados trances matrimoniales, las discusiones interminables o las actitudes de indiferencia frente al cónyuge.</p>



<p>No dejemos de lado la otra parte, es decir la que nos toca como esposos de hacer una corrección fraterna, pues estamos comprometidos con la felicidad de nuestro cónyuge. Ocurre muchas veces que parece más sencillo dejar pasar y no corregir al prójimo para evitar una discusión o altercado pero ¿Estamos haciendo lo que nos toca? ¿Estamos ayudando a crecer a nuestro cónyuge? No nos olvidemos que estamos heridos por el pecado y muchas veces vamos a errar, y para salir del error, es un deber marital llamar la atención y al mismo tiempo aceptar la corrección y enmendar.</p>



<p>Debemos por tanto estar dispuestos a ser observados en nuestro actuar, pero también a corregir a nuestro ser querido, sobre todo porque por el matrimonio somos una sola carne y el error en que incurra el otro, percibido previamente por nosotros sin alertar, también es un error nuestro.</p>



<p>Hoy desde esta tribuna, quiero agradecer a mi esposa por las muchas veces que no me dejó tomar decisiones injustas, egoístas, torpes, graves y perjudiciales, y por todas las veces que escuchó y asumió con paciencia las correcciones que también le hice. De eso es trata el matrimonio, de velar por el bien del cónyuge, que en el fondo, es el bien de la unidad de la familia.</p>



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