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	<title>José Manuel Rodríguez Canales &#8211; Blog Humanitas</title>
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	<title>José Manuel Rodríguez Canales &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>La educación es presencial</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/educacion-presencial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2020 20:22:42 +0000</pubDate>
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<p>En una de las reuniones televisadas (<em>on line</em>&nbsp;dirían en otro idioma&nbsp;<em>exitoso</em>) que se nos han vuelto rutina, un amigo dijo, no sin razón, que la educación es esencialmente&nbsp;<em>presencial</em>.</p>



<p>En ese momento me di cuenta de una de esas cosas obvias cuya profundidad pasa muchas veces desapercibida: la&nbsp;<em>presencia</em>&nbsp;no se agota con la inmediatez física. De hecho, mi amigo estaba presente cuando habló, no era un avatar ni una grabación: habló en tiempo&nbsp;<em>real,</em>&nbsp;desde un lugar&nbsp;<em>real</em>&nbsp;y en una circunstancia&nbsp;<em>real</em>. Y los demás lo escuchamos y vimos de forma&nbsp;<em>real.&nbsp;</em>La única diferencia es que su presencia estaba&nbsp;<em>mediatizada</em>&nbsp;(hablaba a través de un medio) y por ello,&nbsp;<em>deslocalizada</em>&nbsp;(era irrelevante el lugar en el que estaba).</p>



<p>Evidentemente, no es lo mismo hablar con alguien cara a cara o escuchar a un profesor en el aula de clase, que verlo en una pantalla y oírlo por un parlante. Se pierden muchos de los mensajes que las personas transmitimos al ponernos física e inmediatamente ante los demás: cómo nos vestimos, movemos, miramos, enfatizamos o matizamos lo que decimos, la entonación de las palabras, el contacto visual directo (esto sería una&nbsp; nota a pie de página pero como nadie las lee, la pongo acá: considérese también, digo, para no andar por ahí&nbsp;<em>idealizando</em>&nbsp;lo presencial, que también ocurre ese fenómeno llamado&nbsp;<em>presenteísmo</em>&nbsp;por el cual uno está sin estar, sentado en una carpeta con cara de nada).</p>



<p>Sin embargo, a pesar de estas valiosísimas pérdidas que no pueden ser suplidas, también se ganan cosas cuyo valor está por descubrirse con la&nbsp;<em>presencia mediata</em>. Y no son un&nbsp;<em>peor es nada</em>, sino ventajas reales que antes no teníamos en cuenta con suficiente interés. Veamos algunas.</p>



<p><strong>El alcance&nbsp;</strong><em><strong>cuantitativo</strong>&nbsp;</em>se multiplica. Podemos llegar a miles de personas a la vez.</p>



<p><strong>La posibilidad de transmitir ideas se&nbsp;<em>intensifica</em></strong>. Podemos preparar mejor lo que decimos, hacerlo más preciso sin la presión de tener gente presente, mirando nuestra inseguridad. Prescindimos también de los&nbsp;<em>mensajes ruidosos&nbsp;</em>que necesariamente se cruzan en un público físicamente presente: gente que se duerme, caras de no entender, gestos de indiferencia, etc.</p>



<p><strong>La presencia de lo que enseñamos se puede hacer más constante</strong>&nbsp;en la vida de las personas a las que llegamos. Podemos llegar por varios canales y optimizar los mensajes con diversos recursos.</p>



<p><strong>La ilustración y ejemplificación de los contenidos se multiplica</strong>&nbsp;en sus variantes y posibilidades. Podemos usar viñetas, pizarras, música, textos, juegos, vídeos, etc.</p>



<p><strong>El contenido se puede revisar</strong>&nbsp;adecuándose a la circunstancia del alumno. Podemos grabar la clase para que sea revisada cuantas veces sea necesario, podemos recibir sus inquietudes y pensarlas mejor.</p>



<p><strong>Las posibilidades de interacción crecen muchísimo</strong>. Tanto por mensajes de textos, como por audios o a través de la pantalla, tenemos la capacidad de absolver dudas y escuchar personas que probablemente en la clase presencial no habríamos atendido.</p>



<p><strong>Nuestra presencia como profes se&nbsp;<em>democratiza.&nbsp;</em></strong>Estamos al alcance de todos los que se conectan. Y estamos al alcance de la misma manera para todos: la distancia que hay entre su nariz y la pantalla.</p>



<p><strong>Los prejuicios disminuyen</strong>. Al brotar del aislamiento cultural y una suerte de pretensión de superioridad, muchos prejuicios tienden a desaparecer con la presencia de personas de diversos lugares y culturas del mundo.</p>



<p><strong>La situación de enseñar a distancia nos pone en la necesidad de pensar en la&nbsp;<em>experiencia del usuario</em></strong>, un término ya acuñado como UX (dígalo con siglas en inglés y ganará dinero y prestigio, síganme para más consejos) que en realidad es la tradicional empatía o solidaridad que todo profesor, de lo que sea, necesita para enseñar.</p>



<p><strong>Esta misma situación también exige de nosotros pensar en el diseño</strong>&nbsp;(otra expresión&nbsp;<em>anovedosada</em>&nbsp;en inglés:&nbsp;<em>design thinking</em>, síganme para más consejos y bla, bla, bla) de nuestras clases ya no tan concentrados en los contenidos sino en la forma en que los transmitimos. Y, créanme, es muy entretenido hacerlo.</p>



<p><strong>La capacidad del aprendiz se pone a prueba.&nbsp;</strong>En lo presencial inmediato, el aprendiz podía darse el lujo de ser un irresponsable porque él no rema en el bote en el que viaja, lo hace el profesor que todo lo dice, todo lo sabe y de todo se encarga. En la presencia mediata y lo que implica el aprendiz tiene que fijar su propio propósito si quiere aprender.</p>



<p><strong>El tema del contexto social se hace vital en la educación on-line</strong>. ¿Con quién interactúo? ¿De dónde viene? ¿Qué espera? ¿Qué necesita? ¿Qué quiere el joven que está al otro lado de la pantalla? Tenemos muchos recursos para preguntarlo y ellos para decirlo.&nbsp;</p>



<p><strong>La evaluación exige en esta situación el crecimiento y la promoción de la&nbsp;<em>responsabilidad del alumno</em>&nbsp;</strong>y el ingenio del profesor para diseñar formas de ayudarlo a&nbsp;<em>saber cuánto sabe</em>. Evaluar mucho más las capacidades superiores y virtudes intelectuales que los contenidos memorizados.</p>



<p>Eso por ahora. Los dejo, tengo clases presenciales.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>
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		<title>Nido vacío</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/nido-vacio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2020 22:36:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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<p>Todo ha quedado en unos cuantos cuadros colgados en la pared. Estás en el nido de tu familia. Allí están las primeras fotos en ese tamaño de revelado que ya no existe. Fotos en la sierra, junto al letrero de la altura; en la playa, en la casa de los abuelos. Apareces con esa camisa a cuadros que se usaba en esa época. Tus lentes dan risa. Tus patillas también. No tenías panza y tu pelo era negro. El primero de tus pequeños sonríe. Igualito a ti. Tú tienes pinta de cantante pasado de moda. Usas corbata en pleno sol. Tu mujer se parece, o intenta parecerse, a una actriz famosa en esa época. Algo de telenovela. Ese peinado hoy, daría miedo.</p>



<p>Te ríes, pero nadie te oye. El eco de tu voz rebota por la sala vacía de esta casa que tanto te esforzarte en construir. Ya no se usa ese enchapado. Ya esas ventanas no se estilan. Las lajas de tu piso, que tanto te costaron, ya ni las venden. Esos cuadros de flores al óleo, que horror. El paisaje de selvático con chunchos en canoa. Estabas cerca de poner un buda de adorno, te diría tu hija pero te quiere demasiado. Es vieja y pasada de moda, le faltan cosas, a las paredes una mano de pintura, y hay que reemplazar algunos interruptores, pero es tu casa. Y ya nadie sabe que en ese piso y en ese enchapado se han grabado las risas de tus hijos. Y sus peleas. Y sus llantos. Y tus angustias. Ese&nbsp;<em>parquet</em>&nbsp;que ya no se usa, soportó barro, chicle, tachuelas, plastilina, crayolas, tiene manchas de todo tipo.</p>



<p>Aquí te escucharon renegar por ponerse tus medias y luego pedirles disculpas porque no era para tanto. Aquí pusiste crema a innumerables moretones y quemaduras de sol, aquí jugaste monopolio o casinos. Y aquí, en esta alfombra, gastada y de colores desusados, boxeaste contra esos niños que sólo así, contigo arrodillado, eran de tu tamaño. Aquí se abrieron regalos y se llenó todo de papeles. Contra ese portón se tiraron innumerables pelotazos, esos vidrios se rompieron tanto que al final se quedaron así. Y dijiste qué importa, ventilación.</p>



<p>Ese jardín se llenó de caca de perro. Hoy es la tumba de algunos de los más queridos. Ese parque vio los primeros pasos, las carreras, los miedos, las bicicletas, los primeros puchos de esos hijos tuyos que hoy son unos señores.&nbsp;Entre sus árboles se escondieron los primeros enamorados de tus hijas, y vaya que te tenían miedo.</p>



<p>Hoy no quieres este silencio, hoy darías un brazo por volver a angustiarte por una mala nota en la libreta, por el acné, por el quinceañero, por la caída de la que sólo tú podías consolar. Y el asunto es paradójico como la vida misma: te duele de alma esta casa vacía, pero te alegra infinitamente que&nbsp;<em>los chicos</em>&nbsp;no te necesiten, que por fin hayan aprendido a vivir.</p>



<p>Y te secas una tonta lágrima de viejo para ver lo que te toca ahora: lo de los nietos, lo de los almuerzos, lo de esa soledad dulce en la que atardece tu vida. Tiempo de agradecer, tiempo de prepararse, tiempo de querer a tu mujer como nunca lo hiciste. Porque en ti, poco a poco, la bondad ha ido supliendo al capricho. Y no lo dudes: de estas últimas fidelidades está hecha la felicidad eterna.</p>



<p>Suena el viejo timbre. Abres, entra corriendo un perro, dos niños gritan&nbsp;<em>¡Hola abuelo!&nbsp;</em>y se van persiguiéndolo, detrás las sonrisas y un&nbsp;<em>¡Feliz día papi!</em>&nbsp;que te deja en los ojos ese color de madrugada que los llena de lágrimas.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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		<title>Sabiduría, conocimiento, criterio. Educación en aislamiento</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/sabiduria-conocimiento-criterio-educacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2020 20:27:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Queridos alumnos: Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Queridos alumnos:</p>



<p>Un poco de sabiduría. Como ustedes, nosotros, sus profesores, hemos pasado innumerables horas sentados escuchando clases, estudiando y cumpliendo requisitos de aprendizaje. Por eso sabemos que es raro que, como alumnos, percibamos con claridad la pasión que significa enseñar. En serio, no hay gozo más grande para nosotros que verlos comprender un concepto, sacar una conclusión válida, cuestionar una afirmación con argumentos, asimilar y hacer suya una enseñanza, encontrar en ella una luz que señala mucho más allá de nosotros mismos.</p>



<p>No somos, queridos amigos, dueños de verdad alguna, somos simples servidores de las verdades que hemos recibido. Nuestro esfuerzo se concentra en amar lo que hemos aprendido, precisarlo de modo que se haga comprensible para ustedes y acercárselo lo más posible usando todos los recursos que podamos. Y hasta allí llegamos. Podemos decir que nuestra vocación es la de hacernos poco a poco más innecesarios para ustedes, pasar nosotros con el tiempo para dejarles una señal que puedan seguir ustedes para crecer como personas que ejercen una profesión al servicio del bien común.</p>



<p>Somos sus maestros por el mérito que nos da la experiencia en la materia que enseñamos. Nuestra autoridad brota de lo que sabemos y se expresa en la capacidad que tenemos de enseñarlo. Y, como autoridad, está toda ella al servicio de ustedes. Tiene sentido en su aprendizaje, no en nuestra enseñanza. Me atrevo a decir que son tres los dones que se nos han dado para, a nuestra vez, dárselos a ustedes: sabiduría, conocimiento y criterio.</p>



<p>La sabiduría es como la tierra fértil que se recibe por la experiencia. Es un don que debemos pedir siempre. No se trata de una acumulación de datos, algún tipo de erudición o astucia. La sabiduría es un tejido de inteligencia que se va acumulando con los años y los esfuerzos por hacer el bien. Hay además una sabiduría propia de la disciplina que estudiamos, una forma de ver el mundo que se obtiene sobre todo con la carrera: no piensa igual, ni sabe lo mismo, un ingeniero que un abogado, un médico que un economista, un científico de la computación que un psicólogo, un sociólogo que un filósofo, un lingüista que un teólogo, un educador que un administrador. Sus objetos de estudio son distintos y por eso complementarios. Ninguna ciencia agota la realidad y solo tiene sentido si hace sabio a quien la cultiva, sabio no solo en la ciencia sino en la vida.</p>



<p>El conocimiento es como el árbol plantado en esa tierra que es la sabiduría. Todo lo leído y acumulado se va fortaleciendo en el maestro. Ha pasado años leyendo, aprendiendo y comparando desarrollos de diversos autores, ha ido engrosando el tronco de lo que sabe de modo que, aunque no lo recuerde todo, sabe dónde está, por lo menos buena parte, de ese todo. Es fácil constatar, sobre todo hoy, que la información está al alcance de todos. Lo difícil y valioso es el arte de discernir qué información es verdadera, relevante y útil para madurar. Y eso es lo que hace maestro a un maestro. Su forma de pensar es este conocimiento que crece con su afición por mejorarlo, engrandecerlo, actualizarlo y compartirlo.</p>



<p>El criterio son los frutos que se cosechan en cada circunstancia. El maestro es también un instructor en el arte de tener criterio, es decir, tener a la mano en el momento preciso tanto el dato como el proceso necesario para resolver un problema concreto, dar una solución, brindar una ayuda, ofrecer un servicio eficaz en su especialidad. El criterio es la semilla que se lleva el alumno y que deberá sembrar en la sabiduría que a su vez va recibiendo en la vida misma. Terminando los cinco años de universidad, el egresado habrá sobre todo aprendido criterio y asimilado conocimiento. La sabiduría solo la habrá contemplado en sus maestros. Él mismo tendrá que cultivar la suya propia.</p>



<p>Queridos alumnos, esta situación que todos vivimos es una ocasión muy especial para que, sobre todo ustedes, experimenten una verdad que se hace más urgente: los responsables finales de su aprendizaje son ustedes mismos. Nosotros respondemos por la enseñanza y el esfuerzo por facilitarles el aprendizaje, pero la responsabilidad de madurar, asimilar, construir su propio conocimiento y desarrollar su propio criterio es de ustedes. Y de nadie más. En ese sentido tienen una deuda con nosotros, sus profesores.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Pandemia y oportunidades</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/pandemia-oportunidades/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2020 22:37:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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					<description><![CDATA[Como todas las catástrofes, y esta pandemia no es la excepción, las epidemias siempre han sido escenario de lo más grande y de lo más abyecto del ser humano. En eso se parecen todas al juicio universal. Es que en todas se acaba el mundo, por lo menos como lo vivimos hasta que aparecieron. Y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Como todas las catástrofes, y esta pandemia no es la excepción, las epidemias siempre han sido escenario de lo más grande y de lo más abyecto del ser humano. En eso se parecen todas al juicio universal. Es que en todas se acaba el mundo, por lo menos como lo vivimos hasta que aparecieron. Y en todas enfrentamos la verdad sobre nosotros mismos.</p>



<p>La pérdida de control, la desaparición repentina de la seguridad y la incertidumbre sobre nuestra supervivencia son como un reactivo que saca a la luz lo que tenemos en el corazón: cobardía o valor, abnegación o egoísmo, superficialidad o inteligencia, previsión o imprudencia. La primera reacción es la que devela el hábito secreto, la forma de pensar sin pensar que uno tiene dentro.</p>



<p>La absurda acumulación de papel higiénico a la que buena parte del público se ha dedicado evidencia una grave falta de sentido común. La lluvia de chistes, memes y bromas manifiesta una superficialidad monstruosa disfrazada usualmente de buena cara para enfrentar la calamidad, cuando no es otra cosa que inconsciencia, falta de solidaridad o cobardía.</p>



<p>El torrente de información falazmente tranquilizadora es otra reacción absurda: la epidemia no se detendrá con actitudes de autosuficiencia o ninguneo, al coronavirus parece no importarle que lo desprecien o exorcizen con datos estadísticos y proporcionalismos.</p>



<p>El bombardeo de falsa astucia por la que algunos buscan encontrar un psicosocial, una estrategia económica de China, USA, Soros, los iluminati, o los ovnis, muestra muy claramente en qué están pensando esas personas y cómo detrás de esa suerte de inteligencia especial que nadie más que ellos tienen, evitan la responsabilidad de sus propias vidas culpando a las grandes conspiraciones.</p>



<p>Amigos: todo eso sobra ahora. Nada de eso ayuda. La epidemia nos iguala: riqueza, nacionalidad, cultura, belleza, ventajas o diferencias de cualquier tipo, cargos, oficios etc., todo se hace irrelevante.</p>



<p>Y la tarea de todos es tan simple que un niño pequeño la puede entender. En ellas se verá nuestra bondad o maldad. Se reduce a tres cosas básicas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Higiene extremada. Claramente no basta la higiene normal. Lavarse las manos es un factor fundamental. Aunque no todo tenga coronavirus, todo lo que tocamos tiene gérmenes que pueden debilitarnos. Tocarse la cara lo menos posible y, de hacerlo, hacerlo con manos limpias. El virus se transmite por contacto. Por eso debemos suprimir besos, abrazos, saludos con la mano. De hacerlo, lavarse las manos y usar algún desinfectante (alcohol).</li>



<li>Aislamiento. Una cuarentena no son vacaciones. Evitar en lo posible visitas, lugares cerrados, aglomeraciones. Es muy lógico: con más gente reunida, hay más posibilidades de contagio. No es necesario acumular víveres de forma descontrolada.</li>



<li>Alimentación. Todo bien cocido y, lo que no, bien lavado y desinfectado.</li>
</ol>



<p>Lo bueno de lo malo de esta situación es la oportunidad. Estar aislado con la familia es un excelente espacio para orar, pensar, evaluar, dialogar, desempolvar juegos, cocinar juntos, armar rompecabezas, leer lo que nunca se leyó, dibujar, pintar, hacer manualidades. Es la bendición del ocio. Grandes inventos y obras de arte se hicieron en el aislamiento.</p>



<p>Otro factor muy importante es el recuerdo de la muerte. Es una inagotable fuente de sabiduría universal. Sopesar la fragilidad de la vida temporal y justamente por eso su infinito valor para Dios mismo, es un fruto de incalculable riqueza que podemos cosechar en estos días que -no deja de ser providencial- son cuaresma, tiempo de conversión.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Joker: sin Dios nada tiene gracia</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/joker-dios-gracia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Oct 2019 22:32:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
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					<description><![CDATA[Octógono: este post está libre de spoilers sobre Joker. Contiene una clave de lectura muy personal. Léase con confianza si a usted le interesa ver un intento de comprensión cristiana del mundo. Comentario contrapreventivo 1: si a usted no le gusta el cristianismo o los cristianos como este servidor, solo le pedimos que nos haga [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Octógono: este post está libre de spoilers sobre Joker. Contiene una clave de lectura muy personal. Léase con confianza si a usted le interesa ver un intento de comprensión cristiana del mundo.</em></p>



<p><em>Comentario contrapreventivo 1: si a usted no le gusta el cristianismo o los cristianos como este servidor, solo le pedimos que nos haga el favor de no andar diciendo que el autor de este post anda viendo a Dios en todo como si eso fuera una descalificación. Dios, por definición, es omnipresente. En una palabra: Él ya está en todo sin ser ese todo. Nos limitamos a sacar las conclusiones de esta Realidad.</em></p>



<p><em>Comentario contrapreventivo 2: el autor no tiene intención proselitista alguna, solo la natural tendencia a leer lo que ve desde una fe a la que le es imposible renunciar porque de ella dependen la esperanza y el amor. Si sirve como testimonio de este amor como clave de lectura de la realidad, se dará por bien servido. Lo demás Dios dirá.</em></p>



<p>Esta inevitable cinta pertenece a la desgarradora tradición norteamericana de la soledad que uno ve en diversas manifestaciones artísticas, pinturas como las de Hopper, o Mark Rothko, por citar dos referentes, o en películas como<em>&nbsp;Taxi driver</em>, film con el cual hay más de un contacto en sabor, color, estética y un gran actor en común como Robert De Niro.</p>



<p>El título alcanza como conclusión o moraleja de la extraordinaria película de Todd Phillips y la alucinante (nunca mejor dicho) performance de Joaquin Phoenix. Por antonomasia, el lugar sin gracia es el infierno.</p>



<p>Y la locura es un tradicional símbolo del infierno de los condenados. Probablemente una de las más precisas expresiones de esta idea, sea la respuesta que le da Virgilio a Dante ante la puerta del infierno: hemos llegado al lugar donde te dije que encontraremos a las gentes dolorosas que han perdido el bien del intelecto.</p>



<p>Y ya que hablamos de la puerta del tártaro, los terribles y solemnes versos escritos en ella pueden servir para describir también la ciudad del Joker: por mi se va a la ciudad doliente, por mi se va al eterno dolor, por mí se va donde la perdida gente.</p>



<p>Lo digo porque Joker, más que un personaje, parece ser un símbolo, algo como un monumento en la calle principal de su ciudad, algo que expresa el vacío de toda una paradójica sociedad antisocial en la que cada cierto tiempo se produce un homicidio colectivo seguido de un suicidio.</p>



<p>Creo que por eso del infierno, otra figura que acudió inmediatamente a mi memoria, viendo esta versión del príncipe payaso de los criminales, fue la ciudad de los antiguos emperadores en La historia interminable de Michael Ende. Creo que vale la pena citar el texto:</p>



<p><em>Y todo aquél valle estaba ocupado por una ciudad… en cualquier caso, podía darse ese nombre a aquella multitud de edificios, aunque era la ciudad más disparatada que Bastián había visto nunca. Sin plan ni propósito, las casas parecían amontonarse como si fueran dados; como si, sencillamente, hubieran sido sacudidas allí de su saco por algún gigante. No había calles ni plazas, ni ninguna clase de orden reconocible.</em></p>



<p><em>Pero también los distintos edificios parecían absurdos: tenían las puertas en el tejado, escaleras en sitios a donde no se podía llegar y otras que hubiera habido que recorrer cabeza abajo y que acababan en el vacío. Había torrecillas transversales y balcones que colgaban verticales de las paredes, ventanas en lugar de puertas y suelos en lugar de muros. Había puentes cuyo arco se interrumpía de pronto, como si su constructor se hubiera olvidado en mitad de la obra de lo que debía ser el conjunto. Había torres curvadas como plátanos y pirámides colocadas sobre su cúspide. En resumen, toda la ciudad producía una impresión de locura.</em></p>



<p><em>Entonces vio Bastián a sus habitantes. Eran hombres, mujeres y niños. Por su aspecto, parecían seres humanos corrientes, pero sus trajes sugerían que todos ellos se habían vuelto locos y no podían distinguir ya entre las prendas de vestir y los objetos para otros usos. En la cabeza llevaban pantallas de lámparas, cubos para jugar en la arena, soperas, cestos de papeles, bolsas o&nbsp;</em><em>cajas de cartón. Y se tapaban el cuerpo con manteles, alfombras, grandes trozos de papel de plata y hasta barriles.</em></p>



<p>Lo común a todos estos tristes habitantes de la nada es que quisieron ser emperadores, someter a los demás, y, por eso, se quedaron solos encerrados en la locura. Algo de esto hay en la película y en la realidad que refleja.</p>



<p>El capo mafioso y burlón de los comics de Batman poco tiene que ver con esta especie de bufón tristísimo, cómico desolado, espantapájaro cargado de vergüenza, basura que nada tiene que perder porque nada puede ganar. Nada produce risa porque nada tiene gracia en el horizonte de este personaje.</p>



<p>Y sin embargo, suscita en el espectador una especie de compasión probablemente arraigada en la semejanza que todos tenemos con el Joker. Compasión que parece contener una de esas esperanzas que, cuanto más pequeñas son, más fuertes se hacen porque se alimentan del poder de las desgracias. Algo que se acerca bastante a la humildad, cuando no se vuelve violencia sino perdón y bondad. Cada uno decide qué hace con su dolor. Y cada uno se hace responsable de esa decisión.</p>



<p>¿Por qué ver Joker? Lo dice bien Pippo buono, el gran San Felipe Neri: Quien no va al infierno mientras vive, va después de muerto. Ver Joker se parece mucho a ir al infierno un rato.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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		<title>¿Cómo llegamos aquí?</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/como-llegamos-aqui/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Oct 2019 22:38:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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<p>Escribo en caliente pero con la cabeza lo más fría posible. Pasemos revista a los hechos que parecen haber conducido al país a esta lamentable situación.</p>



<p><strong>2015 (31 de diciembre en la noche):</strong>&nbsp;se aprueba una ley electoral lamentable, llena de vacíos y con el proceso ya comenzado.</p>



<p><strong>2016:</strong>&nbsp;arranca una carrera por el poder con corredores tullidos, ciegos o delincuenciales. En el camino queda Guzmán que comenzó a correr sin estar inscrito, Acuña que trasgredió un reglamento que se instauró después de comenzar la carrera y funcionó de manera retroactiva. Los dos tenían posibilidades pero el primero se ubicó en&nbsp;<em>FB y arriba</em>&nbsp;sin arraigo&nbsp;<em>popular</em>&nbsp;y con un discurso tecnócrata, facilongo y débil. Y el segundo era demasiado,&nbsp;<em>ya demasiado</em>&nbsp;circense y, entre la copia y el plagio, las cantinfladas dignas de meme y el sabor a cutra de toda su hoja de vida terminó por desaparecer sin pena ni gloria.</p>



<p>Desaparecidos estos dos y muertos todos los consabidos&nbsp;<em>enanos electorales,&nbsp;</em>entre los cuales tuvimos al principesco Barnechea que por no comer chicharrón, murió de intoxicación política.</p>



<p>Quedaron dos contendientes representando las dos fuerzas ya clásicas en lo que se nos ha dado (a falta de otra cosa) por llamar&nbsp;<em>política</em>: el fujimorismo y el antifujimorismo. La peli de votar entre cáncer y sida se repetía una vez más. Cabe mencionar que Keiko incurrió en la misma falta de Acuña de ofrecer dádivas pero se hizo una&nbsp;<em>interpretación auténtica</em>&nbsp;y la Virgen María la protegió según Chlimper. Y, bueno, terminadas las elecciones se hizo otra&nbsp;<em>auténtica interpretación</em>&nbsp;para salvar al Apra que había caído debajo de la valla electoral.</p>



<p>Quedaron en el ring: PPK, un anciano de saco, corbata, flautista, educado y con fama de economista brillante; y Keiko, la heredera del imperio fujimorista, sin mucho mérito pero con adhesiones muy fuertes al recuerdo de su padre. Es decir: la tolerancia global contra el orden nacional. Como somos un país de tradición autocrática tendíamos al orden. Como somos también un país comodón y sin memoria tendíamos al rollo tolerante y progresista, o sea, la&nbsp;<em>boheme</em>&nbsp;criolla.</p>



<p>Se partieron las aguas: el ejecutivo le tocó a PPK y el legislativo a Keiko. La heredera de don Alberto nunca perdonó: ni a sí misma por haber perdido ni a PPK por haberle&nbsp;<em>ganado</em>&nbsp;con la suma de un coro de voces de los más disímiles, una caterva de personajes similares a los que mataron a Aslan en las crónicas de Narnia.</p>



<p><strong>2017:</strong>&nbsp;Listo. Con eso ya teníamos la introducción a este drama que comenzó como comedia, mientras el piloto automático de la economía y el&nbsp;<em>milagro peruano&nbsp;</em>permitía cierta comodidad, y va terminando como tragedia, porque ahora sí da miedito.</p>



<p>Se inició la guerra pírrica de FP y su principal arma fue la unidad cerrada de sus parlamentarios que se fue destejiendo poco a poco por la&nbsp;<em>demasiado&nbsp;</em>baja calidad humana de sus soldados y dilapidó su mayoría en la venganza ridícula de su lideresa. Al frente los PPkausas quejándose de obstruccionismo.</p>



<p>Todo parecía desenvolverse como siempre en este país centralista y alimeñado, en el que&nbsp;<em>hasta la gripe se acojuda&nbsp;</em>que diría un alcalde del siglo XIX, hasta que apareció la sombra de Odebrecht y el apocalipsis zombie para todo el mundo. Allí tuvimos el episodio de las mentirijillas de PPK, las movidas, compras, ventas,&nbsp;<em>avengers</em>&nbsp;y cuchilladas por la espalda en el Congreso intercambiando el indulto presidencial al exp-presidente Alberto Fujimori por evitar la vacancia en Navidad. El 2017 terminaba con el anciano abrazado a Kenyi Fujimori, bailando con su consabido ritmo de la&nbsp;<em>creatura de Frankenstein</em>&nbsp;por haberse salvado hasta la próxima.</p>



<p><strong>2018:</strong>&nbsp;Y en marzo llegó<em>&nbsp;la próxima. James Bond Mamani</em>&nbsp;destapa las oscuras conspiraciones pitucas con invitaciones a almuerzos&nbsp;<em>recontra fichazos</em>&nbsp;y&nbsp;<em>en San Isidro, cholo</em>, de los amigos de PPK y todo se va al traste dándonos el triste espectáculo del señorón gritando que los delincuentes lo sacaron del sillón presidencial, cuando en realidad lo que vimos fue el destape horrendo de una fortuna construida con cutritas, cutras y cutrotas de nuestro presidente de lujo.</p>



<p>El año siguió con el paralelo autodesprestigio del Congreso de la República. Balazos al pie, congresistas que no recordaban en qué colegio estudiaron y congresistas cuya promoción de colegio no las recordaba,&nbsp;<em>James Bond Mamani</em>&nbsp;en un curioso y cochino episodio en un avión, tránsfugas, choros, gentes de mal pelaje, blindajes, favorcitos y favorsotes terminaron por embalsarse peligrosamente.</p>



<p>Se suma la danza macabra el Poder Judicial, los hermanitos, las entraditas para ver a Perú en Rusia. Gareca se había hecho presidenciable con la clasificación, se reparten prisiones preventivas para todos. Hay que decirlo: eso sí fue más o menos democrático.</p>



<p>En julio asume el poder el primer vicepresidente Martín Vizcarra. Un breve luna de miel y cierta esperanza fundada en su gestión regional de Moquegua y oscurecida por manejos no muy transparentes en el nunca construido aeropuerto de Chinchero.</p>



<p>En octubre se revoca el indulto humanitario a Fujimori papá y se le da treintaiséis meses de prisión preventiva a Fujimori hija. Para muchos obra del Señor de los Milagros, para otros, una gran injusticia. Y, como hace un buen rato, la polarización impide dilucidar con claridad.</p>



<p>Vizcarra promete, promete y promete sin prometer, mientras comienza a fraguarse la idea de que&nbsp;<em>nada funciona por culpa del Congreso</em>, algo bastante conveniente para ocultar su incapacidad de gestión y el fantasma de Chinchero. Y ocurre lo lógico: comienza a moverse con encuestas y a golpear al Legislativo, cosa que lamentablemente siempre daría réditos con un parlamento como este.&nbsp;<em>Sube y baja&nbsp;</em>de popularidad, estilo plebiscitario cada vez más marcado, alusiones constantes a la&nbsp;<em>voluntad del pueblo</em>, y la gran bandera de la&nbsp;<em>lucha contra la corrupción</em>, en los poderes que no son el suyo, porque hasta donde hemos visto, el reflector nunca se dirigió a Palacio.</p>



<p><strong>2019:&nbsp;</strong>repartición masiva de prisiones preventivas, gente saltando por las ventanas, un ex presidente que nunca termina de venir para cumplir su condena, una ex alcaldesa lloriqueando que aceptó dinero de Odebrecht por bondad y amor a Lima, jueces huyendo, otros perseguidos, un ex militarote machote escondido, procuradores heroicos según unos, y cobardes según otros. Curiosa relación de algunos de estos héroes-villanos con el gobierno de turno. La prisión preventiva para Alan García lo deja sin capacidad de maniobra y se suicida. La polarización crece como espuma. Como suele ocurrir en estos casos, los medios cobran protagonismo y ya nadie sabe nada, o casi nada, de lo que&nbsp;<em>realmente está pasando</em>. Solo nos queda el apasionamiento, la burla mutua y cierta indignación vaga que no se hace violenta por cansancio y comodidad.</p>



<p>El enfrentamiento se agudiza: el ejecutivo lanza gestos constantes de presión al Congreso, el Congreso se defiende con bravatas que a nadie le importan.</p>



<p><strong>30 de setiembre (a las 18:00 pm aprox):</strong>&nbsp;disolución materialmente anticonstitucional del Congreso. Y no, no se trata de interpretaciones. El reglamento del Congreso y la Constitución son clarísimos. Martín Vizcarra se basa en una interpretación suya y lo anuncia antes:&nbsp;<em>daré como denegada la cuestión de confianza.</em>&nbsp;El Congreso también hace una movida anticonstitucional forzando un artículo, nombra presidente a Mercedes Araoz que jura con voz temblorosa, algo que parece ser miedo o&nbsp;<em>gozo por tener el anillo, como el Gollum.&nbsp;</em></p>



<p><strong>1 de octubre (en la tarde):&nbsp;</strong>el ejército respalda a Vizcarra que aparece en una foto idéntica a la de Fujimori en el 92, Mercedes Araozrenuncia a un encargo imposible de cumplir. Guerra de leyes, interpretaciones, acusaciones mutuas de ignorancia o mala leche entre constitucionalistas. Hay que reconocer que es un riquísimo material para la discusión académica posterior. Algo hay que rescatar ¿no?<br></p>



<p>Listo, en eso estamos. Episodio gozoso para unos, triste para otros, muy peligroso para todos. Como comienza una comedia surrealista italiana:&nbsp;<em>io sono il prologo.</em></p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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		<title>Japón de la post-guerra en los ojos del cine</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/japon-post-guerra-ojos-cine/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Sep 2019 22:55:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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<p>El 15 de agosto de 1945 un mensaje radial desconcertó al mundo entero. La voz del emperador Hiroito, líder supremo del Japón y «dios viviente» para sus súdbitos, se escuchaba por primera vez en público. Anunciaba la rendición incondicional del Japón luego de cuatro años de brutal lucha. Quince días después, el Ministro de Relaciones Exteriores japonés firmaba el acta de rendición en el acorazado Missouri ante los generales aliados. Atrás habían quedado tres millones de japoneses muertos, entre militares y civiles. Los continuos bombardeos norteamericanos sobre las islas habían destruido la mitad de la capacidad industrial del país, además de provocar un desplazamiento de población nunca antes vista y una hambruna que llevó a la muerte a cientos de miles de civiles. Las dos únicas bombas atómicas lanzadas en toda la historia, por su parte, se cobraron la vida de 140 mil personas en Hiroshima y 80 mil personas en Nagasaki.</p>



<p>Japón, derrotado y ocupado por las fuerzas aliadas, entraría a un estado de anomia y desmoralización sin precedentes, luego de haber vivido el fanatismo y la euforia militarista. La hambruna se agravó por el cese del suministro de alimentos que venía de Manchuria y Corea, y por la repatriación de los japoneses que ocupaban el Asia. Gansters locales comenzaron a hacerse del poder en las periferias de las grandes ciudades, en las que vivían de la extorsión, el proxenetismo y el mercado negro. Las fuerzas armadas se disolvieron y la democratización forzada que impuso occidente causó más estragos que los que inicialmente buscaba subsanar. &nbsp;Paradójicamente, el oscuro período del Japón de la Postguerra, inspiraría algunas de las más grandes obras maestras de la cinematografía del país del Sol Naciente.</p>



<p>En Japón, el término&nbsp;<em>Kyodatsujoutai</em>&nbsp;–traducido literalmente como «estado de letargo»– alude a la ruina moral en que caería esa nación luego de la derrota de 1945. &nbsp;Tan sólo tres años después de la rendición, Akira Kurosawa, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, filmaría&nbsp;<em>El ángel ebrio:</em>&nbsp;uno de los más bellos y descarnados testimonios de la terrible situación que por entonces se vivía en aquel país. Ambientado en un suburbio de Tokio, recrea los bajos fondos de la ciudad y la vida de un mafioso (interpretado por Toshiro Mifune) que regenta un cabaret en el que se bebe whisky y se escucha jazz «a la japonesa». Él será confrontado por un médico alcohólico (Takashi Shimura) que mantiene una cruzada contra la tuberculosis que asola el vecindario, y contra una serie de «epidemias morales» representadas en una ciénaga-basurero que se extiende por el lugar. El&nbsp;<em>ángel ebrio</em>&nbsp;sería una de muchas películas de Kurosawa que se sitúan en la post-guerra, y en las que explotando esta dramático periodo, alude con maestría a la grandeza y miseria de la condición humana.</p>



<p>Un año antes, en 1947, Kurosawa había rodado&nbsp;<em>Un domingo maravilloso</em>. Una película en la que se describen las vicisitudes de una joven pareja que no puede casarse por falta de recursos, y que busca vivir su idilio a pesar de la precariedad económica que los amenaza irremediablemente. En 1949 filmaría dos películas –<em>Un duelo silencioso&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Perro rabioso</em>– que además de narrar la historia de un dedicado médico y un esforzado policía, respectivamente, reflejan un Japón atravesado por la abulia, el vicio y el desamparo. Finalmente, en 1955 con&nbsp;<em>Crónica de un ser vivo</em>&nbsp;abordará el tema del trauma en que vivían los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, y por tanto, de las heridas aún no cicatrizadas de esa nación. Tema que retomaría al final de su carrera con la célebre –pero floja–&nbsp;<em>Rapsodia en agosto&nbsp;</em>&nbsp;(1991).</p>



<p>Pero no sólo Kurosawa se abocaría a retratar el Japón de postguerra en el que vivía (tal como&nbsp; lo haría el neorrealismo italiano con De Sica y Rossellini). Otros grandes directores circunscribirían sus mejores producciones a ésta época. Así pues, Masaki Kobayashi le dedicaría por lo menos tres de sus películas a la postguerra japonesa. En&nbsp;<em>La habitación de las paredes delgadas&nbsp;</em>(1956) describiría la prisión de antiguos soldados japoneses y las injusticias a las que fueron sometidos por las autoridades norteamericanas. Vejaciones tan terribles como las que sufrieron bajo los fanáticos oficiales japoneses que antes los comandaran y que, asombrosamente, fueron exculpados de los atrocidades que cometieron en la guerra. En&nbsp;<em>La plegaria de un soldado (1961)</em>&nbsp;–tercer film de su trilogía&nbsp;<em>La condición humana</em>– Kaji, un joven soñador y pacifista que se ve obligado a luchar en las fuerzas imperiales, busca sobrevivir con los remanentes del ejército japonés, eludiendo a las fuerzas chinas y soviéticas que los cercan y, eventualmente, aprisionan. Una de las últimas películas de Kobayashi es un documental que aborda un controversial capítulo de la postguerra: los&nbsp;<em>Juicios de Tokio</em>&nbsp;(1983), en la que se discute, entre otros asuntos, el porqué de la exclusión del emperador como criminal de guerra.</p>



<p>Muchas otras grandes películas se han filmado teniendo como escenario este poco conocido episodio de la historia mundial. Otro gran realizador japonés, Kon Ichikawa, dirigió en 1956&nbsp;<em>El arpa birmana</em>, película que relata la historia de uno de los numerosos regimientos del ejército japonés que hasta 1974 continuaron en armas por no creer en la veracidad de la rendición.&nbsp; En&nbsp;<em>Fuego en la llanura</em>&nbsp;(1959) Ichikawa narra las penurias de unos soldados que escaparon a la prisión aliada luego de la rendición, internándose en las selvas de Filipinas buscando sobrevivir.</p>



<p>Ni siquiera el&nbsp;<em>anime</em>&nbsp;japonés ha estado lejos de relatar estos eventos. Una obra maestra del género,&nbsp;<em>La tumba de las luciérnagas&nbsp;</em>(1988) –de la cual hemos tratado en otra ocasión– describe la vida de dos niños en los primeros y más duros momentos de la postguerra. Un&nbsp;<em>anime</em>&nbsp;más reciente como es&nbsp;<em>La isla de Giovanni&nbsp;</em>(2014) se aboca, también desde una mirada infantil, a narrar la vida de los habitantes de la isla de Shikotán bajo la ocupación, y posterior colonización, soviética.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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		<item>
		<title>Sobre el Cantar de los pueblos vencidos</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cantar-pueblos-vencidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Sep 2019 01:03:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
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					<description><![CDATA[Agradezco la invitación de César Belan. Es para mí un honor que me haya considerado capaz de hacer un comentario de presentación de su&#160;Cantar de los pueblos vencidos. La poesía es una especie de rumia interna hecha de sonidos, silencios, olores, música, recuerdos. Un conjunto de experiencias contemplativas que se condensa en el alma como [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Agradezco la invitación de César Belan. Es para mí un honor que me haya considerado capaz de hacer un comentario de presentación de su&nbsp;<em>Cantar de los pueblos vencidos</em>.</p>



<p>La poesía es una especie de rumia interna hecha de sonidos, silencios, olores, música, recuerdos. Un conjunto de experiencias contemplativas que se condensa en el alma como la nieve en las cumbres, para ir uniéndose poco a poco, como esos pequeños arroyos que, viniendo de diversos nevados, terminan juntos haciendo un caudaloso río que se hace incontenible y se vuelca en escritura. Pero el poema no es la escritura, la letra escrita es sólo un instrumento, como un esqueleto, una indicación que, como una partitura, despierta en el alma del lector una figura, una evocación, el dictado de&nbsp;<em>no sé qué buen color</em>&nbsp;que diría Vallejo. Así, intenta hacer que el lector vuelva, corriente arriba, a contemplar las nieves eternas que dieron origen al poema.</p>



<p>El&nbsp;<em>Cantar de los pueblos vencidos&nbsp;</em>nos coloca desde el título en la tradición de los viejos cantares de gesta con los que encontraron su voz primigenia las lenguas romances:&nbsp;<em>El mío Cid</em>,&nbsp;<em>Orlando Furioso</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La chanson de Roland</em>. Estos referentes escoltan el título del poemario en una especie de broma del autor. Y tal vez por eso es que hay algo de ironía con fuerte sabor a&nbsp;<em>Quijote</em>, en esta&nbsp;<em>gesta del derrotado</em>&nbsp;que canta César Belan. Y uno se pregunta: ¿Por qué cantaría alguien una derrota? Tal vez porque su apariencia de pérdida es solo la imagen de una gran victoria. Y esa es una indudable evocación de la cruz que inspira la vida del autor y su poemario. Esa es la nieve eterna de la que desciende este río. La cita de Unamuno lo evoca como confirmando la intención:</p>



<p><em>¿Que vence, eso que se llama</em></p>



<p><em>vencer, mientras nosotros somos los vencidos?</em></p>



<p><em>Enhorabuena. Y basta. Porque para mí, el hacerme otro,</em></p>



<p><em>rompiendo la unidad y la continuidad de la vida,</em></p>



<p><em>es dejar de ser el que soy, es decir, sencillamente,</em></p>



<p><em>dejar de ser.</em></p>



<p><em>&nbsp;</em>A mí, un iletrado en poesía, me recuerda fuertemente el final de ese viejo himno que tronaba en la inigualable voz de Luis Álvarez:</p>



<p><em>Y cuando los diarios digan:</em><em><br>el Perú perdió en fútbol,<br>el Perú país pobre,<br>vino otro terremoto,<br>se secaron los ríos,<br>se enlodan los políticos,<br>bajó el sol, se perdió la cosecha,<br>repicaremos desde el fondo de los huesos,<br>el grito poderoso de los hombres de esta tierra,<br>cargada de coraje y de optimismo para decir;<br>como si arrojáramos balas:<br>¡Viva el Perú Carajo!¡Viva el Perú Carajo!<br>¡Viva el Perú Carajo! ¡Viva el Perú Carajo!<br>¡Viva el Perú Carajo!</em></p>



<p>Se trata de un canto de fidelidad a pesar de todo. Ese es el argumento general que, me parece, sostiene todo el poemario, desde el primero que lo abre hasta el último que lo cierra: el amor por la patria que va más allá de victorias, derrotas y demás accidentes de la historia, porque el amor tiene una raíz mucho más honda, ajena a toda coyuntura, exactamente como ocurre en una familia que no puede deshacerse de nadie, en ella cabe el tío borracho, el hijo desagradecido, la abuela amargada, el padre ausente y la madre sobreprotectora, la quiebra financiera, los destierros, los éxitos y todos los fracasos.</p>



<p>Como color, tesitura o tono, el poemario es enteramente barroco. Y eso es tan lógico como la vida misma, cargada como viene de una diversidad casi infinita de realidades que hacen una sola realidad y se acogen como una sola verdad, que, como tal, está abierta a comprenderlo todo en una combinación perfecta de elasticidad y firmeza, ambas absolutas, como en esa vieja figura de la espada toledana. Como en las portadas o los altares de las iglesias que el autor ha visitado, no lo dudo, innumerables veces, el texto tiene partes aparentemente inconexas, trozos de historia personalísima cosidos a viejas historias virreinales y misioneras, trágicas noticias de actualidad, paisajes de puna y cuentos extranjeros. En una palabra: todo lo que contiene la tradición.</p>



<p>Con el atrevimiento que me ha dado esta invitación, haré una especie de recorrido muy personal por el poemario. El primer poema sobre el barroco convertido en trinchera que huele a madera, cola y cera de vela, de pronto se convierte en una crónica de tristeza viril por la ciudad hispana destruida y mal carnavaleada para clamar por una&nbsp;<em>lex</em>&nbsp;que provenga de la&nbsp;<em>lux</em>, en medio del desierto de inteligencia y selva de brutalidad de nuestras calles de los que da cuenta ese increíble fascímil de parte policial que contiene el libro; salta a la puna lacustre y sus pueblos costeros helados y azulados por el Titicaca; bordea la costa peruana hasta el fatídico&nbsp;<em>Pasamayo</em>&nbsp;en un par de páginas como de humor negro, llenas de indignación y tristeza por la inhumanidad de lo chicha, lo mediocre y grasiento de la indiferencia humana porque&nbsp;<em>las mezquindades nacionales abordaron el vehículo</em>; cruza el Atlántico a llorar el sufrimiento de antepasados croatas, de albahacas nostálgicas hundidas en el mar; se hace autorretrato parlanchín y de barrio&nbsp;<em>arequipense</em>&nbsp;para, después de otras peripecias que se me escapan, terminar con&nbsp;<em>la escritura de Dios en (el) silencio</em>&nbsp;que es la lengua y la patria de los vencidos-vencedores, la más honda identidad, probablemente el único rasgo del cielo que nos queda en este pobre y confuso mundo.</p>



<p>Libro difícil el de Belan ¿Lo recomiendo? Por supuesto, sobre todo porque reta, desafía, sorprende y requiere trabajo, paciencia y crecimiento. Con él tuve una suerte de experiencia arqueológica. Parecida a entrar en las cuevas de&nbsp;<em>Sumbay</em>, mirar los petroglifos de&nbsp;<em>Toro muerto</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Miculla</em>, o, más cercano, tratar de interpretar lo que uno encuentra en un altar barroco: sorpresa ante el descubrimiento, seguimiento de pistas, algunas sin salida que quedaron para mí incomprensibles, guiños en otros idiomas que me hicieron reír y dudar, interpretaciones de todo tipo, algunas más creíbles que otras, hipótesis del tipo&nbsp;<em>Qué rayos es esto y qué hace acá</em>, expresiones cuyo contexto escapa y se eleva, encuentro con cosas muy conocidas y añejas. Y todo haciendo una unidad comprensible y conmovedora, la unidad del ser y la vida que está detrás de todas las experiencias únicas, irrepetibles y parciales.</p>



<p>Leyéndolo volví a la misma conclusión de siempre, como en esa lección que hace ya varios años leí en mi ejemplar de&nbsp;<em>Ortodoxia</em>&nbsp;de Chesterton (al final soy solo un hombre de pocos libros leídos muchas veces): emprender un viaje en busca de lo desconocido y terminar en la sala de mi casa, planear la más revolucionaria revolución y terminar en la ortodoxia más ortodoxa. Y mi verdad es esta: la vida es barroca. La de Belan y la mía, y la tuya, y la suya, y la de ellos, y la de todos, y la de cada uno de los seres humanos, porque al final somos básicamente lo que de nosotros dicen las primeras páginas del Génesis:&nbsp;<em>“Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.&nbsp;</em><em>Varón y hembra los creó…”</em>. Y ese es el&nbsp;<em>buen color</em>&nbsp;que me ha susurrado este texto.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>
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		<item>
		<title>¿Basta con escribir como suena?</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/escribir-como-suena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Aug 2019 22:39:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/?p=831</guid>

					<description><![CDATA[La doctora Karina Galperin es una autoridad en ortografía española. En una conferencia que vimos en el Diplomado de Postgrado en Redacción Académica y Científica que algunos profesores de la universidad estamos siguiendo, toca un tema recurrente en el uso de la lengua: la necesidad de adecuar las normas ortográficas al uso&#160;de hoy.&#160;La discusión está [&#8230;]]]></description>
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<p>La doctora Karina Galperin es una autoridad en ortografía española. En una conferencia que vimos en el Diplomado de Postgrado en Redacción Académica y Científica que algunos profesores de la universidad estamos siguiendo, toca un tema recurrente en el uso de la lengua: la necesidad de adecuar las normas ortográficas al uso&nbsp;<em>de hoy.</em>&nbsp;La discusión está entre la forma de escribir que aprendimos y la necesidad de incorporar cambios que faciliten la escritura. Galperin sugiere el criterio fonético como fundamento de los cambios, es decir, basta que se escriba como suena. Razones no le faltan y las expone de forma bastante convincente. Sin embargo, me parece que hay algo que olvida: la palabra escrita también&nbsp;<em>suena</em>, es decir, la&nbsp;<em>forma</em>&nbsp;en que está escrita tiene sentido en sí misma y, de esta&nbsp;<em>forma</em>&nbsp;depende que se entienda o no, la idea que el que escribe quiso expresar.</p>



<p>Partamos de la experiencia del lector, un actor fundamental en este asunto. No le falta razón a la doctora Galperin al decirnos que la función de la ortografía es muy simple: se trata de unificar la forma en que escribimos para que sea más fácil entendernos. Justamente por eso, la necesidad de la convención ortográfica es absoluta para el que lee: los cambios en las palabras deberían tener, por lo tanto, una justificación mucho más sólida que el criterio fonético. Más aún, si cabe, en una región como Hispanoamérica, en la que tenemos tantos dialectos y formas de hablar tan diversas y fonéticamente ricas.</p>



<p>Imagínese el lector de este texto, encontrar así el célebre verso de Vallejo:</p>



<p><em>Ai golpez en la bida tan fuertez io no ce…</em></p>



<p>Probablemente no lo reconocería o pensaría en una broma, o en que le están proponiendo un&nbsp;<em>juego rupturista</em>&nbsp;como expresión novedosa o algo así, pero, incluso si así fuera, necesitaría conocer las normas que el autor rompe para valorar su expresión. El libro&nbsp;<em>Pájinas libres&nbsp;</em>de Manuel Gonzáles Prada es un célebre ejemplo de este tipo de intentos trasgresores.</p>



<p>Un segundo asunto es la importancia de conservar las palabras para no perder entendimiento de la realidad. Y en esto, la etimología es indispensable. Galperin ridiculiza el criterio etimológico exagerando:&nbsp;<em>deberíamos saber latín, griego o árabe</em>; o diciendo que igual recurriríamos a diccionarios etimológicos cuando nos interesara buscar el origen de una palabra. No es tan fácil como eso, porque justamente la forma de escribir la palabra es lo que nos suele despertar el interés por su origen. Si simplemente se&nbsp;<em>escribe como suena</em>, ni nos enteraríamos de dónde viene; y, sin enterarnos de dónde viene, perderíamos buena parte del horizonte semántico que la palabra escrita abre al lector atento.</p>



<p>Galperin se concentra en la dificultad de escribir y en el tiempo perdido en aprender ortografía. Arguye también que con los cambios tecnológicos hay mucha más gente que escribe, e incluso los más leídos, prescinden de la ortografía por la rapidez de la comunicación en las redes sociales. La debilidad de su discurso está en que olvida la lectura. Hay una experiencia fonética también en leer: uno habla interiormente cuando lee, y de este hablar interior depende la comprensión del texto. Este aspecto es fundamental, y, en él, la ortografía juega un papel básico. No en vano el que lee tiene buena ortografía, y la tiene no por&nbsp;<em>aprender normas</em>&nbsp;sino por el hábito que le genera el placer de leer.</p>



<p>Pienso que, en lugar de cambiar normas de ortografía, es mucho más importante promover el hábito de la lectura. En líneas generales, la discusión sobre las normas ortográficas me parece algo secundario a la necesidad de leer. Y, cuando digo secundario, no estoy desvalorizándola, sino precisamente valorándola en su lugar: la ortografía está al servicio de la lectura, es ella su razón de ser, y no al revés. La misma etimología:&nbsp;<em>Recta escritura</em>, nos lo dice. Uno escribe para ser leído, no para ser hablado, por lo tanto es mucho más importante escribir&nbsp;<em>como se debe</em>&nbsp;a escribir&nbsp;<em>como se habla</em>.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



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		<title>Tía María y sus mitos</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/tia-maria-mitos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Jul 2019 22:40:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[José Manuel Rodríguez Canales]]></category>
		<category><![CDATA[Arequipa]]></category>
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<p>El gobierno central aprueba. Pasan unos días. El gobierno regional desaprueba. Pasan unos días. El gobierno central explica. Pasan unos días. El gobierno regional explica que las explicaciones del gobierno central son mentiras. Pasan unos días. El gobierno central explica que las explicaciones del gobierno regional sobre sus explicaciones están fundadas en la ignorancia (esta gente no entiende) o en la mala fe (esta gente es mala y quiere el desgobierno).</p>



<p>Por acá se percibe que Lima se parece al palacio del Zar que no tiene la más remota idea de lo que pasa fuera de sus muros. En Lima se percibe que Arequipa es un lugar demasiado alto, con falta de oxígeno y eso impide pensar a esa gente. Ambas percepciones son falsas.</p>



<p>Ni una ni otra. Lo racional no sirve porque el conflicto no es racional: es emocional, telúrico e histórico. Es una crisis de confianza cuyas raíces en las emociones de la gente están llenas del inmemorial relato del engaño y la explotación del poderoso y la oposición de un héroe regional que ama a su pueblo (sea lo que signifique hoy eso), y de una historia que se repite y la refuerza (Fujimori prometiendo un no schock, Toledo prometiendo no privatizar Egasa, Humala prometiendo que lo que decida el valle de Tambo iba a ser vinculante, PPK haciéndose el tonto, retrocediendo y bailando, Vizcarra saltando sorpresivamente al lado del empresariado y en contra del pueblo).</p>



<p>Listo, con eso tenemos un nuevo río revuelto. El escenario no puede ser peor. Una vez más, el gobierno central remueve un avispero cuyo panal no visitaba desde el 2015 y cuyos términos siguen idénticos: es la misma empresa, son los mismos opositores y con el mismo argumento simplista y duro como una pedrada: agro sí, mina no, y el mismo conflicto que da de comer a los monstruosos parásitos de siempre, extorsionadores, negociadores, líderes sin autoridad pero con una oportunidad de enriquecerse que no van a desaprovechar.</p>



<p>Y, como siempre, el conflicto se enardecerá hasta que tengamos algunos muertos, una gestaheroica que refuerce el mito, un nuevo retroceso del gobierno central cuya debilidad quedará, una vez más, al descubierto, y otra tensa calma que durará hasta la siguiente iniciativa del gobierno central, sea quien sea el que esté en él.</p>



<p>La única salida es un diálogo real. Pero esto requiere algo parecido a una conversión religiosa. Los actores de tal intercambio de ideas tendrían que experimentar lo mismo que un converso: que su vida anterior no tenía sentido y que esta nueva vida es en realidad una manera mucho más inteligente y buena de ver la realidad.</p>



<p>El lado del pueblo tendría que reconocer la necesidad de darle un ordenamiento racional a los recursos del valle (cambiar el cultivo de arroz, que como es sabido es de los que más agua consume siendo un problema la escasez de la misma en la región, por decir algo), abrirse a la posibilidad de un progreso real, sostenido y limpio de la zona pensando sobre todo en las futuras generaciones.</p>



<p>El lado del gobierno y la empresa privada tendría que cambiar su mirada sobre la gente del valle (y sobre la gente que no es LA gente en general), revisar sus propios miedos y prejuicios, escuchar de verdad, hacerlo capilarmente, convencer (dando garantías sobre la limpieza de la operación), y sobre todo involucrar a la población del valle en el proyecto (darles expectativa de futuro dentro del mismo) y así generar confianza.</p>



<p>¿Ocurrirá? Como toda conversión, sería realmente un milagro. Más o menos como la clasificación al mundial. La esperanza es que clasificamos. De todo puede ocurrir en este país. Hasta cosas buenas.</p>



<p class="has-text-align-right">José Manuel Rodríguez Canales</p>



<p></p>
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