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	<title>César Belan Alvarado &#8211; Blog Humanitas</title>
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	<title>César Belan Alvarado &#8211; Blog Humanitas</title>
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		<title>El covid-19 en el ojo de la historia</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2020 18:25:18 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[A propósito del COVID-19. Dice el viejo adagio: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Y a pesar de esa mala costumbre de considerarnos “especiales” y pensar que nuestras ideas, fracasos y peligros son únicos e irrepetibles, la Historia suele despejar ese ese espejismo que es producto actual de una cultura que asume que todo [&#8230;]]]></description>
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<p>A propósito del COVID-19. Dice el viejo adagio: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Y a pesar de esa mala costumbre de considerarnos “especiales” y pensar que nuestras ideas, fracasos y peligros son únicos e irrepetibles, la Historia suele despejar ese ese espejismo que es producto actual de una cultura que asume que todo tiempo futuro es y será mejor.</p>



<p>Los antiguos eran, en ese sentido, más sabios que nuestros contemporáneos. Sabían que existe una naturaleza humana invariable a pesar del tiempo y que, por ello, convenía revisar de vez en cuando el pasado.</p>



<p>Así pues, es innegable que los daños sociales, económicos, culturales y políticos que ha acarreado la propagación del COVID-19 imponen una reflexión continua en todos los ámbitos, a fin de avizorar así una solución a la actual emergencia sanitaria y a sus secuelas.</p>



<p>En ese sentido, la perspectiva histórica permite un rico análisis del presente, acercándose a él con la experiencia que los siglos han aportado a la humanidad en la lucha contra epidemias y plagas. Pretendemos, pues, hacer un recuento de las pandemias que más estragos causaron a la humanidad en unas breves líneas, esperando que cada lector reflexione sobre sus particulares características y efectos, y cómo ellos se asemejan a nuestra actual crisis de salud.</p>



<p>La más antigua plaga que la Historia recuerda con cierta profusión –es decir, ha documentado con cuidado– es la llamada Peste de Atenas. Fue descrita por Tucídides, quien –como Sócrates– sufrió sus embates y sobrevivió para contarla.</p>



<p>La plaga asoló a la célebre ciudad entre los años 430 al 426 a.C., en plena Guerra del Peloponeso. Justamente, el déficit alimentario y el hacinamiento de la población en la ciudad, como consecuencia de la guerra, fue causa de su mayor letalidad. Entre sus víctimas podemos contar ni más ni menos que a Pericles, uno de los más grandes líderes de Atenas e impulsor de la guerra contra Esparta que al final agudizó la enfermedad.</p>



<p>Según Diodoro de Sicilia, la plaga cobró la vida de un tercio de la población. Los relatos de Tucídides nos presentan un cuadro patético: gente lanzándose a los pozos de agua para apagar la sed provocada por la enfermedad, muertos abandonados en las calles y sepulturas rebosantes de cadáveres. Justamente, en el 2002, un grupo de arqueólogos griegos excavaron una fosa común repleta, desordenada y pobremente adornada, datada en tiempos de la epidemia.</p>



<p>En el análisis de ADN de las piezas dentales encontradas en la sepultura se encontraron rastros de&nbsp;<em>Salmonella Typhi</em>, el agente desencadenante de la fiebre tifoidea. Otros investigadores sugieren que, por los síntomas descritos por Tucídides, el tifus o la viruela pudieron haber causado la plaga.</p>



<p>El Imperio Romano, que acercó a los pueblos como nunca se había visto antes, y generó una “globalización” del comercio y las costumbres en la antigüedad, también fue blanco de diversas plagas. Tito Livio, Tácito, Suetonio y Flavio Josefo han sido cronistas de episodios de epidemias en este periodo. Pablo Fuentes, al respecto señala que: “la primera gran plaga, de la que tenemos noticia, data de la época Marco Aurelio”.</p>



<p>Esta se difundió desde la Partia de los Arsácidas por las tropas romanas que asediaban Seleucia en el verano de 165. &nbsp;Otra gran peste se desarrollaría en tiempos del emperador Treboniano Galo (251-253).</p>



<p>No obstante, la mayor plaga en tiempos del Imperio Romano se desarrollaría en el ocaso de éste. Hablamos de la plaga de Justiniano del 500. Las fuentes refieren que un 20% de la población mediterránea falleció a causa de la peste bubónica, alrededor de 30 millones de personas. La plaga habría llegado de oriente (como en la mayoría de las pandemias), quizás desde las estepas de Mongolia. La crisis que generó esta epidemia debilitó el imperio de Justiniano, acelerando su declive y propiciando la invasión de los pueblos eslavos.</p>



<p>La peste negra de mediados de 1300 es considerada la más catastrófica de las pandemias que ha sufrido la humanidad. Ha sido muy estudiada, y sin embargo, sigue fascinando a historiadores como lo hizo con Le Goff y Delumeau, quienes resaltaron el cambio cultural que se desarrolló en torno a ella.</p>



<p>El arte fue impactado por la epidemia y se generaron nuevos géneros y tópicos como la&nbsp;<em>danza macabra</em>&nbsp;o el&nbsp;<em>ars morendi,</em>&nbsp;que se enfocaban obsesivamente en la muerte (como actualmente todo el arte popular viene marcado de alguna u otra manera por el sexo, como ejemplifica muy bien el reggeaton). Delumeau incluso afirma que el cisma protestante de Lutero se origina por la superstición en que cayó la población (deformando el culto tradicional) por miedo a la muerte.</p>



<p>De lo que sí estamos seguros es que también provino de oriente y que mató a un tercio de la población europea. Son desgarradores los cuadros que, en el Decameron, describe Bocaccio sobre la peste en Florencia: cerdos comiendo cadáveres en las calles y ciudades abandonadas al robo y el libertinaje.</p>



<p>Otra gran crisis sanitaria, del nivel de las anteriores, fue la catástrofe demográfica que se produjo luego la conquista europea de América. Hasta ahora hay un debate profuso entre especialistas sobre las cifras.</p>



<p>Noble Cook y Borah señalan que el despoblamiento llegó al 90%. Rosenblat, por su parte, señala que no llegó al 25%. Más allá de ello, es incuestionable la crisis producida por las sucesivas oleadas de enfermedades que llegaron desde Europa desde el descubrimiento de América.</p>



<p>Hablamos de viruela (1519), sarampión (1530), gripe, tos ferina, y un gran etc. Todo el siglo XVI fue testigo de este despoblamiento acelerado producto del contacto con virus y bacterias desconocidos por parte de una población sin inmunidad. Esta catástrofe, según los estudiosos, sería una de las más importantes variables del triunfo de los europeos conquistadores; quienes de manera no consciente o deliberada (como sí lo harían después ingleses, estadounidenses y argentinos) se beneficiaron de una “conquista biológica”.</p>



<p>Son insuficientes estas líneas para agotar un recuento simple de las pandemias que atacaron a la humanidad. Se nos quedan muchas, como la mal llamada “gripe española”; brote de influenza surgido en Rusia y difundido en embarques militares al final de la Primera Guerra Mundial en Francia. Sin embargo, las constantes entre las epidemias son patentes y, esperamos, las lecciones también.</p>



<p class="has-text-align-right">César Belan Alvarado</p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>La luz en los ojos de un ciego: luz en las tinieblas de Manuel Rodríguez Canales</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/ojos-ciego-luz-tinieblas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Oct 2019 19:20:31 +0000</pubDate>
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<p>Decía San Roberto Belarmino que más sabe un niño recitando el catecismo, que todos sabios de Grecia juntos. Esta curiosa frase nos muestra de qué manera el genuino conocimiento –algo que ya sabía Sócrates– nace de la humildad y siempre está de cara a lo trascendente. Se hace imperativo recordar esto –una máxima socrática, repito– en un tiempo en que los sofistas y charlatanes abundan. Pseudo-eruditos que hacen de la filosofía mala poesía, y de la poesía bastarda filosofía. Hablamos de la predilección contemporánea por esperpénticos sistemas y teorías formuladas en base de galimatías y palabras vacías que más parecen eslóganes publicitarios con tintes snobs.</p>



<p>Lamentablemente, esta manía también ha penetrado en disciplinas antes impolutas como la teología. Así pues, en éste medio se muestran, con cada vez mayor frecuencia, armatostes argumentativos que divorciados de la realidad aluden únicamente a un narcisista y enfermizo culto a la personalidad –usualmente enferma– del autor. «Perspectivas» teológicas actuales elucubradas desde inaccesibles torres de marfil por académicos que, cual pitonisos embriagados de su propia subjetividad, emiten palabras inconexas y absurdas que solo sus iniciados –fieles aspirantes a charlatanes– pueden interpretar. A Dios gracias, todavía hay quienes que, sin mirarse al espejo y viendo al Todopoderoso en el rostro del otro y en las leyes de su creación, hacen teología de rodillas. Esto es, maravillados y jubilosos por el Misterio, como en otro tiempo lo hizo el curioso Moisés al subir al monte.</p>



<p>Éste es el caso de una pequeña pero sustanciosa obra de teatro compuesta por el teólogo y educador Manuel Rodríguez Canales. «Luz en las tinieblas» es un monólogo escrito para el teatro, y es el fruto de la reflexión –dolorosa, muchas veces– en las aulas y en solitario, sobre la condición humana y su relación con la divinidad. Adaptando libremente el pasaje del ciego de Siloé, aquel que según el Evangelio de san Juan fue curado por Cristo a la entrada del templo, Manuel aborda sutil pero eficazmente el dilema de toda conversión. El ciego de nacimiento es en la obra un esclavo del resentimiento por su propia condición, de la angustia por la incertidumbre y del desprecio de la sociedad de la época. Sin embargo, desde la conciencia de su propia nimiedad y dolor sale el grito que lo redime. Aquel invoca a un Jesús quien lo salva, que siempre salva.</p>



<p><em>Luz en las tinieblas</em>, con reducidos recursos y escuetos parlamentos nos sumerge pues a un complejo problema. Suscita preguntas, genera angustia y nos llama a la introspección. La carga emotiva que maneja es la adecuada y si bien ineludiblemente nos lleva al sentimiento, no nos hunde en él, dando margen a una honda y fructífera reflexión. Ésta obra, es pues, teología que hunde sus raíces tanto en la experiencia humana como en la más convencional y diáfana interpretación de las verdades de fe. Aproximación que ofrece verdadera respuesta sin pretender «innovaciones» u «originalidades» que cual manchas afean el rostro de Cristo mismo. La obra actualiza las respuestas de siempre mediante los canales que solo el arte puede ofrecer. Respuestas que por su complejidad deben ser enunciadas desde una perspectiva estética, es decir de manera abierta y acogedora. Una experiencia artística que es –y eso nunca lo olvidemos– invariablemente un notable producto del trabajo académico que se ha llevado a la par. Labor esforzada y silenciosa que, por pretender dar luz a su propia perplejidad, ha cosechado algo más –y eso es ganar el cielo– que el eco vacío de sí mismo.</p>



<p class="has-text-align-right">Gonzalo Flores-Castro Lingán</p>



<p></p>



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		<title>Más fuerte que la muerte</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/mas-fuerte-muerte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2019 22:40:27 +0000</pubDate>
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<p>Hace más de un cuarto de siglo, un hombre joven conoció a una mujer unos años menor que él. La atracción fue inmediata, cayeron &nbsp;uno en brazos del otro, con mucha urgencia y sin mayor reflexión. Con el tiempo, la relación fue madurando hasta convertirse en un proyecto de vida juntos. Formaron así un equipo sólido basado en la confianza para lanzarse a la fascinante y desafiante aventura de formar una&nbsp; familia que se mantuvo unida &nbsp;a lo largo del tiempo. La muerte los separó tras 25 años juntos.</p>



<p>Releo el párrafo anterior y me sorprendo de su brevedad. Reducido el espacio, sintetizado el argumento y podado todo lo sobrante, esta es mi historia. Y supongo además que puede ser la de cualquiera. Justamente por eso pienso que no es tan importante contar la propia historia como interpretarla, entenderla en su significado más profundo, buscar, más allá de detalles y coyunturas, el dibujo completo, el sentido último de los hechos.</p>



<p>Acabo de leer&nbsp;<em>Amor y Responsabilidad</em>&nbsp;de Karol Wojtyla. Es un tratado filosófico ya clásico sobre moral sexual desde la perspectiva católica &nbsp;que aborda una diversidad de temas. Uno en especial ha capturado mi atención precisamente porque está relacionado con la búsqueda de este indispensable sentido de la existencia y la mirada a la propia historia: el verdadero amor como fundamento de la relación entre un hombre y una mujer, el amor como compromiso de por vida y garantía de realización personal y promesa de felicidad; ese mismo amor del que habla Benedicto XVI en su Carta Encíclica&nbsp;<em>Deus Caritas est&nbsp;</em>y que todo ser humano parece anhelar desde su misma naturaleza:&nbsp;<em>entre el amor y lo divino existe una cierta relación: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad más grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana</em>”.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></p>



<p>Mucho se ha dicho y escrito acerca de&nbsp;<em>esto&nbsp;</em>que llamamos amor y que sucede exclusivamente entre las personas y no entre otros seres. Libre albedrío, voluntad e inteligencia forman parte de este importante acontecimiento, un misterio tal que no siempre puede ser definido con claridad. Por eso, al hablar de amor nos encontramos con una realidad paradójica: es lo más superficial y visible en el hombre y a su vez esconde una profundidad y fuerza que inundan completamente su interioridad. Esta realidad contradice la creencia, bastante común en nuestro tiempo impregnado de subjetivismo, de que el amor es un sentimiento, sujeto por tanto a la fragilidad cambiante típica del mundo emocional pero, al contradecirla, el amor no se reduce a una &nbsp;decisión de la voluntad de permanecer junto a la persona elegida por el compromiso asumido sin más motivación que el deber por el deber.</p>



<p>En realidad, la oposición de ambas perspectivas surge de una incomprensión del amor en sí mismo. Los sentimientos y las decisiones de la voluntad son realidades análogas y relacionadas entre sí, que comprometen la promesa de felicidad en la persona. El amor es la síntesis de todas las potencias del ser humano que une la existencia de dos seres en la construcción de una comunidad, cuya unidad depende absolutamente de la distinción y originalidad de las personas que la conforman.</p>



<p>El amor es una tarea que se ha confiado a la libertad humana, implica un profundo compromiso con el bien común que requiere esfuerzo, trabajo, renuncia y acogida, como expresión natural del don de sí mismo. Ha de ir transformándose desde una sensación básica nacida de esa fuerza vital de la naturaleza humana que impacta en las personas, conocida como el impulso sexual,&nbsp; hasta convertirse en un amor maduro, confiable, verdadero y bueno, con el concurso expreso de la voluntad y la luz de la inteligencia que integran&nbsp;<em>hacia arriba</em>, el indispensable impulso sexual.</p>



<p>Para quienes miramos el mundo desde Cristo, el amor es participación&nbsp;<em>co-creadora</em>&nbsp;del hombre con Dios en la&nbsp;<em>creatio continua</em>. Dios crea sirviéndose también de causas segundas y precisamente es a través del hombre,&nbsp;<em>la única creatura que Dios ha amado por sí misma</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, que crea a otros hombres, permitiéndoles ser parte de la génesis de sus hijos, a quienes además &nbsp;les confía su educación.</p>



<p>Luego del impulso sexual inicial, aparece la atracción que va generando una actitud, como dice Wojtyla, de&nbsp;<em>dejar ser</em>&nbsp;a otro en uno mismo. Así, pensamientos e imaginación se constituyen en un amor naciente hacia ese otro, cuya persona es lo más atractivo. Es decir, se pasa de interesarse por&nbsp;<em>lo que</em>&nbsp;se puede obtener del otro, a concentrarse en&nbsp;<em>quién es</em>&nbsp;el otro para uno. Éste aparece como el bien que es en sí mismo y debiera ser el fundamento de los sentimientos que van desarrollándose. Los sentimientos no poseen una lógica independiente de la razón, por lo que requieren del intelecto para no quedar encerrados y errar respecto de la realidad acerca del otro. Deseo y quiero al otro como un bien que reconozco para mí, que me completa y al mismo tiempo me desafía e impulsa a ser mejor en un dinamismo de complementariedad y reciprocidad.</p>



<p>Por eso se superan actitudes utilitaristas que lleven a ignorar que el otro es una persona, valiosa en sí misma, que ha establecido sus propios fines y que no puede ser tratada como un medio para buscar los propios. Ni el placer ni la voluptuosidad unen o ligan a las personas a la larga porque, cuando ya no los proporcione, la relación se enfriará hasta desaparecer. Debe adecuarse ese impulso, ese atractivo que se siente por ella,&nbsp; al nivel personal, es decir, elevarlo a la dignidad de las personas.</p>



<p>Es difícil determinar en qué momento el atractivo da paso a la simpatía, a la camaradería, a la amistad y finalmente al amor verdadero y bueno, pero una cosa está muy clara: establecer buenos fines comunes es esencial para que ello ocurra. Cuando se mira en la misma dirección sin perder de vista el horizonte amplio, se es capaz de dirigir todos los esfuerzos hacia allí y jugarse la vida. Cuando amamos a alguien salimos de nuestro propio encierro interior, le comunicamos nuestra propia existencia y le damos lo más profundo de nuestro ser para comprometernos hasta en lo mínimo y, por ello, dar vida a otras personas. Así, subordinamos nuestros fines a lo único que es promesa de auténtica felicidad: la realización en el amor hacia esa persona.</p>



<p>Sin el horizonte de fe que da la relación con Dios, que es Amor, no es posible esta entrega:&nbsp;<em>no hay mayor amor que el dar la vida por los amigos</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, dirá el Evangelio de Juan, y creo firmemente que no hay otra medida para el amor humano.</p>



<p>Volviendo a mi historia, más allá de defectos o virtudes de los dos, más allá de encuentros o desencuentros pasajeros, trascendiendo risas, llantos y tensiones, siempre vi en el amor de mi esposo una clara evidencia del Amor de Dios. Dios ama sin condiciones y a pesar de todo y siempre permanece fiel. Por eso creo, en el fondo de todo, que efectivamente el Amor es más fuerte que la muerte, y nos volveremos todos a encontrar en Él.</p>



<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>Benedicto XVI. Carta Encíclica Deus Caritas Est. Art 5.&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html" target="_blank" rel="noopener">http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html</a></p>



<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a>&nbsp;Gaudium et Spes 22</p>



<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>San Juan. Evangelio Según san Juan.&nbsp; Cap. 15, 13.</p>



<p class="has-text-align-right">Claudia Quiroz Pacheco</p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>El espectáculo y la semana santa</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/espectaculo-semana-santa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Apr 2019 19:19:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
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<p>En cada peruano late el barroco. No solo lo digo por nuestro churrigueresco paladar –tan ávido a combinaciones extrañas y sabores fuertes–, o por esa afectada grandilocuencia de los oradores y maestros de ceremonias, ni por ese derroche de purpurina y alegría de las danzas vernáculas, en las que lo hispánico se funde con lo andino. Somos también barrocos por esa sed de espectáculo que tenemos dentro: la fiesta del santo patrón, la jarana del barrio, el jolgorio de turno.</p>



<p>El amor al espectáculo es una característica marcadamente barroca. En contraste con la rigidez –lindante con lo pedante– del puritanismo protestante, la Iglesia Católica aprovechó la natural propensión del ser humano al entretenimiento y el deslumbre para evangelizar prolífica y prolijamente. Mediante esta instrumentalización del espectáculo, gentes de distintas extracciones culturales y étnicas –mulatos esclavos, indios nobles, criollos pudientes, españoles arruinados– podían por igual aproximarse a los misterios más importantes y dificultosos de la existencia mediante el drama. Así pues, acompañando una procesión podían comprender las relaciones entre las tres personas de la Santísima Trinidad y cómo el Hijo procede del Padre y el Espíritu de ambos. Mediante un auto sacramental de Navidad se aproximaban al misterio de la Encarnación del Verbo de Dios y la majestad de su Santa&nbsp; Madre. Al ingresar a una catedral podían conocer la historia de la salvación con sólo posar sus ojos por las innumerables imágenes y pinturas que decoraban el templo.</p>



<p>Tiempo privilegiado para este desborde de símbolos, por tratar el misterio fundante del mundo católico, era la Semana Santa. En las cruentas imágenes de los Nazarenos que recorrían las ciudades, el pueblo cristiano reconocía el dolor real que Jesucristo sufrió por nosotros, depositándose sobre su humanidad todo el padecimiento humano. Cada escena de su Pasión era representada por las numerosas hermandades para que, meditada por aquellos que acompañando el redivivo Calvario, podrían vislumbrar algo del misterio del amor infinito de Dios. En Viernes Santo –tal como aún se hace hoy en el templo de Santo Domingo de nuestra ciudad– una imagen articulada de Nuestro Señor era una vez más crucificada hasta que, luego del sermón de las tres horas, su cabeza cayera inerme representando su muerte. Espectáculo que provocaba el espanto y la admiración de todo el pueblo fiel que no dudaba en largarse a llorar ante el teatro del sacrificio del Salvador del mundo. Una cruz de camino, por citar un ejemplo más, recoge toda la historia de la Pasión en una sola mirada.</p>



<p>La piedad religiosa siguió viva en nuestro pueblo hasta bien entrado el siglo XX. A pesar de las modas, los nuevos usos y las invenciones técnicas, la devoción reinaba. Inclusive todas las innovaciones también se orientaron a fomentarla. En Semana Santa los radios se consagraban, además de emitir sermones y reflexiones, a imprimir seriedad y dolor mediante la música sacra y académica. En los teatros compañías venidas de Argentina o México escenificaban el Triduo Pascual. Y si estas dramatizaciones faltaban, la piedad popular nunca dejaba de escenificar el Vía Crucis en las calles, tradición que ahora tiene el nombre de «pasiones vivientes».</p>



<p>Finalmente, una de las más recientes e interesantes formas de representación de la Pasión de Cristo, es el cine. El séptimo arte nació proyectando los misterios de los últimos días de Jesús: la primera película propiamente dicha consistió en una grabación de un Vía Crucis tradicional, en la actual República Checa:&nbsp;<em>La vie et passion de Jésus-Christ</em>&nbsp;(1898). Así pues, en la Arequipa de los 50’ –como en todas las grandes urbes del mundo: Madrid, La Habana, México– se acostumbraba proyectar filmes religiosos en Semana Santa.</p>



<p class="has-text-align-right">César Belan Alvarado</p>



<p></p>



<p></p>
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		<item>
		<title>Si no hay café para todos, no hay café para nadie</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cafe-todos-nadie/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Apr 2019 19:28:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
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<p>Leonardo da Vinci en una ocasión señaló que «la desigualdad es la causa de todas las rebeliones». Esta afirmación –si bien un tanto exagerada– no deja de albergar una verdad que se está haciendo realidad en nuestra región. Arequipa, si bien ha incrementado su riqueza global, progresivamente viene incubando grandes desigualdades económicas en el seno de su población. Brechas que, con el devenir del tiempo, terminan convirtiéndose en irreconciliables diferencias culturales y deshilvanando el tejido social. La reciente encuesta nacional sobre discriminación aplicada por el Ministerio de Cultura, resulta elocuente al respecto: Arequipa es una de las regiones con mayor percepción de discriminación en el Perú, tan solo superada por Tacna.</p>



<p>Para nadie es una novedad que la región Arequipa –y en especial la ciudad capital– ha vivido un proceso acelerado de modernización en los últimos 20 años. La transformación en la infraestructura urbana y el acceso masivo al crédito y a bienes de consumo son prueba de ello. Los números confirman esta percepción: en el 2016 el crecimiento del producto bruto interno (PBI) en la región Arequipa llegó a un récord de 26 %. Sin embargo, ¿cuándo llueve todos se mojan en Arequipa? Parece que no. Según el Índice de Progreso Social (IPS) Regional del Perú 2017, la región ha descendido ocho puestos con respecto al 2016, ubicándose en el puesto 21 de 25. ¿En qué se traduce aquello? En que, a pesar de la evidente riqueza, gran parte de la población sufre cotidianamente una deficiente cobertura de agua y desagüe, escasez de vivienda, bajo acceso a la salud de calidad y altos índices de desnutrición.</p>



<p>¿La desigualdad económica nos puede empujar a la desintegración de la sociedad arequipeña y al enfrentamiento? Es posible afirmar que sí. Así pues, si bien muchos manifiestan su sorpresa por la elección de Elmer Cáceres Llica como gobernador, ésta se puede explicar en función del discurso de reivindicación social que ha sostenido durante la campaña. Sus proclamas, basadas en el lenguaje confrontacional y radical, calaron en esa cada vez más abundante población excluida, aquella que ilustran las encuestas antes citadas y que le dio finalmente la victoria. El ascenso al poder de este cuestionado personaje, que regirá la vida de los arequipeños sin tener objetivos claros ni un equipo eficiente, será entonces una primera manifestación de lo problemático que puede resultar el ampliar las brechas sociales y económicas.</p>



<p>Sin embargo, advertimos un mayor problema aun, ya que la exclusión puede ser causa de trastornos más serios en el interior de la población. Un ciudadano excluido se sentirá, luego, con derecho a atacar a esa sociedad que lo rechaza, generando violencia. Luego, una sociedad más fragmentada y enfrentada tiende a disolverse. El medio más usual para ello es la rebelión y, sobre todo, la delincuencia generalizada. Este punto es también abordado por el IPS. Arequipa descendió en la escala de seguridad del puesto 16 al 20 en el 2017, es decir ocupamos uno de los cinco últimos lugares en el índice de delincuencia nacional. Esto manifiesta un incremento cada vez más significativo en actos delictivos, sobre todo homicidios y asaltos. Esta también es una señal del proceso de desintegración social que se viene dando en Arequipa.</p>



<p>Es importante no caer en aquellos reduccionismos que pretenden explicar la violencia y el crimen teniendo como base únicamente los factores económicos. La cultura y los patrones culturales muchas veces serán muy importantes para alentar y –sobre todo– controlar el desborde social. Sin embargo, en una sociedad en la que las pautas tradicionales están cada vez más disueltas por una cultura cosmopolita, y cuyos patrones de conducta se rigen cada vez más por las veleidades de los medios de comunicación y del mercado, el factor económico muchas veces sostiene la autopercepción de pertenencia de un individuo a la sociedad. De allí que la mecánica de exclusión, en términos de ingresos, sea tan sensible y repercuta en la mentalidad del ciudadano. Se hace necesario, si se desea una sociedad saludable y armoniosa, un desarrollo económico que de forma equilibrada –no igualitarista– tienda a la&nbsp;<em>isonomía,&nbsp;</em>es decir a cierto nivel de igualdad económica entre sus habitantes, conjurándose así la amenaza de la violencia. Hablamos de una colectividad en la que se promueva el bien común favoreciéndose así pobres y ricos. Porque como dijo un célebre revolucionario: «Si no hay café para todos, no hay café para nadie».</p>



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		<title>Cuarenta años tras la estela del deseo: Contra Natura, de Rodolfo Hinostroza</title>
		<link>https://blog-humanitas.ucsp.edu.pe/cuarenta-estela-deseo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adminucsp]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 19:29:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[César Belan Alvarado]]></category>
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<p>Hace más de 40 años un jurado compuesto por Octavio Paz, Félix de Azúa y Carlos Barral, declaró ganador del Premio Maldoror de Poesía a&nbsp;<em>Contra Natura,&nbsp;</em>de Rodolfo&nbsp;Hinostroza. Meses después de adjudicado el premio, mientras se desarrollaba una reunión de camaradería, Octavio Paz comentaría al poeta: “Hinostroza, ese libro (Contra Natura) le va a cambiar la vida”. Y el mexicano no se equivocó, según cuenta el propio Hinostroza. Su profecía se haría realidad, ya que le abrirá a su autor muchas puertas en un particular periodo de austeridad; sin embargo quizás Paz aludía sobre algo más importante: “ese libro” sería considerado –años más tarde–como uno de los más importantes para la poesía peruana contemporánea.</p>



<p>En&nbsp;<em>Contra Natura</em>&nbsp;Hinostroza echa mano de la mejor técnica poética, trazando vínculos con la tradición más sobresaliente de ambos continentes. Su particular uso del espacio y elaboradas figuras (tributarias ya de Apollinaire como de Mallarmé) permiten una lectura aguda, profunda, a la vez que deliciosa de sus versos. El texto, una suerte de elegía Post Mayo del 68, aborda la decepción de un joven –Yo poético- ante los ideales marxistas/libertarios, ya por entonces envilecidos por un anquilosamiento que precipitó su fin. Hinostroza, sin hacer exégesis de su desencanto, lo aborda con una explosión de formas estéticas que destilan nostalgia. Eso sí, el legado progresista será re-sacralizado en el texto, rescatándose de él quizás lo único rescatable de aquella mal llamada “década de las utopías”. Nos referimos a una peculiar aproximación a la idea de “deseo”,&nbsp; esbozada a lo largo de sus líneas; una exaltación de lo libidinal en el espectro de la historia, que anteponiéndose como legítimo anhelo se contrapondrá a cualquier forma de poder, sea cual sea su origen.</p>



<p>Más allá de su carga ideológica –cuestionable o no–&nbsp;<em>Contra Natura</em>&nbsp;se erige como un rico entramado de voces (muchas de ellas en francés e inglés) que dan cuenta, no sólo del diálogo con los grandes referentes de la poesía occidental, sino que también incorpora elementos orientales que dotan al corpus literario de una fuerte dosis de exotismo.</p>



<p>Lustra editores, una de las más importantes editoriales de poesía en el Perú, ha tenido a bien permitirnos acceder a este libro fundamental mediante una elegante edición conmemorativa. Salve por ello.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>“GAMBITO DE REY”</strong></h4>



<p>Y continué P4AR</p>



<p>“Jugada peligrosa”, dijo el Maestro, “de la escuela romántica.<br>Andersen<br>sale así en La Inmortal. Cuide Ud. 4T y tal vez haga tablas”<br>Y salieron mis escuadras imprecisas<br>transparente mediosueño bajo el canto del pájaro campana<br>y el árbol que todo lo sabe desplegando sentencias en románicas. PxP<br>aceptó el Negro. Y yo C3AR.<br>Y por entonces la Realidad era<br>una impetuosa fantasmagoría / cierto impulso<br>en la materia del ánima humana la conduce a negar el pasado.<br>“Eh!”, insistí otra vez “Cómo voy a seguir?<br>Qué decir de la Historia si es licencia poética<br>decir que se repite, que el incesante error<br>de los vencidos se repite, que el Poder del Imperio se repite?“<br>Algo hay, yo te diré<br>que te conduce a afirmar el pasado y a repetir un acto equivocado<br>para sentir que existes /porque eres desdichado por ejemplo/<br>y es inútil el acto, pero no obstante obligado<br>de repetir, pudiera ser que en el siguiente ciclo se abran las puertas<br>de la justicia<br>o de la paz<br>(…)</p>



<p>“Sabes lo que jugamos?” preguntó el Negro<br>“Qué?” dije estúpidamente. “Tu fe. Y tu futuro.”<br>Utopía se cae, se cae.<br>Los sueños ruedan a las alcantarillas<br>ángeles incoloros vagan<br>sin ruta y sin objeto entre las agujas de los templos<br>ruedas ardientes giran con los descabezados<br>Mi escuadra!<br>Mi orgullosa escuadra!<br>Mi querido Yo Mismo!<br>Entre la música de los escupitajos y los murmullos<br>de los paterfamiliae.<br>DSC (+). Una fangosa eternidad de espera; luego<br>el lento movimiento al A2R. Y DTXD<br>“Mate!” aulló el Negro<br>derribando las sillas escarlata. / Act. V. Telón/<br>La implacable esfera<br>las leyes implacables. 64 escaques<br>y el universo se comba sobre sí mismo. No hay afuera,<br>no hay<br>escape hacia otra dimensión donde todo esto sea<br>la historia del reptil, la historia del anfibio, la pura prehistoria.<br>“Pero vuelva a jugar” dijo el Maestro “una partida<br>es sólo una partida. La especie humana<br>persiste en el error, hasta que sale<br>una incesante aurora<br>fuera del círculo mágico”.<br>Entonces<br>a la partida siguiente<br>jugué en 3) A5C.<br>“¿Ruy López?” observó el Maestro<br>“Usted aprende”.</p>



<p class="has-text-align-right">César Belan Alvarado</p>



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